Subscribe & Follow

Free counter and web stats

Sensus Fidelium

Una fe que no se piensa, es una fe muerta

Con tecnología de Blogger.

Bonjour & Welcome

Followers

Visitas

Pages

viernes, 27 de febrero de 2009

Nuevo Año Laboral

Ya se están acercando las postrimerías del verano en el hemisferio sur. De lado van a quedar aquellos desarreglos que nos llevaban a levantarse a horas regaladas, o incluso a hacer lo que se nos venía en regalada gana. Comienza en Chile el masivo cambio de actividades para más de dos millones de personas: inicio a clases. Coincide con el nuevo año laboral para mí, siendo profesor todas las planificaciones, proyectos y tareas vienen adelante.

Tal como decía un director que conocí y que aprecio mucho: "Este barco no atraca hasta diciembre", y es una gran verdad. Hoy en día los ritmos de vida se hacen cada vez más y más vertiginosos, no nos damos pausa ni siquiera en vacaciones, con nuestra mente ocupada en mil y una cosas, ya es tiempo de ordenarse, por eso la palabra vacaciones (vacances=vacío, disponible). Lo mismo hoy ocurre con nuestro tiempo de cuaresma. Este tiempo, a pesar del trabajo que se inicia, es un tiempo de disponibilidad, de orden de vida, de mirar, reflexionar, de simplicidad y sencillez, de ser tal cual somos.

En este tiempo, que en el mundo católico llamamos de preparación, nos lleve también a ordenar, darnos un espacio, una vacante para estar con Dios, no aparentando ser, sino que siendo de verdad.

Escrito por: Cristian Ahumada - 17:18

domingo, 22 de febrero de 2009

Cuaresma (textos escritos anteriormente)

A continuación pongo los artículos que he escrito referente a la cuaresma, puede que sirva para la reflexión en este tiempo de ayuno, oración y limosna (ojalá que nunca se nos olviden estos tres elementos, que son fruto del reconocimiento de nuestra condición).

Carnavales y Cuaresma
Teología Del Gusano
San José
Mirarán Al Que Traspasaron
¿Dónde Está Tu Dios?
El Tiempo Futuro



Escrito por: Cristian Ahumada - 15:04

jueves, 19 de febrero de 2009

,

El milagro de la vida

Estoy temprano en la mañana leyendo los diarios de circulación nacional, y en su gran mayoría hacen referencia al accidente que tuvo la hija del ministro de Economía, Andrés Velasco, y su señora, la periodista Consuelo Saavedra, ya que se encuentra con un coma inducido, para prevenir algún daño neuronal, si es que lo tiene. Muchos preocupados por el tema de la seguridad que hay que tener en vacaciones, especialmente por el peligro que se corre con las piscinas para los menores de cinco años (Ema, la hija de este matrimonio, tiene dos). Pero me llamó la atención la columna de un escritor, Cristián Warnken que el año pasado perdió a su hijo de la misma manera, la columna del día de hoy lleva por nombre "Página en Blanco", la transcribo en parte, para que la puedan leer, es preciosa, especialmente porque hace referencia a lo que hemos vivido durante este tiempo con el tema del Derecho a Vivir.

Página en blanco

(A Ema, Consuelo y Andrés, con todo nuestro amor).

Estoy frente a la página en blanco, tratando de escribir esta columna en este día de febrero, mientras veo al sol derramarse minuto a minuto en mi jardín. El sol no deja de aparecer, pase lo que pase, todos los días, para entibiar las hojas y los pájaros. Antes, escuchaba el monótono sonido del filtro del agua en la piscina, que me acunaba, como música de fuente.

Hoy, ese sonido ya no está: la piscina de mi casa está clausurada, pero presiento que un agua subterránea, invisible, sigue sonando en otro jardín, frente a otra ventana.

(...)
No puedo dejar de mirar ese pequeño barco ebrio, que volcó un niño -quizás mi niño muerto- al pasar. Que nadie lo toque, que nadie lo saque de su abandono sagrado a orillas de un puerto que no vemos. Cada niño es un capitán de un barco que no vemos. Los niños viven de milagro. Cada niño que camina, respira, juega, es un niño que para llegar ahí tuvo que sortear miles de pequeños grandes peligros, desde que fue semilla, desde que salió de la nada, chispa de luz que se encendió en la inmensa noche del azar. Escaleras abruptas, calles violentas, millones de virus y bacterias, enchufes, piscinas... Los niños viven de milagro y son un milagro.
(...)

