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viernes, 31 de octubre de 2008

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La Cristología de la Cultura del Documento de Santo Domingo

Previo al documento de Aparecida, Santo Domingo trató de buscar la unidad de una concepción cristológica en América Latina, evitando alejarse de la teología europea, y tratando de no tocar la cristología desarrollada por la teología de la liberación.

El desarrollo cristológico de la teología de la liberación, llevó a la Conferencia Episcopal a desarrollar las visiones de la cultura y al Cristo que evangeliza desde la misma. Nos encontramos con un elenco de verbos que nos hablan de la imagen de un "uno y el mismo Cristo" (tal como lo expresaba el Concilio de Calcedonia).

La Cristología de la Cultura de Santo Domingo


Escrito por: Cristian Ahumada - 07:53

lunes, 27 de octubre de 2008

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La Cristología en los Documentos de las Conferencias Latinoamericanas

Desempolvando bits y encontrando antiguos tesoros, quiero dejar con ustedes una serie de dos de tres trabajos para mi titulación como teólogo en la Pontificia Universidad Católica de Chile, creo que han sido dos de mis mejores escritos, ya que el tema de la Cristología en América Latina es algo que se ha ido profundizando con el tiempo. El primer trabajo (que no logro encontrar) es acerca de la cristología de Medellín, el segundo trabajo versa sobre la Cristología (o cristologías) presentes en el Documento de Puebla, y la última es acerca de la Cristología de la Cultura que aparece en el Documento de Santo Domingo.


Documento de Puebla:
las Cristologías dentro de la Cristología del Documento.



Escrito por: Cristian Ahumada - 20:54

domingo, 26 de octubre de 2008

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Los Católicos y la Biblia III

Este artículo está tomado de Carlos Mesters, biblista holandés que ha hecho apostolado en Brasil en las Comunidades Eclesiales de Base, y que ha desarrollado la Lectura Popular de la Biblia. He aquí una parte del texto donde muestra un resumen de la historia de una nueva forma de hacer una lectura actualizada de la Biblia.

TRES FACTORES

Una nueva manera de ver la revelación de Dios en la Biblia

Los grandes cambios producidos en la humanidad a partir de los siglos XIX y XX llevaron a los cristianos de varias iglesias a mirar la realidad y a la Biblia con una mirada diferente. Por ejemplo, en Alemania, la experiencia de R. Bultmann, lo llevó a un nuevo abordaje de la Biblia que influyó en la exégesis bíblica del siglo XX en prácticamente todas las iglesias.

En Bélgica, la crisis entre las dos guerras y la convivencia con los obreros llevó al P. Cardijn a crear el método Ver-Juzgar-Actuar que influyó en varios sectores de la Acción Católica y trajo una nueva manera de considerar y experimentar la acción reveladora de Dios en la historia. Antes de querer saber lo que Dios habló en el pasado, se busca Ver la situación del pueblo hoy, y sus problemas. Luego, con la ayuda de los textos bíblicos y de la tradición de las iglesias, procuran Juzgar esta situación. Esto hace que, poco a poco, la palabra de Dios ya no venga sólo de la Biblia, sino también y sobre todo de los propios hechos iluminados por la Biblia y por la tradición. Y son ellos, los hechos, los que se vuelven así transmisores de la Palabra y del llamado de Dios y llevan a una manera nueva de Actuar. Este método ver-juzgar-actuar tuvo una influencia muy grande en los movimientos de renovación de la Iglesia Católica en Brasil de los años 50 y 60, particularmente en varios sectores de la Acción Católica, JOC, JEC, JUC y JAC. Fue produciendo un cambio en la manera de conocer la voluntad de Dios y en la apertura hacia una actitud más ecuménica y menos confesional.

En los Estados Unidos, el compromiso político de N.K.Gottwald en la lucha contra la guerra del Vietnam tuvo una influencia profunda en su manera de leer e interpretar el origen y la formación del pueblo de Dios. Sus escritos, sobre todo el libro The Tribes of Jahweh, tuvieron mucha influencia en los estudiosos de la Biblia en Brasil, principalmente en la manera de abordar e interpretar el Éxodo.

En América latina, en los años 60 y 70, el compromiso político de muchos cristianos repercutió y continúa repercutiendo profundamente en la manera de leer e interpretar la Biblia. La inhumanidad de las dictaduras militares, algunas de ellas con el apoyo velado de autoridades eclesiásticas o en nombre de la así llamada tradición cristiana, provocó y despertó en las personas más conscientes una nueva lectura de la Biblia en defensa de la vida. Una lectura más liberadora y más ecuménica, impidiendo que la Palabra de Dios fuese manipulada para legitimar la opresión y la explotación del pueblo.

La renovación de las iglesias lleva a un interés renovado por la Biblia

A partir del terremoto de las dos guerras mundiales, 1914 a 1918 y 1939 a 1945, la mayoría de las iglesias entraron a un proceso de conversión y de cambio. Las nuevas circunstancias en las que se encontraba la humanidad dejaron claro que era necesaria una relectura de las cosas de la fe de cara a la nueva experiencia de Dios y de la vida que estaba surgiendo. Este cambio o conversión fue sucediendo de manera diferente en varias iglesias y en varios países.

En la Iglesia Católica de Brasil, por ejemplo, el documento Dei Verbum del Concilio Vaticano II y su relectura para América Latina a través de las Asambleas Episcopales de Medellín y Puebla consagraron esa nueva manera de ver la acción reveladora de Dios de la que hablamos anteriormente. A saber, Dios continúa hablando hoy, dirigiéndonos su Palabra a través de hechos y de personas, y nosotros logramos descubrir ese hablar divino con la ayuda de la Palabra de Dios en la Biblia.

A partir del Concilio Vaticano II, fue creciendo el interés del pueblo católico por la Biblia y, a través de varios canales, cada vez más, la Biblia fue llegando a las manos del pueblo. Entre muchos otros, conviene destacar los siguientes canales: 1) La renovación litúrgica. La liturgia renovada, a través del uso de la Biblia en lengua vernácula, trajo una mayor aproximación de la Biblia al pueblo. 2) El trabajo pionero del biblista frei Joáo José Pedreira de Castro, OFM. En aquellos años 50, el captó las Señales de los Tiempos y sintió la necesidad de provocar una mayor aproximación de la Biblia al pueblo. Para ello tradujo la Biblia de Maredsous al portugués, hoy con más de 150 ediciones sucesivas, conocida como la Biblia del Ave María. 3) El trabajo de la Liga de Estudios Bíblicos LEB. Sus miembros llegaron a hacer una traducción de la Biblia directamente de los textos originales, actualmente publicada por la Editora Loyola. Los miembros de la LEB tienen, además de eso, el mérito de haber incentivado la realización de semanas bíblicas en todas partes. 4) La entrada de las iglesias evangélicas de misión en Brasil en la primera mitad del siglo XX, venidas sobre todo de Estados Unidos, divulgó e intensificó la lectura de la Biblia. Su acción evangelizadora contribuyó para que, en la Iglesia Católica, mucha gente tomara conciencia de la importancia de la Palabra de Dios. Inicialmente, era un despertar reaccionario de defensa contra lo que algunos llamaban “la amenaza protestante”. Poco a poco, sin embargo, terminó siendo vista como una de las mayores gracias de Dios.

La situación del pueblo, el golpe militar y el surgimiento de los círculos bíblicos

La situación del pueblo era (y continúa siendo) de abandono, de opresión y de explotación. Por eso, había todo un trabajo político de concientización para el cambio. Miembros de varios sectores de la Acción Católica participaron activamente en este trabajo de concientización. Llegaron a formar un grupo, Acción Popular, que tuvo una actuación política muy importante. Sin embargo, el golpe militar de 1964 mostró, indirectamente, que el trabajo de concientización política del pueblo no había sido aquello que la vanguardia de la oposición política imaginaba y esperaba. No hubo la reacción esperada de levantamiento popular contra los militares. Por el contrario. Se percibió la necesidad de un trabajo mucho más capilar y más paciente junto al pueblo, respetando mucho más su religión, su cultura y su experiencia.

Así, a partir de los años 60, comenzó un trabajo renovado de base en medio de los pobres y surgieron las Comunidades Eclesiales de Base, en aquella situación de persecución y de control ideológico, las iglesias surgieron como un posible espacio de articulación de la oposición, donde se podía aún trabajar con cierta libertad. Por eso mismo, ellas sufrieron y fueron víctimas de la represión política. Basta recordar los nombres de Dom Helder Cámara, Dom Pedro Casaldáliga, padre Enrique Santo Dias, Margarida Alves e tantos otros líderes, religiosas y laicos, perseguidos, presos, torturados y asesinados.

