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Sensus Fidelium

Una fe que no se piensa, es una fe muerta

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domingo, 30 de julio de 2006

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La Doctrina de la Justificación

Durante estas semanas ocurrió la noticia sobre la adhesión de la Iglesia Metodista a la doctrina Luterano-Católica sobre la justificación. Acontecimiento que me alegra mucho, pero que para varias personas hoy en día no reviste de mayor importancia. Es por ello que quiero escribir brevemente sobre la doctrina de la justificación.


La doctrina de la justificación tiene que ver con lo siguiente: la salvación del hombre, que conlleva a las siguientes preguntas ¿cómo se realiza y actúa la salvación de Cristo en el hombre? ¿Qué me garantiza la salvación? y en el fondo de todo esto ¿qué es la salvación y cómo me salvo?


Martín LuteroCuando Martín Lutero, monje agustino, comenzó con su reforma, tenía bien claro que la salvación del hombre no se ganaba pagando indulgencias y que terceras personas se lucraran de las penitencias que se hacían a otros. La angustia que pesaba sobre él era saber cómo podía el hombre ser justificado por Dios, ya que nada ni nadie podía garantizar que su alma fuera salvada por los simples actos de caridad o penitencia, pues son actos imperfectos hechos por criaturas pecadoras, que no pueden reparar por sí solas el daño hecho al que es infinitamente bueno, bello y verdadero.


Por ello es que Lutero encuentra en la Carta a los Romanos 1,17 "Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: MAS EL JUSTO POR LA FE VIVIRA." (Trad. de la Biblia de las Américas)


Pero Lutero a esta frase final le añade un adjetivo, quedando "mas es justo por la sola fe vivirá." Establece así las bases para la reforma del cristianismo, quiere volver a la fuente de la Justificación:




  • La sola fe: que deja de lado las obras para salvarse, puesto que la salvación, viene dada por la justificación que hizo Jesucristo en la Cruz. El hombre un ser injusto que no merece la salvación, pero por la fe en el hijo de Dios, ahora se salva únicamente por creer.




  • La sola Gracia: esta afirmación deja de lado los méritos como un medio de salvación. Toda obra buena que uno realice no mejora ni empeora el camino que Dios tiene preparado para nosotros. Por tanto el hombre debe estar dispuesto a ser salvado por Dios.




  • La sola Escritura: esta frase quita de los fieles el peso de la tradición apostólica y la tradición de la Iglesia, cada uno es por la gracia que Dios infunde en nuestros corazones, capaz de interpretar la palabra de Dios, y no es necesario que otros vengan a decir qué es lo que debo o no debo aprender de la palabra de Dios.




El mundo católico no es ajeno a estas afirmaciones, y hoy en día las tesis de Lutero son vistas y estudiadas, pero siempre teniendo en cuenta el horizonte siguiente: la fe va acompañada de obras, que por los méritos de Cristo su gracia actúa en mí para yo seguir realizando lo que Cristo realizó en su vida; y que la Escritura con la Tradición constituyen una única fuente de revelación.


El punto central del tema de la justificación es el siguiente: La visión de hombre que cada confesión tiene. Por una parte la visión protestante es más pesimista que la visión católica de la relación de Dios con el hombre; para Lutero la relación del hombre se vio destruida, y no cabía solución alguna que la justificación por el Hijo, que nos muestra la salvación, pero que por modo alguno el ser humano podría haber intuído. Para el pensamiento católico la relación del hombre con Dios se vio deformada por el pecado, pero ello no quita que el hombre busque el bien, la verdad y la belleza del mundo. Claro, la justificación por el hijo nos lleva a buscar con más claridad la gracia y el amor de Dios.


Para quienes quieran leer la declaración que es de 1998, pueden leerla aquí.


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Escrito por: Cristian Ahumada - 09:59

viernes, 28 de julio de 2006

¿Por qué tanto énfasis este año en el Código Da Vinci y el Evangelio de Judas?

Tiempo de vacaciones, pero no he dejado de reflexionar sobre nuestra fe, y especialmente en los "hitos" mediáticos relacionados con la religión, específicamente con la figura de Jesucristo.


