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Sensus Fidelium

Una fe que no se piensa, es una fe muerta

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jueves, 27 de abril de 2006

Historia del Dogma Cristológico: Arrianismo y el Concilio de Éfeso

La fe cristiana de los primeros siglos buscó expresarse en la cultura helenística (inculturarse), que era más atenta a los constitutivos ónticos (esenciales); buscó pensarse para decirse razonablemente. La teología es esa búsqueda de inteligencia de la fe, es el dar razón de la esperanza. Este esfuerzo se realizó en una atmósfera muy pastoral, que incluía una apologética incisiva respecto al mundo pagano y, a la vez, una firme defensa contra la herejía.


La preocupación por la salvación era dominante. Esta búsqueda se dio en una Iglesia en que brillaba el testimonio de los mártires y la consagración ascética de muchos cristianos fervorosos, que, después de la "paz de Constantino" (año 313), derivará en el numeroso monacato.


Dos problemas centraron el debate durante siglos. El problema del Padre, Hijo y Espíritu respecto del Dios uno del monoteísmo del Antiguo Testamento, y el problema de la encarnación del Hijo (ya se sabía quién era Jesús, lo que faltaba por desarrollar era la pregunta ¿qué es Jesús?, vale decir su naturaleza).


CristoLos apologistas, siguiendo al evangelio de Juan, hablaron del Logos. Esta era una palabra de máxima resonancia en el mundo helenístico, que tendía a no dudar que el cosmos tenía un logos, ya desde Heráclito se pensaba que el Logos era como su alma, quien ordenaba y estaba presente en este universo (kosmos). Así el Hijo aparece en estrecha relación con la creación y puede pasar a ser un dios de segunda categoría (un demiurgo que establecía las leyes en este mundo), puesto que lo ordenaba y guiaba, sobre todo que para el helenismo el logos era un principio inmanente (pertenecía en cierta medida) al mundo o un intermediario en la escala descendente.


Así Arrio llega a afirmar que el Logos era creatura, ya que él estaba en esta escala descendente, una especie de semi-dios, de una naturaleza distinta a la de Dios. Ciertamente la primera y por cuyo intermedio fue creado el resto, pero creatura en fin. La conciencia cristiana reacciona en el concilio de Nicea (año 325), declarando al hijo consubstancial (homoúsios) con el Padre, o si no la salvación no tiene sentido, ya que el único que nos puede salver de forma verdadera es Dios, porque si no fuera así la naturaleza humana no podría ser asumida para ser salvada. La declaración de la divinidad del Espíritu no se hará esperar (concilio Constantinopolitano I del 381), porque es quien nos diviniza.


El Credo, en lo referente al Padre y al Hijo, quedará así:



Creemos en un solo Dios,


Padre todopoderoso,


creador del cielo y de la tierra,


de todo lo visible e invisible;


y en un solo Señor Jesucristo,


el hijo unigénito de Dios,


nacido del Padre antes de todos los siglos,


luz de luz,


Dios verdadero de Dios verdadero;


engendrado, no creado,


consubstancial con el Padre,


por quien todo fue hecho;


que por nosotros los hombres y por nuestra salvación


bajó del cielo y se encarnó por obra del Espíritu Santo y de María la Virgen


y se hizo hombre;


por nosotros fue crucificado en tiempo de Poncio Pilato


y padeció y fue sepultado


y resucitó al tercer día según las Escrituras


y subió al cielo;


y está sentado a la derecha del Padre;


y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos;


y su reino no tendrá fin.



Así tenemos en Dios tres personas, pero una sola naturaleza (esencia o substancia).


Las personas en Dios dicen relación entre sí: el Padre al Hijo, el Hijo al Padre, el Espíritu a los que lo espiran (como un solo principio de espiración) y viceversa. Por eso, Santo Tomás definirá la persona en Dios como la relación en cuanto subsistente. Y el concilio de Florencia dirá que en Dios todo es uno, salvo que haya oposición de relación. Esta oposición de relaciones distingue realmente a las personas.



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Escrito por: Cristian Ahumada - 01:26

martes, 25 de abril de 2006

Gnosticismo

gnosticismoLas raíces del gnosticismo podrían remontarse a la inversión que del sistema platónico hace Filón de Alejandría en función del judaísmo. En su planteamiento, Dios estaría por encima del Logos y del mundo de las ideas. A esto habría de unirse el platonismo medio y la difusión de religiones mistéricas, cuyo resultado sería un movimiento aristocrático (explicable por darse en medios intelectuales) cuyo contenido estaría plagado de imaginería cosmológica y filosofía.


Sus principales líneas son:




  • La trascendencia indudable de Dios, esto es, separado de toda forma de materia.




  • La explicación del mundo sensible por una complicada genealogía de seres que se encuentran entre la materia y el Dios del cual han emanado en decadencia. Los eones corresponden al mundo de las ideas platónicas, y se encuentran en un nivel inferior a Dios.




  • La negatividad al respecto de la materia, que ocupa el menor grado en la sucesión de los seres. Introduce el mal y por eso no es creación divina, al contrario, su origen está en el pecado de algún ser intermedio que viene a ser el Yavé del Antiguo Testamento, el Dios semita. Para esto, el Dios verdadero envió a su hijo Jesús para liberar a quienes creyeran en Él y destruir el mal. Para Basílides, el cuerpo de Jesús fue solamente aparente para manifestarse a los hombres, hubiera sido indigno para su naturaleza un cuerpo material. Basílides, por ejemplo, sostiene que Cristo no sufrió la pasión, el crucificado fue Simón Cireneo (quien le ayudó a llevar la cruz) y luego Jesús tomó su forma y ascendió al cielo. En los apócrifos, por ejemplo en el Protoevangelio de Santiago y en general en los apócrifos de la natividad, se reitera la inmaterialidad de Cristo y abundan las imágenes de un Cristo vengativo y hostil con respecto a lo creado. La posición de la Iglesia es muy clara. En el decreto Ad Gentes Divinus se dice: "...el hijo de Dios siguió los caminos de una verdadera encarnación, para hacer a los hombres partícipes de la naturaleza divina (...) Él tomó la naturaleza humana íntegra, cual se encuentra en nosotros"




  • La concepción antropológica dualista, es decir, la idea de que el hombre está compuesto de un principio malo, que es la materia, su cuerpo, y otro bueno, que es su espíritu aprisionado en este mundo y que puede regresar a la región superior de donde procede. La salvación consiste en asimilar un conocimiento supuestamente oculto y que es revelado a ciertos ‘escogidos’. Esto es posible, no por Dios, sino por uno de los eones intermedios, es decir, Jesús o Logos.