A partir de esta necesidad de un trabajo pastoral más respetuoso y más delicado, fueron surgiendo en todas partes los llamados Círculos Bíblicos. El método usado en los círculos bíblicos, como que naturalmente, tenía en cuenta, de un lado, la experiencia adquirida en los grupos de Acción Católica con su método Ver-Juzgar-Actuar y las enseñanzas de Paulo Freire sobre la pedagogía del oprimido y, de otro lado, la tradición de los propios evangelios. O sea, la manera de leer la Biblia en las Comunidades Eclesiales de Base imitaba de cerca el método sugerido por el Evangelio de Lucas en la descripción del camino de los discípulos de Emaús, donde el propio Jesús aparece interpretando la Escritura para sus amigos (Lc 24,13-35). El proceso de interpretación seguido por Jesús tiene los mismos tres pasos que caracterizan también el método adoptado por los pobres en los Círculos Bíblicos de las Comunidades Eclesiales de Base.

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Escrito por: Cristian Ahumada - 22:15
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Cuando La Familia Calla, Cae

El día sábado recién pasado, en el colegio se organizó una actividad de Cine Foro en que tratamos el tema de la violencia intrafamiliar. Fue una experiencia bien especial, ya que habían inscritas alrededor de unas cien familias para asistir, pero como ocurre en este tipo de actividades llegaron solo veinticinco. ¿Fracaso? Todo lo contrario, puesto que las personas que fueron se encontraron con algo más que una película (a todo esto, la recomiendo mucho, se llama "Cicatrices", producción mexicana que habla abiertamente de lo que ocasiona los "pequeños gestos" que destrozan a las familias).

El foro estaba organizado por mi colega de básica, con el auspicio de Teaching for Peace, del Museo del Holocausto de Houston Texas, con el proyecto Mariposas. Éramos tres panelistas, el responsable para Teaching for Peace en Chile, Tulio Astudillo; la psicóloga y profesora de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Daniela Hernández, y yo, en mi calidad de teológo y profesor. Es increíble que cuando los padres se reflejan ante pequeñas palabras y gestos que generan la violencia escolar (que hoy estamos conociendo como bulling, grooming), decantan a partir de los pequeños gestos que vienen de la familia, y que la palabra amor está deformada por el egoísmo, los intereses personales, y una mala concepción de los derechos de las personas.

Después de tres horas, y de éstas una hora de conversación, nos quedamos con la sensación que hoy en día los gestos de violencia son los mismos que se dieron años atrás en el Holocausto Judío, las grandes víctimas siguen siendo hoy los niños, que replican el dolor y el sufrimiento de sus familias que se separan, ya no por una ideología nazi, sino por el dolor de las peleas, gritos y golpes de los padres. ¿Cuál es el compromiso que tiene hoy la familia? ¿Qué tipo de familia se está generando hoy en día que a largo plazo los valores ya no son lo esencial, y que la conversación, el diálogo y la escucha ha sido reemplazado por saciarse con objetos que a la larga manifiestan más todavía el vacío de la incomunicación? Pero no hay que desesperarse, siempre hay un momento para cambiar esta situación. Los gestos más simples son los que generan los grandes cambios, cuando de verdad la familia está ahí presente los hijos tienen más y mejores herramientas para saber vivir. Una de las palabras que más resuena en esta conversación del foro era "crear puentes", volver a comunicarse, en el fondo es volver a la comunión.

El responsable para Chile, nos comentó al final que son muy pocos los que se atreven a hablar en los colegios de "Violencia Intrafamiliar", puesto que este tipo de agresiones se mantiene en silencio. La verdad es que cuando se destapan estos problemas del día a día, se pueden sanar.

El refrán dice que no hay peor ciego que el que no quiere ver, y lo mismo ocurre con las familias, cuando se ciegan y no quieren reconocer su problemas, genera que ocurren las divisiones, los quiebres familiares y el divorcio. Recordemos que los más afectados, no son los cónyuges, sino que son los hijos.

Oremos y actuemos para que la familia no se desgranen y sigan siendo verdaderos lugares del desarrollo de las personas y semillero de los derechos que tanto hemos luchado en todos estos siglos.
Escrito por: Cristian Ahumada - 21:34

martes, 21 de octubre de 2008

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Los Católicos y la Biblia II

Si bien es cierto el avance que se ha dado en el Estudio Bíblico, según se vio en el post anterior, el trabajo de los biblistas no ha sido fácil. Ya de antes de la Encíclica "Divino Afflante Spiritu", hubo varios padres y estudiosos que utiliban el método histórico - crítico, algo casi prohibido por parte de los dicasterios de Roma. La controversia que generó Alfred Loisy por el estudio con un método de critica literaria de las formas y el contexto histórico en que fue escrito, llevó a un severo texto que fue escrito por el Papa Pío X, la encíclica Pascendi (que otros llaman "Lamentabili"), debido a que esto marcó el cierre a todas las ciencias modernas, que favorecían el estudio de las Escrituras, y, por ende una mejor comprensión del mensaje revelado.

Esta reticencia, reflejada desde el siglo XIX, sigue presente en nuestro tiempo, de hecho a la Iglesia Católica se le ha tachado como una iglesia sacramentalista y tradicionalista (que es más fiel a la tradición de los Papas que a la inspiriación bíblica), dejando de lado a la Palabra de Dios, y un Católico de principios de siglo, leía más la vida de Santos que a la Biblia, ya que ésta era poco inteligible.

Muy pocos cristianos leían la Biblia, o simplemente la tenían de adorno en sus casas, pero poco o nada leída. Esto lo noto hoy en día, siglo XXI, en que los niños católicos tienen un pobre formación desde sus familias acerca de las enseñanzas de la Biblia, desconocen la división clásica entre antiguo o nuevo Testamento; la tratan como si fuera cualquier libro de texto (incluso consultan por página para ver dónde se encuentra tal o cual libro), y ver, por otra parte, a los hijos de padres de otras iglesias que manejan de manera erudita los pasajes de la Biblia, comentario aparte ¡qué bien leen los niños de estas Iglesias!

Ya no tengo claro que, si este desconocimiento de la Biblia ha sido por dejación o por un temeroso respeto, pero sí tengo claro que la principal causa ha sido que en las comunidades católicas mayoritariamente sociológicas (bautizados por compromisos), no toman la Biblia como punto de referencia, sino más bien las experiencia de los propios santos o historias que se basan en las vidas de éstos.

Hoy en día en el mundo católico se ha hecho un esfuerzo muy grande en la formación bíblica, de hecho todos los cursos dados en las facultades de teología no parte de las doctrinas, sino que buscan su fundamento bíblico; ahora bien, ese trabajo todavía es germinal en las comunidades. Cada vez más padres tratan de enseñarle a los hijos, y se quedan pobres a la hora de explicar las experiencias bíblicas, se han encontrado con el problema de contextualizar las historias, y actualizar las enseñanzas que nos da la Biblia hoy.

Uno de los esfuerzos más grandes que se hizo durante la segunda mitad del siglo XX, y que es una de las consecuencias de la Constitución Dogmática "Dei Verbum", con el mandato de:

Incumbe a los prelados, "en quienes está la doctrina apostólica, instruir oportunamente a los fieles a ellos confiados, para que usen rectamente los libros sagrados, sobre todo el Nuevo Testamento, y especialmente los Evangelios por medio de traducciones de los sagrados textos, que estén provistas de las explicaciones necesarias y suficientes para que los hijos de la Iglesia se familiaricen sin peligro y provechosamente con las Sagradas Escrituras y se penetren de su espíritu.


a crear grupos, comunidades que fueron profundizando en la enseñanza de la Biblia, con el método de Ver, Juzgar y Actuar.
Escrito por: Cristian Ahumada - 21:37

lunes, 20 de octubre de 2008

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Los Católicos y la Biblia

Voy a estar haciendo una serie de artículos relacionados con el estudio de la Biblia, más bien con los hitos que marcaron al mundo católico en la lectura y comprensión de las Sagradas Escrituras en el siglo XX.

Pero antes de empezar voy a dejar claros algunos antecedentes que preceden a todo el estudio de la Biblia, y que quizá den luces de por qué en el catolicismo (especialmente en Latinoamérica) la Biblia es poco leída, y aún menos entendida por el pueblo fiel, y de ahí que los hermanos de otras denominaciones hagan uso, y sea la fuente de su crecimiento.

Separación entre Escritura y Tradición

Un hecho que ha marcardo la experiencia bíblica en el mundo católico ha sido la Reforma llevada por Martín Lutero en el siglo XVI, a pesar que la Biblia sea el libro más difundido en el mundo, esto no significa que haya sido el más leido. Las traducciones que existían en ese momento sólo eran hechas de la Vulgata (traducción hecha por San Jerónimo de los originales hebreos y griegos al Latín), pero no existía una traducción a las lenguas vernáculas (que se estaban hablando en los inicios de la época moderna).

Lutero empezó a buscar nuevas formas de evangelizar, y de ahí que haya hecho la primera traducción de la Biblia a una lengua vernácula (de hecho se le considera el padre del alemán). Poniendo así el énfasis en la sola scriptura y dejando de lado la tradición de la Iglesia.

Este acontecimiento fue el que llevó al estudio de las sagradas escrituras, por parte del mundo protestante, y provocando un cierto rechazo de parte del mundo católico a todo estudio científico de la Biblia (de hecho la Iglesia Católica se encerró a dichos estudios hasta muy avanzado el siglo XX), esto era un abierto rechazo a la modernidad.