Qué relación se establece entre un fenómeno cinematográfico, y un documental "serio". Después de todo, ambos se presentaban como hechos científicos que "cambiarían" los cimientos de la fe cristiana (apuntando más hacia la fe católica). ¿Cuál es ese cimiento? La divinidad de Jesucristo.


El Código Da VinciSi empezamos viendo el argumento de "El Código Da Vinci", la principal meta era desenmascarar a aquellos que durante años han ocultado una verdad que era común a todos antes de Constantino: Jesucristo era un hombre más, y no el Hijo de Dios. El Evangelio de Judas, en cambio buscaba desenmascarar a aquellos que ocultaron las verdaderas enseñanza de Jesús, como un maestro gnóstico más, y en que Judas era su más aventajado discípulo. Desenmascarando ambas ideas nos quedamos con lo siguiente: La Iglesia, durante esto siglos ha llevado a un hombre a una dimensión que no era la suya, no es Dios, sino que un hombre aventajado en la espiritualidad, tal como lo ha sido Buda, Mohamed, o cualquier otro "iluminado". Lo que es del mundo al mundo y lo que es de Dios a Dios.


Pues, en la fe cristiana, el hombre también está en la dimensión de la divinidad, es "capaz de Dios", desde el misterio de la encarnación, el ser humano entró en la dimensión divina, con su vida mostró el lado más humano de Dios, y en su muerte dolorosa manifestó la locura del amor salvador, para mostrarnos el destino final del ser humano junto a Dios, somos hijos (adoptivos) en el Hijo. Jesús inaugura el cielo, y nos lo enseña en el reino de su Padre. Todo lo plenamente humano se diviniza con Jesucristo, y todo lo plenamente divino se humaniza en Jesús.


EconomíaLa afirmación de "El Código Da Vinci" y del Evangelio de Judas, nos hurtan la dimensión divina del hombre, dejándolo en un simple ámbito inmanente, sin mirar más allá (su trascendencia). Si caemos, en una afirmación religiosa inmanente, Jesús visto como un profeta más, daría pie para que el ser humano dejara de verse como un ser digno, por tu trascendencia, y como consecuencia sería visto como material para experimentar con él, clonarlo, determinar su estilo y estado de vida, e incluso darle fin. Es más, podría dejarse de ocupar el nombre de cada uno, y que nos otorga la dignidad de ser únicos e irrpetibles, para poder utilizar un simple número. Un número en el que están interesados las empresas y las multinacionales, como objeto de consumo y de endeudamiento. Un número que es valorado en la votación para los partidos políticos, o para una encuesta.


Por ello es que hay que tener cierto cuidado con las afirmaciones que nosotros vamos viendo a lo largo de los anuncios mediáticos y de la cultura de la muerte que se ha ido extendiendo en este tiempo, habrá que saber discernir nuevamente el valor de lo humano, por sobre el valor de la eficiencia y de la eficacia económica, que se ha introyectado en el pensamiento occidental moderno.


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Escrito por: Cristian Ahumada - 17:36

domingo, 23 de julio de 2006

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Palabras de Benedicto XVI en la Jornada de oración y penitencia por la paz en Oriente Medio

Leyendo la revista ecclesia, me encontré con las Palabras del Papa Benedicto XVI, muy inspiradoras en momentos en que el corazón de la humanidad está dividido entre odios y enemistades.


Queridos hermanos y hermanas:


Ante todo, excelencia, muchas gracias por este saludo tan cordial, y gracias también a todos vosotros por esta acogida tan cálida y cordial. ¡Gracias!


Excelencia, usted ha mencionado que el jueves pasado, ante el agravamiento de la situación en Oriente Medio, convoqué para este domingo una Jornada especial de oración y de penitencia, invitando a los pastores, a los fieles y a todos los creyentes a implorar de Dios el don de la paz.


Renuevo con fuerza el llamamiento a las partes en conflicto para que adopten inmediatamente el alto el fuego y permitan el envío de ayudas humanitarias, y para que, con el apoyo de la comunidad internacional, se busquen caminos para comenzar las negociaciones.


