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Sensus Fidelium

Una fe que no se piensa, es una fe muerta

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miércoles, 24 de febrero de 2010

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Apariencias

Cada vez que hay escándalos acerca de los abusos de religiosos a menores de edad se da una suerte de persecución, investigaciones y juicios. No defiendo a los ejecutores de tales aberrantes actos; pero, el juicio en que hablan y critican sin reflexión seria a las autoridades de la Iglesia, hacen que se pierda la credibilidad. Es fuerte pensar que las personas que más critican sobre la Iglesia, es la primera que se acerca cuando está con dificultades y problemas.

Siempre han habido críticas en torno a las autoridades eclesiásticas, si bien es cierto en los últimos años han sido varios cientos los casos de sacerdotes que han caído en el tema de la pedofilia, se dan con fuerza otros testimonios de sacerdotes que mueren defendiendo su fe en medio de un mundo que piensa que ya no es necesario predicar y anunciar a Jesucristo.

La crítica más grande es que la Iglesia es una construcción mutua, que se va desenvolviendo a lo largo de la historia, pero que pareciera ser que la corresponsabilidad ha sido mermada en estos últimos años. Si Pío XII ya hablaba que la Iglesia era el cuerpo místico de Cristo (Mystici Corporis Christi, 1943), formamos un sólo cuerpo, tanto los sacerdotes y los laicos somos miembros de un mismo cuerpo que ha de cuidarse mutuamente, en imitación de la actitud de Cristo frente a su Esposa, la Iglesia.

Es realmente triste y preocupante que se nos olvide que somos parte de la Iglesia, y que formamos parte de la misma, claro podemos pensar que los sacerdotes tiene una responsabilidad jerárquica, y que ellos tanto dentro del presbiterio y como fuera de ellos siguen siendo sacerdotes, es un sacramento y un llamado, no una profesión (como lo piensan varios católicos), de ahí que el cuidado que debemos tener los cristianos por el cuidado de los sacerdotes es muy fuerte. A veces, la soledad que viven los mismos vicarios de Cristo es muy dolorosa en varios casos, especialmente cuando esperamos recibirlo todo de ellos. Es necesario proteger a aquellos que quieren protegernos, ellos que tienen que hacer presencia presente de Cristo suelen sufrir con mayor dolor la incomprensión de aquellos que dicen ser fieles al Maestro.

No sería bueno, aparte del tema disciplinario, tratar el tema afectivo frente a nuestros sacerdotes, dejar de lado las apariencias, y tratar de estar con ellos, más que una colonia, un par de zapatos o una camisa o cáliz, compartir con ellos su oración, orar por ellos y hacer presencia presente del cuerpo que es el laicado con ellos. Dejemos de lados estas apariencias y seamos verdaderamente lo que significa la palabra laico (seguidor fiel).
Escrito por: Cristian Ahumada - 20:06

domingo, 21 de febrero de 2010

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Elegía a un Maestro Viator

Fueron ya cerca de 18 años, cuando recién salía de una pequeña ciudad a la gran capital; salía de mi cuna para una aventura que sigue hasta el día de hoy de la mano de Jesús.

Conocía tu nombre, pero no quién eras,
con el tiempo sabría que serías mi maestro en el Seminario.

Más que textos y erudición mostraste sabiduría y humildad.
Sabio en el trabajo constante,
ya que no simplemente decías que había que hacer algo,
tú estabas allí trabajando junto a nosotros, en silencio constante.

Sabio en la oración,
para hablar sobre Dios dedicabas muchas horas a hablar con él,
¡cuántas veces te quedabas dormido en la capilla
vigilado por el amor del Padre!
En un profundo "Adorado y Amado sea Jesús".

Sabio en tu trato con los jóvenes y los niños,
siempre siguiendo la máxima de la Congregación:
"Dejad que los niños vengan a mí".

Sabio en la vivencia de tus votos,
fuiste obediente en la misión que la Iglesia te encargó,
pobre porque dejaste todo por seguir a Jesucristo,
y casto, porque tu amor fue exclusivo para Jesús y sus predilectos.

