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Sensus Fidelium

Una fe que no se piensa, es una fe muerta

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martes, 28 de diciembre de 2010

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Clamor por la vida de los inocentes


Declaración, lleva la firma de todos los Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile, y fue dada a conocer precisamente en el día en que se recuerda a los Santos Inocentes.

1. En estos días en torno a Navidad, en que nos alegramos con la celebración del nacimiento del Señor Jesús, en nuestro país surgen nuevamente voces de algunos legisladores que proponen despenalizar el aborto en determinados casos; por ejemplo, cuando el embarazo pone en riesgo la vida de la madre o atenta gravemente en contra de su salud, en casos en que el embarazo es producto de una violación, o bien cuando el concebido que se desarrolla en el vientre materno posee malformaciones, que incluso se prevé que lo llevarán a la muerte una vez nacido.

2. Frente a estas situaciones, ninguna postura ni decisión es neutral, ni puede serlo. Como pastores de la Iglesia Católica y a partir de su enseñanza, con caridad en la verdad, queremos ofrecer luces para el discernimiento en conciencia de los católicos y de todas las personas de buena voluntad; también como un aporte a la reflexión de los legisladores y autoridades ante un tema que toca profundamente el alma nacional, como es el elemental derecho a la vida.

3. Ciertamente, las situaciones a las que se refieren estos proyectos de ley son muy dramáticas y dolorosas tanto para la madre como para las personas cercanas a ella, y no se suele estar preparado para vivirlas. El sentimiento de dolor que experimenta una madre y su familia al saber que el propio fruto de la concepción implica un peligro para su vida, que el hijo que espera con tantas ansias viene con una malformación grave, o que el ser humano que se gesta en su seno es el fruto de una violación; es un sentimiento que hay que comprender y debe constituir una gran preocupación para la familia, los servicios de salud y por cierto también en la propia comunidad cristiana. Situaciones como éstas, aunque escasas, son fuentes de angustia, incertidumbre y dolor que a nadie pueden dejar indiferente.

4. Ante tales situaciones, la pregunta es cómo responder de la mejor manera para ser respetuosos con la vida, tanto de la madre como la de su hijo, logrando que la respuesta del marco jurídico, de los servicios de salud y de la sociedad entera refleje un hondo respeto al derecho a la vida que tiene cada ser humano. Al mismo tiempo nos eduque a todos en los valores humanos fundamentales que están en juego, como son el respeto a la vida, el cuidado del más débil, así como la solidaridad, la compasión y la justicia. Consideramos que éstas son las cuestiones que hay que poner en la discusión. Pues las respuestas que demos como sociedad y país marcarán la vida de la madre y del hijo, como asimismo el alma nacional y la cultura que vamos construyendo.

5. El Papa Juan Pablo II, explicando el mandamiento "no matarás", manifestó nuestra convicción con estas palabras: "Confirmo que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral" (Evangelium vitae, 57). Este principio ético, profundamente humano y anterior al cristianismo, vale con toda razón cuando hay que proteger la vida del ser humano que aún no ha nacido y en consecuencia rechazar la legalización del aborto.

6. Pensamos que, en un embarazo en el cual la vida o la salud de la madre corre peligro, no es lícito eliminar la vida del niño concebido. Desde la perspectiva de lo más propio de la medicina, que es sanar, curar y nunca dañar, y compartiendo el pensamiento de Pío XII, consideramos que "es erróneo poner el asunto con esta alternativa: o la vida del niño o aquella de la madre. No, ni la vida de la madre ni la del niño pueden ser objeto de un acto de directa supresión. De una parte como de la otra la exigencia no puede ser más que una: hacer todo esfuerzo por salvar ambas vidas, la de la madre y la del niño". Las prácticas abortivas son la negación misma de lo que se entiende por un acto médico, que consiste en hacer el bien posible, en este caso, a sus dos pacientes: la madre y su hijo. Nunca será un acto médico el que dañe directamente a cualquiera de ellos.

7. Ello no se opone, sin embargo, a considerar lícitas las acciones terapéuticas necesarias en favor de la madre para sanarla de una enfermedad, aunque comporten un riesgo, incluso letal, para el ser que no ha nacido. No se debe confundir una acción terapéutica a favor de la madre, que encierra como consecuencia no buscada el peligro de una pérdida, con la directa eliminación del ser que no ha nacido.

8. En relación a despenalizar el aborto, cuando se puede predecir con probabilidad o subjetiva certeza que el niño nacerá con un defecto o enfermedad, hay que tener presente que la eliminación de un ser humano no constituye terapia alguna puesto que no sana a nadie. Se trata de un aborto directo ilícito desde el punto de vista moral y gravemente contrario al ordenamiento legal y constitucional de nuestra nación.

9. A veces se invoca el derecho de la mujer a disponer de su cuerpo. Con ello se olvida que el ser humano que está en su seno no es parte de ella: es otro ser humano distinto al padre y a la madre. Por otra parte, los sentimientos de la madre que son invocados, ciertamente son respetables y muy atendibles. Pero nunca un sentimiento puede prevalecer como un valor superior por sobre el derecho a la vida que tiene todo ser humano, ya sea que esté sano o enfermo. Entre los derechos humanos, éste es el primero, sin el cual no existen los demás. Este derecho a la vida también se le ha de respetar al ser inocente que ha sido concebido como consecuencia de un acto tan violento y condenable como lo es una agresión sexual.

10. Creemos que el nivel de desarrollo de una comunidad se mide por la capacidad que tiene de hacerse cargo de los débiles y enfermos. Una sociedad que los elimina permite que la violencia se constituya en el método para resolver los conflictos, convirtiéndose en una dictadura donde los más fuertes terminan decidiendo por los más débiles. Nadie tiene derecho a arrogarse el poder de decidir qué vida merece ver la luz del día y cual no.

11. Resulta más razonable preguntarse en qué medida podemos todos generar instancias capaces de acompañar adecuada y efectivamente a la madre y su familia, con ayuda sicológica, social, económica y espiritual. Invitamos a los profesionales del área de la salud a buscar y ofrecer caminos ante estas situaciones que no signifiquen la destrucción deliberada de la misma vida sino su cuidado. Hay muchas experiencias conmovedoras de instituciones que se dedican al servicio de cuidar la vida de los pequeños, los sufrientes, los más pobres y abandonados de la sociedad. Ellas merecen nuestra gratitud y abren camino a otras iniciativas que pueden surgir.

12. Confiamos que en estos días en que los cristianos del mundo entero y -en cierta medida- el conjunto de la sociedad estamos celebrando el nacimiento del Niño Jesús, se acreciente en todos nosotros el amor por la vida, el respeto a la vida de todos y -en especial- el deber de todos de cuidar la vida de los pequeños, los sufrientes y los más pobres y abandonados de nuestra sociedad. De un modo especial invitamos a orar por las madres que viven estas situaciones tan dramáticas y difíciles. Y también imploramos para que la sabiduría y fortaleza de Dios guíen las decisiones en tan trascendente materia. Presentamos estas intenciones al Padre Dios, por intercesión de la Virgen María, que trajo a este mundo al Autor de la vida y nos enseña a amarlo.


Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile


Mons. Ricardo Ezzati Andrello, Arzobispo Electo de Santiago, Presidente de la CECh
Mons. Alejandro Goic Karmelic, Obispo de Rancagua, Vicepresidente de la CECh
Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, Administrador Apostólico de Santiago
Mons. Gonzalo Duarte García de Cortázar, Obispo de Valparaíso
Mons. Santiago Silva Retamales, Obispo Auxiliar de Valparaíso, Secretario General de la CECh

Mons. Héctor Vargas Bastidas, Obispo de Arica
Mons. Marco Antonio Órdenes Fernández, Obispo de Iquique
Mons. Pablo Lizama Riquelme, Arzobispo de Antofagasta
Mons. Guillermo Vera Soto, Obispo de Calama
Mons. Gaspar Quintana Jorquera, Obispo de Copiapó
Mons. Manuel Donoso Donoso, Arzobispo de La Serena
Mons. Luis Gleisner Wobbe, Obispo Auxiliar de La Serena
Mons. Jorge Vega Velasco, Obispo Prelado de Illapel
Mons. Cristián Contreras Molina, Obispo de San Felipe
Mons. Cristián Contreras Villarroel, Obispo Auxiliar de Santiago
Mons. Andrés Arteaga Manieu, Obispo Auxiliar de Santiago
Mons. Fernando Chomali Garib, Obispo Auxiliar de Santiago
Mons. Juan Ignacio González Errázuriz, Obispo de San Bernardo
Mons. Enrique Troncoso Troncoso, Obispo de Melipilla
Mons. Horacio Valenzuela Abarca, Obispo de Talca
Mons. Tomislav Koljatic Maroevic, Obispo de Linares
Mons. Carlos Pellegrin Barrera, Obispo de Chillán
Mons. Pedro Ossandón Buljevic, Obispo Auxiliar de Concepción
Mons. Felipe Bacarreza Rodríguez, Obispo de Santa María de Los Ángeles
Mons. Manuel Camilo Vial Risopatrón, Obispo de Temuco
Mons. Francisco Javier Stegmeier Schmidlin, Obispo de Villarrica,
Mons. René Rebolledo Salinas, Obispo de Osorno,
Mons. Ignacio Ducasse Medina, Obispo de Valdivia
Mons. Cristián Caro Cordero, Arzobispo de Puerto Montt
Mons. Juan María Agurto Muñoz, Obispo de Ancud
Mons. Luis Infanti de la Mora, Obispo Vicario Apostólico de Aysén
Mons. Bernardo Bastres Florence, Obispo de Punta Arenas
Mons. Juan Barros Madrid, Obispo Castrense de Chile

En el día de los Santos Inocentes, 28 de diciembre de 2010.
Escrito por: Cristian Ahumada - 15:06

jueves, 28 de octubre de 2010

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Visitas...

La Fiesta de Todos los Santos es una de las Solemnidades religiosas que, tanto creyentes como no creyentes, viven en un especial recogimiento visitando a aquellos que ya nos han dejado. Hoy en día el primero de noviembre es uno de los pocos momentos en que guardamos silencio, compramos flores, arreglamos las lápidas limpiándolas e incluso llevando algunos presentes que nos evocan a aquellos que algún día nos dejaron su huella en nuestro caminar.

Me acuerdo de las veces que veía a mi padre que solemnemente preparaba las bolsas con todo aquello que había que llevar para limpiar la cripta de mis abuelos paternos, misma solemnidad que hacía para llevar a cabo su limpieza, de forma pausada y diligente a la vez, todo para que se viera blanqueada después de meses de lluvia, tierra y barro; para culminar con la belleza de las flores que han abierto sus botones para mostrar la belleza de los colores. Es uno de los ritos que más me marcaron de por vida.