Entre 1905 y 1915 la Pontificia Comisión Bíblica publicó una serie de conservadoras decisiones sobre la composición y la autoría de la Biblia. Aunque expresadas con matices, estas decisiones iban en contra de las tendencias de las investigaciones contemporáneas sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Los eruditos católicos fueron obligados a dar su asentimiento a estas decisiones y a enseñarlas.

Citando un texto aparecido en Zenit.org:

Tras 40 años de marcada oposición, la Iglesia católica en los cuarenta, bajo el pontificado de Pío XII, hizo un innegable cambio de rumbo hacia la crítica bíblica. Aquella encíclica de 1943 del Pontífice "Divino Afflante Spiritu" instruyó a los eruditos católicos para que usaran los métodos de acercamiento científico a la Biblia que hasta entonces les estaban prohibidos debido a la promulgación de la Encíclica Providentissimus Deus, que veía estos estudios como deformadores de la verdad que contenían las Sagradas Escrituras. A partir de Pío XII parecía bueno que los eruditos católicos adoptaran los métodos previamente prohibidos. Un aspecto particular de la encíclica alejó definitivamente a los católicos del fundamentalismo: el reconocimiento de que la Biblia incluye muchas formas o géneros literarios diversos, no sólo historia.
En el plazo de 10 años, profesores preparados en crítica bíblica comenzaron a moverse en gran número en las aulas de los seminarios y universidades católicas, por lo que la mitad de los años cincuenta marcó la línea divisoria. En aquel tiempo el seguimiento del método científico llevó a los exégetas católicos a abandonar casi todas las posiciones sobre autoría y composición bíblica adoptadas por el Vaticano a comienzos del siglo.

Crítica histórica

"Divino Afflante Spiritu" produjo un enorme crecimiento en los estudios bíblicos católicos. Se prepararon nuevos profesores, y los resultados del cambio de postura hacia las Escrituras se comunicaron de forma gradual a la gente - los mismos pasos que había impulsado Pío XII. El "Papa Pacelli" abrió la aplicación del método histórico-crítico a la Biblia, y estableció las normas doctrinales para el estudio de la Sagrada Escritura, haciendo hincapié en la importancia de su papel en la vida cristiana.

He aquí el texto central de dicha Encíclica:
No hay quien no pueda fácilmente echar de ver que las condiciones de los estudios bíblicos y de los que para los mismos son útiles han cambiado mucho en estos cincuenta años. Porque, pasando por alto otras cosas, cuando nuestro predecesor publicó su encíclica Providentissimus Deus, apenas se había comenzado a explorar en Palestina uno u otro lugar de excavaciones relacionadas con estos asuntos. Ahora, en cambio, las investigaciones de este género no sólo se han aumentado muchísimo en cuanto al número sino que, además, cultivadas con más severo método y arte por el mismo ejercicio, nos enseñan muchas más cosas y con más certeza. Y, en efecto cuánta luz brote de estas investigaciones para entender mejor y con más plenitud los sagrados libros, lo saben todos los peritos, lo saben cuantos se consagran a estos estudios. Crece todavía la importancia de estas exploraciones por los documentos escritos hallados de vez en cuando, que contribuyen mucho al conocimiento de las lenguas letras, sucesos, costumbres y cultos más antiguos. Ni es de menor interés el hallazgo y la búsqueda, tan frecuente en esta edad nuestra, de papiros, que ha tenido tanto valor para el conocimiento de las letras e instituciones públicas y privadas, principalmente del tiempo de nuestro Salvador. Se han hallado además y editado con sagacidad vetustos códices de los sagrados libros; se ha investigado con más extensión y plenitud la exégesis de los Padres de la Iglesia; finalmente. se ilustra con innumerables ejemplos el modo de hablar, narrar y escribir de los antiguos. Todo esto que, no sin especial consejo de la providencia de Dios, ha conseguido esta nuestra época, invita en cierta manera y amonesta a los intérpretes de las Sagradas Letras a aprovecharse con denuedo de tanta abundancia de luz para examinar con más profundidad los divinos oráculos, ilustrarlos con más claridad y proponerlos con mayor lucidez. Y si con sumo consuelo en el alma vemos que los mismos intérpretes esforzadamente han obedecido ya y siguen obedeciendo a esta invitación ciertamente no es éste el último ni el menor fruto de las letras encíclicas Providentissimus Deus, con las que nuestro predecesor León XIII. como presagiando en su ánimo esta nueva floración de los estudios bíblicos, por una parte invita al trabajo a los exegetas católicos, y por otra les señaló sabiamente cuál era el modo y método de trabajar. Pero también Nos con estas letras encíclicas queremos conseguir que esta labor no solamente persevere con constancia, sino que cada día se perfeccione y resulte más fecunda, puesta sobre todo nuestra mira en mostrar a todos lo que resta por hacer y con qué espíritu debe hoy el exegeta católico emprender tan grande y excelso cargo, y en dar nuevo acicate y nuevo ánimo a los operarios que trabajan constantemente en la viña del Señor.


Gracias a Pío XII, el mundo católico empezó una nueva comprensión de la Biblia, y su sentido profundo, no para "destriparla", sino más bien, para profundizar en el sentido de los textos para nosotros hoy.
Escrito por: Cristian Ahumada - 04:13

jueves, 16 de octubre de 2008

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La Oración

Un Regalo, del grupo "Los Perales", para recogerse en un momento y dar gracias a Dios por los dones recibidos:


Oración - Los Perales
Escrito por: Cristian Ahumada - 15:35

lunes, 13 de octubre de 2008

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Tráfico de Influencias

¡Ya es el colmo! Vengo de leer el blog de Teosubversión y me encontré con un artículo sobre las opiniones simplistas que dan algunos cristianos, en son de las críticas categóricas, sin entrar en el ejercicio de la razón. En muchos casos hay otros cristianos que podrían entrar en otras categorías. El calificativo de cristiano se emplea como sinónimo de buena persona, confiable, trabajadora y responsable (en otros casos para marcar una cierta diferencia con el resto). En algunos coliegios católicos se hace la acepción de ingreso a los alumnos nuevos si su familia es católica -y esas familias a veces tapizan a los encargados de admisión con cartas de sacerdotes y amigos afiliados a la "Iglesia", como si fuera una membresía a algún club, en que más oraciones son las que marcan la diferencia.

Es increíble que hoy en día sigamos tendiendo al pecado del siglo III, cuando la Iglesia fue la encargada de establecer el orden político en la Europa posterior al Imperio Romano de Occidente, el poder en el orden moral. En nuestra mentalidad occidental de América Latina, todavía pensamos en que aquellas personas que tienen "idoneidad moral" son las que están afiliadas dentro de una institución religiosa; el caso más patente son las llamadas de atención que hacen las mismas personas cuando se ven casos que van en contra de las costumbres morales, y todos se sienten con el derecho de opinar y más fuerte todavía, de juzgar ¿acaso Jesús nos recuerda que no hay que juzgar para no ser juzgados?

¿Con qué nos encontramos entonces?

1. Personas que se dicen cristianas (sólo por las estadísticas)
Parece que da plusvalía pensar que diciendo que ser cristiana/cristiano (de cualquier denominación) hace marcar la diferencia, solamente el título, pero ningún compromiso dentro de su iglesia. Para qué hablar de los que somos católicos, si el porcentaje que aparece en las estadísticas de los países fuera cierta, los Templos no darían abasto, y no habría sacerdotes suficientes los domingos para las eucaristías.

2. Personas que siendo cristianas juzgan a los demás (como si no tuvieran una viga en su propio ojo)

Este caso es bien peculiar, pensamos que siendo cristianos no vivimos el riesgo de caer en pecado, simplemente por el hecho de que Cristo nos perdona, pero a los demás los condena. ¿Cuántas veces no vamos a seguir escuchando a algunos hombres y mujeres recordando la condena eterna, en el fuego eterno, con las penas del infierno. ¿Jesús alguna vez predicó así? Diría: "El Reino de Dios está cerca, conviértete o te irás al infierno". Las únicas veces que habla del infierno en el Nuevo Testamento hace referencia a las decisiones que las personas realizan rechazando su propuesta. Pues Dios quiere que todos los hombres se salven.

3. Cristianos de oportunidad (cuando las opciones se acaban)

Este tipo de religiosidad es donde quiero centrar el tráfico de influencias, son aquellos cristianos que vemos haciendo o pidendo favores, ya sea a los miembros de su misma Iglesia, o a Dios mismo, pero esto ocurre de forma esporádica, de fidelidad a sus costumbres y creencias bien poco. Esos mismos que van pidiendo favores son los mismos que también consultan el horóscopo, o se leen la suerte en las manos o las borrajas del café o del vino (según sea la ocasión). Cuántas han sido las promesas que he escuchado y cuántos actos inconclusos a tales promesas.

Estos tres tipos que acabo de enunciar son simplemente una muestra de que la fe también se comercializa, se critica o se evalua, como si Dios siguiera a las encuestas de las empresas encargadas. ¿Cuándo volveremos a entender a la fe cristiana (en la propuesta de Jesús) como gracia -regalo-, y no como una oferta que se compra.
Escrito por: Cristian Ahumada - 22:49
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Sínodo de la Palabra: Cinco Temas Fundamentales y Una Historia

Es justo, no sé si necesario mencionar que todavía estamos viviendo el Sínodo de la Palabra, en Zenit.org se ha hecho un reportaje, sobre cuáles son los temas más conversados y comentados por los padres sinodales, a continuación viene el texto de Jesús Colina.