Hoy me despido, esperando que, en la llegada al reino prometido, Jesús te diga: "Ven a mí, bendito de mi Padre".

Un abrazo y un adiós querido padre y maestro Luis Trigueros.
Escrito por: Cristian Ahumada - 15:19

jueves, 18 de febrero de 2010

Desierto

El día de ayer estuve haciendo referencia al tema del desierto, como lugar de encuentro del pueblo de Israel con la intimidad de Dios. Pero a menudo pensamos que el desierto es el lugar de la muerte, pero para nuestro imaginario romántico caemos en la creencia de que los hebreos tenían dos opciones: vivir con Dios o perecer en el camino. Pues no es así.

El desierto es el lugar por preferencia donde Dios habla, de hecho la palabra desierto en hebreo (midbara) tiene mucho que ver con la vocablo Dabar (palabra), en una traducción más bien literal el desierto, según la mentalidad hebrea es el lugar en que se llena de palabras.

Y esto, en nuestra propia experiencia suele ser algo común, no es de extrañar que cuando estamos hospitalizados, tenemos muchas horas para tener tiempos de soledad (de desierto si lo quisiéramos poner de la misma manera), en que como no tenemos con quién conversar, nuestro mayor interlocutor somos nosotros mismos, de ahí que nos llenamos de palabras, ideas, imágenes y recuerdos, con que tratamos de cambiar nuestras propias acciones. Pero también es el lugar en que Dios habla, en medio de tantos soliloquios aparecen también los diálogos y tentaciones.

Aunque sea un tanto contradictorio, porque el desierto es un lugar en que hay que deshacerse de las cosas que traemos antes de entrar al encuentro con las palabras de Dios.

No hay dos opciones en el desierto, porque una vez que se entra el único encuentro es con Dios, y la elección es hacia la vida.

Por tanto, he aquí, la seduciré,
la llevaré al desierto,
y le hablaré al corazón.
Escrito por: Cristian Ahumada - 19:48

miércoles, 17 de febrero de 2010

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Mensaje de Benedicto XVI en el Miércoles de Cenizas

Queridos hermanos y hermanas:

Iniciamos hoy, Miércoles de Ceniza, el camino cuaresmal que nos preparará a la celebración de la Pascua del Señor. En este itinerario espiritual, la Iglesia nos sostiene con la Palabra de Dios, que encierra un programa de vida espiritual y de penitencia, y con la gracia de los Sacramentos. La liturgia de este día contiene el significativo rito de imposición de la ceniza, en el que se pueden utilizar dos fórmulas. La primera dice: “Convertíos y creed en el Evangelio”. Esta llamada a la conversión es una invitación a dejar un estilo de vida superficial e incoherente, para entrar en comunión con la persona de Jesús, entregando nuestra vida al Evangelio. La segunda fórmula que puede pronunciar el sacerdote cuando impone la ceniza dice así: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás”. Con estas palabras, la liturgia cuaresmal, por un lado, nos recuerda la muerte, exhortándonos al realismo y a la sabiduría, y, por otro, nos alienta a acoger y vivir la novedad inesperada que la fe cristiana desvela en la realidad misma de la muerte. Con la imposición de la ceniza, pues, renovamos nuestro compromiso de seguir a Jesús, dejándonos transformar por su misterio pascual, para vencer el mal y hacer el bien.
Escrito por: Cristian Ahumada - 19:06

Provisorio

Hace muy pocos días he visto y vivido en carne propia, las circunstancias de la precariedad de la vida, enfermedades y accidentes nos hacen ver que, a pesar de tener todos los bienestares, nuestra existencia es provisoria.
En el itinerario de la fe, y en una de las características de la reflexión cristiana está el carácter existencial más que racional de la respuesta que tenemos las personas frente a Dios (-¿cómo me puedes explicar que Dios está en ti?... -no lo sé, pero sé que está ahí conmigo), de ahí que el carácter provisorio de nuestra vida nos hace dar cuenta que Dios está ahí presente. Pero no quiero caer en dos tentaciones que cualquier persona, puede preguntar.