Hoy, el testimonio ha cambiado, me ha tocado limpiar, pulir y ornamentar aquella lápida que lleva el nombre de aquel que me enseñó que nunca hay que olvidar de quién te ha dado la vida, pues donde está ahora nos encontraremos nuevamente.

Estas visitas son, en el fondo, un recuerdo anticipado de la esperanza pues aquí no está el fin de la historia. En mi corazón todavía grito que quiero encontrarme con aquel que ha marchado, y que algún día nuevamente estaremos juntos. Estas visitas también remecen mi corazón, porque como ser humano me remece el dolor de la pérdida, el dolor de no estar con aquellos a quienes amo, y el temor de no vivir plenamente mi propia existencia. Estas visitas son un canto de esperanza, porque la muerte no es la última palabra, porque la muerte es el silencio previo a la gran sinfonía del canto de la resurrección.

Todos Los Santos, es un buen momento para poder hacer visitas, especialmente porque aquellos que no hemos podido ver durante mucho tiempo, seguirán ahí, no en la tumba, sino que en nuestro corazón.
Escrito por: Cristian Ahumada - 21:34

sábado, 9 de octubre de 2010

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Cuando son palabras las que nos faltan

Es un hecho que el uso del lenguaje en Chile es paupérrimo, reducimos los sustantivos, los calificativos, verbos y adjetivos, es muy común ver que en cualquier diálogo o declaración leemos o escuchamos: "La cuestión,... la situación,... la que,... la cual,... Simplemente vergonzoso para una cultura que tiene uno de los idiomas más ricos y enriquecedores del planeta.

Como decía Martin Heidegger: "La Palabra es la morada del Ser", que podamos señalar con palabras la flor, una familia, algo tan concreto y junto con ellas hablar del amor, del valor, que son virtudes tan abstractas cobijadas en el lenguaje humano, y que todos nos podamos entender con ellas, de veras es un salto cualitativo de nuestra especie. Una palabra puede tener muchos significados y eso es por el uso que le damos, y con el paso del tiempo se van habituando, en otros casos llegamos a forzar a las palabras para que contengan algo que en su génesis nunca tuvieron, y ello es simplemente por la comodidad. Nuestra modulación nos lleva a dificultar el entendimiento, estar cabizbajos sin levantar la voz. Un regalo tan precioso que nos lleva a perder el don más grande que tiene la humanidad: la comunicación. ¿Afecta eso a la relación con Dios?

En una primera y simple respuesta, más de alguno diría pero si las palabras sobran frente a Dios, y que en el corazón de las personas se centra la comunicación con Dios. Es cierto, y a la vez es profundo, pero en el corazón de esta experiencia está el deseo de comunicar, nos hemos diferenciado de las distintas especies porque podemos hablar: verbalizar las ideas, sentimientos, experiencias; podemos también capturar el tiempo con el lenguaje, porque somos capaces de conjugarlo, y a la vez, somos capaces de transmitir emociones nuestras acciones y experiencias. La comunicación es hacer partícipe al otro de aquello que estoy viviendo y he vivido, y que quiero vivir (a futuro). Pero en Chile estamos siendo testigos del empobrecimiento del uso de las palabras, pero a la vez se reemplazan las palabras por sustantivos y calificativos que tienen que ver con la genitalidad. Ese fenómeno es conocido como coprolalia. Y este fenómeno es una enfermedad psiquiátrica que cae cerca de la esquizofrenia.

Una persona que no tiene muchas palabras no tiene muchas ideas para pensar, y por tanto, tampoco será capaz de expresar las experiencias que vive en su profunda densidad de la experiencia misma de la fe. Si continuáramos con este proceso lógico, y, haciendo un poco de teoficción ¿qué hubiese pasado si los evangelistas hubiesen tenido un lenguaje paupérrimo? Muchos de los conceptos que tenemos hoy en la Iglesia no existirían -Esta es una de las razones por las que nos encontramos hoy con jóvenes que no entienden muchos de los misterios de la fe que se anuncian y enuncian-. La humildad no tiene nada que ver con la pobreza del vocabulario, y en Chile mismo cuando más uno se acerca al mundo del campo menos uso de la coprolalia; y, en caso contrario, el lenguaje es más rico que el usamos en la ciudad, y los rezos y oraciones que nos encontramos en la tradición oral es mucho más enriquecedora que lo que vemos en varias prédicas de la gente que nos tiene que instruir en la fe, ¿esto para poder llegar a la gente?.

Desde la experiencia bíblica, recordemos que tanto el antiguo como el nuevo Testamento nos hablan de la palabra, también muchas de las religiones antiguas nos relatan que el mundo conocido surge como la palabra proferida para que exista, es en el fondo que las palabras le dan un sentido a la existencia; por tanto sin palabras este mundo no cobra su sentido profundo. Para muchos también está el mundo de la oración cristiana, que aparte de los rezos y jaculatorias que se puedan tener está el deseo del corazón mismo de entablar un diálogo amoroso con aquél que es amor. Una oración se empobrece, cuando las palabras no están ahí para expresar lo que se quiere decir, y cuando son las palabras las que nos faltan nos sentimos pobres, y tratamos de justificarnos con que estamos ante el mundo del misticismo. El misticismo es el encuentro con aquel que es el repleto de palabras, pero que ante él, que es la palabra, nos callamos. ¿Pero cómo somos capaces de compartirlo?

Habrá que ser capaz de seguir leyendo a aquellos que con sus palabras nos muestran estos caminos de encuentro y de oración. Teresa de Ávila y Juan de la Cruz son buenos ejemplos en que las palabras no entorpecen, sino que invitan al encuentro con aquel que es el amor de los amores.
Escrito por: Cristian Ahumada - 17:47

sábado, 25 de septiembre de 2010

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Ojos para ver y oídos para oir

En un comentario anterior, realizado por un hermano anónimo, Pedro, comentando "el concepto de milagro" que años atrás he rescatado de los libros que ha escrito mi maestro Antonio Bentué, hizo el juicio de que tal artículo era "nicodemista", oir al Señor, pero luego seguir sus propias conclusiones. No es tan fácil ser teólogo, porque los comentarios no pueden ser tan arbitrarios, y lidiar entre el fideismo y el excepticismo. Tal como dice la frase de San Agustín: "Una fe que no se piensa es una fe muerta". La fe es una respuesta a la gracia de Dios, pero esta respuesta que es promovida por Dios tiene las condicionantes históricas, sociales, culturales y psicológicas de cada uno de nosotros.
Si bien es cierto el relato bíblico de la encarnación del Hijo de Dios, con su muerte y resurrección de Cristo son los hecho en que Dios irrumpe en la historia de la salvación. Pero aún siendo hechos y acontecimientos extraordinarios, la fe es la que nos da a entender el acontecimiento de la visita de Dios entre los hombres.

Jesús mismo, se da cuenta que la gente ante los hechos milagrosos que realizaba Jesús se daban a entender, o mejor dicho a malinterpretar, como si fuese actos demoniacos. En el acontecimiento de la resurrección de Cristo también está el componente de la fe de las personas que están alrededor.

Y ellos le dijeron: Las referentes a Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo los principales sacerdotes y nuestros gobernantes le entregaron a sentencia de muerte y le crucificaron. Pero nosotros esperábamos que El era el que iba a redimir a Israel. Pero además de todo esto, este es el tercer día desde que estas cosas acontecieron. Y también algunas mujeres de entre nosotros nos asombraron; pues cuando fueron de madrugada al sepulcro, y al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto una aparición de ángeles que decían que El vivía.

Algunos de los que estaban con nosotros fueron al sepulcro, y lo hallaron tal como también las mujeres habían dicho; pero a El no le vieron.

Este texto es un claro ejemplo de la fe que se tiene, puede conocerse el acontecimiento, pero hasta no vivir un encuentro "corazón a corazón", no cobra ningún sentido los hechos en que se descubre el rostro amoroso de Dios.

Un teólogo no puede dar por sentado el misterio de la fe por medio de fórmulas y explicaciones, ni tampoco cerrarse simplemente a un fideismo exagerado que lleva única y exclusivamente a una desesperada búsqueda de señales, pero que no dan ningún sentido. Es necesario poder tener un corazón atento para despejar los ojos para ver la realidad con la luz de la fe en Cristo, y oídos para oir el mensaje del Evangelio, palabra viva de Dios y escuchar la voz del mundo que clama por Dios, que lo sigue buscando a tientas todavía.

El pecado del teólogo es pensar dar todas las cosas por sentadas, articuladas y establecidas (tal como es la soberbia que tienen algunos científicos de dar sentadas las bases de todo lo que existe), y por otro lado, es cerrarse única y exclusivamente a lo que se da en la palabra de Dios, y cegarse de no ver y escuchar la voz de Dios que habló en su creación, que ha sido hecha a partir de su palabra (dadora de sentido).

Espero que, en este caminar que todos tenemos por esta vida, podamos estar atentos a los llamados de Dios, y que no son "extras", sino que son "intra", en este mundo, de a pie.
Escrito por: Cristian Ahumada - 18:45

jueves, 2 de septiembre de 2010

Valores humanistas ¿son cristianos?

Estoy entrando en un terreno que ciertamente es algo pantanoso, en que simplemente caminando en la reflexión quede atrapado, puesto que hablar de los valores (en el contexto de la ética) tiene una actitud temeraria, e incluso apasionada de las reacciones que pueden llevar.

Una vez un profesor hizo la siguiente afirmación: "el cristianismo es humanismo", una frase que puede ser muy dadora de sentido siempre y cuando la construcción de los valores tienen como sustento a la persona de Jesús, junto con el valor que constituye la vida del cristiano: el amor (Dios es Amor, tal como lo expresa San Juan), pero cabe la pregunta que cabe hacer ¿Todos los humanismos conducen a la experiencia cristiana? Si se hace un análisis más detallado, la conclusión sería un no rotundo.

Los valores son tanto objetivos como subjetivos. La objetividad viene dada porque el valor es previo a las personas, y son la invitación a la persona para que los pueda perseguir. La subjetividad viene dada por la apreciación que el sujeto le da a estos valores, pero en que la invitación a seguirlos es algo que no viene dado de manera externa, es una especie de "vocación" hacia los valores.

En la historia hemos visto que los valores son los constituyentes de la cultura, y que las culturas persiguen sus propios valores, en el caso del cristianismo se trascienden los tiempos y las culturas, en que prevalece la persona de Cristo por sobre todos los valores que están en la historia, presentando el valor del amor por sobre los demás, y en el cual se ordenan los principios de vida de las personas, de los grupos y de las sociedades.

Me cabe hoy hacer la siguiente pregunta: ¿se podrá pensar en valores humanista cristianos sin el valor del amor tal como lo enseña Jesús en su vida? Un ejemplo, si hablásemos que los valores del humanismo cristiano simplemente fueran la tolerancia, el trabajo y la responsabilidad, ¿qué diferencia tendrían de los valores que promulgan el comunismo y el capitalismo? Simplemente no habría mucha distinción y dejarían al cristianismo como una ideología más, siendo que no lo es, ya que el humanismo cristiano va más allá de ser una idea, porque nos centramos en una persona: Jesucristo, quien salva a todo el hombre y a todos los hombres (integralmente).