No son los únicos pero sí son algunos de los más mencionados. En los próximos días, expondremos otros, acompañados por los mismos padres sinodales.

1. La Palabra no es la biblia.

El Sínodo comenzó aclarando un malentendido común entre muchos creyentes: como explicó en su relación antes del debate, el cardenal Marc Ouellet, P.S.S., arzobispo de Quebec, la Palabra no es un simple texto escrito, es el mismo amor de Dios hecho hombre en Cristo.

Por tanto, la Palabra es mucho más que la Biblia, de hecho el Nuevo Testamento nace en el seno de la Iglesia naciente e implica por tanto la Tradición y la interpretación del Magisterio.

Entre el 7 y 8 de octubre, numerosas intervenciones de los padres sinodales insistieron en esta aclaración.

Los mismos padres han aclarado que este Sínodo no busca reescribir la constitución dogmática "Dei Verbum" del Concilio Vaticano II, que ya explica estas cuestiones doctrinales. Por tanto, no es un Sínodo doctrinal (aunque recuerde verdades del Magisterio), sino sobre todo pastoral.

Otras cuestiones como la inspiración de los autores bíblicos no se afrontan, por tanto, directamente. Más bien, varios padres Sinodales han pedido un documento de la Santa Sede sobre la interpretación de las Sagradas Escrituras, e incluso se ha propuesto que tenga el rango de texto papal en forma de encíclica (cardenal Ouellet).

2. Predicar con el ejemplo: el problema de las homilías

La preocupación por el nivel de las homilías en general se ha repetido constantemente en la primera semana del Sínodo (Cf. Zenit, 7 de octubre de 2008).

Por una parte el Sínodo está ofreciendo soluciones concretas a este problema, al que se le ha llegado a atribuir el abandono de la Iglesia por parte de fieles.

Varios obispos han pedido un "Directorio Homilético", como existe ya un "Directorio para la Catequesis", con indicaciones practicas sobre la predicación.

En este sentido, el cardenal Angelo Scola, patriarca de Venecia, relator del Sínodo de 2005 sobre la Eucaristía, ha confirmado que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, está preparando un subsidio con material para las homilías temáticas que sirva de ayuda para los sacerdotes al preparar la predicación. No es un manual de predicación.

Numerosos obispos han insistido también en la necesidad de que los seminaristas y sacerdotes no sólo estudien la Biblia, sino que aprendan a saborearla, meditándola, como hizo este lunes el cardenal Agostino Vallini, vicario del Papa para la diócesis de Roma.

Ahora bien, muchos obispos, particularmente en las intervenciones libres han explicado que la homilía no sólo es una cuestión de formación retórica o académica.

Se han citado varias veces las famosas palabras de Pablo VI, cuando decía que el mundo escucha a los maestros pero sigue a los testigos. Si la palabra del predicador no es seguida por la vida pierde toda su credibilidad, se ha constatado.

En este sentido, se ha recordado también la expresión de Benedicto XVI cuando explica que la Palabra no es sólo "informativa", es "performativa", es decir, debe conformar la vida de una persona.

3. La "lectio divina"

Quizá uno de los términos más repetidos en esta semana ha sido "lectio divina". La meditación orante de la Palabra de Dios, particularmente en comunidad (existen diferentes metodologías, como los siete pasos para compartir del Evangelio), parece convertirse en la propuesta que los participantes de este Sínodo quieren hacer a cada parroquia.

Se puede decir, por tanto, que la eficacia práctica de este Sínodo se podrá medir dentro de diez años según la extensión de esta práctica, que ha sido impulsada desde el inicio de su pontificado por Benedicto XVI.

4. Antiguo Testamento

Varios padres han constatado la dificultad que los católicos tienen para leer y meditar el Antiguo Testamento. De este modo no pueden gozar en plenitud de la revelación divina. Este fenómeno se agrava en algunos ambientes por otros dos fenómenos.

En el caso de las Iglesias orientales, como explicó monseñor Kidane Yebio, obispo de Keren (Eritrea), en la sagrada liturgia prácticamente nunca se leen pasajes del Antiguo Testamento.

En el caso de los cristianos de Oriente Medio, a causa del conflicto entre israelíes y palestinos y de interpretaciones sionistas de la Biblia, rechazan la lectura o meditación del Antiguo Testamento.

Este grave fenómeno ha sido constatado en particular por dos patriarcas: Su Beatitud Fouad Twal, patriarca de Jerusalén de los Latinos, y Su Beatitud Grégoire III Laham, B.S., patriarca de Antioquía de los Greco-Melkitas (Siria). Este último explicó, como ejemplo, que en una celebración litúrgica un fiel árabe había cambiado la expresión bíblica "Pueblo de Israel", por "Pueblo de Palestina".

4. Exégesis

En los primeros días de Sínodo fueron numerosas las ponencias de obispos en las que constataban cómo una exégesis académica de la Biblia llevaba en ocasiones a dudar de la historicidad misma de Cristo o de que la Escritura sea un texto revelado.

Esta lectura sin fe del texto revelado habría llevado a católicos a buscar una interpretación de fe en grupos protestantes. Si bien este fenómeno preocupa profundamente al Sínodo, la asamblea también ha subrayado la importancia de la aportación de la exégesis a la comprensión de la Palabra.

En la relación de apertura, el cardenal Ouellet propuso a los exégetas y biblistas una visión de fe y de escucha del Espíritu, superando así desde el inicio un debate no necesario. Fe y ciencia bíblica no están reñidas, han insistido los obispos.

5. Traducciones y distribución de la Biblia

El argumento fue presentado ante la asamblea por monseñor Louis Pelâtre, vicario apostólico de Estambul (Turquía), quien constató que en muchas lenguas locales todavía no se ha traducido la Biblia.

Cuando estas poblaciones minoritarias son pobres, tampoco existen recursos para imprimir y distribuir Biblias a precios asequibles.

Han sido numerosas las intervenciones de obispos africanos, latinoamericanos y asiáticos para pedir que se cree un organismo en la Iglesia católica que ayude en todos los sentidos a resolver este grave problema, también desde el punto de vista económico.

Ambiente

Desde que se restableció la práctica de convocar al Sínodo de los Obispos tras el Concilio Vaticano II, ésta asamblea es quizá las más serena, signo de una nueva unidad encontrada en la Iglesia tras divisiones de décadas pasadas. Así lo constataba, por ejemplo este lunes a ZENIT, el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa.

A este ambiente de unidad ha contribuido el tema escogido por Benedicto XVI, "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia", argumento que toca el corazón de cada uno de los presentes.


Por Jesús Colina

Quiero agregar una pequeña historia que mi profesora de griego del Nuevo Testamento nos contó en una charla para iluminar la palabra de Dios en nuestra vida.

Cuentan que un día se juntaro varios exégetas a ver qué traducción de la Biblia cumplía con todos los requisitos para ser una versión de estudio. Todos comentaban acerca de los atributos de las traducciones, su fidelidad, o incluso la belleza literaria acorde con el texto conforme al modelo histórico crítico. Hasta que le preguntaron a un viejo profesor de la facultad ¿qué Biblia es la que más te gusta?, y éste, con tono calmo dijo: "Me gusta la Biblia de mi madre". Algunos pensaron que era una Biblia que tenía el apellido o el nombre de su madre, y le preguntaron acerca de su respuesta; él les explicó: lo que he aprendido de Dios no ha sido a través de los comentarios, críticas o traducciones de la Biblia, sino que todo lo que soy hoy en día se lo debo a mi mamá, que día a día me mostraba el rostro amoroso de Dios.

Todos entonces se dieron cuenta que más que el texto que habla de Dios es la vida que los hombres reflejan de su relación con él.

Escrito por: Cristian Ahumada - 16:21

viernes, 10 de octubre de 2008

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Había Una Vez

¿Cuántas veces no hemos escuchado así iniciar los cuentos de nuestra infancia? Todas aquellas historias que marcaban hechos y fantasías que nos llevaban a otros mundos fantásticos y de los cuales quisiéramos haber estado ahí presentes. Estas historias que, en realidad, no existieron en la realidad, pero que sí fueron tomadas de la misma, o creadas con un fin moral (como es el caso de las fábulas). Hoy en día estamos viviendo una historia colectiva, una fábula que está tejiendo sus últimas letras para desenredar el nudo en que vivimos y que nos lleva a un descenlace, que todo el mundo, en algún grado, sabía que iba a pasar.