Aprovecho la oportunidad para reafirmar el derecho de los libaneses a la integridad y a la soberanía de su país, el derecho de los israelíes a vivir en paz en su Estado, y el derecho de los palestinos a tener una Patria libre y soberana.


Me siento, además, particularmente cerca de las inermes poblaciones civiles, injustamente golpeadas en un conflicto en el que no son más que víctimas: tanto de las de Galilea, obligadas a vivir en los refugios; como de la gran multitud de los libaneses, que una vez más, ven destruido su país y han tenido que dejarlo todo y tratar de salvarse en otro lugar.


Elevo a Dios una dolorosa oración para que la aspiración a la paz de la gran mayoría de las poblaciones pueda realizarse cuanto antes, gracias al empeño común de los responsables. Renuevo también mi llamamiento a todas las organizaciones caritativas a que manifiesten concretamente esas poblaciones la solidaridad común.


Ayer celebramos la memoria litúrgica de santa María Magdalena, discípula del Señor, que en los Evangelios desempeña un lugar de primer orden. San Lucas la presenta entre las mujeres que habían seguido a Jesús después de haber «sido curadas de espíritus malignos y enfermedades», precisando que de ella «habían salido siete demonios» (Lucas 8, 2). Magdalena estará presente bajo la Cruz, junto con la Madre de Jesús y otras mujeres. Ella descubrirá, en la mañana del primer día después del sábado, el sepulcro vacío, junto al que permanecerá llorando hasta que no se le aparecerá Jesús resucitado (Cf. Juan 20, 11). La historia de María de Magdala recuerda a todos una verdad fundamental: discípulo de Cristo es quien, en la experiencia de la debilidad humana, ha tenido la humildad de pedirle ayuda, ha sido curado por él, y le ha seguido de cerca, convirtiéndose en testigo de la potencia de su amor misericordioso, que es más fuerte que el pecado y la muerte.


Hoy celebramos la fiesta de santa Brígida, una de las patronas de Europa, originaria de Suecia, que vivió en Roma y peregrinó a Tierra Santa. De este modo, nos invita a ayudar a la humanidad a encontrar un gran espacio de paz precisamente también en Tierra Santa.


Confío toda la humanidad a la potencia del amor divino, mientras invito a todos a rezar para que las queridas poblaciones de Oriente Medio sean capaces de abandonar el camino de enfrentamiento armado y de construir, con la audacia del diálogo, una paz justa y duradera. ¡Que María, Reina de la paz, rece por nosotros!



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Escrito por: Cristian Ahumada - 18:40

martes, 18 de julio de 2006

Educación, familia y pluralismo

De la Declarción de los Obispos de Chile sobre el tema de la Educación. Se encuentra en iglesia.cl



Educación, familia y pluralismo


El debate en torno a la educación chilena, como también el actual Proyecto de Ley enviado al Congreso, que propone una reforma constitucional al respecto, ha suscitado un gran interés en el país, y también en los Obispos de Chile. Apreciando además la urgencia de mejorar substancialmente la educación que reciben incontables alumnos de escasos recursos, y a la luz del vasto servicio educacional que la Iglesia ha prestado en nuestra patria desde sus orígenes, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile desea aportar las siguientes reflexiones.

1. La Educación como Bien Público

La educación es un bien público que debe ser valorado y cuidado por todos los ciudadanos. De la calidad de la educación depende la calidad de vida, la superación de la pobreza, el nivel cultural y la nobleza de las relaciones humanas de un pueblo. Por eso, la tarea de impartir la educación, que compete en primer lugar a la familia, necesita el apoyo de la sociedad. Ella presta un servicio masivo al bien común, al ponerse a disposición de todos los padres que están educando y de los ciudadanos que se forman. Lo hace, cuando reconoce las diversas iniciativas ministeriales, municipales y particulares y cuando ofrece una variedad de instituciones y personas a todas las familias y los alumnos que las necesitan. De este modo, cualquiera sea el sostenedor de las comunidades educativas, si ofrecen una educación valiosa, la labor que desarrollan ha de ser considerada siempre como un invaluable servicio público. En este contexto, la educación particular puede asumir un rol importante en el desarrollo de sistemas modernos de enseñanza-aprendizaje, a condición de que actúe en un marco transparente y responsable.