Por eso, según las palabras de un varón de fe, sin el amor cristiano la caridad se vuelve altruismo, el servicio se vuelve servilismo, y el respeto, tolerancia. Se pierde toda trascendencia en la vida, en la historia, en nuestra historia.

Tomemos en cuenta que en muchas instituciones se habla de valores humanistas cristianos, pero viven como si Cristo no existiera.
Escrito por: Cristian Ahumada - 21:39

lunes, 30 de agosto de 2010

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Nuestras deudas...

Cuando hablamos de las teologías latinoamericanas, y de las reflexiones que se dan en torno a la figura de Jesucristo -cristología-, es tanta la riqueza y diversidad que se presentan que la duda que cabe es: ¿cuál es la imagen de Jesucristo que es más acorde a la fe de la Iglesia? El esfuerzo que hicieron los grandes concilios ecuménicos, más allá del alcance político, fue dar la imagen de uno y el mismo. Es la sentencia clásica: ¿Quién es Cristo?
Hoy sin embargo la fuerza de la atomización de las experiencias de la fe ha ido de la mano con imágenes particulares acerca de Jesús, o mejor dicho, aquellas imágenes de Jesús que más se acomodan a las expectativas que se quieren sobre el mismo.

Hoy, se está dando un fenómeno particular, los esfuerzos de las iglesias hoy en día se centra en buscar una imagen común, la preocupación por la unidad de los miembros se basa en una imagen común, lo irónico -si es posible emplear esta palabra aquí- es que Jesús sigue siendo uno: el de los evangelios. Una de las deudas pendientes que se tienen dentro de las iglesias, incluyendo la católica, es confundir espiritualidad con teologías particulares, creyendo que mi visión parcial de cómo se entiende la relación con Jesús es la única y exclusiva, no apreciando la riqueza que tienen las demás escuelas espirituales.

En otros casos, cuando vemos que la visión de la Iglesia universal, custodia y cuida los principios y fundamentos de su fundador, es bueno pensar en el siguiente criterio: si hay elementos que muestren algún tipo de egocentrismo o de exclusión. Son estos pasos los que nos permitirían librarnos del peso que llevan algunos principios teológicos que caen en el exclusivismo o soberbia teologal. A veces como teólogos latinoamericanos nos centramos más en los medios que en el sentido que da Cristo. Ese esfuerzo es uno de los elementos que sustantivamente ha hecho que el cristianismo en su elemento reflexivo no ha podido "hacer carne" en la vida de la fe en Latinoamérica, más fuerte ha sido el carácter social, celebrativo y de comunión, pero todo eso cae por su propio peso si no va de la mano con la reflexión y una reflexión orante de la experiencia de Jesús.

Seguiré pensando que es posible, antes de que los fieles se aburran de ver un discurso que no cobra sentido, y que no sea acomodaticio de las expectativas que todos queremos tener sobre aquel Jesús que es un paño de lágrimas o una varita mágica que soluciona todo los problemas. Jesús va más allá de los discursos, y más que simples reflexiones; es la vida que vivifica y que santifica. Ahora queda la pregunta: ¿Qué esperanza y qué sentido da seguir a Jesús?
Escrito por: Cristian Ahumada - 20:23

jueves, 12 de agosto de 2010

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Ya, pero todavía no. Hablemos de la Escatología y de la Esperanza

Hace ya dos semanas que la liturgia dominical nos está hablando en las lecturas del evangelio acerca de estar preparados, y mantener viva la luz de la esperanza a la llegada del Señor (Parusía). Lo que sí me ha llamado mucho la atención es que a las misas que he escuchado en Chile, y en las que he participado en la parroquia a la que asisto, se habló más bien de la actitud del cristiano aquí y ahora, del cuidado de los bienes, de la solidaridad, y del compromiso social; pero se hizo muy poca mención de la tensión que debe vivir el cristiano, que "estamos de paso por este mundo", y que nuestra nación definitiva está al lado de Cristo. ¿Qué pasa con el mensaje escatológico y esperanzador?

La escatología nos habla acerca de los últimos tiempos, en que todos nosotros viviremos la "Pascua de la Creación" (tal como lo diría Juan Luis Ruiz de la Peña), en que nuestra historia queda fijada con nuestra muerte, con el juicio (tanto particular, como general), y en que el cielo y el infierno, forman parte de las posibilidades de la libertad humana ante Dios. Y que nosotros confesamos en en Credo. La pregunta que me hago es que en qué momento la fe cristiana se ha estado estableciendo únicamente en la inmanencia de nuestra existencia, y hemos dejado de ver la esperanza cristiana como algo que trasciende a esta misma historia.

Si bien es cierto ya hace mucho tiempo estábamos viendo la imagen de un Jesús lejano, que era más bien un Cristo de visión Alejandrina (en que Jesús es más divino que humano), se pasó, gracias a la reflexión de la teología latinoamericana de la Liberación en un Cristo del Camino, preocupado de la contingencia y de las necesidades del aquí y del ahora, sin dejar mucho espacio al reino de Dios que trasciende a toda la historia. En otras palabras la Teología de la Liberación trataba de encontrar el reinado de Dios en esta historia, transformando las condiciones que hacen inhumanas las relaciones entre las personas; por este motivo el trabajo solidario, el compromiso social, y la transformación de las estructuras de pecado han sido la bandera de lucha de muchos cristianos comprometidos, mas ello también se puede confundir como una lucha ideológica, y de hecho varios cristianos en la década de los 70 cambiaron la fe por las armas, algo gatilló en estas personas para dejar de lado la fe en Jesucristo, y una de las causas es haber perdido cuál es el verdadero horizonte del cristiano.

La Esperanza cristiana, tiene que vivir de la escatología, de aquellas promesas de Dios, en que la transformación de este mundo inmanente se haga por la gracia divina, con la colaboración de nosotros de hacerlo presente en los actos de nuestra vida.

Hoy, en que los referentes sociales que son más escuchados son las obras sociales de la Iglesia, las cuales miran hacia el hombre, que es el fin que tiene Jesús, de venir a salvarlo, viviendo y viviendo bien, ya desde aquí, pero todavía no en la plenitud que le corresponde por ser salvados por Cristo. Los grandes referentes de la fe cristiana en las acciones sociales solidarias, en sus escritos siempre apuntan hacia la esperanza, porque Dios es nuestra meta, y, como diría San Alberto Hurtado, nuestra vida es un disparo hacia la eternidad.
Escrito por: Cristian Ahumada - 08:56

lunes, 9 de agosto de 2010

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Matrimonios y Patrimonios

Hoy más que nunca cuando la semántica y el lenguaje juegan un rol preponderante en las discusiones que se han generado al interior del debate público en América Latina, quiero hacer un comentario acerca de lo que se ha estado dando con el caso de los famosos “matrimonios homosexuales”.
A un par de días en que, tomando la frase de un sacerdote amigo que decía: “El matrimonio homosexual no es un derecho, es un invento semántico para transformar la sodomía en un término socialmente aceptable”. Frase que, al parecer a varios incomoda, y a otros les ha servido para mandar toda su caballería lingüística, histórica y ético religiosa para denostar algo que, según la vida misma, es una vuelta a algo que el mismo san Pablo, tan visionario él, veía como algo que degeneraba al hombre mismo en lo más esencial.
En la lingüística misma, varios me han comentado, y entiendo con claridad, que el lenguaje se hace a la cultura y no la cultura al lenguaje. Pero esta idea no la comparto en su totalidad, el lenguaje se adapta a los momentos de la historia, de ahí que surjan los neologismos, pero también somos herederos de todo un referente cultural, que nos viene dado por el lenguaje, de ahí que es muy valioso el tema de las etimologías de las palabras para descubrir esa primera riqueza en que radica el corazón de la comunicación misma. De hecho tanto la palabra matrimonio como patrimonio son compuestas; patri del latín pater, y matri del latín mater (del padre, de la madre, respectivamente) y monio (del latín monium; las cosas de). Si bien el patrimonio los relacionamos con los bienes heredados y que son dados por el padre, empleamos para hablar del contrato solemne en que un hombre y una mujer se unen para hacer comunidad de vida, con el fin de dar vida, la palabra matrimonio. Por tanto la belleza de la palabra matrimonio va en su finalidad: dar vida, pro-crear. De ahí que, desde el punto de vista de la palabra misma, se encierra tras sí su propia misión: ser dadores de vida. No estoy hablando de custodiarla, ni de administrarla, ni de educar, simplemente el hecho mismo de la procreación humana. Favor, no tomarlo a mal, pero cuando me hablan de matrimonio homosexual y se habla de que ellos son capaces de tener hijos y educarlos se nos va de las manos el tema de la responsabilidad, pueden hacerlo muy bien, pero no son ellos los que generan la vida dada. Por tanto no se puede hablar de matrimonio.
Otros me han hablado de que, si existe la posibilidad de la homosexualidad en la naturaleza, esto ha sido por la voluntad de Dios, y entonces habría que replantearse este tema, teniendo que aceptar este hecho como un “lapsus” que no ha sido recibido dentro de la Biblia, en que habla tajantemente contra las prácticas sodomíticas. Es verdad, y a mí me ha tocado ver que hay ciertos animales que no siguen su propia tendencia sexual, y en la mayoría de los casos la misma naturaleza hace que los de su propia especie los aíslan, ya que no pueden estar dentro del orden que se ha establecido; pero en el caso de los seres humanos tenemos algo que va más allá de la propia naturaleza, que son nuestras elaboraciones de estructuras socio-culturales que nos permiten desarrollarnos e ir incluso más allá de nuestras propias limitaciones (es bello poder ver a ciegos ver, e incluso superar nuestras propias expectativas de vida), pero ello no nos dice que tengamos que ir en contra de nuestra propia línea de vida, que es aquella que nos viene dada por la naturaleza.
En la Grecia que tuvo que predicarse el Evangelio era muy común las prácticas de la porneia, y se hablaba con claridad que el amor más perfecto era entre hombres, y no entre un hombre y una mujer. Algo que parecía común a la luz de la fe era reprochable, condenado por el Señor, y castigado, San Pablo tiene en mente el castigo que sufrieron los habitantes de Sodoma, que querían conocer a los invitados de Lot. En el fondo, para Pablo este tipo de prácticas, en vez de alzar al hombre al encuentro de Dios, lo llevaba a su degradación y al desencanto de la vida, porque no encontraría un verdadero sentido trascendente del amor.
He conocido el caso de varios homosexuales que, quieren que su amor sea reconocido, saben cuál es la diferencia de matrimonio y de uniones de hecho; y algunos con claridad y sin odiosidad quieren un reconocimiento de su unión, porque viven en comunidad de bienes, pero no quieren hablar de matrimonio, simplemente que, cuando se termine el caminar juntos, todo lo que tienen pasen al que ha sido su compañero en años. Esto que escribo me lleva a pensar que más que matrimonios homosexuales y su terminología, habría que hablar del patrimonio de la unión de parejas de hecho y de cómo poder ayudar desde aquí.
Escrito por: Cristian Ahumada - 21:38