Hemos estado viviendo en estos últimos días el descalabro de las bolsas mundiales, y en algunos titulares de diarios de mi país se les ha llamado "Jesucrisis, te harán pagar todos tus pecados". Este título me llevó a pensar en todos los acontecimientos que se han ido generando ante todo el ejercicio de especulación, con que la economía juega ante los mercados. Hombres que dedican gran parte de las horas del día para predecir cómo irán las acciones de sus empresas; y, en un hecho que considero indescriptible, se creó una burbuja que se fue inflando con la rapidez con que se desmonta. Una historia que, al parecer, está llegando a su fin. El "homo lupus homini" (el hombre es un lobo para el hombre), con que la economía neoliberal daba rienda suelta a los negocios, no importando las personas, la creación de las grandes corporaciones, que tienen los mismos derechos que las personas naturales, pero que carecen de rostro, y por tanto (tomando la idea de Emmanuel Levinas), sin un corazón que compadezca a los otros rostros. La creación de estas grandes especulaciones, provoca el deseo y las ansias de una riqueza desmedida, y que se gana a costas de mentiras propias y mentiras ajenas. Es como si fuera un niño que, sin el control de sus padres, ha hecho lo que quiso, sin moderación ni consideración, consentidos por todos, y sin una reprimenda que lo encaminara. Ha llegado el momento en que los gobiernos se han dado cuenta, con una mirada más humilde, que la economía no puede seguir depredando a las personas.

Es una ocasión para ver el final de una historia, que más bien parece una fábula, que muchos conocíamos su final, y que vivimos sus consecuencias, ¿de qué nos sirve acumular riquezas en la tierra si al final se oxidan en el olvido? El afán de la riqueza por la riqueza provoca más pobrezas e infelicidad en el corazón. Es lo que en la sociedad globalizada nos hemos percatado, y ya es necesario que este "calentamiento global de la economía" nos lleve a tomar más conciencias de no seguir consumiendo por consumir, sino que consumir para compartir. Terminando con este cuento, y que pase por un zapato roto para contrar otro.
Escrito por: Cristian Ahumada - 18:55

lunes, 6 de octubre de 2008

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No os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la ley

"No os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la ley"(Neh 8,9). Me acordé de este momento tan bello y tan sublime cuando Nehemías, con el fin de reconstruir al pueblo de Israel, no tan solo con sus murallas y el templo quiso también reconciliar el corazón del Pueblo con la lectura continuada de la Ley que Dios le había dado a Moisés, y que desde el destierro no habían escuchado en su totalidad, cuando leí la noticia de que iba a ser televisada la lectura de la Biblia con motivo del Sínodo de la Palabra de Dios en la Vida de la Iglesia.

Puede sonar a publicidad, pero también creo que es un muy buen momento para rescatar el valor de estas 1200 personas, incluyendo a Benedicto XVI que comenzaron a leer continuadamente toda la Biblia, es el mensaje completo y no por trozos el que nos revela el amor que Dios tiene a los hombres, para llevar esperanza a esta vida que, en algunos momentos está tan cegada en el contexto acelerado y que no nos hace detenernos en lo esencial de la vida misma. Es volver a escuchar, a detenernos y prestar atención a nuestra propia vida que pasa, porque la Biblia es eso: el paso de Dios en la Vida del hombre, ese ser que es totalmente otro que se hace partícipe de la vida nuestra hasta llegar al punto de compartirla como uno de nosotros, y que nos lleva a su propio encuentro.

La lectura de las Sagradas Escrituras nos lleva a enfrentarnos a nuestra propia vida, pero de una manera más iluminada, con la pedagogía misma de Dios que es cercano a todas nuestras experiencias, desde el dolor mismo de la soledad y el abandono completo, pasando por el escarnio, y llegando hasta las elevaciones más hermosas del alma, en el amor humano (tal como lo manifiesta el libro del Cantar de los Cantares), y llegando a la intimidad misma del alma del ser humano (como lo manifiesta el libro del Deuteronomio, o los hermosos textos de los salmos), tocando el perdón por medio de Dios con nosotros, el Emmanuel, para sobrepasar todos estos caminos para descansar en la esperanza de una tierra nueva y un cielo nuevo, como nos lo anuncia la lectura del Libro del Apocalipsis.

No es menor que nosotros como hombres y mujeres, que viven y se alimentan de la Palabra de Dios se nos llenen de lágrimas los ojos al momento de una palabra de consuelo, como es la Palabra dada por Dios, sino que es un momento de alegría, un oasis para el alma, un bálsamo para el camino de la vida. En aquel versículo de Nehemías se encierra la esperanza del encuentro con quien es la palabra de Dios, Jesucristo, y es en él en que cobra sentido toda la lectura que harán nuestros hermanos durante este tiempo.
Escrito por: Cristian Ahumada - 20:09

domingo, 5 de octubre de 2008

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Sínodo Sobre La Palabra de Dios En La Vida De La Iglesia

Ya en varias páginas de Internet se han hecho comentarios acerca del Sínodo de Obispos sobre la Palabra de Dios en la Vida de La Iglesia, es un hecho que la convocatoria realizada hace dos años por Benedicto XVI va a ser un acontecimiento de actualización sobre la realidad que vivimos millones de cristianos que se dejan iluminar por la Palabra de Dios.

Por varios enlaces se ha hecho hincapié sobre la participación ecuménica e interreligiosa, también sobre la participación femenina en este sínodo, pero pocos han ido a preguntarse del porqué de un Sínodo sobre la Palabra de Dios en la Vida de la Iglesia. Si bien es cierto el tema de la hermenéutica bíblica, su interpretación y los estudios que se han hecho (especialmente "el estudio de las formas" y el análisis "histórico crítico"), contribuyeron a una mejor comprensión y actualización de las Sacradas Escrituras, hoy en día también hace falta renovar el Espíritu que nos motiva a vivir conforme a la voluntad de Dios.

Aquí les dejo la introducción del texto de trabajo del Sínodo.

Porqué un Sínodo sobre la Palabra de Dios



«Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, —pues la Vida se manifestó y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó— lo que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo» (1 Jn 1,1-4).

1. «En el principio existía la Palabra» (Jn 1,1). «La palabra de nuestro Dios permanece para siempre» (Is 40, 8). La Palabra de Dios abre la historia con la creación del mundo y del hombre: «Dijo Dios»(Gn 1, 3.6 ss.), proclama el centro de esa misma historia con la encarnación del Hijo, Jesucristo: «Y la Palabra se hizo carne» (Jn 1, 14), y la concluye con la promesa segura del encuentro con Él en una vida sin fin: «Sí, vengo pronto» (Ap 22, 20).

Es la suprema certeza que Dios mismo, en su infinito amor, quiere dar al hombre de todo tiempo, haciendo de su pueblo un testigo de ello. Es este misterio grande de la Palabra como supremo don de Dios que el Sínodo desea adorar, agradecer, meditar, anunciar a la Iglesia y a todos los pueblos.

2. El hombre contemporáneo muestra de tantas maneras tener una gran necesidad de escuchar a Dios y de hablar con Él. Hoy entre los cristianos se advierte un apasionado camino hacia la Palabra de Dios como fuente de vida y gracia de encuentro del hombre con el Señor.

No sorprende, por lo tanto, que a tal apertura del hombre responda Dios invisible, que Amovido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía».[1] Esta generosa revelación de Dios es un evento continuo de gracia.

Reconocemos en todo esto la acción del Espíritu Santo, que a través de la Palabra desea renovar la vida y la misión de la Iglesia, llamándola a una continua conversión y enviándola a llevar el anuncio del Evangelio a todos los hombres, Apara que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10).

3. La Palabra de Dios tiene su centro en la persona del Cristo Señor. Del misterio de la Palabra la Iglesia ha hecho una constante experiencia y reflexión a lo largo de los siglos. «Qué creéis que es la Escritura sino la palabra de Dios? Cierto, son muchas las palabras escritas por la pluma de los profetas; pero único es el Verbo de Dios, que sintetiza toda la Escritura. Este Verbo único, los fieles lo han concebido come semilla de Dios, su legítimo esposo, y, generándolo con boca fecunda, lo han confiado a los signos —las letras— para hacerlo llegar hasta nosotros».[2]

El Concilio Vaticano II, con la Constitución dogmática sobre la Divina Revelación Dei Verbum, compendia el Magisterio solemne de la Iglesia sobre la Palabra de Dios, exponiendo su doctrina e indicando su puesta en práctica. Ella, en efecto, lleva a cumplimiento un largo camino de maduración y de profundización, marcado por las tres Encíclicas Providentissimus Deus de León XIII, Spiritus Paraclitus de Benedicto XV, Divino Afflante Spiritu de Pío XII;[3] camino, incrementado por una exégesis y por una teología renovada, enriquecido por la experiencia espiritual de los fieles y oportunamente citado en el Sínodo de los Obispos del 1985[4] y en el Catecismo de la Iglesia Católica. Después del Concilio, el Magisterio de la Iglesia universal y local ha promovido con insistencia el encuentro con la Palabra, en la convicción que ésta «producirá en la Iglesia una nueva primavera espiritual».[5]

La Asamblea Sinodal se ubica, por lo tanto, dentro del gran respiro de la Palabra que Dios dirige a su pueblo, en estrecha relación con los precedentes Sínodos de los Obispos (1965-2006), en cuanto alude al fundamento mismo de la fe e intenta actualizar en nuestro tiempo los grandes testimonios de encuentro con la Palabra que encontramos en el mundo bíblico (cf. Jos 24; Ne 8; At 2) y a lo largo de la historia de la Iglesia.