San Justino, San Ireneo y San Hipólito consideran que el gnosticismo aparece en Samaria con Simón de Gitton (h 40). En Hechos de los Apóstoles aparece: Pero había allí un hombre llamado Simón, que antes había practicado la brujería y que había engañado a la gente de Samaria haciéndose pasar por una persona importante (Hechos, 8, 9). Los versículos del 9 al 24 relatan que lo llamaban "el gran poder de Dios". Se convirtió y quiso comprar la facultad de hacer milagros a San Juan y a San Pedro, este último lo condenó. A Simón se le atribuyen tendencias gnósticas, era considerado como una encarnación divina y a su esposa Elena como la de su pensamiento. Hubo sectas consagradas a Elena, donde se despreciaba el judaísmo y se privilegiaba la magia. Según la explicación de Fraile, tales ideas no pueden ser atribuidas con propiedad a Simón, más bien, se quiso hacer de su figura una justificación de los orígenes del gnosticismo. Tuvo por discípulo a Menandro de Capparetta (h 60 – 80).


El auge del gnosticismo ocurre en el Siglo II. Aparecen en Siria Satornilo (h 98 – 160), Cerdón (s. II), discípulo de Valentín, y Marción, discípulo de Cerdón. En Alejandría, Basílides (h 120 – 161), su hijo Isidoro y Carpócrates (h 130 – 160). En la región itálica, aparece Valentín (s. II) y su pensamiento se difunde por su región y por la oriental, a finales del Siglo II y principios del III. Probablemente, haya sido el gnóstico más influyente. Su pensamiento fue ampliamente difundido, por ejemplo, por Tolomeo (h 140) considerado como el autor de la principal composición gnóstica: Epístola a Flora, y Heracleón (h 145 – 180) quien le dio una exégesis de orientación gnóstica al Evangelio de San Juan.


Tiene un marcado sentido elitista. Por ejemplo, se dice que hasta inventaron un lenguaje propio, resultado de una combinación entre caracteres egipcios y griegos.


En los Evangelios Apócrifos aparece con frecuencia la teoría gnóstica del docetismo, según la cual el cuerpo de Cristo es puramente aparencial. La divinidad de Cristo no le permitiría, por definición, hacerse carne, su cuerpo no pasa de ser aparente. Su principal exponente es Marción, contra quien Melitón, Obispo de Sardes, escribió Sobre la Encarnación de Cristo.



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Escrito por: Cristian Ahumada - 20:42

¿Qué es Teología? (texto de Víctor Codina sj)

Este artículo que presento es de Víctor Codina, escrito en 1985, pero que puede iluminar a quienes se han preguntado qué es la teología y cuál es la misión del teólogo en la actualidad. Espero que ahora puedan comprender el valor de nuestra misión.


Todo cristiano debe intentar saber qué es lo que cree, por qué cree y qué relación tiene su credo con su vida. La escritura nos invita a "saber dar razón de nuestra esperanza" (1 Pe 3,15) es decir, a poder explicar el por qué de nuestra fe. La teología es pues, una reflexión sobre nuestra fe.


San Juan el TeólogoEsta tarea de conocimiento y reflexión sobre la fe, propia de todo cristiano, puede realizarse de formas diversas. De algún modo todo cristiano es teólogo, pues todo cristiano reflexiona, de algún modo, sobre su fe y saber alguna razón de ella. En la vida ordinaria se oyen frases como "esta injusticia Dios no la quiere", "a pesar de todo, yo confío en Dios", "¿no somos todos hermanos?", "¿hasta cuándo, Señor?", "si estuviéramos más unidos podríamos triunfar". Todas estas frases, suponen una reflexión sobre la fe y en cierto sentido, son teología.


Pero así como todo el mundo debe saber algo sobre salud y medicina y sin embargo existen médicos, también en la iglesia hay personas que han profundizado más largamente sobre la fe: son los teólogos. Su misión es ayudar a toda la comunidad cristiana con sabiduría, iluminar la fe con sus estudios sobre la Palabra de Dios y la tradición de la Iglesia. Desde el comienzo de la iglesia no han faltado estos maestros y doctores (Rm 12,7; 1 Cor 12,28; Ef 4,1; Hch 13,1) que han tenido el don de saber expresar y esclarecer la fe de la comunidad eclesial. Los verdaderos teólogos, a diferencia de los falsos doctores (2 Tm 4,3; 2 Pe 2,1), viven de la fe de la iglesia, intentan profundizar personalmente en ella y no buscan su propio provecho, sino el de toda la comunidad eclesial.


Pero los teólogos y la teología tienen su propia historia. En los primeros siglos de la iglesia, la teología estaba muy unida a la vida de la comunidad, era una teología bíblica y sapiencial, muy relacionada con los problemas del pueblo. Pero desde la edad media (desde los siglos XII - XIII), la teología se volvió más técnica y científica, más preocupada de las dimensiones doctrinales de la fe (¿Qué creemos?, ¿Por qué creemos?) que de la relación con la vida. La teología se fue apartando de la vida del pueblo, ,el cual al no tener acceso a la teología oficial, se volcó hacia una religiosidad popular, más adaptada a sus intereses y preocupaciones. El pueblo no conocía la Biblia, ni entendía la liturgia, sino que vivía de sus devociones, fiestas e imágenes.


En los tiempos modernos, en el Concilio Vaticano II (1.962 - 65), la teología volvió a inspirarse en la Biblia y a dialogar con el mundo moderno, pero todavía no llegó a integrar plenamente la vida cristiana, la práctica popular y las preocupaciones de las mayorías.



Fuente: Víctor Codina: "Teología de la Liberación"



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Escrito por: Cristian Ahumada - 19:02

domingo, 23 de abril de 2006

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Los Grandes Retos de Benedicto XVI (fuente: Periodista Digital)

A un año del pontificado de Benedicto XVI se han ido marcando tendencias, pero también este hombre de fe ha mantenido una fuerte oración personal, buscando guiar a la Iglesia en este nuevo milenio. Aquí les entrego este artículo de Periodista Digital. Espero que podamos orar por nuestra iglesia y sus pastores en estos tiempos en que la indiferencia religiosa se ha vuelto una intolerancia religiosa que ha ido mermando la libertad de culto, no tan solo para las grandes minorías, sino que para las iglesias "tradicionales".


Los grandes retos de Benedicto XVI



"Cuenta Juan Vicente Boo en Abc que como sabe que ser Papa es una tarea «superior a las fuerzas humanas» de cualquiera, Benedicto XVI está dando prioridad absoluta a la oración personal y a mantener la calma en su jornada, mientras empuja en todos los frentes utilizando como grandes palancas la fuerza de la palabra de Dios y la fuerza de la razón. En cierto modo, transforma los retos en estrategias, que pasan a dar resultados por cuenta propia.