sábado, 17 de julio de 2010

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El Deseo de Poder

Me gusta Sigmund Freud, especialmente cuando un profesor hizo la caricatura de Freud y Marx en una de sus clases y, en un tono irónico dijo: "No ves que tengo la razón, Marx", no me reí, pero al final lo entendí. Los ideales que se presentan en nombre de la sociedad, pueden -y son- las pulsiones que guardamos en nuestra psique. Uno de los libros que Freud presenta su genialidad fue "Totem y Tabú", uno de los capítulos que me llamó la atención fue la relación que hace Freud con el complejo edipal y el fenómeno religioso. Junto a ello, lo que siempre me quedó dando vueltas fue el fenómeno de la comida totémica, en resumidas cuentas es un padre tirano, que es dueño de todas las hembras, y los hijos de éste no son capaces de tener autoridad, para lograrlo, los hijos matan al padre, pero una vez realizada la muerte, vienen los sentimientos de cariño y de culpabilidad, teniendo algún recuerdo o imagen que no pudiese ser tocado.
Varios han visto en la eucaristía un símil a la comida totémica, en que nosotros hacemos recuerdo de la muerte de Jesucristo, tal como si fuera el padre que nosotros traicionamos, y que por el complejo de culpa y de remordimiento que vivimos, lo recordamos ahora con un cariño especial, viendo que ese hombre que ha sido masacrado, ahora es nuestro Dios y salvador, para poder alcanzar su poder nosotros "consumimos", simbólicamente, su cuerpo en el pan, y su sangre en el vino. Pero bueno, estas son solo ideas tendenciosas que quieren mostrar el salvajismo primitivo que podría encerrar el cristianismo, y al parecer, hacemos olvido que fue el mismo Jesús quien deja este recuerdo, desde la óptica de hijos y hermanos, el primero entre nosotros, pero no es un padre tirano.

Como partí diciendo, me gusta Freud, mas no para derrumbar mi fe, sino que más bien para afirmarla, en el caso del misterio de la psique, me ha llamado la atención en estos últimos días que, con tantas exhumaciones, por teorías conspiratorias de muertes de próceres de la independencia de América Latina (léase la exhumación de Simón Bolivar), he visto y vivido en carne propia varias sensaciones e ideas que fueron aflorando durante estos días. En un primer momento lo vi como algo pintoresco de un líder venezolano; luego por la reacción de otras personas que catalogaron este acto como si fuera una profanación, y para finalizar me viene la idea del acto de los ejércitos españoles a la muerte de Rodrigo Díaz de Viva (el Cid)que llevaban su cuerpo durante las campañas contra los moros.

El deseo de poder, es la búsqueda inconsciente de tener el dominio de la situación o situaciones que se están viviendo, la sensación de estar controlando la vida, hechos, objetos y voluntades hace que perdamos la perspectiva de que somos contingentes. ¿Qué hacer para mantener este poder cuando sentimos que se pierde? Buscar a los inmortales, que no pueden ser tocados por nada ni por nadie, incluso el tiempo. Para unos la solución está en relacionar nuestro poder con la autoridad divina, tal como lo hicieron dinastías de reyes, imperios, e incluso Dan Brown en "El Código Da Vinci" lo llevó hasta el linaje de Cristo. Pero ¿qué hacer cuando no tenemos la variante "teológica"? Simple, se buscan a los héroes, aquellos hombres y mujeres que han hecho de su vida algo que es recordado en la memoria de sus congéneres. El hecho de exhumar a uno de estos personajes hace al mentor del hecho que se iguale al objeto que desea (ya no hablo de personas, porque simplemente es un cadaver y se pierde ya el respeto a su descanso. Si se suma a esto un discurso nacionalista, e indicando que su fuente de inspiración es el héroe, se pasa de un hecho patriótico a un hecho instrumentalizado.

Freud, hoy estaría diciéndonos, como se lo hubiera dicho a Marx: "ves que tenía razón".

Nota: no es por política que hago esta reflexión, sino que los hechos de esta semana que ha pasado, ameritan desarrollar estas ideas.
Escrito por: Cristian Ahumada - 18:41

lunes, 28 de junio de 2010

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Dios, principio y fin de nuestra santificación


No es platónico, sino bíblico: Dios no el "el eterno célibe de los siglos". Es amor, es bondad. Hace que aparezcan seres fuera de él para conducirlos y relacionarlos con él haciéndoles participar de lo que él es soberanamente, del principio y término de su existencia. Fuera de él coloca seres semejantes a él, capaces de conocer y de amar libremente. Coloca en el interior de ellos un movimiento y, por consiguiente, un deseo que es en ellos el eco de su propio deseo, que nos ha revelado como su Espíritu. Podríamos situar aquí la idea especialmente aprecidada por algunos espirituales de la escuela francesa, según la cual el Espíritu, al no terner fecundidad intradivina, por ser término de las procesiones, se torna fecundo fuera de Dios, en la encarnación del Verbo y en la santificación de los hombres.

Principio como amor, realizador de nuestra vida de hijo de Dios como don, el Espíritu consumará esta cualidad en nosotros. Él suscitó la humanidad de Jesús en María, el ungió y santificó esta humanidad en su acción mesiánica; mediante la resurrección y glorificación, él, terminó de hacer de su humanidad una humanidad de (Hijo de) Dios. Durante la vida terrestre de Jesús, el Espíritu tenía en él su tiempo que contenía a todos los hombresn en intención y en potencia de asumirlos como hijos de Dios. Después de la glorificación del Señor, tienen ese templo en nosotros y en la Iglesia. Realiza en nosotros las mismas operaciones de nacimiento anothen (de lo alto y de nuevo... Jn 3,3), vida como miembro del cuerpo de Cristo, consumación de esta cualidad en nuestro cuerpo mismo, en la gloria y libertad de los hijos de Dios (Rom 8,21-23).

Esta obra del Espíritu en Cristo y en nosotros constituye un mismo "Misterio", el misterio cristiano del que san Pablo habla como de un designio, formado en Dios antes de la creación del mundo (Ef 1,4; 3,11; Jn 17,24), pues a nivel de la vida intradivina, el término "antes" designa una anterioridad no cronológica sino de orden en el designio divino. Este plan permaneció oculto o secreto durante siglos (Rom 16,25-26; Col 1,26). Ha sido revelado en la lectura y en el anuncio que hicieron de él los apóstoles, los profetas, Pablo. Se refiere a Dios como amor -Dios se comunica- y como gracia. Deriva del misterio de Dios mismo. Antes de la fundación del mundo, el Padre concibe a su Verbo-Hijo, como destinado a tomar humanidad, por el Espíritu Santo en María, hija de Sión; tomar una humanidad capaz de recomenzar y de acabar la que salió de Adán; ser la del "primogénito de una multitud de hermanos" (Rom 8,29).

Ciertamente no podemos confundir lo libre y lo necesario en Dios, pero ambos aspectos se identifican, por una parte, en él; por otra parte, San Pablo no señala distinción o diferencia alguna entre el Cristo y el Hijo preexistente a la encarnación redentora. Finalmente, lo que llamamos la Trinidad económica -es decir, el compromiso y la revelación de las personas divinas en la historia de la Salvación- es la Trinidad inmanente, el Dios Trino y Uno en su absoluto. (...) Estas profundidades nos superan por completo, su comprensión queda reservada al mundo venidero aunqeu tampoco entonces será total. Aquí abajo sólo podemos blabucear alguna cosa apoyándonos en las Escrituras. Cristo es la imagen del Dios invisible y el hombre fue -es- hecho a imagen de Dios. Tanto el hombre salido de esta tierra como Cristo, Hijo de Dios, salen de Dios, como si hubiera en Dios una humanidad cuya expresión fue temporal -por Adán al comienzo, por Cristo en la consumación de los tiempos-, pero cuya idea es coeterna a Dios. El misterio no reside únicamente en que Jesucristo sea Dios, sino, en primer lugar y de manera más radical, en que Dios sea Jesucristo y que se exprese en dos imágenes, hechas la una para la otra, el hombre y Jesucristo que, de conidición divina, se asemejó y unió a los hombres hasta lo más alto de su destino y ha sido levantado hasta los más alto, arrastrando a los hombres consigo, porque "uno solo sube al cielo, el Hijo del hombre" (Jn 3,13). Para subir allá con él es preciso haber renacido en él del (agua y del) Espíritu (Jn 3,5)

De esta manera, el Espíritu es el principio realizador de "misterio cristiano", que es el misterio de Hijo de Dios hecho hombre y que hace que los hombres nazcan cmo hijos de Dios. En teología católica hablamos de la "gracia" corriendo a veces el riesgo de cosificarla, cuando ella es inseparable de la acción del Espíritu o gracia increada. Sólo Dios es santo; sólo Dios santifica por y en su Hijo encarnado, por y en su Espíritu: "Dios os ha escogido como primicias para la salvación por la santificación del Espíritu y por la fe en la verdad" (2Tes 2,13).

(Yves M-J Congar, El Espíritu Santo, Herder, Barcelona, 1990)
Escrito por: Cristian Ahumada - 11:36

sábado, 26 de junio de 2010

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La fuerza de la sencillez

Es un artículo pequeño el que quiero compartir hoy, simplemente me llama mucho la atención la religiosidad popular. En estas fechas, como ciudad marítima, se celebra las fiestas de San Pedro, patrono de los pescadores. A veces concuerdo con las ideas que tienen algunos "hermanos separados" que es más idolatría que devoción.

Hoy en la tarde de hoy me llevé la enseñanza de mi vida, una mujer que es de oficio encarnadora (alguien que prepara las redes para ser usadas en la pesca), ha dedicado todo su día adornando los botes para la procesión del día domingo. Me quedé viendo el cariño y la dedicación de esta mujer, la delicadeza con que ponía cada una de las orlas, hasta que llegó el momento en que le pregunté: ¿por qué hace esto si podría ocupar su tiempo en otras cosas, con sus hijos o trabajando, encarnando las redes? Ella con su sencilles, me dijo sabiamente: "hay que ser agradecida, porque el mar a mí me da trabajo, y Dios es quien me da la vida y salud". 