Evitar la sensación de pensar a Dios como la respuesta a las necesidades básicas del hombre

La imagen de un dios que sea respuesta de todas aquellas necesidades que vivimos en el día a día haría, simplemente, de dios un concepto que vendría a ser un solucionario a toda pregunta que aparece, pero que no da un sentido para la vida. ¿De qué me sirve decir que Dios es creador si sigo estando tan solo como siempre? Esto nos quita el carácter de provisorio en nuestra existencia, sino que vagaríamos en una negación del carácter de nuestra propia vida. Porque estaríamos reduciendo a Dios como si fuese un ídolo o una imagen, ante la cual cualquier petición tiene que ser cumplida. En caso contrario, si es que no se cumple, la responsabilidad recae en el ser humano, que no ha hecho correctamente la petición ante Dios, ya que él nunca se equivoca.

Evitar pensar a Dios como el antagonista de la historia que vivimos

En la modernidad, el mero hecho de pensar a Dios, ha sido muy criticado por aquellas personas que consideran que no es un concepto necesario, e incluso ven que el hecho de hablar de Dios quita la independencia de que el hombre sea capaz de pensar más allá de sus posibilidades. Es un tanto contradictorio este tipo de argumento, pero Dios se da como el antagonista del desarrollo histórico de la humanidad. Todo ello es para poder entablar que la humanidad por completo es capaz de trascenderse, ¿pero qué pasa con mi propia trascendencia?

En el fondo queda la misma sensación de vacío existencia, porque la precariedad de la vida, y de las concepciones que tenemos de Dios hoy hacen que sea el enemigo del hombre.

La experiencia bíblica nos manifiesta que, a lo contrario de la experiencia de nuestro tiempo, el carácter provisorio de la vida es el que da el sentido de la existencia, ya que el hombre no puede darse a sí mismo un sentido de su propio ser.

En este tiempo de cuaresma hay una imagen que puede servirnos para comprender que nuestra vida es un camino sin nada establecido: el desierto.

El desierto es la imagen que ha empleado el pueblo de Israel, es signo de camino, de perderlo todo, pero también para encontrarse con Dios en la intimidad de los corazones. Es el lugar donde se dejan los ídolos e ideologías, los falso profetas y también las falsas ilusiones.

Es bueno, de vez en cuando, que recordemos que estamos en medio camino, y que este camino es un encuentro, un abrazo que llene de alegría nuestros corazones. Dios no viene a solucionar los problemas, sino que viene a acompañarnos en nuestro caminar, no está contra nosotros, sino que está en contra a nuestros problemas y nos invita a luchar para lograr una buena vida. Dios no está en contra la historia, Dios se hace historia con nosotros, para que nuestra historia trascienda más allá de los simples derroteros que se provocan a lo largo de las decisiones humanas.

Escrito por: Cristian Ahumada - 17:33

sábado, 13 de febrero de 2010

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Cenizas


Estamos a días de celebrar Miércoles de Ceniza, comenzando nuevamente el tiempo litúrgico de cuaresma, momento de oración, reflexión, ayuno y penitencia; mas, en el hemisferio sur, justo en el tiempo de vacaciones, se vive de forma un tanto desfasada, pero no quiere decir que no se viva. La ceniza es uno de los símbolos más empleados en la teología del antiguo Testamento como signo de penitencia y de la precariedad del ser humano ante Dios, que se dispersa y se pierde en el viento, pero muy poco rescatado en un mundo que en medio de tanto cemento gris, no da frutos ni fertiliza nuestra vida.


De joven una vez vi a un campesino que una vez terminado de cocinar en un horno a leña tiraba las cenizas a la tierra del campo, en mi interior decía "¡para qué lo hace si nada se puede sacar de algo estéril y muerto!", quedándome con esta idea. Pasó el tiempo y vi que una señora ya mayor hizo el mismo gesto, no aguanté y le pregunté el porqué de esto, entonces escuché la explicación de que "la ceniza sirve para fertilizar y dar cuidado a lo que está abajo". Se puede ver mucha muerte y esterilidad sobre la ceniza, pero aún donde uno ve la muerte y la imposibilidad de que surja algo, ahí se da la vida.


