Subscribe & Follow

Free counter and web stats

Sensus Fidelium

Una fe que no se piensa, es una fe muerta

Con tecnología de Blogger.

Bonjour & Welcome

Followers

Visitas

Pages

martes, 26 de enero de 2010

, ,

Signos de los Tiempos

Hoy en día con tanto trabajo seudo científico, y también interpretaciones seudoinspiradas, además de las seudoepigrafías que van apareciendo en torno al fin de la raza humana, quiero compartir una palabra en torno a un concepto que ha sido basureado e incluso degradado hasta tal punto que puede ser tomado, cuando se emplee en todo su sentido, como charlatanería. Los signos de los tiempos, que en el Evangelio de Mateo, Jesús emplea para reprender a los fariseos que sabiendo entender los procesos de la naturaleza no podían entender el actuar de Dios:
Entonces los fariseos y los saduceos se acercaron a Jesús, y para ponerle a prueba le pidieron que les mostrara una señal del cielo.

Pero respondiendo El, les dijo: Al caer la tarde decís: "Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizo." Y por la mañana: "Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador." ¿Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiempos? Una generación perversa y adúltera busca señal, y no se le dará señal, sino la señal de Jonás. Y dejándolos, se fue.

La Iglesia reconoce que la historia es un lugar en que se encuentra la voluntad de Dios, ya que las manifestaciones de Dios se dan en las mediaciones humanas, particularmente la historia, concretamente, las realidades sociales, políticas, religiosas y culturales del mundo y de la Iglesia. Este concepto borra de un plumazo la idea de una Iglesia alejada de la historia del hombre. Ya en Gaudium et Spes se abren las puertas de esta relación de la Iglesia con el mundo, y en particular con la historia:
El Espíritu de Dios, que con admirable providencia guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, no es ajeno a esta evolución. Y, por su parte, el fermento evangélico ha despertado y despierta en el corazón del hombre esta irrefrenable exigencia de la dignidad.(GS 26)

Ahora bien, el término tiempo puede ser una de las bases en que hemos de tomar conciencia, ya que en el texto original σημεια των καιρων, emplea el término kairós y no la expresión "cronos". De ahí un criterio que nos puede ser muy útil a la hora de sopesar a quienes hablan en nombre de Dios. Kairós entendámoslo como el tiempo en que Dios está presente, y su presencia marca el actuar de los hombres, en cambio el concepto cronos es simplemente la sucesión del tiempo que sigue errante en su desarrollo.

Por lo mismo los signos de los tiempo tienen otros criterios, que han de ser discernidos antes de tener ataques de "inspiración a causa de la esquizofrenia":

a) Interpretados a la luz de la Palabra de Dios, Tradición y Magisterio.

Tener en cuenta la Palabra de Dios, como punto de referencia y marco de orientación fundamental. Para que este discernimiento tenga cierta garantía es necesario la relación o conexión con la revelación fundacional. Hay que juzgar su sentido y orientación en relación a los planes que Dios tiene para la humanidad. Cualquier búsqueda de la presencia de Dios o revelación, no puede prescindir, de forma particular, del hecho – Jesús, que es la definitiva autocomunicación de Dios y referencia imprescindible para todo discernimiento teológico. Desvelar los signos a la luz de la Palabra de Dios, nos puede llevar a ver en ellos la oportunidad salvadora de Dios.

También la Tradición y el Magisterio de la Iglesia deben servir como fuentes imprescindibles de consulta para un adecuado discernimiento de los “signos de los tiempos”. La Tradición y el Magisterio deben estar al servicio de la Sagrada Escritura, fuente primera de la revelación, pero estrechamente ligadas entre sí para garantizar un mismo fin, preservar el depósito de todo lo revelado.

b) Conocimiento profundo de la realidad y época actual.

El conocimiento profundo de la realidad es lo que da autoridad a todo discernimiento sobre la presencia de Dios en ella y tener sensibilidad e intuición a lo que en ella hay de extraordinario.

c) Interpretación de la presencia de Dios como una cuestionante y no como solución.

Lo que se rastrea como presencia de Dios son cuestiones y no soluciones, muchas veces. Más que respuestas, los signos dejan preguntas que lleven a otras preguntas. Y en la búsqueda de la respuesta y la verdad, podremos descubrir la voluntad divina. Dios provoca a la acción, a la libertad del hombre. ¿Qué has hecho por tu hermano?

d) Discernimiento comunitario – eclesial.

Hacer el análisis en diálogo con los demás. Es la dimensión comunitaria y fraternal que impide ser monopolizador de la verdad y exige humildad en el servicio a esa verdad de la que nadie es propietario. Toda la Iglesia en su dimensión de “Pueblo de Dios” está invitada y capacitada a discernir los signos, gracias al soplo del Espíritu.