He ahí la esencia de la fe: la gratitud y la gratuidad. Gracias, Padre, porque estas cosas nos las ocultas a los sabios y entendidos y nos las revelas a través de tus pequeños.
Escrito por: Cristian Ahumada - 19:04

martes, 15 de junio de 2010

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Frente al exito, sería bueno volver a leer a Marcos

Siempre en el trabajo de las lecturas de los Evangelios Sinópticos, ha sido uno de los elementos que más me apasiona, pero de una forma especial el Evangelio de Marcos, que a pesar de ser el más breve, encierra muchos de los elementos que los cristianos deberíamos considerar con más detenimiento. Hoy, en clases con alumnos de primeros medios, hice un golpe de timón para poder explicar, desde la visión de un teólogo al primer teólogo que hace de su reflexión un relato vivencial, que nos llama a tener atención frente al éxito.

Marcos como teólogo, para muchos, es considerado como algo infantil y sencillo, pero con una lectura detenida nos damos cuenta que va más allá de un Jesús que siempre está actuando, las pocas palabras que nos entrega el Señor en sus discursos, son bien decidoras; siempre va a quedar la pregunta para Marcos ¿Quién es Jesús? y ¿Qué tipo de Mesías es Jesús?

Marcos tiene conciencia que el texto que está escribiendo es una preparación para aquellos que se están acercando al anuncio de Jesús; sus primeras palabras están dirigidas directamente para el lector y/o auditor "Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios". Con estas sencillas palabras prepara la obertura de una sinfonía que pareciera fuera perfecta, pero que, en su desarrollo decanta en un abrupto final.

Si se pudiese armar un esquema sencillo nos encontraríamos con lo siguiente:



Esquema tomado de Jacques Delorme "El Evangelio Según San Marcos"

Si bien es cierto este esquema tripartito quiere mostrar que los momentos de desarrollo del evangelio que ha creado tiene una constante: Jesús no busca el éxito, sino que trata que se descubra que el Hijo de Dios se descubre en el fracaso y abandono completo. De hecho, si usted hace una lectura minuciosa del mismo evangelio, el capítulo 14 de Marcos está escrito de una forma sintética, sin ninguna imagen o detalle de los que les gusta escribir a Marcos. El evangelista tiene en mente que el cristiano busque a Cristo más allá de la cruz y del fracaso, para ello es necesario seguir el camino de Jesús en el Calvario, y resucitar con él. Hay que afrontar junto al Mesías el camino de la fe, para confesar como lo dice el soldado romano: "verdaderamente este hombre es el Hijo de Dios"(Mc 13,39)
Escrito por: Cristian Ahumada - 22:04

martes, 8 de junio de 2010

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Milagros e Interpretaciones

Hoy un alumno me hizo una pregunta ¿por qué si Jesús hacía milagros no le creían que estaba enviado por Dios? Una buena pregunta, con una respuesta que es más compleja de lo que parece. Puesto que en la obviedad que se puede dar, el tema de los milagros va de la mano con el tema del pecado. Esto ya fue visto anteriormente en un post llamado El Concepto de Milagro, pero ahí no se aclara esta pregunta. Aquí quisiera desarrollar este tema con mayor detención.
Para el nuevo testamento, y de la mano de la experiencia taumatúrgica de Jesús, siempre se trata de ocultar el hecho de la presencia de Dios y su reinado mediante el milagro realizado al resto de la gente. Más bien, cada milagro va de la mano de una catequesis, que trata de explicar al destinatario del milagro qué significa la presencia de Dios y qué transformación lleva para la vida. Fíjense que los que ven un milagro de Jesús son muy pocas personas, que, luego de recibir la acción salvífica del reino, cambian su vida y siguen fielmente a Jesús.

El milagro masivo que se relata en los cuatro evangelios y que, se repite dos veces en Marcos y Mateo, fue uno de los detalles que tratan de mostrar los hagiógrafos, para manifestar que este acto se presta como el punto de inflexión para el seguimiento del Maestro.

En Marcos se manifiesta de la siguiente forma:
Entonces salieron los fariseos y comenzaron a discutir con El, buscando de El una señal del cielo para ponerle a prueba.
Marcos 8,11

En Mateo se da la siguiente conclusión:
Entonces los fariseos y los saduceos se acercaron a Jesús, y para ponerle a prueba le pidieron que les mostrara una señal del cielo.
Mateo 16,1

Para Lucas (9,10 - 17) lo importante es concluir con el verdadero alimento de Jesús que es la oración.

En cambio para Juan (capítulo 6 completo) es la enseñanza del verdadero pan de vida, que no se los dio Moisés, sino que se lo da el Padre de Jesús.

Pero el carácter masivo tiende a hacer creer a las personas que es simplemente inmediatista la respuesta que da Jesús, sus actos van más allá de la respuesta de saciar a las gentes, busca llegar al sentido que da sentido a la experiencia del encuentro con Dios. En cambio los hombres y mujeres buscamos la solución que nuevamente se pierde y provoca el hambre nuevamente.

El milagro para la experiencia de Jesús del Nuevo Testamento, es algo que se quiere evitar, el centro es el encuentro con el Dios del Reino, y no con los milagros del Señor. Es fuerte pensar que hoy en día se siguen persiguiendo señales que nos den a comprender que Dios sigue presente en el mundo con sus actos, si el verdadero sentido del milagro es descubrir la vida de Dios entre los hombres por medio de los ojos de la fe.
Escrito por: Cristian Ahumada - 23:02

lunes, 17 de mayo de 2010

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Simplicidad

Han pasado varias semanas en que se ha comentado acerca de los abusos de los sacerdotes. En lo personal también he vivido momentos de mucha complejidad, tratando de ver una solución a tantos problemas que se suscintan en torno a los conflicto. En mi post anterior hablaba del tema del pecado de la Iglesia, que es poder, y que la solución se da a los pies de la penitencia. Ahora me doy cuenta que existe otro componente que se nos olvida a nivel eclesial, que es más sencillo de lo que imaginamos, y ésta es la simplicidad.

Este fin de semana, en una conversación dentro de un retiro, fue un gatillo que dio pie a esta reflexión. Nada preparado, nada establecido, sino que una conversación de corazón a corazón. Los esquemas que se establecen en todo orden de cosas para la relación con Dios, y por lo mismo, con la Iglesia ha dejado anquilosada la verdadera dinámica de la fe en Cristo: la simplicidad. Tanto entendimiento y reflexión ha dejado de lado la simpleza que Jesús nos narra de la fe.

El carácter existencial más que intelectual es una característica propia de la experiencia bíblica, y ante la experiencia del pecado está el testimonio de Cristo en la cruz, su denuncia silenciosa hace que nosotros podamos darnos cuenta de la fuerza del perdón redentor que existe al interior de tal misterio.

Hoy, cuando se habla de los misterios de Fátima y sus reinterpretaciones, creo que sería necesario volverse a las fuente de estos misterios: la experiencia de Jesús en medio de los hombres. Más que nunca habremos de darnos cuenta que Jesús buscaba la simplicidad y la admiración, qué más se puede pedir: una experiencia de vaciamiento de la Iglesia que vivía del poder y del reconocimiento de su autoridad frente a los demás. Hoy la credibilidad se ha de sustentar en la simplicidad de la vida de los sacerdotes y de aquellos seguidores de Jesús.

Vale la pena preguntarse si nuestro propio testimonio hace creíble a Cristo hoy.
Escrito por: Cristian Ahumada - 21:07

martes, 11 de mayo de 2010

Penitencia

Después de un silencio obligado puedo manifestar a texto limpio y sin necesidad de estar esperando que mis ideas se vean guardadas en textos de papeles, quiero compartir el dolor que he visto y vivido por causa de los pecados de los sacerdotes que han escandalizado al mundo que se dice "civilizado".

Esto siempre se ha sabido, pero hoy lo vemos de manera realmente aterradora: la mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos de afuera, sino que nace del pecado en la Iglesia, y la Iglesia, por tanto, tiene una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender por una parte el perdón, así como la necesidad de la justicia. El perdón no sustituye la justicia

Estas palabras de Benedicto XVI expresadas en su viaje a Portugal manifiestan de forma muy sintética el dolor que vive (vivimos) en comunidad, varios amigos sacerdotes son apuntados con el dedo como si fueran degenerados o criminales de guerra que caminan impunes por las calles, ha sido muy doloroso ante el mundo que estos hombres se han sentido solos, un dolor que es compartido por el Papa. El pecado corrompe, sin darnos cuenta la experiencia del hombre, necesitado de trascendencia, hacia Dios que es la fuente de la misma.

El testimonio ha sido la carta de presentación de los cristianos y semilla de nuevos hijos e hijas de Dios, pero el escándalo ha hecho que, de forma interna, ha causado el menoscabo de la credibilidad de la institución. He aquí el punto central, la confianza no ha de cifrarse en la institución, sino que en el fundador de la misma, es la fe en Cristo quien da los cimientos de la Iglesia y no la organización la que da las seguridades.

Es necesario purificar nuevamente las opciones que hemos hecho, por mi parte, el dolor que he sentido es parte del proceso de penitencia, un ejercicio que será necesario vivir desde dentro. Ya no se puede tener la experiencia triunfalista de la época medieval, sino más bien, desde la humildad del vaciamiento de tanto que nos ata al poder.

El poder mismo siempre ha sido el gran pecado de la Iglesia, desde Constantino hasta nuestros días, el poder se ramifica en las diversas formas y notas, desde la compra de los títulos, o el lujo del renacimiento, alejándonos de la verdadera fuente, si antes hubo hombres como Francisco de Asis y Martín Lutero que denunciaron el pecado de la Iglesia, hoy es la conciencia global la que nos habla, y somos nosotros mismos quienes debemos cambiar el rumbo de esta situación. No podemos dejar solos a nuestros sacerdotes hoy en día, somos Iglesia y no testigos de este macabro teatro que estamos viviendo.
Escrito por: Cristian Ahumada - 22:51

martes, 13 de abril de 2010

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Leprosos

Aunque es una de las enfermedades que ya ha sido erradicada prácticamente del planeta, la lepra era signo de impuresa, desprecio y, en muchas ocasiones, de los malditos y alejados del mundo. En el mundo del Antiguo y Nuevo Testamento los leprosos debían anunciar su paso por pueblos y lugares para no contagiar a otros con el signo de los despreciados de Dios.
Hoy en día, vivenciamos situaciones muy similares con enfermos de otro tipo de males que han afectado a la sociedad completa (tales como los seropositivos), pero ahora se está dando el trato de leproso en el índole moralista, especialmente a quienes son de la Iglesia Católica: los sacerdotes.