4. Más específicamente, este Sínodo, en continuidad con el precedente, desea iluminar el intrínseco nexo entre la Eucaristía y la Palabra de Dios, puesto que la Iglesia debe nutrirse del único «Pan de vida que ofrece la mesa de la palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo».[6] Es éste el motivo profundo y al mismo tiempo el fin primario del Sínodo: encontrar plenamente la Palabra de Dios en Jesucristo, presente en la Escritura y en la Eucaristía. Afirma San Jerónimo: «La carne del Señor es verdadero alimento y su sangre verdadera bebida; es éste el verdadero bien que nos es reservado en la vida presente, nutrirse de su carne y beber su sangre, no solo en la Eucaristía, sino también en la lectura de la Sagrada Escritura. En efecto, la palabra de Dios, que se alcanza con el conocimiento de las Escrituras, es verdadero alimento y verdadera bebida».[7]

Pero antes de proceder, es oportuno preguntarse, a distancia de más de 40 años del Vaticano II, qué frutos ha dado el documento conciliar Dei Verbum en nuestras comunidades, cuál ha sido su real recepción. Indudablemente, en relación a la Palabra de Dios, han sido alcanzados muchos resultados positivos en el pueblo de Dios, como la renovación bíblica en ámbito litúrgico, teológico y catequístico, la difusión y práctica del Libro Sagrado a través del apostolado bíblico y del dinamismo de las comunidades y movimientos eclesiales, la disponibilidad creciente de instrumentos y subsidios de la comunicación actual. Sin embargo, otros aspectos permanecen todavía abiertos y problemáticos. Graves aparecen los fenómenos de ignorancia e incertidumbre sobre la misma doctrina de la Revelación y de la Palabra de Dios; es notable el alejamiento de muchos cristianos de la Biblia y persiste el riesgo de un uso incorrecto de la misma; sin la verdad de la Palabra se hace insidioso el relativismo de pensamiento y de vida. Se ha hecho urgente la necesidad de conocer integralmente la fe de la Iglesia en la Palabra de Dios, de ampliar, con métodos adecuados, el encuentro con la Sagrada Escritura de parte de todos los cristianos y, al mismo tiempo, de abrirse a nuevos caminos que el Espíritu sugiere hoy, para que la Palabra de Dios, en sus diversas manifestaciones, sea conocida, escuchada, amada, profundizada y vivida en la Iglesia, y así se transforme en Palabra de verdad y de amor para todos los hombres.

5. El objetivo de este Sínodo es eminentemente pastoral: profundizando las razones doctrinales y dejándose iluminar por ellas, se desea extender y reforzar la práctica del encuentro con la Palabra como fuente de vida en los diversos ámbitos de la experiencia, proponiendo para ello a los cristianos y a cada persona de buena voluntad, caminos justos y cómodos para poder escuchar a Dios y hablar con El.

Concretamente, el Sínodo se propone, entre sus finalidades, contribuir a iluminar aquellos aspectos fundamentales de la verdad sobre la Revelación, como son la Palabra de Dios, la Tradición, la Biblia, el Magisterio, que impulsan y garantizan un válido y eficaz camino de fe; encender la estima y el amor profundo por la Sagrada Escritura, haciendo que los fieles tengan «fácil acceso» [8] a ella; renovar la escucha de la Palabra de Dios, en el momento litúrgico y catequístico, especialmente con el ejercicio de la Lectio Divina, debidamente adaptada a las diversas circunstancias; ofrecer al mundo de los pobres una Palabra de consuelo y esperanza.

Este Sínodo, por lo tanto, quiere dar al pueblo de Dios una Palabra que sea pan; por ello se propone promover un correcto ejercicio hermenéutico de la Escritura, orientando bien el necesario proceso de evangelización y de inculturación; desea alentar el diálogo ecuménico, estrechamente vinculado a la escucha de la Palabra de Dios; quiere favorecer la confrontación y el diálogo judío-cristiano,[9] más ampliamente el diálogo interreligioso e intercultural. El Sínodo intenta realizar estos y otros objetivos, siguiendo tres pasos:

— la Revelación, la Palabra de Dios, la Iglesia (capítulo I),
— la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia (capítulo II),
— la Palabra de Dios en la misión de la Iglesia (capítulo III).

Esto permitirá unir simultáneamente el momento fundacional y el momento operativo de la Palabra de Dios en la Iglesia.

Estos Lineamenta no tienen, por lo tanto, la intensión de expresar todas los motivaciones y las aplicaciones del encuentro con la Palabra de Dios, mas, a la luz del Vaticano II, indicar aquellas esenciales, subrayando al mismo tiempo el dato doctrinal y la experiencia in acto, invitando a aportar ulteriores y específicas contribuciones.

Escrito por: Cristian Ahumada - 19:09
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La Iglesia al Servicio de la Familia

En Chile iniciamos la Semana de la Familia, y no hay nada mejor que recordar las Palabras de Juan Pablo II acerca de la misión de la Iglesia que está al servicio de la misma.

LA FAMILIA, en los tiempos modernos, ha sufrido quizá como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura. Muchas familias viven esta situación permaneciendo fieles a los valores que constituyen el fundamento de la institución familiar. Otras se sienten inciertas y desanimadas de cara a su cometido, e incluso en estado de duda o de ignorancia respecto al significado último y a la verdad de la vida conyugal y familiar. Otras, en fin, a causa de diferentes situaciones de injusticia se ven impedidas para realizar sus derechos fundamentales.

La Iglesia, consciente de que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad, quiere hacer sentir su voz y ofrecer su ayuda a todo aquel que, conociendo ya el valor del matrimonio y de la familia, trata de vivirlo fielmente; a todo aquel que, en medio de la incertidumbre o de la ansiedad, busca la verdad y a todo aquel que se ve injustamente impedido para vivir con libertad el propio proyecto familiar. Sosteniendo a los primeros, iluminando a los segundos y ayudando a los demás, la Iglesia ofrece su servicio a todo hombre preocupado por los destinos del matrimonio y de la familia.

La Iglesia, iluminada por la fe, que le da a conocer toda la verdad acerca del bien precioso del matrimonio y de la familia y acerca de sus significados más profundos, siente una vez más el deber de anunciar el Evangelio, esto es, la «buena nueva», a todos indistintamente, en particular a aquellos que son llamados al matrimonio y se preparan para él, a todos los esposos y padres del mundo.

Está íntimamente convencida de que sólo con la aceptación del Evangelio se realiza de manera plena toda esperanza puesta legítimamente en el matrimonio y en la familia.

Queridos por Dios con la misma creación, matrimonio y familia están internamente ordenados a realizarse en Cristo y tienen necesidad de su gracia para ser curados de las heridas del pecado y ser devueltos «a su principio», es decir, al conocimiento pleno y a la realización integral del designio de Dios.

En un momento histórico en que la familia es objeto de muchas fuerzas que tratan de destruirla o deformarla, la Iglesia, consciente de que el bien de la sociedad y de sí misma está profundamente vinculado al bien de la familia, siente de manera más viva y acuciante su misión de proclamar a todos el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia, asegurando su plena vitalidad, así como su promoción humana y cristiana, contribuyendo de este modo a la renovación de la sociedad y del mismo Pueblo de Dios.

(Familiaris Consortio, 1981)

Tan antigua, y tan actual.

Escrito por: Cristian Ahumada - 16:38

sábado, 4 de octubre de 2008

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El desafío de la equidad en un mundo globalizado

Monseñor Renato Martino es presidente del Pontificio Consejo "Justicia y Paz", y ha estado de visita en Chile, y ha dejado un discurso que, para consejo de varios, es una magistral clase para la vida en un mundo cada vez más globalizado, en que la equidad es un concepto valorado en todos los discursos habidos y por haber, pero poco buscado, especialmente a la hora de las prácticas políticas, especialmente en el ejercicio de la autoridad, de la verdad, y fundamentalmente, de la caridad.

A continuación la conferencia realizada en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

La cuestión de la equidad en nuestro mundo globalizado es una cuestión de vital importancia, porque vemos que al interno de las naciones y entre los pueblos, las interdependencias crecientes provocadas por la globalización en curso, en muchos casos no han contribuido a ella, más bien han producido inequidad; viejas y nuevas pobrezas siguen asediando y afligiendo a los hombres y a los pueblos. Sería necesario presentar aquí un tratado sobre la globalización, sus causas y sus consecuencias, pero creo que la mayor parte de los que estamos aquí tenemos un concepto -más o menos claro de lo que ésta represente -. Al relacionarla con la cuestión de equidad, pienso que no me equivoco si afirmo que -tanto a nivel local, nacional y mundial- las situaciones de exclusión y marginalización, tienen mucho que ver con la política, con lo que hace o deja de hacer, es por ello que deseo concentrar mi reflexión proponiendo algunos puntos concretos sobre el argumento. Muchos de ellos son fruto de un importante Seminario Internacional, organizado en junio pasado por el Pontificio Consejo «Justicia y Paz» que presido.