2. Educación y Persona

En el contexto de los amplios y profundos cambios sociales que caracterizan a nuestro tiempo, el fundamento antropológico de la propuesta educativa adquiere una urgencia cada vez más ineludible. En un mundo tan plural el concepto de persona y su dignidad ha de ser el punto de partida y de sustento ético de cualquier diálogo educativo. Por eso la educación y la escuela están llamadas a configurarse como educación y escuela de personas para el bien de personas. La persona de cada uno, en sus necesidades materiales, intelectuales, morales y espirituales, debe ser el centro de donde arranca y a donde llega la acción educativa. Creemos que la persona ocupa el centro de todo proyecto educativo y de la misión de cada escuela. Ella se define por su “racionalidad”, es decir por su carácter inteligente y libre, por su “emotividad”, ya que tiene un corazón capaz de sentir y empatizar, y por su “relacionalidad”, o sea por la interacción con los demás, que tiende a la reciprocidad, al servicio y a la solidaridad.

3. El Derecho a una Educación de calidad y el Rol del Estado

Con el Concilio Vaticano II, afirmamos que todos los hombres, de cualquier raza, condición y edad, por poseer la dignidad de persona, tienen el derecho inalienable a una educación que responda al propio fin, al propio carácter, al diferente sexo, que sea conforme a la cultura y a las tradiciones patrias. Y, al mismo tiempo, que esté abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos, para fomentar en la tierra la verdadera unidad y la paz. Por eso, el Estado ha de prever que a todos los ciudadanos sea posible el adecuado acceso a la cultura y una participación viva de sus valores, como asimismo la debida preparación para el cumplimiento de sus obligaciones y derechos civiles. El mismo Estado debe proteger el derecho de toda persona, y en especial de niños y niñas, a una educación escolar y superior rica en conocimientos y en valores. También, vigilar la aptitud de los maestros, velar por la eficacia de los estudios, mirar por la salud de los alumnos y por el bienestar de sus familias, y promover, en general, una educación equitativa y de calidad.

4. La Libertad de Enseñanza y el Rol del Estado

El amplio ejercicio del mencionado derecho a la educación, reclama a su vez, como condición para su auténtica realización, la plena libertad de que debe gozar toda persona, -y en el caso de niños y niñas, los padres de familia- para elegir la educación para sus hijos que consideren más conforme a los valores que ellos más estiman y que consideran indispensables. Por el hecho de haberles dado la vida, ellos asumieron la responsabilidad de ofrecer a sus hijos condiciones favorables para su crecimiento. Entre éstas, la grave obligación de educar a la prole. La sociedad ha de reconocerlos como los primeros y principales educadores de la misma. El deber de la educación familiar, como primera escuela de virtudes sociales, es de tanta trascendencia, que cuando falta, difícilmente puede suplirse. Con el Papa Benedicto XVI afirmamos que este principio nunca es transable. Y recordamos al respecto lo dicho por el Papa Juan Pablo II: “El derecho-deber educativo de los padres es esencial, original, primario, insustituible e inalienable”.

Este intransferible derecho, que implica una obligación y que expresa la libertad de la familia en el ámbito de la educación, por su significado y alcance, ha de ser decididamente garantizado por el Estado. Por esta razón, el poder público, al que compete la protección y la defensa de las libertades de los ciudadanos, atendiendo a la justicia distributiva, debe distribuir las ayudas públicas –que provienen de los impuestos de todos los ciudadanos- de tal manera, que la totalidad de los padres, al margen de su condición social, puedan escoger, según su conciencia, en medio de una pluralidad de proyectos educativos, las escuelas adecuadas para sus hijos.