Me ha tocado ver y descubrir en este último tiempo que a los sacerdotes se les ha estigmatizado por el mal que algunos han cometido en los casos de pedofilia e incluso en la utilización de material pornográfico, y que la opinión pública ha hecho la ecuación de pensar que todo sacerdote tiene problemas con el tema de su sexualidad, o sea, sacerdote es igual a pedófilo. ¿Se nos olvida que estas desviaciones sexuales son también humanas acaso? Y que los sacerdotes también son hombres que tratan de vivir su vida conforme al Evangelio, pero que en la mayoría de los casos pensamos que son casi ángeles. No se nos puede olvidar que son humanos, y ante esta desesperación de los medios de comunicación de dar veracidad y vender más la noticia, se ha llegado a ver la imagen del sacerdote como los nuevos leprosos de nuestra sociedad. ¡Qué dolor más fuerte para el corazón de la Iglesia!

Entiendo que existen varios hombres que van a defender a las víctimas, pero esas víctimas se hacen victimarios acusando con su dolor que no pueden ver la imagen de un hombre consagrado a Dios. El dolor está presente, pero aún así se tendría que actuar con misericordia y honestidad.

Recordemos, queridos amigos, que Cristo siempre fue en contra del pecado, pero buscando siempre el perdón del pecador, actitud que fue tomada años atrás por Juan Pablo II. y que ahora Benedicto XVI ha tenido que contener de forma cristiana ante tanta crítica ácida que se va expandiendo por el mundo.

Por otra parte hay mucho sacerdotes que tratan de levantar a aquellos que han sufrido por causa de la pedofilia y de los abusos que han hecho otros y han ido en defensa de los desprotegidos.

Hoy el trato de los leprosos de nuestro tiempo se asocia a la imagen de los sacerdotes, espero que no llegue el momento en que se busquen otros y nuevos leprosos para desplazar de nuestra comunidad global.

Escrito por: Cristian Ahumada - 09:52

viernes, 9 de abril de 2010

Contingencias...

El silencio hace bien, y cuando es forzado por la vida misma, hace mejor. He estado silenciado porque la vida misma me ha superado, en donde la contingencia del día a día me ha hecho detenerme bruscamente, colisionando con que nada es para siempre, ni las propias pertenencias. Un robo fortuito me ha dejado con la pluma y la espada de comunicarme abiertamente y de expresar lo que tengo en maduración intelectual.
Este es precisamente el proceso por el que he estado viviendo, descubriendo que la vida misma depara más cosas de las que se puede uno imaginar, y desde allí la voz de Dios se escucha con mayor claridad, ahora entiendo aquella frase del justo Job: "El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor."

Esta sola experiencia me ha llevado por los recónditos actos humanos, desde la frustración hasta la rabia incontenida de haber perdido todo lo que es trabajos e historia de vida digitalizada, y me ha llevado a descubrir nuevamente lo esencial, y que todo es posible de alcanzar, por otros medios y circunstancias vitales. Nada se ha perdido, sólo se ha transformado, y en este momento entiendo con mayor razón a aquellos que lo han perdido todo, porque de la rabia he pasado a la solidaridad y la empatía, que es simplemente una contingencia en medio de la vida.

No paro de pensar en los millares de hermanos que han perdido más que yo, y que es una bofetada hacia mi mismo para pensar que, el perder objetos y llorarlos es una idolatría más, porque la vida sigue siendo algo transitorio, y de las cosas que poseemos nada llevaremos con nosotros tras la tumba. He tenido que re aprender lo que es la gracia de Dios, y dar gracias a Dios. Y a darle espacio a la gracia de Dios es el esfuerzo más grande, de reconocer que esta vida cada día es oportunidad y desafío para seguir adelante.

Gracias Señor.

Escrito por: Cristian Ahumada - 09:53

domingo, 7 de marzo de 2010

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Dies Irae

Dies Irae (día de la ira) es una frase latina que leí alguna vez de un pasquín que entregaban en la Facultad de Teología, recordaba que la ira de Dios se iba a dejar caer sobre aquellos que blasfemaban contra el Señor y su Santo Nombre. ¿Por qué? Simplemente la existencia de un pequeño panfleto llamado Risus Paschalis (Alegría de la Pascua), que manifestaba que Dios también es alegre dentro de la severidad de la existencia.
Hoy me encuentro que ya han habido muchos hombres y mujeres de iglesias hermanas que están hablando del Castigo de Dios y de la Ira de Dios sobre aquellos que se han olvidado de Dios, y que por ello han (hemos) sido castigado por la caída de casas y seres queridos. ¿Acaso es parte del plan destructor de Dios sobre los seres humanos, sus hijos descarriados?

La ironía es la fuerza con que se levantan aquellos que son castigados. Lloraron por un momento sus lágrimas, pero se han levantado, ¿cuál es el motivo? ¡Ponen su confianza en Dios! Y algo que me conmovió yendo a visitar a mis tíos que sobrevivieron en la zona del terremoto fue ver que otros que lo habían perdido todo fueron a dar sus manos para trabajar y levantar a otros que estaban caídos, ¿no está ahí Dios mismo levantando?

Por favor, quienes están hablando del castigo de Dios están más cegados que no se dan cuenta de la gran misericordia de Dios que da por medio de su imagen y semejanza, los mismos hijos e hijas de Dios. Más que hablar de castigo pongan sus manos a las obras, más que discursos son los gestos que mueven los corazones y llenan de esperanza a aquellos que no tienen nada y lo esperan todo.

Hoy en las noticias mismas vi, que en la zona del Archipiélago de Juan Fernández, que llegó un payaso para dar alegría en medio del dolor. Un pensamiento anónimo dice:
Nadie es tan pobre para no regalar una sonrisa ni tan rico para no necesitarla.

Seamos solidarios y generosos, por lo menos dando una sonrisa al que está a nuestro lado.
Escrito por: Cristian Ahumada - 21:49

jueves, 4 de marzo de 2010

A levantarse

Esta es la imagen que refleja y manifiesta la esperanza de una nación. La bandera toda sucia y ajada, levantada por un rostro cansino nos da ánimo para levantar el alma de hombres y mujeres, que guardan sus esperanzas para levantarse, sacudirse el polvo y ponerse a caminar.


 
haz clic para descargarlo como fondo de escritorio
(Captada por Roberto Candia / AP) 

Escrito por: Cristian Ahumada - 14:51

martes, 2 de marzo de 2010

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Precariedad

Hace ya cuatro días que ocurrieron los graves acontecimientos en Chile, un terremoto (megaterremoto como lo catalogan algunos) ha azotado al 80% de la población del país. Varios pueblos y sectores costeros fueron sacudidos posteriormente por olas que superaban los 15 metros de alturas, llevándose casas, lugares de comercio, pero más doloroso aún, vidas humanas. No se puede juzgar moralmente un evento de tal categoría, simplemente ocurren, tampoco se ha de juzgar a Dios por lo ocurrido, sino que más bien hay que darse cuenta de que el hecho es parte de la vida de esta casa que llamamos planeta Tierra.

Hace ya tres días los medios de comunicación social mostraban los graves hechos en las ciudades más afectadas (Concepción, Talca, Constitución, Pichilemu), pero no de la naturaleza, sino que de otros hombres que, justificando sus necesidades, le robaban a aquellos que también lo habían perdido todo, saqueos de supermercados, almacenes de personas que era su única forma de sustento. Varias poblaciones fueron atacadas para sustraerles sus alimentos, primando la ley del más fuerte. Se puede juzgar moralmente un hecho así sí, y también se pueden buscar responsables, porque ante la necesidad no se puede incurrir en violencia y robo innecesario. Los hombres somos muy rápidos en buscar las justificaciones que nos avalen, y que nos muestren como las verdaderas víctimas que victimizamos a otros aduciendo que "era por necesidad". ¿Se puede juzgar a Dios diciendo "¿Por qué no ha hecho nada?"? Sinceramente, no.

La pregunta es ¿qué he hecho yo? La vida de otros, sus rostros, son verdaderos gritos de desesperación, el tema es que Dios mismo desde ahí está gritando en nuestra cara que hay que hacer algo. "La sangre de tu hermano clama justicia" versa el libro del Génesis en la muerte de Abel de manos de Caín. No hay que recriminar a Dios, él está ya ahí, estuvo ahí, y estará ahí con el que sufre. Es nuestra misión que en la precariedad descubramos que somos capaces de levantar a otros, de limpiarle el rostro.

Lo único que no podemos hacer es justificar que mediante la necesidad que me apremia, deje de pensar que hay otros hombres y mujeres que, a pesar de su pobreza, son capaces de dar más de lo que nosotros mismos necesitamos.
Escrito por: Cristian Ahumada - 11:15

miércoles, 24 de febrero de 2010

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Apariencias

Cada vez que hay escándalos acerca de los abusos de religiosos a menores de edad se da una suerte de persecución, investigaciones y juicios. No defiendo a los ejecutores de tales aberrantes actos; pero, el juicio en que hablan y critican sin reflexión seria a las autoridades de la Iglesia, hacen que se pierda la credibilidad. Es fuerte pensar que las personas que más critican sobre la Iglesia, es la primera que se acerca cuando está con dificultades y problemas.

Siempre han habido críticas en torno a las autoridades eclesiásticas, si bien es cierto en los últimos años han sido varios cientos los casos de sacerdotes que han caído en el tema de la pedofilia, se dan con fuerza otros testimonios de sacerdotes que mueren defendiendo su fe en medio de un mundo que piensa que ya no es necesario predicar y anunciar a Jesucristo.

La crítica más grande es que la Iglesia es una construcción mutua, que se va desenvolviendo a lo largo de la historia, pero que pareciera ser que la corresponsabilidad ha sido mermada en estos últimos años. Si Pío XII ya hablaba que la Iglesia era el cuerpo místico de Cristo (Mystici Corporis Christi, 1943), formamos un sólo cuerpo, tanto los sacerdotes y los laicos somos miembros de un mismo cuerpo que ha de cuidarse mutuamente, en imitación de la actitud de Cristo frente a su Esposa, la Iglesia.

Es realmente triste y preocupante que se nos olvide que somos parte de la Iglesia, y que formamos parte de la misma, claro podemos pensar que los sacerdotes tiene una responsabilidad jerárquica, y que ellos tanto dentro del presbiterio y como fuera de ellos siguen siendo sacerdotes, es un sacramento y un llamado, no una profesión (como lo piensan varios católicos), de ahí que el cuidado que debemos tener los cristianos por el cuidado de los sacerdotes es muy fuerte. A veces, la soledad que viven los mismos vicarios de Cristo es muy dolorosa en varios casos, especialmente cuando esperamos recibirlo todo de ellos. Es necesario proteger a aquellos que quieren protegernos, ellos que tienen que hacer presencia presente de Cristo suelen sufrir con mayor dolor la incomprensión de aquellos que dicen ser fieles al Maestro.