Quiero iniciar afirmando, con las palabras de Pablo VI, que la política es para los cristianos una forma exigente de la caridad. Esta afirmación me parece de suma importancia, puesto que se ha difundido -y pienso que no me equivoco si digo que en todos los países- entre la opinión pública, una actitud de antipolítica y, entre muchos observadores, la percepción convencida de la profunda crisis que la sacude, fruto de una compleja serie de factores.

La Iglesia no puede desinteresarse de esta crisis y afronta la cuestión, dejándose guiar por su doctrina social. La Iglesia no hace política, pero posee una doctrina iluminadora sobre la política, capaz de desatar algunos de los intricados nudos que le impiden ejercer su auténtica función, es decir de proporcionar a la convivencia humana una arquitectura marcada por el bien común.

Se trata también, en cierta manera, de una doctrina sorprendente, sobre todo por el marco refinado en el que se inscribe el tema de la política y de la comunidad política. Leyendo la Gaudium et spes, en efecto, quedamos inmediatamente sorprendidos por un hecho: la comunidad política no se trata por separado, en sí misma, sino dentro del designo de Dios sobre la humanidad y dentro de la relación entre la Iglesia y el mundo. La doctrina social parece sugerirnos que sólo bajo esta luz es posible darse cuenta plenamente de que cosa es la comunidad política y de la vocación de cada cristiano y de las comunidades cristianas con respecto a ella. No se puede comprender el sentido y el fin de la comunidad política si no se considera el amor de Dios por el hombre, la «única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo» (Gaudium et spes, 24). Esto provoca que el hombre emerja por encima de las estructuras: él asume tal dignidad que «el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social» (Gaudium et spes, 25). Así, la primera contribución que la Iglesia ofrece a la comunidad política es de tipo religioso y conforme a la misión que le es propia: conservar y promover en la conciencia común el sentido de la «trascendente dignidad de la persona humana, anunciando la buena nueva del amor de Dios por el hombre, de lo positivo del orden de la creación -incluso gravado por el pecado-, de la grandeza de la encarnación y del sacrificio extremo sobre la Cruz. En el mensaje de Cristo, la comunidad de los hombres puede encontrar la fuerza para saber amar al prójimo «como a sí mismo», para combatir «todo lo que atenta contra la vida», para admitir la «igualdad fundamental entre los hombres», para luchar contra «toda forma de discriminación», para superar «una ética puramente individualista». «La criatura -afirma la Gaudium et spes- sin el Creador desaparece» (n. 36).

La primera contribución de la Iglesia a la convivencia social y política es anunciar, celebrar y testimoniar estas verdades y, de esta manera, imprimir en los corazones el amor por el hombre, es decir, la caridad. No es ciertamente una misión de orden social y político, pero indudablemente de enormes influjos en el ámbito político.

En diversas partes del mundo, prácticamente en todos los países que se definen democráticos, se nota hoy una notable discusión sobre la laicidad. Ésta, con frecuencia, viene entendida como exclusión de la religión de la vida pública. Tal concepción de laicidad tiende a considerar la religión como un hecho meramente privado que con frecuencia repercute también dentro de las comunidades cristianas, acentuando la separación entre la fe y la vida, tolerando un excesivo pluralismo de opciones. Este problema tiene así dos aspectos: la perspectiva del régimen político y la perspectiva de la Iglesia. Según mi punto de vista, un régimen político auténticamente laico acepta, tanto que el cristiano actúe como cristiano en la sociedad sin camuflarse ni ocultarse, como que la Iglesia manifieste sus propias valoraciones acerca de las grandes cuestiones éticas en juego. Esto está en el interés de la política misma, ya que si ésta pretende vivir como si Dios no existiera, al final se vuelve estéril y pierde la conciencia misma de la intangibilidad de la dignidad humana. Desde la perspectiva de la Iglesia, una separación semejante del propio rol público es absolutamente impensable, ya que vendría a menos el criterio de la encarnación y de la unidad entre la fe y la vida, entre la salvación eterna y el compromiso aquí y ahora por el bien del prójimo. Por esto el catolicismo nunca podrá renunciar a un rol público de la fe religiosa y de las comunidades cristianas, pero distinguiendo lo que los fieles actúan en nombre propio y lo que cumplen en nombre de la Iglesia en comunión con sus pastores (cf. Gaudium et spes, 36).

Otro punto candente de la discusión es el que se refiere al pluralismo democrático y a los valores indisponibles, temáticas estrechamente vinculadas con la promoción de los derechos humanos. La Iglesia está fuertemente comprometida en el frente de la promoción de los derechos del hombre, pero pide también que estos derechos sean precisados dentro de un orden moral, respetuoso de la verdad. Los derechos individual y egoístamente reivindicados, fuera de un marco de verdad, de solidaridad y de responsabilidad, corroen la misma democracia e introducen elementos de fragmentación y de contraposición. La democracia verdaderamente útil para la maduración de una comunidad humana (sea a nivel local, pero sobre todo global) es, por lo tanto, la que se entiende no sólo como libertad política y electoral, no sólo como paridad en el debate público, sino también y sobre todo como tutela y desarrollo de la persona. Pero pienso que es precisamente en este punto que emerge el problema más espinoso hoy. ¿«Cuál» persona? O mejor dicho: ¿Cuál concepción de persona? Yo doy una respuesta muy precisa: la concepción de persona que resulte más «inclusiva». Todos concordamos en el hecho de que hoy existen, en el panorama cultural, filosófico y religioso, varias visiones de la persona. Pero entre éstas es posible establecer una jerarquía, utilizando el criterio de la inclusión: si una visión de persona responde a las exigencias de las otras y todavía más que las otras, ésta es mayormente inclusiva. Por consecuencia es más realista, en cuanto que refleja mejor los aspectos de la realidad que las otras descuidan. Es mayormente universal, es decir, está en grado de satisfacer mejor las exigencias de una comunidad humana universal. Pongamos un ejemplo para clarificar mejor este criterio. El choque entre mundo católico y mundo laico acerca de la procreación asistida pone en evidencia dos visiones de la persona considerada en relación con su libertad. La primera sostiene que la libertad de conciencia y de investigación se fundan sobre algo distinto de sí mimas: la dignidad de la persona humana, que es su fundamento y, por lo tanto, también su límite. La segunda, por el contrario, sostiene que libertad de conciencia y de investigación tengan una dignidad en sí mismas, que sean éstas a dar fundamento a la dignidad de la persona humana, de manera que toda limitación que se les imponga es una herida inflingida al hombre. Como es evidente, la primera tesis es más inclusiva que la segunda, en cuanto que le reconoce dignidad humana también a quien no tiene conciencia explícita, mientras que la segunda limita la libertad a la sola presencia de la conciencia.

El criterio de inclusión que hemos propuesto se inspira directamente en la concepción cristiana de la persona, una visión que se contra distingue por la incondicionalidad, por la absolutidad que le deriva de ser imago Dei y que impiden reducirla de "alguien" a "algo", de considerarla un medio y no fin, de concebirla en su apertura horizontal y vertical, en su capacidad de relación con Dios y con los demás en la verdad y en el bien. Una democracia auténtica tiene necesidad de esta alma, para que pueda mantenerse libre de la tentación de considerarse sólo como un procedimiento que cuenta las "manos alzadas", cosa que por sí sola le impediría distinguir la justicia de la injusticia.

Otra afirmación que nos conduce al corazón del mensaje social cristiano, es decir, a la caridad, es la que encontramos en el Compendio: «El significado profundo de la convivencia civil y política no surge inmediatamente del elenco de los derechos y deberes de la persona. Esta convivencia adquiere todo su significado si está basada en la amistad civil y en la fraternidad» (n. 390). A esta amistad civil y fraternidad natural, la fe cristiana y el testimonio del cristiano añaden la caritas cristiana, como virtud teologal y don de Dios a la humanidad. La virtud de la caridad tiene enormes consecuencias sociales y es la única verdaderamente capaz de mantener fraternamente unidos a los hombres, de impulsarlos al sacrifico por el bien común y de sostenerlos en el compromiso a pesar de las dificultades que puedan encontrar.

Todo esto nos lleva a afirmar, de frente a las posiciones -hoy minoritarias- que afirman que la política es todo, y de frente a las posturas -hoy mayoritarias- que consideran a la política como algo de lo que hay que mantenerse alejados, la Iglesia, con su doctrina social indica que la política permanece un espacio esencial y un instrumento fundamental para construir una sociedad digna del hombre. Si permanece todavía actual el rechazo cristiano de toda forma de totalitarismo y de mesianismo políticos que asignan a la política la solución de todos los problemas humanos, es decir, el rechazo de que la política es todo, se vuelve todavía más actual y hasta urgente el rechazo cristiano de las actitudes demasiado difundidas hoy en el ethos colectivo de desprecio de la política, identificada como el ámbito donde florecen el cinismo, la corrupción y el poder demoníaco.

El cristiano está llamado más bien a dar a la política un estatuto auténticamente humano, liberándola constantemente de ilusiones mesiánicas y recuperando su rol fundamental, rescatándola de las desilusiones que la circundan y acechan. La política permanece una cuestión seria para un cristiano: él la mira para enriquecer su función con el formidable complejo de principios y valores propuestos por la doctrina social de la Iglesia.