Este tiempo de vacaciones para los del hemisferio sur quizá nos quite el ánimo de celebrar cenizas, pero quisiera rescatar que este momento es un recordatorio que nos indica que bajo la esterilidad y la muerte se da la vida. Ceniza es un tiempo que nos recuerda la precariedad de nuestra existencia, que no nos pertenece y que a veces la tapamos con tantas preocupaciones que no son esenciales y que, al final, nos deja más vacíos e intranquilos, con la sensación de no haber aprovechando nuestro tiempo en la tierra. Pero hay esperanza en medio de toda esta inconsistencia de nuestro ser contingente, puede surgir algo bello en medio de la inercia inerte de la vorágine de nuestra existencia. La vida está ahí, presente, aunque no es algo que avasalle a su alrededor: es silenciosa, constante y permanente; que a pesar de la destrucción y de los peligros que se aprecien, sigue adelante, a su ritmo. La tarea nuestra es darnos cuenta de que está ahí presente, latente y patente a la vez, nuestro trabajo es respetar esos procesos de cambio, y trabajar para que ellos ocurran.

La vida es un trabajo de doble voluntad, en ella está el creador que da la vida, y la criatura que desea vivir. El campesino respeta a la naturaleza y sus procesos para todo de su fruto a tiempo. Dios también respeta nuestros procesos vitales, ahora es cuestión de nosotros querer reconocer que vamos en un constante camino hacia el encuentro con el creador, y que en medio de esta infertilidad y muerte puede surgir la vida, tal como Cristo nos lo recordará con su resurrección en su Resurrección.
Escrito por: Cristian Ahumada - 20:12

lunes, 8 de febrero de 2010

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Desde la Palabra de Dios

Este domingo, cuando fui a la eucaristía me encontré con que el sacerdote que presidía la eucaristía era un varón entrado en edad, me recordaba a los venerables monjes que vi alguna ves en aquel monasterio benedictino, cuando fui de retiro de silencio, esa imagen me trajo, hasta el momento de la homilía.
Estaba hablando del evangelio de San Lucas, para los que se acuerdan era acerca de la pesca milagrosa que realiza Jesús, y la primera confesión de fe que realiza Pedro "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador" (o sea, Señor, tú eres Santo), pero eso no fue lo que me llamó la atención. La formación de los sacerdotes ha de ser, y tiene que ser, permanente, me explico. En la eucaristía el Sacerdote empezó a dar reseña del origen del evangelio y del evangelista; partió diciendo que era de origen antioqueno, luego que las comunidades antioquenas se formaron a partir del mismo evangelio y que el mismo Pablo habría tomado este evangelio para la predicación. En resumidas cuentas, que el evangelio de Lucas era uno de los primeros evangelios en redactarse y que fue la fuente de inspiración para la predicación del Apóstol Pablo. Mi madre que estaba al lado mío me dijo: "eso no aparece así en tus libros", algo que me consuela, porque pensé que había entendido mal.

Para dejar claro,


las comunidades antioquenas son de origen siro-palestino, ubicadas en la ciudad de Antioquía, una urbe muy populosa, que en la época del imperio romano bordeaba el millón de habitantes, fue cuna del nombre cristiano, y una pequeña "base de operaciones" para la misión cristiana. Pablo, una vez converso va hacia esta ciudad para aprender de los discípulos de Cristo.

Pablo conoce a Lucas en la zona de los helénicos, ya que su profesión es ser médico, posteriormente la tradición lo pone como uno de los evangelistas, y en que recoge la tradición paulina y sus propias investigaciones. Hago notar que en las lecturas de su evangelio vamos encontrarnos fuertemente con el tema económico, más que en los otros dos evangelios sinópticos, por lo cual difícilmente tuvo un acceso cercano a la persona del Jesús histórico.

Por lo mismo me acerqué al sacerdote al finalizar la eucaristía, para que pudiera ver si podía corregir este error formal, con un buen gesto lo agradeció, ahí noté su humilde santidad.