Familia. La fragilidad cultural del mundo rico ha dejado en manos de la Iglesia la defensa del amor exclusivo entre un hombre y una mujer con generosidad hacia el otro y hacia los hijos. Frente a los intereses comerciales y políticos que intentan desestructurar la sociedad, el Papa revaloriza el amor humano.

Laicos. Lavando los pies a doce laicos el Jueves Santo, el Papa subraya que todos los bautizados son «Apóstoles». Intenta realzar a la vez el papel del sacerdote y del laico, cada uno en su lugar, sin imitaciones recíprocas que desvirtuarían a ambos. Ha convocado a todos los movimientos a la vigilia de Pentecostés.

Iglesia local. La prioridad estratégica es reforzar cada diócesis para que sea una muestra de toda la Iglesia, sin necesidad de impulsos o de órdenes exteriores. Un obispo y un Evangelio bastan para que el cristianismo arraigue en cualquier lugar. El Papa concede a los obispos el tiempo que niega a los estadistas.

Colegialidad. La revalorización de cada obispo en su diócesis, de cada conferencia episcopal, del sínodo de obispos y del colegio de cardenales es una fuerza multiplicadora. Junto con el «adelgazamiento» de la Curia, el Papa promueve dar mayor responsabilidad a las personas y producir menos documentos.

Lefebvrianos. Benedicto XVI les ofrece «borrón y cuenta nueva» si aceptan el Concilio Vaticano II. Podría darles una estructura de administración apostólica y libre uso de la liturgia tradicional si dejan de atacar la libertad religiosa, el ecumenismo, la reforma litúrgica y otros pilares del último Concilio.

Ecumenismo. Es su «compromiso prioritario», en el que prometió «trabajar sin ahorrar energías» y lo está haciendo. Sus contactos con las Iglesias ortodoxas y evangélicas son continuos, siempre en un clima de respeto y fraternidad. El objetivo es trabajar juntos al servicio de las personas y recuperar la amistad.

Judaísmo. Las relaciones religiosas con el judaísmo se han intensificado hasta el punto de que los rabinos que participan en las consultas forman casi parte de la familia en el Vaticano. El redescubrimiento de las raíces y de la misión comunes purifica tanto a judíos como a cristianos en un mundo necesitado del testimonio auténtico de ambas religiones.

Islam. Implicar cada vez más al Islam en el diálogo de judíos y cristianos es un objetivo esencial, sobre todo cuando los intereses políticos o terroristas explotan y manipulan la religión musulmana. Según el Papa, «las tres religiones monoteístas estan llamadas a cooperar entre ellas por el bien de la humanidad». Las religiones deben expurgar el terrorismo."



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Escrito por: Cristian Ahumada - 12:06

sábado, 22 de abril de 2006

La Misión del Pontífice, desde la perspectiva pascual.

Como las catequesis del Papa siguen en sus audiencias de los días miércoles, les entrego la del día 19 de abril, en la que narra, agradeciendo su elección como pontífice, el misterio del anuncio de la Resurrección de Jesús de entre los muertos. Ojalá que como cristianos también demos testimonio de este encuentro con el resucitado en nuestra vida.


Imagen de Churchforum"Narra el evangelista san Juan que Jesús, precisamente después de su resurrección, llamó a Pedro a encargarse de su rebaño (cf. Jn 21, 15. 23). ¿Quién hubiera podido imaginar humanamente entonces el desarrollo que lograría en el transcurso de los siglos aquel pequeño grupo de discípulos del Señor? San Pedro y los Apóstoles, y después sus sucesores, primero en Jerusalén y luego hasta los últimos confines de la tierra, difundieron con valentía el mensaje evangélico, cuyo núcleo fundamental e imprescindible es el Misterio pascual:  la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo.

La Iglesia celebra en Pascua este misterio, prolongando su alegre resonancia en los días sucesivos; canta el aleluya por el triunfo de Cristo sobre el mal y la muerte.

"La celebración de la Pascua según una fecha del calendario —afirma el Papa san León Magno— nos recuerda la fiesta eterna que supera todo tiempo humano". "La Pascua actual —prosigue- es la sombra de la Pascua futura. Por eso, la celebramos para pasar de una fiesta anual a una fiesta que será eterna".

La alegría de estos días se extiende a todo el Año litúrgico y se renueva de modo especial el domingo, día dedicado al recuerdo de la resurrección del Señor. En él, que es como la "pequeña Pascua" de cada semana, la asamblea litúrgica reunida para la santa misa proclama en el Credo que Jesús resucitó el tercer día, añadiendo que esperamos "la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro". Así se indica que el acontecimiento de la muerte y resurrección de Jesús constituye el centro de nuestra fe y sobre este anuncio se funda y crece la Iglesia.

San Agustín recuerda, de modo incisivo:  "Consideremos, amadísimos hermanos, la resurrección de Cristo. En  efecto, como su pasión significaba nuestra vida vieja,  así su resurrección es sacramento de vida nueva. (...) Has  creído, has sido bautizado:  la vida vieja ha muerto en la cruz y ha sido sepultada en el bautismo. Ha sido sepultada la vida vieja, en la que has vivido; ahora tienes una vida nueva. Vive bien; vive de forma que, cuando mueras, no mueras" (Sermón Guelferb. 9, 3).

Las narraciones evangélicas, que refieren las apariciones del Resucitado, concluyen por lo general con la invitación a superar cualquier incertidumbre, a confrontar el acontecimiento con las Escrituras, a anunciar que Jesús, más allá de la muerte, es el eterno viviente, fuente de vida nueva para todos los que creen. Así acontece, por ejemplo, en el caso de María Magdalena (cf. Jn 20, 11-18), que descubre el sepulcro abierto y vacío, e inmediatamente teme que se hayan llevado el cuerpo del Señor. El Señor entonces la llama por su nombre y en ese momento se produce en ella un cambio profundo:  el desconsuelo y la desorientación se transforman en alegría y entusiasmo. Con prontitud va donde los Apóstoles y les anuncia:  "He visto al Señor" (Jn 20, 18).

Es un hecho que quien se encuentra con Jesús resucitado queda transformado en su interior. No se puede "ver" al Resucitado sin "creer" en él. Pidámosle que nos llame a cada uno por nuestro nombre y nos convierta, abriéndonos a la "visión" de la fe.

La fe nace del encuentro personal con Cristo resucitado y se transforma en impulso de valentía y libertad que nos lleva a proclamar al mundo:  Jesús ha resucitado y vive para siempre. Esta es la misión de los discípulos del Señor de todas las épocas y también de nuestro tiempo:  "Si habéis resucitado con Cristo —exhorta san Pablo—, buscad las cosas de arriba (...). Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra" (Col 3, 1-2). Esto no quiere decir desentenderse de los compromisos de cada día, desinteresarse de las realidades terrenas; más bien, significa impregnar todas nuestras actividades humanas con una dimensión sobrenatural, significa convertirse en gozosos heraldos y testigos de la resurrección de Cristo, que vive para siempre (cf. Jn 20, 25; Lc 24, 33-34).