Que hoy fuera un día de tregua, que la muerte dejara de buscar a los niños en todos los rincones de la tierra, que todos los padres del mundo sintieran la seguridad de que sus niños serán eternos, que estarán siempre jugando, saltando, cantando, llorando, para que nosotros podamos vivir. Porque sin esos niños que corren y saltan sobre el abismo de cada día, no podríamos vivir. Estaríamos muertos: de tedio, de vacío, de cinismo, de desesperanza. ¿Podemos imaginar un mundo sin niños?

Pero los niños viven de milagro y están revoloteando alrededor nuestro para gritarnos que la vida es un milagro, que cada minuto de sobrevida es un niño que con una espada de plástico o una niña con una muñeca-hada mantuvieron a raya a la vieja muerte. Nosotros ya fuimos derrotados: somos los muertos que vemos a los niños vivir, héroes de pequeñas batallas inmensas, que se dan en el aire, el agua, la luz.

(...)
¿No sabíamos, acaso, que hasta en lo más diminuto late un corazón? No lo sabremos si no nos hacemos pequeños, tan pequeños que quepamos en la lágrima de un niño, y naveguemos con él en ese barco "de mentira" que nos espera para partir, al fondo de nuestro jardín.


No me queda más que decir, que nuestra vida es el mejor milagro.

Lee todo el artículo
Escrito por: Cristian Ahumada - 09:39

miércoles, 11 de febrero de 2009

Derecho a la Vida

Con el debate generado por la "buena muerte" aplicada a Eluana Englaro, se ha venido generando todo un debate en torno al "Derecho a Morir". Muchos comienzan argumentando que si la vida es un don, que nadie ha reclamado para sí, tampoco nadie puede determinar cuándo se acaba (de ahí que digan que los suicidas se van directo al infierno -ja, como si muchos de ellos lo único que querían era salir del suyo propio-). Pero en este caso no vale hacerse la pena la siguiente pregunta ¿hasta dónde podemos preservar la vida? Si en Italia están los medios como para mantener con vida a alguien, como se da en la mayoría de los países del primer mundo, se supone que va a haber una mejoría o que la persona se va a autovaler en sus funciones vitales.

Algunos me tacharán de poco ético, pero de qué ética estamos hablando de mantener con vida a una persona, que a pesar de estar conectadas a medios mecánicos, se va deteriorando poco a poco. La misma teología moral ha dicho y establecido que hay que analizar estos casos:

1. La extensión y costo (humano) de mantener a una persona con vida.
2. Si esta persona es "viable de autovalencia" (hubo casos de personas conectadas a ventilador mecánico que después de cuatro años comenzaron a valerse por sí mismas, antes ningún signo de vida autónoma).

Por eso qué determina la continuidad o no de la vida es muy fuerte y trágica.

Pero la forma de eutanasia que se aplicó a esta ciudadana italiana fue cruel: la inanición y deshidratación. Eso mata a cualquier ser humano, de ahí la crítica que se hace a la clínica.

Muy en lo profundo, me duele que haya muerto de esta manera, siendo que la vida misma engendra más vida, quienes le damos un valor vital a la muerte somos los que deshumanizamos el momento más culminante de nuestra existencia con la soledad, la indiferencia, con la legalidad.

Autopsia de Eluana


Escrito por: Cristian Ahumada - 12:17

sábado, 7 de febrero de 2009

, ,

Dimes y Diretes

Otra palabra para hablar de Holocausto (todo quemado) es el término Shoah, que literalmente significa catástrofe, y que habla de la muerte de los 6 millones de judíos que murieron a manos de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Personalmente he estado trabajando junto a mi colega de religión en el colegio que trabajo con el proyecto de Educando por la Paz, y en el que nos referimos al tema de la Shoah, para que nunca más se produzcan este tipo de barbaries que nos deshumanizan. Durante esta semana se ha dado el caso de dichos de unos de los obispos lefebvristas que se le levantó la excomunión, el Obispo Williamson, quien dijo públicamente que dudaba acerca de la función que cumplían las cámaras de gases (que pensaba en que servían para desinfectar antes de exterminar).

Esto causó un revuelo de carácter planetario, y no es para menos, todos nos sentimos tocados por el hecho de ver herida la memoria de millones de hombres, que a causa de su raza, religión (también hubo persecusión a los Testigos de Jehová), y pensamiento, fueron procesados en estos Guetos. Estas declaraciones le cuestan a williamson la posibilidad de ejercer funciones episcopales al interior de la Iglesia Católica. Cabe recordar que Richard Williamson fue recientemente vuelto a la comunión eclesial después de 20 años. He aquí que la opinión que se desarrolló ha vuelto uno de los temas más sensibles de la humanidad, pero del cual todavía no nos hacemos cargo: el respeto por la dignidad de la persona, sea quien fuera y del lugar en que proviene.