Ese es el valor fundamental y la naturaleza jurídica que fundamenta la subvención escolar. Por lo tanto, a ningún sector educacional, ni siquiera al propio Estado, se le puede otorgar la facultad de concederse el privilegio y la exclusividad de la educación de los más pobres, sin menoscabar con ello importantes derechos. De este modo se promueven derechos naturales de la persona humana, la convivencia pacífica de los ciudadanos, el progreso de todos, y la realidad de una cultura patria, que mantiene su vigencia y su identidad, sin excluir el pluralismo que manifiesta su riqueza. Esta opción subsidiaria caracteriza a nuestro sistema educacional y rige en muchas sociedades como la nuestra. Por ello, consideramos indispensable que la libertad de enseñanza, en cuanto parte irrenunciable del sustento valórico del Estado de Chile, permanezca consignada en su concepto, alcance y resguardo en nuestra Carta Fundamental, y no sólo en legislaciones que cambian con el tiempo.

5. La Formación Moral y Religiosa

La educación religiosa es parte esencial de la calidad de la educación que se ofrece a cada persona y a toda la sociedad. En el contexto del derecho a una educación de calidad, y por ello integral, y considerando que la inmensa mayoría de los chilenos profesa un credo religioso, la educación de la dimensión religiosa y la formación de una recta conciencia moral, resulta una tarea ineludible de toda escuela, sean éstas confesionales o no.

Nos hacemos un deber recordar a los padres de familia la grave obligación que tienen de disponer, y aún de exigir, todo lo necesario para que sus hijos puedan ejercer este derecho, y disfrutar de esta ayuda para una auténtica formación humana. Por todo ello, exhortamos al poder público, para que teniendo en cuenta el pluralismo de nuestra sociedad y favoreciendo la debida libertad religiosa, se garantice este derecho de las familias a dar a sus hijos en las escuelas una educación conforme a sus principios morales y religiosos.

6. Escuela y Acciones legales

La educación es un servicio que se basa fundamentalmente en la credibilidad y en la confianza. No se puede educar convenientemente sin confiar en quienes educan y en el proyecto educativo que propone el establecimiento educacional elegido. Si bien es de toda justicia que los padres de familia y cualquier ciudadano encuentren en nuestro ordenamiento jurídico las herramientas necesarias para defender derechos importantes acerca de la calidad educacional, sin embargo, al mismo tiempo, resulta imprescindible que ello se dé en un marco que resguarde otros aspectos y valores que debemos tener presente.

Previo a cualquier recurso de protección, se requiere ante todo de una norma que especifique y objetive el concepto de calidad de educación, así como la clara delimitación de lo que constituye un delito por vulnerar tal derecho, y las obligaciones y deberes que deben cumplir los padres y alumnos en las escuelas para hacerse acreedores al ejercicio de una acción judicial. Todo esto, si se quieren evitar abusos mayores a los que se desea remediar. El respeto de la legislación por el Proyecto Educativo libremente elegido por las familias, debiera incluir, como condición previa a cualquier recurso ante la justicia, agotar las instancias que el propio Manual de Convivencia estipula para la resolución de los conflictos. Se debe evitar una posible judicialización de toda la vida escolar, introduciendo un grave elemento de desconfianza, sospecha y conflicto permanente en la diaria y delicada labor educativa de colegios, directores y maestros.

7. Con gratitud a los educadores

Profundamente agradecidos por la generosa y en ocasiones sacrificada labor de cuantos se dedican a diario a la hermosa y desafiante tarea educativa, ofrecemos esta reflexión a todos los que se ocupan de este ámbito fundamental de nuestra convivencia nacional, en especial a las comunidades educativas católicas, a todos los que tienen poder de decisión sobre estas relevantes materias, y a aquellos que han hecho de este servicio un verdadero apostolado en su vida personal y profesional. Sobre todos ellos invocamos por intercesión de María Santísima, cuya fiesta celebramos en su advocación del Carmen, la abundante bendición del Señor, Maestro de Vida
Escrito por: Cristian Ahumada - 12:34

domingo, 16 de julio de 2006

El envío misionero de Jesús también es para los laicos

De la página de Zenit.org, les dejo la reflexión de la lectura de este domingo.


Misioneros


«Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón; ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino “Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas”...».