Queridos hermanos y hermanas, en la Pascua de su Hijo unigénito Dios se revela plenamente a sí mismo y revela su fuerza victoriosa sobre las fuerzas de la muerte, la fuerza del Amor trinitario.

La santísima Virgen María, que se asoció íntimamente a la pasión, muerte y resurrección de su Hijo, y al pie de la cruz se convirtió en Madre de todos los creyentes, nos ayude a comprender este misterio de amor que cambia los corazones y nos haga gustar plenamente la alegría pascual, para poder comunicarla luego, a nuestra vez, a los hombres y mujeres del tercer milenio."


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Escrito por: Cristian Ahumada - 14:40

miércoles, 19 de abril de 2006

Con tanto Judas no traicionemos lo esencial

No está aquí, ha resucitado!


Felices Pascuas para todos, con tanta defensa y apologética, se me olvidó centrar esta semana en lo esencial, que es toda de Pascua. Felicidades a todos.


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Escrito por: Cristian Ahumada - 20:15

martes, 18 de abril de 2006

Lista de Evangelios Apócrifos

Disco ApócrifoSin mucho buscar en Wikipedia se encuentra un listado, ordenado según categoría de los evangelios apócrifos de "peso" (que son los evangelios gnósticos, los evangelios de la Natividad y de la Infancia, los Evangelios de la Pasión y de la Resurrección, y otros), aquí les entrego la lista, sólo hay que ver los links de enlace para conocer su contenido. También con esto quiero borrar de un plumazo la idea errónea que se tiene sobre la Iglesia que oculta para sí los evangelios, miren aquí, la libre distribución del contenido que algunos han dicho que ha sido oculta y manipulada.






Por otra parte ya circulan por la Internet versiones en español del evangelio de Judas. No creo correcto publicarlas en mi blog, por razones de copyright y éticas (a ningún escritor nos gusta que publiquen nuestro trabajo sin conocimiento ni autorización). Por lo que, si alguno desea me envía su dirección de correo para "guiarlo" hacia la fuente más cercana. Advierto eso sí, que no creo que sea la versión oficial, aunque por lo que vi en el documental, algunos párrafos son coincidentes.


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Escrito por: Cristian Ahumada - 07:54

domingo, 16 de abril de 2006

Resurrexit!

En esta semana santa quería dejar de lado la experiencia del sufrimiento redentor de Cristo, para centrarme en la visión de Dios que cada uno va construyendo a lo largo de la vida, Christian Duquoc en su libro "Jesús hombre libre", condensaba en pocas páginas la expriencia del Dios de Jesucristo, un Dios misericordioso muy distante al Dios "justiciero" que planteaba una corriente de pensamiento del Antiguo Testamento.


El Dios de Jesucristo que se sienta en el trono de la misericordia, no hay condena, no hay castigo, la opción es del ser humano, quien escoge el camino de Dios y apunta hacia el corazón. En su pasión, muerte y resurrección se abre una nueva vida, una nueva visión de la libertad: para esto vino Cristo, para hacernos libres.


Cristo resucitadoLa libertad de Cristo, va por sobre la autoridad que tenía la Ley en su época, también en su forma de pensar y de actuar, mas es en su muerte donde se manifiesta la fuerza del amor de Dios, pues él, libremente da su vida por nosotros. Pero, ¿qué ocurre con su muerte? ¿Es ahí dónde se da la última palabra? ¡No! Para Jesús la muerte es la última palabra de éste mundo, dejando a este hombre plenamente libre encerrado en el periplo de la historia humana; pero para el hombre, la palabra que puede ser proferida a continuación viene sólo de Dios, y esa palabra es la resurrección. Jesús es el modelo de la libertad humana, porque ya no está bajo el yugo del poder de la muerte, él es ahora Señor de la Muerte, con su propia muerte nos libera del peso y del dolor de pensar que la muerte tiene dominio sobre nosotros.


Hemos de mirar ahora con los ojos de los hombre libres de Dios la muerte como un mero paso en nuestra existencia, no buscando en ello el dolor y la soledad, sino que escrutando en nuestra historia los signos que nos conducen hacia la plenitud de la vida, que sólo viene del mismo Cristo, hombre verdaderamente libre.


Resurrexit! sicut dixit, aleluia!


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Escrito por: Cristian Ahumada - 23:45

lunes, 10 de abril de 2006

Gnosticismo ¿Cristiano?


Pues como se ha hablado tanto del evangelio de Judas, con visiones acerca del mismo, esto queda muy claro para los que han tenido conocimiento y desarrollo sobre este tema: comentarios, alocuciones a padres de la Iglesia, e incluso opiniones expertas (de las cuales incluso este escritor no se ha excluido de hacer). Pero para un lector que está viendo, una y otra vez contenidos como gnosticismo, evangelios apócrifos, y teologías de Jesús ¿qué peso puede tener para la fe de la Iglesia? y si esto es un tema de controversia.

Gnosticismo
Comencemos con el concepto de gnosticismo está la definición que se da en la página de corazones.org




"El gnosticismo es la creencia en la posibilidad de ascender a una esfera oculta por medio de los conocimientos de verdades filosófica o religiosas a las que sólo una minoría selecta puede acceder. Surgió a partir del segundo siglo de la era cristiana y se propago formando numerosos grupos con diversas creencias. Se trata de una mística secreta acerca de la salvación que se enseña por grados. Conocer dicha mística sería suficiente para salvarse, sin necesidad de aplicación a la vida. Mezcla la revelación y doctrinas cristianas con creencias judaicas y de otras religiones. Pretende poseer un conocimiento intuitivo de los misterios divinos.

Se les llaman gnósticos porque afirmaban tener conocimientos especiales y exclusivos para un elite. No como el cristianismo cuya doctrina es abierta para que todos la conozcan.

Profesaban un dualismo en el que identificaban el mal con la materia, la carne o las pasiones, y el bien con una sustancia poemática o espíritu. La figura de Cristo era para los gnósticos un mito mas en su visión del universo. Creen en una enorme jerarquía de seres. Las Personas de la Trinidad, según los gnósticos, son diferentes seres de relativo bajo rango en dicha jerarquía."

Otros profesores decían lo siguiente respecto al gnosticismo: "No es tanta la importancia hacia lo espiritual, sino su desprecio a la corporeidad. No entendían que Dios usara una apariencia humana, y que la mejor manera de despreciar este cuerpo era mortificándolo, y para otros tenía tan poca importancia que se dejaban llevar por los placeres "carnales".