Si hoy somos sensibles frente al tema del holocausto judío ¿por qué no recordamos junto con ésta, la shoah que están viviendo los palestinos inocentes en la Franja de Gaza? El Gobierno Alemán reaccionó ante tales palabras; el Rabinato inmediatamente exigió al Benedicto XVI que tomara cartas en el asunto, ya que los dichos fueron inmediatamente comunicados a la velocidad de Internet. ¿Y qué hacemos con aquellos que siguen sufriendo los horrores de una "Guerra Justa"?

Lo mismo aconteció con las últimas noticias del P. Maciel quien fuera suspendido de sus funciones ministeriales por Benedicto XVI, y a quien se le descubrió que tenía un hijo durante esta última semana. Las disculpas públicas hechas por el superior, por la vergüenza vivida se han hecho pocas, pero los comentarios se han hecho muchos, un ejemplo el blog de un chileno que hizo este artículo y la cantidad de comentarios generados, a la lectura de ellos vemos cómo se repiten las palabras corruptos, mentiras, invenciones, secretos.

Los seres humanos somos por naturaleza inteligentes, pero por el pecado somos soberbios, no nos damos cuenta de la capacidad que tiene nuestro pensamiento y nuestra voz para destruir, e incluso para crear nuevas cosas para hundir a otros. ¿Dónde queda la caridad para poder levantar y educar a otros? Simplemente, como dice el Apóstol Santiago nos dejamos llevar por nuestra lengua, y no vamos más allá con nuestra inteligencia para descubrir la verdad.

En cuántos de estos dimes y diretes prima la opinión antes que la realidad misma, yo creo que en muchos casos ocurre, somos acusador, jurado y juez, y este es una de las consecuencias de ver lo que ocurre de forma ajena y no ver todo en su conjunto. Por si queda duda, cuando hacemos comentarios de otros sin conocimiento real de causa ¿no estamos humillando, como si estuviésemos mandando también a una cámara de gases, desnudos sin poder defenderse, y nos tapamos en el anonimato tras nuestra pantalla? ¡Vaya otra vez holocaustos!
Escrito por: Cristian Ahumada - 10:12

jueves, 5 de febrero de 2009

, , ,

Bajar de la Cruz a los Pobres



Esta imagen es de la portada del libro "Bajar de la Cruz de los Pobres: Cristología de la Liberación", es un libro de más de 300 páginas, en que se desarrolla la visión de la cristología en este último tiempo. Hoy simplemente quiero compartir el epílogo que lo escribió Jon Sobrino, algo fuerte y contundente para entender a partir de la portada por qué sigue siendo importante la teología hoy.

En el dibujo de Maximino los pobres, hombres y mujeres, cuelgan de una cruz. No es ésa metáfora de economistas, ni «pueblo crucificado» es lenguaje políticamente correcto. Colgar de la cruz puede ser lenguaje del arte. Y entre nosotros, no en todas partes, es también lenguaje de teólogos y teólogas. Pobres son los empobrecidos, y muchos de ellos mueren -lenta o violentamente- por serlo. De hambre mueren cien mil personas al día, y cada siete segundos un niño de menos de diez años. Y como el hambre puede ser superada, «un niño que muere de hambre hoy, muere asesinado». Lo dice Jean Ziegler, relator de la ONU para la alimentación.

La cruz es, pues, todo menos metáfora. Significa muerte y crueldad, a lo que la cruz de Jesús añade inocencia e indefensión. A los teólogos cristianos la cruz nos remite a Jesús de Nazaret. El es el crucificado. Por eso, al llamar a los pobres de este mundo pueblo crucificado se les saca del anonimato, y además se les otorga máxima dignidad. «Ustedes son el divino traspasado», dijo Monseñor Romero, a campesinos aterrorizados, sobrevivientes de la masacre de Aguilares. «El pueblo crucificado» es siempre «el» signo de los tiempos, escribió Ellacuría.
Y en el título también se dice lo que hay que hacer con ellos: «bajarlos de la cruz». San Ignacio de Loyola -celebramos ahora 450 años de su muerte- pedía al ejercitante que se reconocía como pecador que se hiciese tres preguntas ante el crucificado: «qué he hecho, qué hago y qué voy a hacer por Cristo». Entre nosotros -historizando esta tradición- nos preguntamos «qué hemos hecho para que nuestros pueblos estén crucificados, qué hacemos para bajarlos de la cruz y que vamos a hacer para resucitarlos». No hay aquí hybris de ninguna especie. Hay reconocimiento de nuestro pecado, hay expresión humilde de conversión y hay decisión, agradecida, de salvar. En filosofía a esto se llama «encargarse de la realidad». En teología expresa «la misión de los cristianos», la praxis.