A veces nosotros mismos creemos a partir de la autoridad de las personas que nos dicen y enseñan; no es el contenido el valedero, sino la persona que profiere o da ese contenido. Es desde aquí que me ocupó el tema, me decía: "si me presento delante de toda la feligresía, y digo: 'saben el padre está equivocado, porque los estudios bíblicos dicen...', nadie me hubiera tomado en cuenta. De ahí la responsabilidad de los que están a cargo de la formación de las personas, porque no creo que haya alguien con su laptop en una eucaristía tratando de verificar todo lo que el ministro va explicando; simplemente hacemos un acto de fe, desde que entramos hasta que salimos a misionar aquello que hemos celebrado.

De esto saqué una conclusión: a la hora de hablar o de escribir es mejor siempre ir con humildad, ya que simplemente esto que hacemos al compartir la fe es un constante rumiar la palabra, nunca se digiere del todo, pero estamos aquí tratando de comprender este mensaje que es la verdad por quién lo ha dicho: Dios.

Nota 1: No he querido denostar a los sacerdotes, hay muchos que son muy santos varones que ha pasado toda su vida dedicada a lo que se llamaba "la cura de almas", y que por su antigua formación no tienen el conocimiento teológico actual, pero su testimonio vale más que miles de grados académicos. Tampoco quiero defender a aquellos sacerdotes que no preparan sus homilías, ni hacen lo que, en esencia debería ser una homilía, encarnarla en la vida de su comunidad tal como Cristo se encarnó en la vida de la humanidad.

Nota 2: ¿Sabía ud. que como miembro de una comunidad tiene el derecho a escuchar bien las lecturas? Si alguna vez ve que en su comunidad un lector no cumple su misión puede pedirle al celebrante que la vuelva a repetir. ¿Sabía también que si un sacerdote no instruye a su pueblo con las lecturas leídas en la homilía puede exigirle a que lo haga? O sea, si a un sacerdote le parece más importante la política o el fútbol a la Palabra de Dios, usted puede pedirle que hable de las lecturas antes que un comentario político. Eso no quiere decir que se deje de hablar de política o de la contingencia nacional, si la homilía ilumina nuestra vida a la luz de la palabra de Dios.

CIC 762 :
Como el pueblo de Dios se congrega ante todo por la palabra de Dios vivo, que hay absoluto derecho a exigir de labios de los sacerdotes, los ministros sagrados han de tener en mucho la función de predicar, entre cuyos principales deberes está el de anunciar a todos el Evangelio de Dios.

Escrito por: Cristian Ahumada - 16:22

sábado, 6 de febrero de 2010

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Exégesis y Eiségesis

Entre tanto comentario y división que se ha dado de acuerdo a los principios que sustentan la fe cristiana de tal o cual iglesia, e incluso de la "privatización del cristianismo" por parte de algunos fieles, pastores e incluso sacerdotes, que teniendo sus más buenas intenciones de llevar a cabo la voluntad de Dios, usan a modo de escudo y de caballo de batalla la palabra de Dios, pero la pregunta es de qué manera la están instrumentalizando. De ahí el punto de hoy, de qué forma tomamos la exégesis bíblica y la reducimos a una simple eiségesis de la misma.

El riesgo de la lectura de la Biblia siempre ha sido y será dejar de lado la unidad de toda el en su conjunto, si bien es cierto hay una distancia milenaria entre el primer libro (Génesis) y el último del canon bíblico (Apocalipsis), ello no quiere decir que estén aislados y superpuestos, uno a lado de otro. La lectura de la Biblia puede ser vista desde su unidad, o como varios hacen a partir de sus propios intereses y necesidades de una forma parcelada.

¿Qué es la exégesis y la eiségesis?