En la tarea de los cristianos de purificar y enriquecer la "razón política" se debe buscar consolidar la conciencia de que la doctrina social es un "instrumento estratégico" fundamental en el compromiso de los cristiano y en el acercamiento cristiano a la política. Esta doctrina vincula la política con la caridad, dentro de un entramado de conexiones -teológicas, espirituales, éticas y culturales- de una extraordinaria y estimulante actualidad. Del valor y de la importancia de la doctrina social debemos ser divulgadores y testigos cada vez más convencidos. Difundir la doctrina social es verdaderamente una de las grandes prioridades pastorales de nuestras Iglesias, llamadas a evangelizar también la política, a iluminar con la luz del Evangelio todo aquello que, de una manera u otra, tiene que ver con la política.

Esta doctrina tiene palabras simples, esenciales, pero fundamentales para dar nuevos impulsos y esperanzas a la política, he aquí algunas de ellas:
• una política que ponga a la persona humana siempre al centro, siempre en el respeto de sus derechos fundamentales, sobre todo del derecho a la vida;
• una política como servicio al bien común;
• una política inspirada por un humanismo integral y solidario;
• una política que valora subsidiariamente los cuerpos intermedios, sobre todo la familia fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer;
• una política enriquecida por los valores de la verdad, de la justicia, de la libertad y de la caridad:
• una política capaz de regular con justicia y equidad las relaciones económicas, sobre todo el mercado, con una opción preferencial por los pobres;
• una política capaz de dar una dirección humanística a la técnica;
• una política que se detiene cuando encuentra valores que no dependen de ella y le son indisponibles;
• una política que no manda en exilio al Trascendente porque sabe que una sociedad sin Dios corre el peligro de volverse una sociedad contra el hombre;
• una política de paz y para la paz.

Todos somos conscientes de los grandes desafíos que en cada uno de los países y en nuestro mundo globalizado enfrenta hoy la política. Yo pienso que podemos hablar principalmente de dos: la cuestión de la verdad y la cuestión de la autoridad. La quaestio de Veritate y la quaestio de Auctoritate son ignoradas, lamentablemente desde hace mucho tiempo, por la reflexión teórica de la comunidad política, no sin daño. Una es considerada demasiado implicada con una época de empeño metafísico y la otra poco apta para una sociedad toda interesada en aumentar las chances de vida. Ambas cuestiones saben a pasado y quien las volviera a proponer sería considerado alguien fuera de moda.

La cuestión de la verdad se volverá cada vez más relevante en el futuro, también próximo, a causa de la dramática demanda de sentido que la técnica nos está solicitando a todos. La cuestión de la técnica hoy se extiende a tres dimensiones, según sea considerada:

- en el ámbito político, donde se corre el riesgo de la tecnocracia;
- en el ámbito de la manipulación de la vida, allí donde se confía ciegamente en las biotecnologías;
- o bien en el ámbito de las comunicaciones, remodelado y alterado por la tecnología informática.

Del desarrollo justo o equivocado de estos tres ámbitos dependerá en gran medida el futuro de la humanidad. Ahora bien, precisamente a propósito de la «techne» emerge con fuerza el problema de la verdad, ya que sin referencia a ella, la democracia se transforma en una mera técnica procesal, la biotecnología en «fabricación» de la vida y del hombre, y la tecnología informática en producción de mundos virtuales. Todo esto abre las puertas a formas inéditas de dominio y explotación del hombre sobre el hombre.

La cuestión de la autoridad se irá imponiendo como decisiva en el futuro próximo a causa de las exigencias cada vez más urgentes de gobierno y de quía que nacen del contexto de fragmentación originado por el aumento de las libertades. Ciertamente la autoridad deberá ser pensada y articulada en manera nueva, más horizontal y flexible y en una mayor coherencia con el principio de subsidiaridad: todo lo cual requiere una capacidad del todo nueva para afrontar la creciente complejidad de situaciones. La cuestión de la verdad, como instancia que garantiza la «coexistencia membrorum», inevitablemente se pondrá por delante si se quiere vencer las dinámicas centrífugas de la sociedad de hoy y desarrollar en su lugar dinámicas unificadoras y solidarias. El problema que la política tiene frente a sí es el sanar la discrasia existente, por una parte, entre posibilidades técnicas y conciencia ética, y, por la otra, entre objetivos comunes y egoísmos disgregantes.

Finalmente quisiera subrayar que ante tales exigencias es urgente un compromiso más generoso de nuestras Iglesias en el plano educativo y formativo en el compromiso social y político. La Iglesia no hace política; la Iglesia no forma para la política; la Iglesia, sin embargo, debe formar y educar las conciencias en el compromiso social y político, conociendo, profundizando y aplicando cada vez más su doctrina social. Este es el mejor servicio que la Iglesia puede ofrecer para volver a dar empuje y solidez a la política. Es importante para ello valorar toda una serie de instrumentos ya experimentados que pueden contribuir eficazmente al cumplimiento de esta tarea formativa y educativa y, de acuerdo a las exigencias concretas de cada sociedad, implementar otros. Entre los instrumentos que se tienen ya en muchos países se encuentran las Semanas Sociales, las escuelas de formación en el compromiso social y político, Institutos de doctrina social. Las Universidades católicas están llamadas también a realizar su parte en esta tarea, superando una cierta reticencia a utilizar la doctrina social de la Iglesia. La Iglesia se interesa de la política no para afirmar sus intereses, sino porque quiere enriquecerla de valores para el bien del hombre. Y el cristiano que se compromete en política puede encontrar en ella también el camino para su santificación. Mi predecesor, el venerable Siervo de Dios, Cardenal Van Thuan propuso en una ocasión un breve, pero estimulante texto en el que compendió las bienaventuranzas del político, que en diversas ocasiones he repetido de manera resumida, y que hoy quiero proponer cada una de ellas comentada por el mismo Cardenal de quien hace un año se inició su causa de beatificación. Estas bienaventuranzas permanecen de gran actualidad y autoridad, puesto que son expresión de la verdad y sabiduría evangélicas, y podrían sintetizar el programa de un auténtico cristiano que hoy ha comprendido la política como una forma exigente de la caridad, pero también para todos los hombres y mujeres de buena voluntad que en la política quieren hacer de ella una actividad noble:

«Bienaventurado el político que tiene un elevado conocimiento y una profunda conciencia de su papel. El Concilio Vaticano II definió la política "arte noble y difícil" (Gaudium et spes, 73). A más de treinta años de distancia (a más de cuarenta, diríamos hoy) y en pleno fenómeno de globalización, tal afirmación encuentra confirmación al considerar que, a la debilidad y a la fragilidad de los mecanismos económicos de dimensiones planetarias se puede responder sólo con la fuerza de la política, esto es, con una arquitectura política global que sea fuerte y esté fundada en valores globalmente compartidos.

Bienaventurado el político cuya persona refleja la credibilidad. En nuestros días, los escándalos en el mundo de la política...se multiplican haciendo perder credibilidad a sus protagonistas. Para cambiar esta situación, es necesaria una respuesta fuerte, una respuesta que implique reforma y purificación a fin de rehabilitar la figura del político.

Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés. Para vivir esta bienaventuranza, que el político mire su conciencia y se pregunte: ¿estoy trabajando para el pueblo o para mí? ¿Estoy trabajando por la patria, por la cultura? ¿Estoy trabajando para honrar la moralidad? ¿Estoy trabajando por la humanidad?

Bienaventurado el político que se mantiene fielmente coherente, con una coherencia constante entre su fe y su vida de persona comprometida en política; con una coherencia firme entre sus palabras y sus acciones; con una coherencia que honra y respeta las promesas electorales.

Bienaventurado el político que realiza la unidad y, haciendo a Jesús punto de apoyo de aquélla, la defiende. Ello, porque la división es autodestrucción. Se dice en Francia: "los católicos franceses jamás se han puesto en pie a la vez, más que en el momento del Evangelio". ¡Me parece que este refrán se puede aplicar también a los católicos de otros países!

Bienaventurado el político que está comprometido en la realización de un cambio radical, y lo hace luchando contra la perversión intelectual; lo hace sin llamar bueno a lo que es malo; no relega la religión a lo privado; establece las prioridades de sus elecciones basándose en su fe; tiene una charta magna: el Evangelio.

Bienaventurado el político que sabe escuchar, que sabe escuchar al pueblo, antes, durante y después de las elecciones; que sabe escuchar la propia conciencia; que sabe escuchar a Dios en la oración. Su actividad brindará certeza, seguridad y eficacia.

Bienaventurado el político que no tiene miedo. Que no tiene miedo, ante todo, de la verdad: "¡la verdad -dice Juan Pablo II- no necesita de votos!". Es de sí mismo, más bien, de quien deberá tener miedo. El vigésimo presidente de los Estados Unidos, James Garfield, solía decir: "Garfield tiene miedo de Garfield". Que no tema, el político, los medios de comunicación. ¡En el momento del juicio él tendrá que responder a Dios, no a los medios!» (François-Xavier Card. Nguyên Van Thuân).

Escrito por: Cristian Ahumada - 19:38