Sobre el tema de los evangelios apócrifos

Originalmente se llamaban apócrifos aquellos libros sagrados cuyo contenido era demasiado sublime para que lo comprendiera el público en general. Pero término "apócrifo" fue tomando un matiz peyorativo, pues con mucha frecuencia resultaba discutible la ortodoxia de estos libros.

Dado que estos libros secretos eran a menudo muy valorados, e incluso escritos, entre los herejes, los Padres de la Iglesia llegaron a aplicar el término "apócrifo" a las obras heréticas cuya lectura era prohibida.

En tiempos de San Jerónimo (c.400), el término "apócrifo" adquirió un nuevo sentido. Desde entonces se llaman apócrifos los libros que pretenden ser revelados pero que no forman parte del canon bíblico.

Se consideran como "apócrifos" una serie de libros judíos o de otros grupos pertenecientes al período bíblico (desde las primeras cartas escritas por San Pablo hasta la muerte del último apóstol) pero que no han sido aceptados por la Iglesia como parte de las Sagradas Escrituras. Se trata de muchos libros. Entre ellos hay evangelios pseudónimos que llevan nombres de personajes famosos de la Iglesia primitiva (Apóstoles, La Virgen María, Nicodemo, etc.); otras veces, el título se refiere al contenido de la obra (Evangelio de la Verdad).

Estos evangelios pertenecen a distintas categorías y tratan de varios temas. Uno de los favoritos temas de los círculos gnósticos es una aparición de Jesús resucitado a algún personaje famoso de la Iglesia, normalmente un apóstol, a través del cual Jesús revela un camino secreto de perfección. Por regla general, la revelación tiene poca semejanza con el pensamiento de Jesús que nos presentan los evangelios canónicos.

Otros libros apócrifos buscan suplir por los detalles de la vida de Jesús que no aparecen en los Evangelios canónicos. La curiosidad de la gente hace que estos sean muy famosos (en vez de ocultos) y de gran venta."

¿Son tema de controversia?

Personalmente se pueden presentar posturas contrarias sobre este punto, por una parte el pensa que cambian los cimientos de la fe de la Iglesia es una afirmación demasiado tajante, y no debería provocar dudas, sí en pensar, reflexionar y profundizar en los orígenes de la Iglesia. Que un evangelio sea auténtico no quiere decir que sea veraz, además muchos han hablado que es gnóstico (pensamiento que se fue desarrollando a partir del siglo II, y que Jesús no tuvo mucho conocimiento del tema, por ello que hable de un lenguaje de "revelación faltante" es algo muy común en los primeros siglos). La teología de las comunidades cristianas fue viendo el valor de ir a las propias enseñanzas de Jesús, y fue valorando aquellos escritos que eran importantes para su vida. De ahí que los evangelios canónicos son reconocidos por toda la Iglesia Universal.

¿Qué puede ocurrir con esta aparición de un texto gnóstico? Para mí, es que veamos nuevamente el camino que ha recorrido la Iglesia en los primeros siglos para descubrir en su interior quién era Jesús de Nazaret, el Cristo, el Hijo de Dios Vivo.



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Escrito por: Cristian Ahumada - 13:04

domingo, 9 de abril de 2006

El servicio de la Comunión

Continuando con las catequesis que está dando Benedicto XVI sobre la Iglesia, dejo esta bella reflexión sobre los orígenes de la misma, como servicio de comunión.


San Ireneo de LyónAl reflexionar sobre la Iglesia naciente, podemos descubrir dos aspectos: un primer aspecto es subrayado vigorosamente por san Ireneo de Lyón, mártir y gran teólogo de finales del siglo II, el primero que nos dejó una teología en cierto sentido sistemática. San Ireneo escribe: «Donde está la Iglesia, allí está también el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda gracia; pues el Espíritu es verdad» («Adversus haereses», III, 24, 1: PG 7,966). Por tanto, existe una relación íntima entre el Espíritu Santo y la Iglesia. El Espíritu Santo edifica la Iglesia y le da la verdad, infunde --como dice san Pablo-- en los corazones de los creyentes el amor (Cf. Romanos 5, 5).

Espíritu SantoPero, además, hay un segundo aspecto. Esta relación íntima con el Espíritu no anula nuestra humanidad con toda su debilidad y, de este modo, la comunidad de los discípulos experimenta desde los inicios no sólo la alegría del Espíritu Santo, la gracia de la verdad y del amor, sino también la prueba, constituida sobre todo por los contrastes entre las verdades de fe, con las consiguientes laceraciones de la comunión. Así como la comunión del amor existe desde el inicio y existirá hasta el final (Cf. 1 Juan 1,1ss), del mismo modo por desgracia desde el inicio irrumpe también la división. No tenemos que sorprendernos por el hecho de que hoy también exista: «Salieron de entre nosotros --dice la Primera Carta de Juan--; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros» (2, 19). Por tanto, siempre existe el peligro, en las vicisitudes del mundo y también en las debilidades de la Iglesia, de perder la fe, y así, de perder también el amor y la fraternidad. Por tanto, es un deber preciso de quien cree en la Iglesia del amor y quiere vivir en ella reconocer también este peligro y aceptar que no es posible la comunión con quien se ha alejado de la doctrina de la salvación (Cf. 2 Juan 9-11).

Que la Iglesia naciente fuera claramente consciente de estas tensiones posibles en la experiencia de la comunión lo muestra muy bien la Primera Carta de Juan: no hay otra voz en el Nuevo Testamento que se alce con tanta fuerza para subrayar la realidad del deber del amor fraterno entre los cristianos; pero esa misma voz se dirige con drástica severidad a los adversarios, que han sido miembros de la comunidad y que ya no lo son. La Iglesia del amor es también la Iglesia de la verdad, entendida ante todo como fidelidad al Evangelio confiado por el Señor Jesús a los suyos. La fraternidad cristiana nace por el hecho de ser hijos del mismo Padre por el Espíritu de verdad: «En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios» (Romanos 8, 14). Pero la familia de los hijos de Dios, para vivir en la unidad y en la paz, necesita de alguien que la custodie en la verdad y la guíe con sabio y autorizado discernimiento: esto es lo que está llamado a hacer el ministerio de los Apóstoles. Y aquí llegamos a un punto importante. La Iglesia es totalmente del Espíritu, pero tiene una estructura, la sucesión apostólica, que tiene la responsabilidad de garantizar la permanencia de la Iglesia en la verdad donada por Cristo, de la que también procede la capacidad del amor. El primer sumario de los Hechos de los Apóstoles expresa con gran eficacia la convergencia de estos valores en la vida de la Iglesia naciente: «Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión (koinonìa), a la fracción del pan y a las oraciones» (Hechos 2, 42). La comunión nace de la fe suscitada por la predicación apostólica, se alimenta de la fracción del pan y la oración, y se expresa en la caridad fraterna y en el servicio. Nos encontramos ante la descripción de la comunión de la Iglesia naciente en la riqueza de sus dinamismos internos y de sus expresiones visibles: el don de la comunión está custodiado y es promovido en particular por el ministerio apostólico, que a su vez es don para toda la comunidad.