En algunos textos y comentarios se ven como antagonistas de una misma película, en que la exégesis es el lado correcto del estudio bíblico y la eiségesis es la incorrección misma, cosa que en lo personal no creo así. Exégesis viene del griego ἐξηγεῖσθαι, que viene a traducirse como "guiar hacia afuera", o "sacar a reconocer", tiene que ver con el arte y la ciencia de saber qué es lo que el autor quería decir con sus palabras; digo que es arte y ciencia, porque hay que contextualizar el momento histórico y su sentir de fe, junto con las características literarias de la época en que se escribe; un ejemplo, cuando Jesús dice en el evangelio de Juan: "Yo soy el camino y la verdad y la vida" (εγω ειμι η οδος και η αληθεια και η ζωη), en griego la partícula και (y) puede resultar un problema de exégesis, por ejemplos hay textos que dicen "En copas y oro fue servido el vino para Alejandro y su ejército", no sería mejor decir "En copas de oro fue...", lo mismo ocurre en el evangelio de Juan: "Yo soy el camino de la verdad de la vida". Algo más entendible, ¿no? Las expresiones gramaticales pueden ser una excusa para entender algo que el autor nunca quiso decir, en este caso no son tres cualidades para una misma persona, sino la propiedad de estas tres en una misma unidad: Jesús, en Juan, es el camino de la verdad de la vida.

La Exégesis misma tiene que respetar el sentido de las palabras para hacérnosla entender, en cambio hoy se ha visto a la eiségesis como el ejercicio de introducir nuestras propias interpretaciones en los textos. De ahí que veamos tantos hombres y mujeres de fe que hablan ya de los signos del final de los tiempos, dando ya fechas y lugares exactos, sacando documentales explicativos, e incluso dando cronogramas de los acontecimientos con manuales de "qué hacer en caso de", y hasta mapas de cómo va a ser el reino de los cielos en la tierra (como si alguien se adelantase y comprara ya su terreno). Siendo que Jesús mismo, en reiteradas ocasiones repitió que nadie sabe ni el día ni la hora, ¿o acaso fue un lapsus de la revelación del Espíritu Santo que lo está dando justo ahora en forma parcelada?

Claro, la eiségesis por sí sola es un mal ejercicio, porque se toma atomizada la palabra de Dios, para uso e intereses personales; muchos terminan aprendiéndose la Biblia a pedazos, pero no construyen su conjunto, y por lo mismo ¿qué imagen de Dios tendrán? He visto a muchos hermanos de otras iglesias y de la católica, apostólica y romana, saberse versículos de memoria, o incluso decir que se saben la Biblia de memoria, pero no es garantía de entender en profundidad el misterio de Dios, del Dios de Jesucristo.

Ahora bien, la exégesis tiene que ir de la mano con la eiségesis, pero en un doble movimiento: la exégesis es hacia el texto, en la unidad completa de la Sagrada Escritura, en comunión con toda la tradición apostólica. Pero la eiségesis va de la mano con la actualización que hago del texto no hacia lo que estoy leyendo para reinterpretarlo, sino que hacia mi vida, mis acciones, mi historia, hay que recordar, a los ojos de la fe que Dios se ha revelado a través de su palabra, pero también a través de la creación misma, que es revelación de Dios, y a ella podemos re-leer a partir de la escritura. La lectura de la vida se hace con la óptica de la Sagrada Escritura y no al revés, ya que sería muy fácil ver a un dios demonizado antes que al Dios de Jesucristo.
Escrito por: Cristian Ahumada - 10:37

jueves, 4 de febrero de 2010

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Teología Negativa

Una de las cuestiones que más me ha llamado la atención, y que fue motivo de discusión años atrás en mi titulación en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, fue la afirmación que realicé, tomando una frase de Karl Rahner: "La Trinidad Económica es la Trinidad Inmanente". Frase, que hasta esa fecha no le había tomado el peso, ya que uno de los profesores que estaba en la comisión quería que admitiera también que es más de Dios lo que no se puede decir, que lo que verdaderamente se puede decir de él. Esta es la definición de Teología Negativa.

El tema es ¿por qué defender y hablar más de una teología negativa más que de una teología positiva, o como otros han propuesto, una analogía de la experiencia de Dios?