Estos criterios no evitan los respectivos riesgos de un errado discernimiento, ya sea en su lectura o su respuesta, ya que nuestra razón a veces no dimensiona la voluntad de Dios en su profundidad de los designios.

Tampoco ninguno de nosotros se puede apropiar de tener la autoridad de interpretar estas señales como "señales de Dios", e incluso muchos pueden con los alarmismos apocalípticos llegar a dar una visión que no corresponde a la voluntad de Dios.

Los "Signos de los tiempos", muestran la grandeza de la libertad humana, y del amor de Dios, pues en todo lo que el hombre busca para su bien común, va a coincidir con la voluntad de Dios; y, en caso contrario, cuando el actuar del hombre no coincide con la voluntad de Dios, van a haber voces que disientan su malestar, todo en vistas de conseguir un mundo mejor para todos. Hoy por ejemplo, uno de los signos de los tiempos que ha salido a la luz de la opinión pública ha sido la defensa de la vida de aquellos que no pueden defenderse al interior del útero de la mujer, y la defensa de aquellos que, habiendo dado su vida por su familia, son considerados una carga que han de ser desechados.

Espero que puedan ver las huellas de Dios en su vida, sin alarmismos, sin desesperación, sino que todo lo contrario, llenos de esperanza y alegría.

Escrito por: Cristian Ahumada - 12:23

miércoles, 20 de enero de 2010

, ,

Salvifici Doloris

Más de un mes que en este blog no había escrito, puesto que por responsabilidades contraídas, tuve que dedicar mis fuerzas a la labor educativa y formativa tanto de alumnos como profesores. Hoy, y en vista a tanta noticia que he visto de los desastres provocado por la naturaleza y el trabajo de los medios de comunicación que nos han dado con imágenes que nos conmueven, quisiera hacer una reflexión acerca del dolor humano, y del sentido salvífico que contiene, a la luz de la fe cristiana.
El dolor, recuerdo a un profesor de psicología, es el único aprendizaje que tenemos y que deja marcas. Recuerdo que mis padres me decían que no metiera los dedos en el enchufe, nunca escuché hasta que los introduje ahí, y desde entonces que le tuve respeto a la electricidad que dejó una marca en mi dedo. Por lo demás están las célebres frases de corte draconiano que dicen: "La letra con sangre entra". ¿Es que aquello que se presenta como doloroso cobra un mejor sentido para la vida del ser humano?

Hoy me sorprendo con las figuras de un cristianismo que busca expresar con el dolor en su sentido máximo el valor redentor de Jesucristo, me da náuseas pensar que el mundo del mercado juega con las figuras de un Cristo light por una parte y, por otro lado, con un Cristo ultra sufriente que escandaliza hasta tal punto que llega al morbo.

El dolor cristiano ha supuesto que va en vistas a la superación de la condición dolorosa de la vida.

Salvar, guardar, satisfacer, rescatar, redimir, restaurar, son verbos utilizados en la soteriología, pero son en vistas a un objetivo más profundo y que dota de sentido al dolor: "para que el hombre viva". El dolor humano, que se queda simplemente en el gesto sufriente es el acto de masoquismo y sinsentido más grande que puede realizar el ser humano. Una madre no llora la muerte de su hijo para ser vista por millones de personas gracias a la televisión, llora porque el sufrimiento que vive le hace reclamar, gemir con dolor y angustia por el ser que ha perdido. El dolor humano no es moralizante, sino que la misma experiencia humana moraliza el dolor. No me vengan a decir los catedráticos que el terremoto en Haití Dios lo quiso, esto no convence, más bien convengamos, que el acto de la naturaleza nos ha hecho ver que donde está la ausencia del sentido aparece la presencia de Dios.

El dolor cristiano, y el dolor de Cristo es un dolor solidario, ya varios se preguntaban qué ocurre si Jesús asume el dolor como una característica divina ¿acaso a Dios le gusta sufrir? La respuesta es sencilla, no, no es parte de la naturaleza de Dios, ni tampoco es deseada para el hombre. Dios quiere que todos los hombres se salven, por tanto quiere que el hombre viva y viva bien. Jesús sufre solidariamente, mostrándonos que conoce nuestro dolor; mas no por ello hemos de cargar de dolor a los que no se lo merecen.

Hoy más que nunca no dejemos que otros carguen con cargas que ni nosotros mismos podemos llevar, sería bueno que en estos días, mientras veamos tanta noticia y tanta desgracia, sintamos nuestro estómago, y si no se nos revuelve (entrañas de misericordia), es que el dolor que vemos ya es inocuo, no cobra sentido, por tanto, hemos dejado de ver el rostro solidario de Cristo que ahí está junto al que sufre.

Escrito por: Cristian Ahumada - 21:15