Los apóstoles y sus sucesores son por tanto los custodios y los testigos autorizados del depósito de la verdad entregado a la Iglesia, y son también los ministros de la caridad: dos aspectos que van juntos. Tienen que pensar siempre en el carácter inseparable de este doble servicio, que en realidad es el mismo: verdad y caridad, reveladas y donadas por el Señor Jesús. En este sentido, realizan ante todo un servicio de amor: la caridad que tienen que vivir y promover no puede separarse de la verdad que custodian y transmiten. ¡La verdad y el amor son dos caras del mismo don: que procede de Dios y que gracias al ministerio apostólico es custodiado en la Iglesia y nos llega hasta nuestro presente! ¡A través del servicio de los apóstoles y sus sucesores también nos alcanza el amor de Dios Trinidad para comunicarnos la verdad que nos hace libres (Cf. Juan 8, 32)! Todo esto que vemos en la Iglesia naciente nos lleva a rezar por los sucesores de los apóstoles, por todos los obispos y por los sucesores de Pedro para que sean realmente custodios de la verdad y al mismo tiempo de la caridad, para que sean realmente apóstoles de Cristo, para que su luz, la luz de la verdad y de la caridad no se apague nunca en la Iglesia y en el mundo.


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Escrito por: Cristian Ahumada - 07:15

En la Iglesia el Señor sigue siendo nuestro contemporáneo

Continúo con la serie de catequesis del Papa Benedicto XVI sobre la relación de Cristo y la Iglesia, ahora con el misterio de la presencia actual y viva de Cristo en la Iglesia, misterio de comunión, frágil, sostenida por el amor de Dios.


A través del ministerio apostólico, la Iglesia, comunidad reunida por el Hijo de Dios hecho carne, vivirá a través de los tiempos, edificando y alimentando la comunión en Cristo y en el Espíritu, a la que todos están llamados y en la que pueden experimentar la salvación entregada por el Padre. Los doce apóstoles --como dice el Papa Clemente, tercer sucesor de Pedro, al final del siglo I-- se preocuparon por constituir a sucesores suyos (Cf. 1 Clemente 42, 4) para que la misión que se les confío continuara después de la muerte. A través de los siglos, la Iglesia, estructurada bajo la guía de los legítimos pastores, ha seguido viviendo en el mundo como misterio de comunión, en el que se refleja en cierto sentido la misma comunión trinitaria, el misterio del mismo Dios.

El apóstol Pablo menciona ya este supremo manantial trinitario cuando desea a sus cristianos: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros» (2 Corintios 13, 13). Estas palabras, probable eco del culto de la Iglesia naciente, subrayan cómo el don gratuito del amor del Padre en Jesucristo se realiza y se expresa en la comunión que actúa el Espíritu Santo. Esta interpretación, basada en la inmediata relación que establece el texto entre los tres genitivos («la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo»), presenta la «comunión» como don específico del Espíritu, fruto del amor entregado por Dios Padre y de la gracia ofrecida por el Señor Jesús.

Además, el contexto, caracterizado por la insistencia en la comunión fraterna, nos lleva a ver en la «koinonía» del Espíritu Santo no sólo la «participación» en la vida divina de manera casi individual, como si cada uno estuviera por su lado, sino también lógicamente la «comunión» entre los creyentes, que el Espíritu mismo suscita como su artífice y principal agente (Cf. Filipenses 2, 1). Podría afirmarse que gracia, amor y comunión, referidos respectivamente a Cristo, al Padre y al Espíritu, son diferentes aspectos de la única acción divina por nuestra salvación, acción que crea la Iglesia y que hace de la Iglesia --como dice san Cipriano en el siglo III-- «una muchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» («De oratione dominica», 23: PL 4,536, citado en «Lumen gentium», 4).

La idea de la comunión como participación en la vida trinitaria es iluminada con particular intensidad en el Evangelio de Juan, donde la comunión de amor que une al Hijo con el Padre y con los hombres es al mismo tiempo el modelo y el manantial de la unión fraterna, que tiene que unir a los discípulos entre sí: «amaos los unos a los otros como yo os he amado» (Juan 15, 12; Cf. 13, 34). «Que ellos también sean uno en nosotros» (Juan17, 21. 22). Por tanto, comunión de los hombres con el Dios Trinitario y comunión de los hombres entre sí. En el tiempo de la peregrinación terrena, el discípulo, a través de la comunión con el Hijo, puede participar ya en la su vida divina y en la del Padre: «nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1 Juan 1, 3). Esta vida de comunión con Dios y entre nosotros es la finalidad propia del anuncio del Evangelio, la finalidad de la conversión al cristianismo: «lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros» (1 Juan 1,3). Por tanto, esta doble comunión con Dios y entre nosotros es inseparable. Allí donde se destruye la comunión con Dios, que es comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, se destruye también la raíz y el manantial de la comunión entre nosotros. Y donde no se vive la comunión entre nosotros, tampoco puede ser viva ni verdadera la comunión con el Dios Trinitario, como hemos escuchado.

Demos ahora un ulterior paso. La comunión --fruto del Espíritu Santo-- se alimenta del Pan eucarístico (Cf. 1 Corintios, 10, 16-17) y se expresa en las relaciones fraternas, en una especie de anticipación en el mundo futuro. En la Eucaristía, Jesús nos alimenta, nos une con él, con el Padre y con el Espíritu Santo y entre nosotros, y esta red de unidad que abraza al mundo es una anticipación del mundo futuro en nuestro tiempo. Dado que es anticipación del futuro, la comunión es un don que tiene también consecuencias muy reales, nos hace salir de nuestras soledades, de la cerrazón en nosotros mismos, y nos permite participar en el amor que nos une a Dios y entre nosotros. Para comprender la grandeza de este don basta pensar en las divisiones y conflictos que afligen a las relaciones entre individuos, grupos y pueblos enteros. Y si no se da el don de la unidad en el Espíritu Santo, la división de la humanidad es inevitable. La «comunión» es verdaderamente una buena nueva, el remedio que nos ha dado el Señor contra la soledad que hoy amenaza a todos, el don precioso que nos hace sentirnos acogidos y amados en Dios, en la unidad de su Pueblo, reunido en el nombre de la Trinidad; es la luz que hace resplandecer a la Iglesia como signo alzado entre los pueblos: «Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros» (1 Juan 1, 6-7). La Iglesia se presenta de este modo, a pesar de todas las fragilidades humanas que forman parte de su fisonomía histórica, como una maravillosa creación de amor, constituida para hacer que Cristo esté cerca de todo hombre y de toda mujer que quiera encontrarse con él verdaderamente, hasta el final de los tiempos. Y en la Iglesia el Señor sigue siendo siempre nuestro contemporáneo. La Escritura no es algo del pasado. El Señor no habla en el pasado, sino que habla en el presente, hoy habla con nosotros, nos da luz, nos muestra el camino de la vida, nos da comunión y de este modo nos prepara y nos abre a la luz.