La Teología negativa, manifestada desde los orígenes de la reflexión cristiana, y que deja de lado la posibilidad cierta de conocer el Misterio de Dios, ya que es más fácil decir lo que Dios no es a partir de nuestra propia existencia, por ejemplo, si el hombre es mortal entonces Dios es inmortal; si el hombre tiene un conocimiento limitado Dios es omnisciente; si el hombre cambia Dios no lo hace (inmutable). Varios teólogos cristianos vieron en esta forma de pensamiento el modo más seguro de hablar acerca de Dios, y en cierto sentido tienen razón, ya que todas las palabras que podamos tener no van a definir en su totalidad la realidad misma. En este sentido Santo Tomás de Aquino dice que las palabras no contienen la realidad que se enuncia.

¿Qué garantía nos da esto para la fe? Hay dos caminos, el camino de la negación simplista, y el camino de la mística. La negación simplista lleva a las persona a no cuestionar la fe y el porqué de tales experiencias; si yo digo "Dios es inmortal" no me voy a cuestionar el tema de la inmortalidad, simplemente porque Dios no muere y yo, como ser mortal sí lo voy a hacer. La negatividad encierra desde este punto de vista un absoluto que no tiene razón de ser cuestionada, tal como un padre dice "no tires piedras", no cabe otra condición para poder lanzarlas. Es mucho más complicado el segundo camino, que es el camino de la mística, los hombres y mujeres que han vivido una experiencia beatífica y han visto "cara a cara" a Dios mismo, se dan cuenta que cada palabra dicha afirmativamente acerca del misterio de Dios es "paja que ha de ser quemada" (frase que dijo Santo Tomás después de una experiencia mística al cabo de finalizar de escribir su Summa Teológica), pues en esta experiencia todas nuestras palabras no contienen la profundidad de la realidad que se vive. De ahí que varios místicos han expresado que de Dios nada se puede decir. De aquí varios pueden tomarse para afirmar el agnosticismo moderno, pero no se han percatado que estas personas que afirman que de Dios no se puede decir nada es porque ya han tenido una vivencia de encuentro con el misterio de la divinidad.

Ahora bien, si las palabras no contienen en sí la realidad que se quiere mostrar, sí es posible manifestar la experiencia de Dios. Si nos fijamos en los relatos evangélicos Jesús no habla negativamente de su experiencia con su Padre; la forma en que relata su relación filial con el Dios de las promesas del Antiguo Testamento, es más bien con aquella paradójica cercanía que manifiesta a los hombres, y que mientras más cercano lo vivimos nos percatamos de la enorme distancia que existe entre el Creador y la criatura.

Jesús hace una propuesta positiva de la experiencia de su Padre, de forma sencilla usa las imágenes que tienen las personas de su tiempo y en el contexto en que ellos viven: Las Parábolas nos muestran la experiencia cercana de la presencia del Dios con nosotros; "El Reino de Dios se parece a..." el uso de la analogía es el puente que tiene el lenguaje para acercar dos realidades tan distantes pero que tiene el tenue lazo de la simpleza, porque Dios también es simple.

Los mismos místicos nos dan otro paso para poder reconocer en la sencillez de nuestro lenguaje la profundidad de la experiencia de Dios, para poder manifestar la grandeza del Creador ha sido necesario expresarla desde la poesía, en el lenguaje figurativo con imágenes de lo cotidiano nos podremos encontrar con esta experiencia que, a veces, suele ser tan incomunicable por la sencillez y profundidad que encierra o ¿acaso alguien me podría definir positivamente (en el sentido estricto de la palabra) qué es amar y el amor? Es sencillo y profundo a la vez.
Escrito por: Cristian Ahumada - 20:29

lunes, 1 de febrero de 2010

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Jesús: una palabra libre

Esta reflexión es parte de un texto corto, pero profundo del Teólogo francés Christian Ducoq, "Jesús, hombre libre". He querido compartirlo porque me parece que ante tantos comentarios que están encasillando la reflexión de Jesús en torno a tal o cual ideología, incluso en el mundo de la teología, es bueno dar un buen paso con estos pensamientos que a momentos más que iluminar perturban y confunden más el caminar en la fe.