Los estudiosos de la Biblia nos explican que, como de costumbre, el evangelista Marcos, al referir los hechos y las palabras de Cristo, tiene en cuenta la situación y necesidades de la Iglesia en el momento en el que escribe el Evangelio, esto es, después de la resurrección de Cristo. Pero el hecho central y las instrucciones que en este pasaje da Cristo a los apóstoles se refieren al Jesús terreno.

Es el inicio y como las pruebas generales de la misión apostólica. Por el momento se trata de una misión limitada a los pueblos vecinos, esto es, a los compatriotas judíos. Tras la Pascua esta misión será extendida a todo el mundo, también a los paganos: «Id por todo el mundo y predicad la Buena Nueva a toda la creación» [Mc 16, 15. Ndt.].

Este hecho tiene una importancia decisiva para entender la vida y la misión de Cristo. Él no vino para realizar una proeza personal; no quiso ser un meteorito que atraviesa el cielo para después desaparecer en la nada. No vino, en otras palabras, sólo para aquellos pocos miles de personas que tuvieron la posibilidad de verle y escucharle en persona durante su vida. Pensó que su misión tenía que continuar, ser permanente, de manera que cada persona, en todo tiempo y lugar de la historia, tuviera la posibilidad de escuchar la Buena Nueva del amor de Dios y ser salvado.

Por esto eligió colaboradores y comenzó a enviarles por delante a predicar el Reino y curar a los enfermos. Hizo con sus discípulos lo que hace hoy con sus seminaristas un buen rector de seminario, quien, los fines de semana, envía a sus muchachos a las parroquias para que empiecen a tener experiencia pastoral, o les manda a instituciones caritativas a que ayuden a cuantos se ocupan de los pobres, de los extracomunitarios, para que se preparen a la que un día será su misión.

La invitación de Jesús «¡Id!» se dirige en primer lugar a los apóstoles, y hoy a sus sucesores: el Papa, los obispos, los sacerdotes. Pero no sólo a ellos. Éstos deben ser las guías, los animadores de los demás, en la misión común. Pensar de otro modo sería como decir que se puede hacer una guerra sólo con los generales y los capitanes, sin soldados; o que se puede poner en pié un equipo de fútbol sólo con un entrenador y un árbitro, sin jugadores.

Tras este envío de los apóstoles, Jesús, se lee en el Evangelio de Lucas, «designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir» (Lc 10, 1). Estos setenta y dos discípulos eran probablemente todos los que Él había reunido hasta ese momento, o al menos todos los que le seguían con cierta continuidad. Jesús, por lo tanto, envía a todos sus discípulos, también a los laicos.

La Iglesia del post-Concilio ha asistido a un florecimiento de esta conciencia. Los laicos de los movimientos eclesiales son los sucesores de esos 72 discípulos... La vigilia de Pentecostés brindó una imagen de las dimensiones de este fenómeno con esos cientos de miles de jóvenes llegados a la Plaza de San Pedro para celebrar con el Papa las Vísperas de la Solemnidad. Lo que más impresionaba era el gozo y el entusiasmo de los presentes. Claramente para esos jóvenes vivir y anunciar el Evangelio no era un peso aceptado sólo por deber, sino una alegría, un privilegio, algo que hace la vida más bella de vivir.

El Evangelio emplea sólo una palabra para decir qué debían predicar los apóstoles a la gente («que se convirtieran»), mientras que describe largamente cómo debían predicar. Al respecto, una enseñanza importante se contiene en el hecho de que Jesús les envía de dos en dos. Eso de ir de dos en dos era habitual en aquellos tiempos, pero con Jesús asume un significado nuevo, ya no sólo práctico. Jesús les envía de dos en dos –explicaba San Gregorio Magno— para inculcar la caridad, porque menos que entre dos personas no puede haber ahí caridad. El primer testimonio que dar de Jesús es el del amor recíproco: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13, 35).