No sería bueno, aparte del tema disciplinario, tratar el tema afectivo frente a nuestros sacerdotes, dejar de lado las apariencias, y tratar de estar con ellos, más que una colonia, un par de zapatos o una camisa o cáliz, compartir con ellos su oración, orar por ellos y hacer presencia presente del cuerpo que es el laicado con ellos. Dejemos de lados estas apariencias y seamos verdaderamente lo que significa la palabra laico (seguidor fiel).
Escrito por: Cristian Ahumada - 20:06

domingo, 21 de febrero de 2010

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Elegía a un Maestro Viator

Fueron ya cerca de 18 años, cuando recién salía de una pequeña ciudad a la gran capital; salía de mi cuna para una aventura que sigue hasta el día de hoy de la mano de Jesús.

Conocía tu nombre, pero no quién eras,
con el tiempo sabría que serías mi maestro en el Seminario.

Más que textos y erudición mostraste sabiduría y humildad.
Sabio en el trabajo constante,
ya que no simplemente decías que había que hacer algo,
tú estabas allí trabajando junto a nosotros, en silencio constante.

Sabio en la oración,
para hablar sobre Dios dedicabas muchas horas a hablar con él,
¡cuántas veces te quedabas dormido en la capilla
vigilado por el amor del Padre!
En un profundo "Adorado y Amado sea Jesús".

Sabio en tu trato con los jóvenes y los niños,
siempre siguiendo la máxima de la Congregación:
"Dejad que los niños vengan a mí".

Sabio en la vivencia de tus votos,
fuiste obediente en la misión que la Iglesia te encargó,
pobre porque dejaste todo por seguir a Jesucristo,
y casto, porque tu amor fue exclusivo para Jesús y sus predilectos.

Hoy me despido, esperando que, en la llegada al reino prometido, Jesús te diga: "Ven a mí, bendito de mi Padre".

Un abrazo y un adiós querido padre y maestro Luis Trigueros.
Escrito por: Cristian Ahumada - 15:19

jueves, 18 de febrero de 2010

Desierto

El día de ayer estuve haciendo referencia al tema del desierto, como lugar de encuentro del pueblo de Israel con la intimidad de Dios. Pero a menudo pensamos que el desierto es el lugar de la muerte, pero para nuestro imaginario romántico caemos en la creencia de que los hebreos tenían dos opciones: vivir con Dios o perecer en el camino. Pues no es así.

El desierto es el lugar por preferencia donde Dios habla, de hecho la palabra desierto en hebreo (midbara) tiene mucho que ver con la vocablo Dabar (palabra), en una traducción más bien literal el desierto, según la mentalidad hebrea es el lugar en que se llena de palabras.

Y esto, en nuestra propia experiencia suele ser algo común, no es de extrañar que cuando estamos hospitalizados, tenemos muchas horas para tener tiempos de soledad (de desierto si lo quisiéramos poner de la misma manera), en que como no tenemos con quién conversar, nuestro mayor interlocutor somos nosotros mismos, de ahí que nos llenamos de palabras, ideas, imágenes y recuerdos, con que tratamos de cambiar nuestras propias acciones. Pero también es el lugar en que Dios habla, en medio de tantos soliloquios aparecen también los diálogos y tentaciones.

Aunque sea un tanto contradictorio, porque el desierto es un lugar en que hay que deshacerse de las cosas que traemos antes de entrar al encuentro con las palabras de Dios.

No hay dos opciones en el desierto, porque una vez que se entra el único encuentro es con Dios, y la elección es hacia la vida.

Por tanto, he aquí, la seduciré,
la llevaré al desierto,
y le hablaré al corazón.
Escrito por: Cristian Ahumada - 19:48

miércoles, 17 de febrero de 2010

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Mensaje de Benedicto XVI en el Miércoles de Cenizas

Queridos hermanos y hermanas:

Iniciamos hoy, Miércoles de Ceniza, el camino cuaresmal que nos preparará a la celebración de la Pascua del Señor. En este itinerario espiritual, la Iglesia nos sostiene con la Palabra de Dios, que encierra un programa de vida espiritual y de penitencia, y con la gracia de los Sacramentos. La liturgia de este día contiene el significativo rito de imposición de la ceniza, en el que se pueden utilizar dos fórmulas. La primera dice: “Convertíos y creed en el Evangelio”. Esta llamada a la conversión es una invitación a dejar un estilo de vida superficial e incoherente, para entrar en comunión con la persona de Jesús, entregando nuestra vida al Evangelio. La segunda fórmula que puede pronunciar el sacerdote cuando impone la ceniza dice así: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás”. Con estas palabras, la liturgia cuaresmal, por un lado, nos recuerda la muerte, exhortándonos al realismo y a la sabiduría, y, por otro, nos alienta a acoger y vivir la novedad inesperada que la fe cristiana desvela en la realidad misma de la muerte. Con la imposición de la ceniza, pues, renovamos nuestro compromiso de seguir a Jesús, dejándonos transformar por su misterio pascual, para vencer el mal y hacer el bien.
Escrito por: Cristian Ahumada - 19:06

Provisorio

Hace muy pocos días he visto y vivido en carne propia, las circunstancias de la precariedad de la vida, enfermedades y accidentes nos hacen ver que, a pesar de tener todos los bienestares, nuestra existencia es provisoria.
En el itinerario de la fe, y en una de las características de la reflexión cristiana está el carácter existencial más que racional de la respuesta que tenemos las personas frente a Dios (-¿cómo me puedes explicar que Dios está en ti?... -no lo sé, pero sé que está ahí conmigo), de ahí que el carácter provisorio de nuestra vida nos hace dar cuenta que Dios está ahí presente. Pero no quiero caer en dos tentaciones que cualquier persona, puede preguntar.

Evitar la sensación de pensar a Dios como la respuesta a las necesidades básicas del hombre

La imagen de un dios que sea respuesta de todas aquellas necesidades que vivimos en el día a día haría, simplemente, de dios un concepto que vendría a ser un solucionario a toda pregunta que aparece, pero que no da un sentido para la vida. ¿De qué me sirve decir que Dios es creador si sigo estando tan solo como siempre? Esto nos quita el carácter de provisorio en nuestra existencia, sino que vagaríamos en una negación del carácter de nuestra propia vida. Porque estaríamos reduciendo a Dios como si fuese un ídolo o una imagen, ante la cual cualquier petición tiene que ser cumplida. En caso contrario, si es que no se cumple, la responsabilidad recae en el ser humano, que no ha hecho correctamente la petición ante Dios, ya que él nunca se equivoca.

Evitar pensar a Dios como el antagonista de la historia que vivimos

En la modernidad, el mero hecho de pensar a Dios, ha sido muy criticado por aquellas personas que consideran que no es un concepto necesario, e incluso ven que el hecho de hablar de Dios quita la independencia de que el hombre sea capaz de pensar más allá de sus posibilidades. Es un tanto contradictorio este tipo de argumento, pero Dios se da como el antagonista del desarrollo histórico de la humanidad. Todo ello es para poder entablar que la humanidad por completo es capaz de trascenderse, ¿pero qué pasa con mi propia trascendencia?

En el fondo queda la misma sensación de vacío existencia, porque la precariedad de la vida, y de las concepciones que tenemos de Dios hoy hacen que sea el enemigo del hombre.

La experiencia bíblica nos manifiesta que, a lo contrario de la experiencia de nuestro tiempo, el carácter provisorio de la vida es el que da el sentido de la existencia, ya que el hombre no puede darse a sí mismo un sentido de su propio ser.

En este tiempo de cuaresma hay una imagen que puede servirnos para comprender que nuestra vida es un camino sin nada establecido: el desierto.

El desierto es la imagen que ha empleado el pueblo de Israel, es signo de camino, de perderlo todo, pero también para encontrarse con Dios en la intimidad de los corazones. Es el lugar donde se dejan los ídolos e ideologías, los falso profetas y también las falsas ilusiones.

Es bueno, de vez en cuando, que recordemos que estamos en medio camino, y que este camino es un encuentro, un abrazo que llene de alegría nuestros corazones. Dios no viene a solucionar los problemas, sino que viene a acompañarnos en nuestro caminar, no está contra nosotros, sino que está en contra a nuestros problemas y nos invita a luchar para lograr una buena vida. Dios no está en contra la historia, Dios se hace historia con nosotros, para que nuestra historia trascienda más allá de los simples derroteros que se provocan a lo largo de las decisiones humanas.

Escrito por: Cristian Ahumada - 17:33

sábado, 13 de febrero de 2010

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Cenizas


Estamos a días de celebrar Miércoles de Ceniza, comenzando nuevamente el tiempo litúrgico de cuaresma, momento de oración, reflexión, ayuno y penitencia; mas, en el hemisferio sur, justo en el tiempo de vacaciones, se vive de forma un tanto desfasada, pero no quiere decir que no se viva. La ceniza es uno de los símbolos más empleados en la teología del antiguo Testamento como signo de penitencia y de la precariedad del ser humano ante Dios, que se dispersa y se pierde en el viento, pero muy poco rescatado en un mundo que en medio de tanto cemento gris, no da frutos ni fertiliza nuestra vida.


De joven una vez vi a un campesino que una vez terminado de cocinar en un horno a leña tiraba las cenizas a la tierra del campo, en mi interior decía "¡para qué lo hace si nada se puede sacar de algo estéril y muerto!", quedándome con esta idea. Pasó el tiempo y vi que una señora ya mayor hizo el mismo gesto, no aguanté y le pregunté el porqué de esto, entonces escuché la explicación de que "la ceniza sirve para fertilizar y dar cuidado a lo que está abajo". Se puede ver mucha muerte y esterilidad sobre la ceniza, pero aún donde uno ve la muerte y la imposibilidad de que surja algo, ahí se da la vida.


Este tiempo de vacaciones para los del hemisferio sur quizá nos quite el ánimo de celebrar cenizas, pero quisiera rescatar que este momento es un recordatorio que nos indica que bajo la esterilidad y la muerte se da la vida. Ceniza es un tiempo que nos recuerda la precariedad de nuestra existencia, que no nos pertenece y que a veces la tapamos con tantas preocupaciones que no son esenciales y que, al final, nos deja más vacíos e intranquilos, con la sensación de no haber aprovechando nuestro tiempo en la tierra. Pero hay esperanza en medio de toda esta inconsistencia de nuestro ser contingente, puede surgir algo bello en medio de la inercia inerte de la vorágine de nuestra existencia. La vida está ahí, presente, aunque no es algo que avasalle a su alrededor: es silenciosa, constante y permanente; que a pesar de la destrucción y de los peligros que se aprecien, sigue adelante, a su ritmo. La tarea nuestra es darnos cuenta de que está ahí presente, latente y patente a la vez, nuestro trabajo es respetar esos procesos de cambio, y trabajar para que ellos ocurran.