Una palabra libre

Esta libertad es la que aparece también en su enseñanza y en su modo de existencia, del mismo modo que aparecía en sus relaciones sociales. Sus oyentes quedaron impresionados por su forma de enseñar: enseñaba con autoridad (Mc 1, 22), no como los escribas y fariseos. Estos no hacían más que comentar, Jesús parecía un creador. La idea que de la ley y de la religión judías se forjaban los escribas y fariseos no les permitía otra actitud. Por eso, el debate entre ellos y Jesús se concentra en la manera con que él se refiere a la ley. Hay múltiples episodios en los evangelios consagrados a las controversias que surgieron sobre temas de observación ritual. Juzgando superficialmente las cosas, nos podría fácilmente parecer exagerada la importancia que les conceden los evangelistas. En realidad, esos episodios nos describen debates concretos para manifestarnos hasta qué punto estaban ligadas en Jesús la enseñanza y la actitud. Su palabra es un comentario de su comportamiento. A las acusaciones de los fariseos contra sus discípulos de que no respetaban la tradición de los "antiguos" (Mc 7,2), Jesús responde poniendo en cuestión el origen divino de esas observancias; se trata de costumbres humanas y ha y que juzgarlas humanamente. Se les atribuye un valor desmesurado, hasta llegar a sacrificar por ellas el mandamiento de Dios de no hacer daño a nadie (Mc 7,9-14). La trasgresión del sábado ocasionó oposiciones violentas: Jesús muestra el sentido de su conducta y de la de sus discípulos. O bien apela a la libertad que se tomó una de las mayores figuras de la religión judía, David (Mt 12,1-8), o bien recuerda ciertos datos evidentes para todo el que no sea fanático: "El sábado está hecho para el hombre". Los maestros de Israel son culpables de invertir el orden, con el pretexto de honrar a Dios; se olvidan de que lo único que cuenta a sus ojos es la misericordia, y no el sacrificio (Mt 12,7). El sentido común de Jesús enuncia la estupidez de la tacañería legal cuando le reprochan que cura en día del sábado, en contra de las prescripciones de la ley: "¿Qué hombre hay entre vosotros que tenga una sola oveja, y, si se le cae en un hoyo en día festivo, no vaya a buscarla y sacarla?" (Mt 12, 11).

La libertad de Jesús ante la ley es la que le confiere sentido a esa ley. La ley debe juzgarse, en su práctica concreta, por la doble exigencia del amor de Dios y del prójimo (Mt 7,12; 22,37-40; Mc 12,28-34). Si Jesús no tiene miedo a traspasar la ley hasta llegar a escandalizar a los maestros de la religión, es porque su libertad es una forma de su amor al prójimo (Mt 7,12).

El "sermón de la montaña", esto es, los capítulos 5-7 de Mateo, que reúne en una sola exposición las palabras dispersas de Jesús, tiene su origen en esta actitud de libertad. Jesús no se apoya en ninguna tradición: "Habéis oído que se dijo... Pero yo os digo..." (Mt 5, 43-44). Jesús señala, en un estilo paradójico, dónde está la fuente de su propia conducta, cuya regla de oro es la de no basarse más que en su actitud filial ante Dios y en su amor efectivo al prójimo. Jesús no promulga una ley nueva, no hace una teoría de la ley, sino que adopta una actitud que critica radicalmente la función que se le hacía desempeñar a esa ley. Esa opción extraña escandaliza. Es tan nueva que el pueblo se siente impresionado por la autoridad con que la hace suya. El pueblo y los fariseos quedan conmovidos ante esta libertad e intentan descubrir su origen. No es la libertad del pecador, porque entonces la ley tendría razón en contra de él. La libertad de Jesús es de otro orden. Los fariseos, los escribas, los saduceos, sienten miedo: creen que es peligroso ese comportamiento de Jesús. Aprietan a Jesús con sus preguntas, le tienden asechanzas. Esperan llegar a definir su conducta dentro de las categorías ya conocidas. Jesús les desconcierta; se ha abierto una brecha en su sistema religioso. La libertad de Jesús se impone hasta el punto de que no pueden esquivar la cuestión que plantea. Les irrita, les obliga a tomar partido, les obliga a ser ellos mismos. Y llegan hasta los juicios más extremos, hasta acusar de magia a aquel que tiene autoridad sobre los posesos.
Escrito por: Cristian Ahumada - 18:39