Hay que estar atentos para no interpretar mal la frase de Jesús sobre el marcharse sacudiéndose también el polvo de los pies cuando no son recibidos. Éste, en la intención de Cristo, debía ser un testimonio «para» ellos, no contra ellos. Debía servir para hacerles entender que los misioneros no habían ido por interés, para sacarles dinero u otras cosas; que, más aún, no querían llevarse ni siquiera su polvo. Habían acudido por su salvación y, rechazándoles, se privaban a sí mismos del mayor bien del mundo.

Es algo que también hay que recalcar hoy. La Iglesia no anuncia el Evangelio para aumentar su poder o el número de sus miembros. Si actuara así, traicionaría la primera el Evangelio. Lo hace porque quiere compartir el don recibido, porque ha recibido de Cristo el mandato: «Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis».


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Escrito por: Cristian Ahumada - 08:43

miércoles, 12 de julio de 2006

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Teología y Política

PobrezaCada vez que tenemos en nuestra mente la palabra política se nos viene el concepto de poder, y con ello también se nos vienen las ideas de dominio y de soberanía. De hecho la etimología de la palabra política nos indica que es el asunto de la "polis", de la ciudad; pero una ciudad en la antigüedad era el lugar donde el hombre vivía su seguridad, que los resguardaba de los bandidos, un lugar en que se recibía la educación y se construía no tan solo edificios, sino que también la cultura. En cambio la teología tiene que ver sobre la reflexión en torno a Dios, al hombre y al mundo.


¿Cuál es la relación entre la teología y la política? Pues bien, es una palabra la que tienen estas dos ciencias en común: El factor Esperanza.


La fe cristiana es eminentemente una religión que va hacia un fin: el reino de Dios anunciado por Jesucristo, continuado por la predicación apostólica continuada por la Iglesia, y la esperanza de una Pascua que se ha iniciado con Jesucristo y que ha de concluir con la recapitulación de toda la creación en las manos de Dios Padre, en una palabra: Salvación.


La Salvación generalmente la entendemos como "resguardar la vida", "cuidar nuestra alma de las llamas del infierno". Pero no es tan sólo este concepto, sería ver la salvación como "un seguro de vida", la salvación tiene que ver con que podamos vivir más y mejor, compartir la vida.


Es desde aquí donde se empieza a realizar toda una reflexión acerca de la seguridad, del diálogo y del encuentro, pues la salvación que ofrece Jesucristo es la del reinado de Dios. Este reinado se asemeja a un concepto que es propioi de la cultura judeo cristiana: La ciudad, que es un espacio de encuentro y diálogo, y también con un reino, donde se nos muestra la seguridad y la defensa, la identidad y la realización. Por tanto es una cuestión política.


Toda cuestión relacionada con la política compete a la teología, ya que el servicio no es a una construcción, sino que a las personas, y por tanto no se puede reducir la teología a una ideología, a una corriente de pensamiento que mira al hombre desde una óptica propia, la teología mira a la política desde la esperanza, en el ideal de construir aquí el reino de Dios que está ya presente, pero no se ha hecho patente de forma explícita, por eso es una semilla en constante crecimiento, que nadie ve, pero que va a llegar un momento en que se manifieste totalmente.


La principal preocupación de la teología es dar una voz de esperanza en la reflexión que se realiza y da sentido al quehacer de hombre en sus distintos ámbitos. Por eso es que Pablo VI dice que la Iglesia es "experta en humanidad"


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Escrito por: Cristian Ahumada - 18:01

sábado, 1 de julio de 2006

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Tú eres Pedro

El 29 de junio se celebró la solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles y mártires de la Iglesia de Roma, hoy quisiera compartir una reflexión de uno de los acontecimientos del proceso de la fundación de la Iglesia: La Confesión de fe de Pedro.


Hay dos pasajes en el nuevo testamento que nos hablan, por forma separada de la confesión de Pedro, por una parte el texto de Mt 16, 13-20, que nos muestra lo siguiente:


San Pedro"El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos."


Los evangelios sinópticos nos narran que Pedro, fue el primer apóstol en reconocer a Jesús como el Hijo de Dios, pero solamente Mateo desarrolla este misterio, ya que Marcos sigue su relato inmediatamente con la imposición de silencio, al igual que Lucas.