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Escrito por: Cristian Ahumada - 06:55

viernes, 7 de abril de 2006

Ante el misterio, curiosidad (un comentario sobre el Evangelio de Judas)

Leyendo el artículo del Evangelio de Judas en Es Justo y Necesario, me ha hecho pensar, como teólogo y primero como cristiano sobre la fascinación que se da ante los temas que parecen controversiales, especilamente ante los temas religiosos.


imagen de APCon el Evangelio de Judas, he leído y escuchado afirmaciones tales como que "puede cambiar la percepción de este discípulo, que fue el más fiel a Jesús", también que es "un evangelio que ha sido ocultado por la Iglesia", e incluso que "puede destruir la institución de la Iglesia Católica". Hay que irse por partes.


Primero, ya textos antiguos hacen referencia al Evangelio de Judas, San Ireneo en "Adversus Aereses" (Contra los herejes) hace mención a tal evangelio, que habría sido ocupado por una secta de carácter gnóstica del siglo IV, llamados cainitas, quienes veneraban a los malditos de YHWH, Judas entraba en este selecto grupo de malditos, pero a la vez bendecidos. Este grupo, pertenece a los nombrados por Ireneo (cercano a la fecha de datación del Evangelio apócrifo citado). Por lo cual, el discurso de esta secta iría, más bien, a restituir una autoridad perdida por parte del discípulo que entregó a Jesús.


Segundo, la curiosidad, siempre nos ha llevado a plantear que nuestras creencias tienen un nivel de misterio, de "hermetismo", que nos hacen pensar que nuestros líderes religiosos nos ocultan cosas. Ese tipo de pensamiento de conspiración no va con lo planteado en la visión y misión de la Iglesia en el mundo de hoy, baste mirar las constituciones que, desde el Concilio Vaticano II, nos hablan de la misión de la Iglesia hacia el hombre y todo el hombre. Una visión apócrifa nos abre nuevas perspectivas para entender los inicios del cristianismo y de una de las sectas que hubo en esta época, y nos permitirá contrastar con lo que Ireneo de Lyón pensaba de ellos. Lejos pensar de que es la "destrucción de la visión de la Iglesia Institucional".


Tercero, veamos las cosas en su justa medida, no creo que nadie piense que los escritos apócrifos están ocultos, so pena de excomunión para el que los lea, eso es una "leyenda negra", que muchas personas hacen pensar a otros, que por desconocimiento, creen.


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Escrito por: Cristian Ahumada - 19:16

jueves, 6 de abril de 2006

El Evangelio de Judas

He querido dejar este artículo puesto en la página para poder entender el publicitado programa de National Geographic.


El «Evangelio de Judas»
beso de judas


 «National Geographic» ha anunciado su intención de publicar una traducción en varios idiomas de un antiguo texto llamado «El Evangelio de Judas» a finales de este mes.

El manuscrito de 31 páginas, escrito en copto, hallado en Ginebra en 1983, no aparece hasta ahora traducido en las lenguas modernas.

Zenit ha pedido al padre Thomas D. Williams L.C., decano de la Facultad de Teología de la Universidad Regina «Apostolorum de Roma», que comente la importancia de este descubrimiento.

--¿Qué es el Evangelio de Judas?

--Padre Williams: Aunque el manuscrito todavía debe ser autentificado, probablemente es un texto del IV o V siglo, una copia de un documento anterior, redactado por la secta gnóstica de los Cainitas.

El documento presenta a Judas Iscariote de manera positiva y le describe obedeciendo a la orden divina de entregar a Jesús a las autoridades para la salvación del mundo.

Puede ser una copia del «Evangelio de Judas» citado por san Ireneo de Lyón en su obra «Contra las herejías», escrita en torno al año 180.

--Si es auténtico, ¿supone algún desafío a la fe de la Iglesia católica? ¿Sacudirá los cimientos del cristianismo, como sugieren algunas notas de prensa?

--Padre Williams: Ciertamente no. Los evangelios gnósticos, hay muchos más, no son documentos cristianos en sí, ya que proceden de una secta sincretista que incorporó elementos de diferentes religiones, incluyendo el cristianismo.

Desde el momento de su aparición, la comunidad cristiana rechazó estos documentos por su incompatibilidad con la fe cristiana.

El «Evangelio de Judas» sería un documento de este tipo, que tendría gran valor histórico, ya que contribuye a nuestro conocimiento del movimiento gnóstico, pero no supone ningún desafío para el cristianismo.

--¿Es verdad que la Iglesia ha tratado de encubrir este texto y otros documentos apócrifos?

--Padre Williams: Estos son inventos hechos circular por Dan Brown, el autor de «El Código Da Vinci» y otros autores que apoyan la teoría de la conspiración.

Usted puede ir a cualquier librería católica y obtener una copia de los evangelios gnósticos. Los cristianos no creen que sean verdaderos pero no hay ningún intento de esconderlos.

--Pero, ¿no cree que un documento así pone en tela de juicio las fuentes cristianas, en particular los cuatro evangelios canónicos?

--Padre Williams: Recuerde que el gnosticismo surgió a mediados del siglo II, y el «Evangelio de Judas», si es auténtico, probablemente se remonta a finales del siglo II.

Sería como si yo me pusiera a escribir ahora un texto sobre la Guerra Civil de los Estados Unidos y los presentara como una fuente histórica primaria de esa Guerra. El texto podría no haber sido escrito por un testigo presencial, como en cambio lo son al menos dos de los evangelios canónicos.

--¿Por qué estaban tan interesados en Judas los militantes en el movimiento gnóstico?

--Padre Williams: Una de las mayores diferencias entre las creencias gnósticas y el cristianismo se refiere a los orígenes del mal en el universo.

Los cristianos creen que un Dios bueno creó un mundo bueno, y que por el abuso del libre albedrío, el pecado y la corrupción entraron en el mundo y produjeron desorden y sufrimiento.

Los gnósticos atribuyen a Dios el mal en el mundo y afirman que creó el mundo de un modo desordenado. Por esto, son partidarios de la rehabilitación de figuras del Antiguo Testamento como Caín, que mató a su hermano Abel, y Esaú, el hermano mayor de Jacob, que vendió sus derechos de primogenitura por un plato de lentejas.

Judas entra perfectamente en la visión gnóstica que muestra que Dios quiere el mal del mundo.

