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lunes 12 de diciembre de 2011

La salvación de las almas debe ser siempre la ley suprema de la Iglesia

Fuente: caraacara.blogspot.com
Así es el último cánon del Código de Derecho Canónico (c.1752). Me acuerdo que mis queridos profesores de Derecho Canónico nos lo recalcaban al finalizar los cursos (Introducción al Derecho, Derecho Matrimonial, Orden, Derecho Sacramental). En latín dice así: "servata aequitate canonica et prae oculis habita salute animarum, quae in Ecclesia suprema semper lex esse debet", una traducción literal diría: Observando la equidad canónica para la salvación de las almas, que es el deber como norma suprema para la Iglesia.

El derecho puede ser muy frío, pero en la Ley de la Iglesia (desde su promulgación en 1983), la caridad pastoral supera a las normas, ya que Dios no se encasilla en las normas, sino que busca el deseo de que todos los hombres y mujeres se salven. 

viernes 18 de noviembre de 2011

Peregrinar

He visto a varios amigos que han comentado que la visita que tienen los católicos a los santuarios marianos por la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, fue multitudinaria. Solamente en la Quinta Región de Valparaíso, en la Comuna de Casablanca, en una pequeña localidad llamada Lo Vásquez, se reunieron más de un millón de personas. ¿Simple casualidad? Creo que no.

martes 1 de noviembre de 2011

Dios secará todas sus lágrimas

Después de esto vi a mucha gente de todos los países, y de todas las razas, idiomas y pueblos. ¡Eran tantos que nadie los podía contar! Estaban de pie, delante del trono y del Cordero, vestidos con ropas blancas. En sus manos llevaban ramas de palma, y gritaban con fuerte voz: Nos ha salvado nuestro Dios, que está sentado en el trono, y también el Cordero.
 Todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono, y alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes. Ellos se inclinaron delante del trono, hasta tocar el suelo con la frente, y adoraron a Dios diciendo:  ¡Alabemos a nuestro Dios! ¡Así sea!Admiremos su fama y sabiduría,  su poder y fortaleza.  Demos a nuestro Dios,  gracias y honor por siempre. ¡Así sea!
Entonces, uno de los ancianos me preguntó:  —¿Quiénes son los que están vestidos de blanco? ¿De dónde vienen?  Yo le respondí: —Señor, usted lo sabe.  Y él me dijo:  —Son los que no murieron durante el tiempo de gran sufrimiento que hubo en la tierra. Ellos confiaron en Dios, y él les perdonó sus pecados por medio de la muerte del Cordero.
Por eso están ahora delante del trono de Dios,  y día y noche le sirven en su templo. Dios estará con ellos, y los protegerá.  Ya no tendrán hambre ni sed,  ni los quemará el sol ni los molestará el calor. Dios secará todas sus lágrimas,  y los cuidará el Cordero que está en medio del trono,  así como el pastor cuida sus ovejas  y las lleva a manantiales de agua que da vida.
El texto es de Apocalipsis capítulo 7.

Gentileza FotoBazar.com
El día 2 de noviembre celebramos el día de todos los fieles difuntos. Más que una reflexión teológica, sería bueno vivir esta experiencia desde las virtudes teologales, en este caso la esperanza cristiana.

Muchos cristianos durante estos días de noviembre tenemos claridad de los recuerdos de nuestros parientes que han partido ya "al encuentro del Señor", los lloramos cuando no nos hemos despedido de manera adecuada, otros buscaremos los mejores recuerdos que vivimos junto a ellos (es increíblemente nos olvidaremos de las cosas malas que han hecho con nosotros), todo esto es propio de la experiencia humana.

Todo lo que he enunciado anteriormente es cierto, y más de alguno, cuando lee esto, se acordará de su padre, madre, amigos, esposos, hacemos un bello ejercicio de la memoria, que mantiene vivo la experiencia de esa persona que no es un simple número en la estadística de los habitantes que han pisado nuestro planeta, es una historia que se hace memorial en nuestras experiencias. Ellos no son simplemente un recuerdo, sino también son quienes nos han hecho lo que somos al día de hoy, en otras palabras su vida vive en nosotros, somos deudores de lo que han vivido ellos y que nos han transmitido en ese contacto diario, si por ello la palabra humano cobra un valor y un sentido más profundo, ese barro (humus) se va moldeando a lo largo que experimentamos ese extraño misterio de la convivencia humana.

Muchas de las personas que han vivido y experimentado el dolor humano el mayor reflejo de éste son las lágrimas, una de las mayores expresiones de sinceridad se dan con las lágrimas, pero no cualquier lágrima. El llanto puede darse desde la mayor impotencias, por no poder lograr algo, pasando por aquellas lágrimas falsas de aquellos que lloran para no ser acusados o sorprendidos por el daño que han hecho a otros, hasta la mayor expresión de las lágrimas que brotan de la sinceridad del corazón, cuando toca aquello que no es posible medir, pero sí se puede manifestar, sea la alegría más profunda o el dolor más intenso.

A este dolor intenso, que no es provocado por alguna lesión física, sino que afecta el aquí y ahora de los hombre y mujeres que han querido luchar por tener algo mejor en sus vidas, pero que no es posible acceder a ello. Ese dolor de la indiferencia, de la injusticia de encontrarse con personas que por medio del mal consiguen el bienestar que el justo no alcanza son su trabajo honesto. Ese dolor que se muestra presente hoy en día con más fuerza, hacen que estas lágrimas de impotencia por la injusticia que se vive, sean escatológicas, sean muestra de la esperanza.

En esta frase del Apocalipsis "Dios secará todas sus lágrimas", hay un mensaje de consuelo y de esperanza. Todos aquellos que han vivido el dolor desde la experiencia cristiana, tienen la promesa de que el mismo Dios los consolará, hace referencia a las bienaventuranzas "Felices los que lloran, porque recibirán consuelo"(Mt 5,4) La palabra consuelo (παρακληθήσονται) el gesto de Dios es tener presente que él es la garantía y apoyo de aquel que cae por el peso del dolor. Las lágrimas del presente son para el cristiano, aquel soporte que da y dará Dios en el futuro.

Los 144000 no es lo esencial de este texto, sino más bien son todos aquellos que han vivido la alianza de Dios, es la señal de la fidelidad y del encuentro profundo y sincero con Dios, somos aquellos que esperamos, entre medio de lágrimas, que el Señor las seque, y con la mirada limpia, lo podamos ver cara a cara, tal cual es.

Vivamos nuestra esperanza, si bien es cierto que con muchas incomprensiones y lágrimas, con la alegre recompensa de los hijos que estarán junto al Cordero que recoge nuestros dolores y los hace redención en su persona.