Y hay que añadir algo más importante y más olvidado. Bajarlos de la cruz no es sólo compasión, opción por los pobres. Es devolver a ellos un poco de lo que ellos nos dan. Sin saberlo, por lo que son y muchas veces por los valores que poseen, nos salvan, nos humanizan, nos perdonan. Al cargar nosotros con su realidad, una pesada cruz, nos sentimos cargados por ellos. Son bendición.


La teología de la liberación elabora varios contenidos importantes. Sólo voy a recordar que habla de Dios como el misterio absoluto, e insiste en su novedad escandalosa y salvífica: la transcendencia se ha hecho trans-descendencia, en palabras de Leonardo Boff, para ser así condescendencia, acogida, perdón, amor, liberación.

Habla de Cristo, como el sacramento del Padre. En él se hace presente la divinidad a la manera de filiación. Y es liberador. Sobre esa tierra, liberador es su anuncio utópico del reino y su denuncia profética del antirreino. Liberador es su mensaje del Abba, el Dios que nos acoge y nos saca de nosotros mismos. Liberador es su amor hasta el final, en cruz, y la esperanza de que el verdugo no triunfará sobre la víctima. Liberador es su modo de ser, compasivo, respetuoso, dignificante. Y liberador es también que Jesús se deja evangelizar por una pobre viuda.

No voy a seguir con los contenidos, pero sí voy a comentar sobre algunas dimensiones formales de esa teología. Lo primero es que puede tener aciertos y errores, puede ofrecer salvación y peligros. Y sobre ello quiero hacer un breve comentario.
En lo personal estoy presto -y pienso que todos lo estamos- a enmendar lo que sea error. No veo aquí ningún problema. Lo que veo más necesario es la responsabilidad de todos, según la naturaleza de cada instancia, adminstrativo-jerárquica, intelectual, académica -y también el sensus fidei del pueblo de Dios-, para que la fe sea viva y vivificante, y para que la teología sea veraz, verdadera y salvífica.

Escrito por: Cristian Ahumada - 11:59

martes, 3 de febrero de 2009

, , , , ,

¿Qué cree la Iglesia?

Gracias a las exploraciones que hace Monjaguerrillera por el ciberespacio me dio la oportunidad de toparme con un documento de 1993, en que escribía Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, el artículo se llama "Qué cree la Iglesia". Hoy quiero compartir con uds. algunos párrafos.

Aventurarse en nuevos campos era bueno y necesario, pero sólo a condición de que semejante aventura naciera de la luz central de la fe y estuviera sostenida por ella. La fe no tiene consistencia por sí misma. No se la puede presuponer como una cosa ya concluida en sí. Hay que revivirla continuamente. Y porque es un acto que abarca todas las dimensiones de nuestra existencia, hay que repensarla también constantemente y testimoniarla siempre de nuevo. Por eso los grandes temas de la fe (Dios, Cristo, Espíritu Santo, gracia y pecado, sacramentos e Iglesia, muerte y vida eterna) nunca son temas viejos. Son siempre temas que nos afectan en lo más profundo.

¿Qué cree la Iglesia? Esta pregunta incluye estas otras: ¿quién cree y cómo cree? El Catecismo ha tratado juntas ambas cuestiones fundamentales, la cuestión del qué y la del quién de la fe, como una unidad interior.(...)La fe es una orientación de toda nuestra existencia. Es una decisión fundamental que tiene efectos en todos los ámbitos de nuestra vida y que se realiza sólo si está sostenida por todas las fuerzas de nuestra existencia.