El Evangelio según Mateo nos muestra a Jesús como un rey, Señor, que entrega la administración de su Iglesia a un hombre de confianza, pero ¿por qué ahora? Hay que destacar lo siguiente:


a) El mismo relato del evangelio según Mateo nos muestra el desarrollo de la tensión del relato, todos discutían quién es Jesús, a lo cual nadie se atrevía a preguntar, y Jesús mismo lanza la pregunta para que respondan, primero de los comentarios de la gente, y luego de lo que ellos mismos pensaban. Es el primer paso para establecer un grupo ya afiatado y que supiera la misión de su Maestro.


b) Al momento de preguntar Jesús a sus discípulos "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" se establece la tensión, el reconocimiento implica seguimiento. Por ello la respuesta de Pedro es tan fuerte y categórica: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios Viviente."


c) Con la respuesta de Simón, se dan dos características que son propias de Dios, y que un judío de la época hubiera reconocido inmediatamente, y por ello Mateo las pone de forma explícita, para que los destinatarios de su evangelio comprendieran que Jesús es Dios. Primero, da la bienaventuranza a aquel que lo ha reconocido porque su Padre se lo ha dado a conocer; segundo, le cambia el nombre, sólo Dios le cambia el nombre a las criaturas, y Jesús lo cambia por Kéfas (o Cefas) que significa Pedro, o sea piedra.


d) Jesús da a entender que sobre esta piedra iba a edificar a su Iglesia, y que las puertas del Hades (el reino inferior) no prevalecerán sobre ella. Y se dan las llaves del reino, para que todo lo que se ate en la tierra quede atado en el cielo, y lo que se desate en la tierra quede desatado en el cielo.


Este último punto ha tenido muchas interrogaciones y dudas, y me centraré en el tema de la frase "sobre esta piedra edificaré mi iglesia". Varios estudiosos en la antigüedad pensaban de qué piedra se estaba hablando, si de Pedro mismo o de otra piedar (algunos consideraban que era la misma confesión de fe), puesto que el nombre de Pedro es masculino, y luego se continuaba con un artículo que designa al género femenino (la piedra). Para algunos hermanos de Iglesias separadas fue esto motivo para justificar que el obispo de Roma no era la principal columna de la Iglesia y que no era "primus inter paris" (el primero entre los pares), y que cada pastor era su propia piedra.


Actualmente no se duda, en la exégesis moderna, y gracias a los estudios de semiótica y de lingüística que la confesión de fe de Pedro, tiene un doble componente: en primer punto que el discurso está referido a Simón, el Hijo del Dios viviente, ante el reconocimiento hace tres cosas que son propias de la divinidad (cambia el nombre -por tanto la esencia de la persona-, le da la misión ser la piedra de la Iglesia, junto con una propiedad -tener las llaves del Reino-). Entonces la piedra a la cual se está refiriendo Jesús es el mismo Pedro que ha dado con los cimientos para poder edificar la Iglesia, el reconocimiento de Jesús como el Hijo del Dios viviente.


De ahí que Pedro sea el primero entre los apóstoles. Veamos, por ejemplo, la oración especial que hace Cristo antes de ser entregado, sabiendo que lo iban a abandonar la misión de Pedro va a ser confirmar a los hermanos. Los relatos de la resurrección de Cristo, siempre es Pedro el primero que aparece viendo al Señor "Se le apareció a Pedro".


Pedro ApóstolPero hay otro pasaje en que se muestra la confesión de fe de Pedro, mucho más íntima, y que está fuera de los evangelios sinópticos, está en Juan. En la crisis que ocurre con la multiplicación de los panes (capítulo 6 de Juan), en que Jesús se llama a sí mismo el Pan de vida, y quien come de su cuerpo y bebe de su sangre tendrá vida. Lo cual fue escandaloso para la gente que lo escuchaba porque no entendían.


Ante esta situación "Jesús dijo a los doce: ¿Acaso queréis vosotros iros también? Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios." (Juan 6, 67-69)


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Escrito por: Cristian Ahumada - 10:55