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Sensus Fidelium

Una fe que no se piensa, es una fe muerta

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miércoles, 30 de septiembre de 2009

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El Pecado Original

Este artículo no pretende ser un tratado sobre hamartología, sino que más bien es una sencilla reflexión acerca de nuestra condición humana, que por más buenas intenciones tiene por realizar acciones que vayan en la consecución de los más nobles ideales, con el paso del tiempo, se degeneran y, en algunos casos pasa a ser peor que el problema que vino a solucionar. ¿Por qué ocurre eso en todo orden de cosas? A eso tengo una sencilla respuesta: el pecado original.

Aunque suene extraño, cada día estoy más convencido que en nuestra vida, la gran originalidad del cristianismo, junto con el mensaje salvífico de Jesús como Señor y Mesías salvador, es el mensaje que va de la mano del mismo: "El ser humano, por sí solo no puede salvarse, ya que está tocado por el pecado original". G.K. Chesterton ya hacía referencia en su libro "San Francisco de Asis":
La gran novedad que trajo el cristianismo a la cultura griega fue el pecado original.
No es de extrañar, pues, que en nuestra vida nos vamos encontrando cada vez, con proyectos muy nobles, motivadores que sueñan con cambiar el mundo -o a lo menos el entorno- y, al final, son peores que el mal que querían cambiar. San Pablo constata eso en la vida de los hombres y mujeres de su época:
Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no. Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico. Y si lo que no quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí.
(Rom 7,18-20)
Reitero que no es mi intención explicar o desarrollar una reflexión teológica sobre la hamartología, sino que es una breve constatación de la experiencia de los hombres.

El pecado original, en el fondo, es el pecado de "la carne" (sarx en griego), no se debería entender por el tema de la sexualidad humana, sino que más bien, como la degeneración misma de nuestra condición alejada de Dios. Si vemos la lectura del libro del Génesis, que es por antonomasia el texto que nos narra el pecado original, notamos que Adán y Eva se cubren para no ser vistos por Dios "Y oyeron al SEÑOR Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del SEÑOR Dios entre los árboles del huerto. Y el SEÑOR Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás? Y él respondió: Te oí en el huerto, y tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí". La actitud de alejarse de Dios, es simplemente una consecuencia de la calidad pecaminosa originada, que lleva al hombre a pensar que puede vivir sin trascendencia. El pecado original, por tanto, lleva a entender que el hombre por querer endiosarse a sí mismo y deja claro que sus obras, a la larga, se vuelven en su contra.

Ahora bien, el punto central, está en la discusión de si el pecado original deforma (pensamiento católico) o si destruye (pensamiento protestante) la naturaleza humana. Ése es un tema que ha de ser tratado en otro escrito.

Escrito por: Cristian Ahumada - 06:08

sábado, 19 de septiembre de 2009

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Teo-discencracia

No es de extrañar para muchos que en estas fechas en América Latina se recuerdan los aires y aniversarios independentistas, bicentenarios, y de la mano de estos los típicos discursos del "rescate de tradiciones culturales", de la "valoración de las etnias y las minorías". Ellos marcan muchos de los elementos constituyentes para diferenciarnos de los países vecinos y, por añadidura, conformar la identidad nacional. La pregunta en estos días es ¿cuál ha sido el aporte real y concreto de la evangelización en estos países bicentenarios?


Si comenzásemos a analizar la evangelización en América fue valiente, el mensaje de Jesucristo iluminador para todos y todas las personas que recibieron el mensaje, claro eso sería muy ingenuo y a la vez superficial. El contenido siempre ha sido el mismo, Jesucristo muerto y resucitado, salvador de los hombres, el problema fue quien contenía el anuncio, o mejor dicho quién anunció este mensaje, si vemos con detención la cruz fue de la mano con la espada, la imposición nos llevó a la visión de un Cristo humillado y resignado, siervo sufriente y doloroso, esa imagen sigue presente hasta el día de hoy. Muchas de las órdenes mendicantes venían, de buena fe, a ayudar a aquellos que son postergados, pero también reforzaron la imagen del sufrimiento, dolor y pobreza, dejando a las clases dominantes, aristócratas, con aquellos beneficios que traía el poseer territorios.

Esta historia es la que se repite a lo largo del pasar del tiempo. Ahora bien, con los aires independentistas del siglo XIX se mantuvo, lamentablemente la dependencia de las imágenes de autoridad y de dependencia (patrón - peón, señora - criada). Puede que esta imagen se siga replicando hasta el día de hoy, de forma más sutil, pero en que Di-s acompañe a los más favorecidos.

Si ese Di-s es que se hace presente en América no es el Di-s de Jesucristo. Las ideas sobre Di-s son más grandes que Di-s mismo en nuestra cultura ¿hasta cuándo seguiremos endiosando ideas?



Escrito por: Cristian Ahumada - 16:24

lunes, 14 de septiembre de 2009

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Decálogo para Leer con Provecho la Biblia

Nunca está demás, y de verdad este texto me ayuda a expresar que la fuente de la reflexión teológica y de la oración está en la Palabra de Dios, tanto en las Sagradas Escrituras como en la Tradición misma de la Iglesia.


Decálogo para Leer con Provecho La Biblia

1. Nunca creer que somos los primeros que han leído la Santa Escritura. Muchos, muchísimos a través de los siglos la han leído, meditado, vivido, transmitido. Los mejores intérpretes de la Biblia son los santos.

2. La Escritura es el libro de la comunidad eclesial. Nuestra lectura, aunque sea a solas, jamás podrá ser en solitario. Para leerla con provecho, hay que insertarse en la gran corriente eclesial que conduce y guía el Espíritu Santo.

3. La Biblia es "Alguien". Por eso se lee y celebra a la vez. La lectura mejor de la Biblia es la que se hace en la Liturgia.

4. El centro de la Santa Escritura es Cristo; por eso, todo debe leerse bajo la mirada de Cristo y cumplido en Cristo. Cristo es la clave interpretativa de la Santa Escritura.

5. Nunca olvidar que en la Biblia encontramos hechos y dichos, obras y palabras íntimamente unidas unas con otras; las palabras anuncian e iluminan los hechos, y los hechos realizan y confirman las palabras.

6. Una manera práctica y provechosa de leer la Escritura es comenzar con los santos Evangelios, seguir con los Hechos y las Cartas e ir entreverando con algún libro del Antiguo Testamento: Génesis, Éxodo, Jueces, Samuel, etcétera... No querer leer el libro del Levítico de corrido, por ejemplo. Los Salmos deben ser el libro de oración de los grupos bíblicos. Los profetas son el "alma del Antiguo Testamento: hay que dedicarles un estudio especial.

7. La Biblia se conquista como la ciudad de Jericó: dándole vueltas. Por eso, es bueno leer los lugares paralelos. Es un método entretenido, pero muy provechoso. Un texto esclarece al otro, según aquello de San Agustín: "El Antiguo Testamento queda patente en el Nuevo y el Nuevo está latente en el Antiguo".

8. La Biblia debe leerse y meditarse con el mismo Espíritu con que fue escrita. El Espíritu Santo es su autor principal y es su principal intérprete. Hay que invocarlo siempre antes de comenzar a leerla y al final, dar gracias.

9. Nunca debe utilizarse la Santa Biblia para criticar y condenar a los demás.

10. Todo texto bíblico tiene un contexto histórico donde se originó y un contexto literario donde se escribió. Un texto bíblico, fuera de su contexto histórico y literario, es un pretexto para manipular la Palabra de Dios. Esto es tomar el nombre de Dios en vano.
Escrito por: Cristian Ahumada - 22:53