La fe no es un proceso sólo intelectual, ni sólo de la voluntad, ni sólo emocional; es todo esto a la vez. Es un acto de todo el yo, de toda la persona en su unidad e integridad. En este sentido en la Biblia aparece como un acto del "corazón" (Rm 10,9). Es un acto altamente personal. Pero precisamente porque es un acto personal, supera el yo, trasciende los límites del individuo. Nada nos pertenece tan poco como nuestro yo, decía San Agustín. Cuando está en juego el ser humano como un todo, el hombre se supera a sí mismo; un acto de todo el yo es al mismo tiempo también un abrirse a los demás, un acto del ser-con. Más aún: no puede realizarse sin que toquemos nuestro fundamento más profundo, el Dios vivo, que está presente en lo más profundo de nuestra existencia y la sostiene. Cuando está en juego el ser humano como un todo, junto con el yo está también en juego el nosotros y el tú del totalmente otro, el tú de Dios. Pero esto significa también que en semejante acto se supera el ámbito de la acción puramente personal. El ser humano en cuanto ser creado es en lo más profundo de sí mismo no sólo acción, sino también pasión, no sólo ser que da, sino también ser que acoge.

La fe cristiana es esencialmente encuentro con el Dios vivo. Dios es el verdadero y último contenido de nuestra fe. En este sentido el contenido de la fe es muy simple: creo en Dios. Pero la realidad más simple es también siempre la realidad más profunda y que abarca todo. Podemos creer en Dios porque Dios nos toca, porque El está en nosotros y porque El se acerca a nosotros desde fuera. Podemos creer en El porque existe Aquel que El ha enviado: él "ha visto al Padre" (Jn 6, 46), dice el Catecismo; "él es único en conocerlo y en poderlo revelar". Podemos decir que la fe es participación en la mirada de Jesús. En la fe él nos permite ver junto con él lo que él ha visto. En esta afirmación está incluida tanto la divinidad de Jesucristo como su humanidad: por ser el Hijo de Dios, él ve continuamente al Padre; por ser hombre, nosotros podemos mirar junto con él; y por ser ambas cosas al mismo tiempo, Dios y hombre, él ya no es una persona del pasado ni está solamente en la eternidad, sustraído a todo tiempo, sino que está siempre en el centro del tiempo, siempre vivo, siempre presente.

Si hablamos de la historia de Dios con la humanidad, se toca con ello también el problema del pecado y de la gracia. Si se toca el problema de cómo nos encontramos con Dios, hay que hablar del problema de la liturgia, de los sacramentos, de la oración, de la moral. Pero mi intención no es desarrollar ahora todo esto al detalle. Lo que me importa propiamente es la consideración de la unidad interior del acto de fe, que no es un conjunto de proposiciones, sino un acto simple e intenso en cuya simplicidad está contenida toda la profundidad y amplitud del ser. Quien habla de Dios habla del todo; aprende a distinguir lo esencial de lo accesorio y descubre algo de la lógica interna y de la unidad de todo lo real, aunque sea siempre "como en un espejo, de una manera confusa e imperfecta" (1 Cor 13,12), para que la fe sea fe y no se convierta en visión.

Es propio de la catequesis el itinerario interior hacia Dios. San Ireneo dice en este sentido que debemos acostumbrarnos a Dios, como Dios se ha acostumbrado a nosotros, los hombres, en la encarnación. Debemos familiarizarnos con el estilo de Dios, aprender a llevar en nosotros su presencia. Dicho con una expresión teológica: debe liberarse en nosotros la imagen de Dios, lo que nos hace capaces de una comunión de vida con El.(...)El proceso del conocimiento es un proceso de asimilación, un proceso vital. El nosotros, el qué y el cómo de la fe están estrechamente unidos. Ahora se hace visible también la dimensión moral del acto de fe: éste implica un estilo de existencia humana que no producimos nosotros mismos, sino que aprendemos lentamente mediante la inmersión en nuestro ser de bautizados. El sacramento de la penitencia es ese siempre renovado sumergirnos en las aguas del bautismo, en el que continuamente Dios actúa en nosotros y nos atrae nuevamente hacia El. La moral forma parte del cristianismo, pero esta moral es siempre parte del proceso sacramental que nos convierte en cristianos y en el que nosotros no somos solamente actores, sino siempre en primer lugar receptores, en una recepción que significa transformación.

Quien encuentra a Dios, ha encontrado todo. Pero nosotros podemos encontrar a Dios porque El se ha acercado a nosotros primero y se ha dejado encontrar. El es el que actúa en primer lugar y por eso la fe en Dios es inseparable del misterio de la encarnación, de la Iglesia, de los sacramentos. Todo lo que se dice en la catequesis es explicitación de la única verdad que es Dios mismo: el amor que mueve el sol y las demás estrellas (Dante, Paraíso, 33,145).
Escrito por: Cristian Ahumada - 10:33