--Pero ¿no cree que la traición de Judas fue un elemento necesario del plan de Dios, como sugiere el texto, para que Cristo diera su vida por los hombres?

--Padre Williams: Siendo ominisciente, Dios conoce perfectamente nuestras elecciones tiene en cuenta incluso nuestras decisiones equivocadas en su plan providencial para el mundo.

En su último libro «Memoria e identidad», Juan Pablo II reflexionaba elocuentemente sobre cómo Dios sigue obteniendo bien incluso del peor mal que el hombre pueda producir.

Esto no significa, sin embargo, que Dios desee que hagamos el mal, o que buscaba que Judas traicionara a Jesús. Si no hubiera sido Judas, hubiera sido otro cualquiera. Las autoridades habían decidido que Jesús debía morir y era ya sólo cuestión de tiempo.

--¿Cuál es la posición de la Iglesia respecto a Judas? ¿Es posible «rehabilitarlo»?

--Padre Williams: Si bien la Iglesia católica cuenta con un proceso de canonización por el que declara que algunas personas están en el cielo, como los santos, no prevé un proceso de este tipo para declarar que una persona está condenada.

Históricamente, muchos pensaron que Judas está probablemente en el infierno, debido al severo juicio de Jesús: «Hubiera sido mejor para ese hombre no haber nacido», se puede leer en el Evangelio de Mateo (26, 24). Pero incluso estas palabras no son una evidencia concluyente respecto a su suerte.

En su libro de 1994, «Cruzando el umbral de la esperanza», Juan Pablo II escribió que estas palabras de Jesús «no aluden a la certeza de la condena eterna».

--Pero si hay alguien que merece el infierno, ¿no sería Judas?

--Padre Williams: Seguramente mucha gente merece el infierno, pero debemos recordar que la gracia de Dios es infinitamente más grande que nuestra debilidad.

Pedro y Judas cometieron faltas parecidas: Pedro negó a Jesús tres veces, y Judas lo entregó. Y ahora Pedro es recordado como un santo y Judas simplemente como el traidor.

La principal diferencia entre los dos no es la naturaleza o gravedad de su pecado sino más bien la voluntad de aceptar la gracia de Dios. Pedro lloró sus pecados, volvió con Jesús, y fue perdonado. El Evangelio describe a Judas ahorcándose desesperado.

--¿Por qué está despertando tanto interés el «Evangelio de Judas»?

--Padre Williams: Estas teorías sobre Judas no son ciertamente nuevas. Baste recordar la ópera rock de 1973, «Jesucristo Superstar», en la que Judas canta «Realmente no he venido aquí por mi propia voluntad», o la novela de Taylor Caldwell, de 1977, «Yo, Judas».

El enorme éxito económico de «El Código da Vinci» ha abierto sin duda la caja de Pandora y ha dado incentivos monetarios a teorías de este tipo.

Michael Baigent, autor de «Sangre Santa, Santo Grial», ahora ha escrito el libro «The Jesus Papers» (Los documentos de Jesús) en el que recicla la vieja historia de que Jesús sobrevivió a la crucifixión.

Y un nuevo estudio «científico» recién publicado afirma que las condiciones meteorológicas podrían haber hecho que Jesús caminara sobre un pedazo de hielo flotante en el Mar de Galilea, cuando el Evangelio dice que caminaba sobre el agua.

Básicamente, para quienes rechazan tajantemente la posibilidad de los milagros, cualquier teoría, por extraña que pueda ser, es mejor que las afirmaciones cristianas.


Para quien quiera leer el artículo de National Geographic


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Escrito por: Cristian Ahumada - 19:10

domingo, 2 de abril de 2006

¡Abrid las Puertas a Cristo!

No soy de los que acostumbro a "copiar y pegar", pero creo que este mensaje del Angelus del día de hoy, que ha hecho el Papa Benedicto XVI muestra la riqueza del legado de Juan Pablo II (fuente: Zenit.org)


"El 2 de abril del año pasado, un día como hoy, el querido Papa Juan Pablo II vivía en estas mismas horas las última fase de su peregrinación terrena, una peregrinación de fe, de amor y de esperanza, que ha dejado una huella profunda en la historia de la Iglesia y de la humanidad. Su agonía y su muerte constituyen como una prolongación del Triduo pascual. Todos recordamos las imágenes de su último Vía Crucis, el Viernes Santo: al no poder ir al Coliseo, lo siguió desde su capilla privada, teniendo entre sus manos una cruz. Después, en el día de Pascua, impartió la bendición «urbi et orbi» sin poder pronunciar palabras, sólo con el gesto de la mano. Fue la bendición más dolorosa y conmovedora que nos dejó como máximo testimonio de su voluntad de cumplir con su ministerio hasta el final. Juan Pablo II murió como había vivido, animado por la indomable valentía de la fe, abandonándose en Dios y encomendándose a María santísima. Esta noche le recordaremos con una vigilia de oración mariana en la Plaza de San Pedro, donde mañana celebraré por él la santa misa.

Un año después de su paso de la tierra a la casa del Padre podemos preguntarnos: ¿qué nos ha dejado este gran Papa que introdujo a la Iglesia en el tercer milenio? Su herencia es inmensa, pero el mensaje de su largísimo pontificado se puede resumir en las palabras con las que lo quiso inaugurar, aquí, en la Plaza de San Pedro, el 22 de octubre de 1978: «¡Abrid de par en par las puertas a Cristo!». Juan Pablo II encarnó este llamamiento inolvidable con toda su persona y toda su misión de sucesor de Pedro, especialmente con su extraordinario programa de viajes apostólicos. Al visitar los países de todo el mundo, al encontrarse con las muchedumbres, las comunidades eclesiales, los gobernantes, los jefes religiosos y las diferentes realidades sociales, realizó algo así como un único y gran gesto de confirmación de las palabras iniciales. Siempre anunció a Cristo, proponiéndolo a todos, como había hecho el Concilio Vaticano II, como respuesta a las expectativas del hombre, expectativas de libertad, de justicia, de paz. Cristo es el Redentor del hombre --le gustaba repetir--, el único Salvador de toda persona y de todo el género humano.

En los últimos años, el Señor le despojó paulatinamente de todo para asimilarle plenamente a él. Y cuando ya no podía viajar, y después ni siquiera caminar, y por último, ni siquiera hablar, su gesto, su anuncio, se redujo a lo esencial: al don de sí mismo hasta el final. Su muerte ha sido el cumplimiento de un testimonio coherente de fe, que ha tocado el corazón de muchos hombres de buena voluntad. Juan Pablo II nos dejó un sábado, día dedicado en particular a María, por la que siempre sintió una devoción filial. Le pedimos ahora a la celestial Madre de Dios que nos ayude a conservar como un tesoro todo lo que nos dio y enseñó este gran pontífice."


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Escrito por: Cristian Ahumada - 19:39