La vida es un trabajo de doble voluntad, en ella está el creador que da la vida, y la criatura que desea vivir. El campesino respeta a la naturaleza y sus procesos para todo de su fruto a tiempo. Dios también respeta nuestros procesos vitales, ahora es cuestión de nosotros querer reconocer que vamos en un constante camino hacia el encuentro con el creador, y que en medio de esta infertilidad y muerte puede surgir la vida, tal como Cristo nos lo recordará con su resurrección en su Resurrección.
Escrito por: Cristian Ahumada - 20:12

lunes, 8 de febrero de 2010

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Desde la Palabra de Dios

Este domingo, cuando fui a la eucaristía me encontré con que el sacerdote que presidía la eucaristía era un varón entrado en edad, me recordaba a los venerables monjes que vi alguna ves en aquel monasterio benedictino, cuando fui de retiro de silencio, esa imagen me trajo, hasta el momento de la homilía.
Estaba hablando del evangelio de San Lucas, para los que se acuerdan era acerca de la pesca milagrosa que realiza Jesús, y la primera confesión de fe que realiza Pedro "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador" (o sea, Señor, tú eres Santo), pero eso no fue lo que me llamó la atención. La formación de los sacerdotes ha de ser, y tiene que ser, permanente, me explico. En la eucaristía el Sacerdote empezó a dar reseña del origen del evangelio y del evangelista; partió diciendo que era de origen antioqueno, luego que las comunidades antioquenas se formaron a partir del mismo evangelio y que el mismo Pablo habría tomado este evangelio para la predicación. En resumidas cuentas, que el evangelio de Lucas era uno de los primeros evangelios en redactarse y que fue la fuente de inspiración para la predicación del Apóstol Pablo. Mi madre que estaba al lado mío me dijo: "eso no aparece así en tus libros", algo que me consuela, porque pensé que había entendido mal.

Para dejar claro,


las comunidades antioquenas son de origen siro-palestino, ubicadas en la ciudad de Antioquía, una urbe muy populosa, que en la época del imperio romano bordeaba el millón de habitantes, fue cuna del nombre cristiano, y una pequeña "base de operaciones" para la misión cristiana. Pablo, una vez converso va hacia esta ciudad para aprender de los discípulos de Cristo.

Pablo conoce a Lucas en la zona de los helénicos, ya que su profesión es ser médico, posteriormente la tradición lo pone como uno de los evangelistas, y en que recoge la tradición paulina y sus propias investigaciones. Hago notar que en las lecturas de su evangelio vamos encontrarnos fuertemente con el tema económico, más que en los otros dos evangelios sinópticos, por lo cual difícilmente tuvo un acceso cercano a la persona del Jesús histórico.

Por lo mismo me acerqué al sacerdote al finalizar la eucaristía, para que pudiera ver si podía corregir este error formal, con un buen gesto lo agradeció, ahí noté su humilde santidad.

A veces nosotros mismos creemos a partir de la autoridad de las personas que nos dicen y enseñan; no es el contenido el valedero, sino la persona que profiere o da ese contenido. Es desde aquí que me ocupó el tema, me decía: "si me presento delante de toda la feligresía, y digo: 'saben el padre está equivocado, porque los estudios bíblicos dicen...', nadie me hubiera tomado en cuenta. De ahí la responsabilidad de los que están a cargo de la formación de las personas, porque no creo que haya alguien con su laptop en una eucaristía tratando de verificar todo lo que el ministro va explicando; simplemente hacemos un acto de fe, desde que entramos hasta que salimos a misionar aquello que hemos celebrado.

De esto saqué una conclusión: a la hora de hablar o de escribir es mejor siempre ir con humildad, ya que simplemente esto que hacemos al compartir la fe es un constante rumiar la palabra, nunca se digiere del todo, pero estamos aquí tratando de comprender este mensaje que es la verdad por quién lo ha dicho: Dios.

Nota 1: No he querido denostar a los sacerdotes, hay muchos que son muy santos varones que ha pasado toda su vida dedicada a lo que se llamaba "la cura de almas", y que por su antigua formación no tienen el conocimiento teológico actual, pero su testimonio vale más que miles de grados académicos. Tampoco quiero defender a aquellos sacerdotes que no preparan sus homilías, ni hacen lo que, en esencia debería ser una homilía, encarnarla en la vida de su comunidad tal como Cristo se encarnó en la vida de la humanidad.

Nota 2: ¿Sabía ud. que como miembro de una comunidad tiene el derecho a escuchar bien las lecturas? Si alguna vez ve que en su comunidad un lector no cumple su misión puede pedirle al celebrante que la vuelva a repetir. ¿Sabía también que si un sacerdote no instruye a su pueblo con las lecturas leídas en la homilía puede exigirle a que lo haga? O sea, si a un sacerdote le parece más importante la política o el fútbol a la Palabra de Dios, usted puede pedirle que hable de las lecturas antes que un comentario político. Eso no quiere decir que se deje de hablar de política o de la contingencia nacional, si la homilía ilumina nuestra vida a la luz de la palabra de Dios.

CIC 762 :
Como el pueblo de Dios se congrega ante todo por la palabra de Dios vivo, que hay absoluto derecho a exigir de labios de los sacerdotes, los ministros sagrados han de tener en mucho la función de predicar, entre cuyos principales deberes está el de anunciar a todos el Evangelio de Dios.

Escrito por: Cristian Ahumada - 16:22

sábado, 6 de febrero de 2010

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Exégesis y Eiségesis

Entre tanto comentario y división que se ha dado de acuerdo a los principios que sustentan la fe cristiana de tal o cual iglesia, e incluso de la "privatización del cristianismo" por parte de algunos fieles, pastores e incluso sacerdotes, que teniendo sus más buenas intenciones de llevar a cabo la voluntad de Dios, usan a modo de escudo y de caballo de batalla la palabra de Dios, pero la pregunta es de qué manera la están instrumentalizando. De ahí el punto de hoy, de qué forma tomamos la exégesis bíblica y la reducimos a una simple eiségesis de la misma.

El riesgo de la lectura de la Biblia siempre ha sido y será dejar de lado la unidad de toda el en su conjunto, si bien es cierto hay una distancia milenaria entre el primer libro (Génesis) y el último del canon bíblico (Apocalipsis), ello no quiere decir que estén aislados y superpuestos, uno a lado de otro. La lectura de la Biblia puede ser vista desde su unidad, o como varios hacen a partir de sus propios intereses y necesidades de una forma parcelada.

¿Qué es la exégesis y la eiségesis?

En algunos textos y comentarios se ven como antagonistas de una misma película, en que la exégesis es el lado correcto del estudio bíblico y la eiségesis es la incorrección misma, cosa que en lo personal no creo así. Exégesis viene del griego ἐξηγεῖσθαι, que viene a traducirse como "guiar hacia afuera", o "sacar a reconocer", tiene que ver con el arte y la ciencia de saber qué es lo que el autor quería decir con sus palabras; digo que es arte y ciencia, porque hay que contextualizar el momento histórico y su sentir de fe, junto con las características literarias de la época en que se escribe; un ejemplo, cuando Jesús dice en el evangelio de Juan: "Yo soy el camino y la verdad y la vida" (εγω ειμι η οδος και η αληθεια και η ζωη), en griego la partícula και (y) puede resultar un problema de exégesis, por ejemplos hay textos que dicen "En copas y oro fue servido el vino para Alejandro y su ejército", no sería mejor decir "En copas de oro fue...", lo mismo ocurre en el evangelio de Juan: "Yo soy el camino de la verdad de la vida". Algo más entendible, ¿no? Las expresiones gramaticales pueden ser una excusa para entender algo que el autor nunca quiso decir, en este caso no son tres cualidades para una misma persona, sino la propiedad de estas tres en una misma unidad: Jesús, en Juan, es el camino de la verdad de la vida.

La Exégesis misma tiene que respetar el sentido de las palabras para hacérnosla entender, en cambio hoy se ha visto a la eiségesis como el ejercicio de introducir nuestras propias interpretaciones en los textos. De ahí que veamos tantos hombres y mujeres de fe que hablan ya de los signos del final de los tiempos, dando ya fechas y lugares exactos, sacando documentales explicativos, e incluso dando cronogramas de los acontecimientos con manuales de "qué hacer en caso de", y hasta mapas de cómo va a ser el reino de los cielos en la tierra (como si alguien se adelantase y comprara ya su terreno). Siendo que Jesús mismo, en reiteradas ocasiones repitió que nadie sabe ni el día ni la hora, ¿o acaso fue un lapsus de la revelación del Espíritu Santo que lo está dando justo ahora en forma parcelada?

Claro, la eiségesis por sí sola es un mal ejercicio, porque se toma atomizada la palabra de Dios, para uso e intereses personales; muchos terminan aprendiéndose la Biblia a pedazos, pero no construyen su conjunto, y por lo mismo ¿qué imagen de Dios tendrán? He visto a muchos hermanos de otras iglesias y de la católica, apostólica y romana, saberse versículos de memoria, o incluso decir que se saben la Biblia de memoria, pero no es garantía de entender en profundidad el misterio de Dios, del Dios de Jesucristo.

Ahora bien, la exégesis tiene que ir de la mano con la eiségesis, pero en un doble movimiento: la exégesis es hacia el texto, en la unidad completa de la Sagrada Escritura, en comunión con toda la tradición apostólica. Pero la eiségesis va de la mano con la actualización que hago del texto no hacia lo que estoy leyendo para reinterpretarlo, sino que hacia mi vida, mis acciones, mi historia, hay que recordar, a los ojos de la fe que Dios se ha revelado a través de su palabra, pero también a través de la creación misma, que es revelación de Dios, y a ella podemos re-leer a partir de la escritura. La lectura de la vida se hace con la óptica de la Sagrada Escritura y no al revés, ya que sería muy fácil ver a un dios demonizado antes que al Dios de Jesucristo.
Escrito por: Cristian Ahumada - 10:37

jueves, 4 de febrero de 2010

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Teología Negativa

Una de las cuestiones que más me ha llamado la atención, y que fue motivo de discusión años atrás en mi titulación en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, fue la afirmación que realicé, tomando una frase de Karl Rahner: "La Trinidad Económica es la Trinidad Inmanente". Frase, que hasta esa fecha no le había tomado el peso, ya que uno de los profesores que estaba en la comisión quería que admitiera también que es más de Dios lo que no se puede decir, que lo que verdaderamente se puede decir de él. Esta es la definición de Teología Negativa.

El tema es ¿por qué defender y hablar más de una teología negativa más que de una teología positiva, o como otros han propuesto, una analogía de la experiencia de Dios?

La Teología negativa, manifestada desde los orígenes de la reflexión cristiana, y que deja de lado la posibilidad cierta de conocer el Misterio de Dios, ya que es más fácil decir lo que Dios no es a partir de nuestra propia existencia, por ejemplo, si el hombre es mortal entonces Dios es inmortal; si el hombre tiene un conocimiento limitado Dios es omnisciente; si el hombre cambia Dios no lo hace (inmutable). Varios teólogos cristianos vieron en esta forma de pensamiento el modo más seguro de hablar acerca de Dios, y en cierto sentido tienen razón, ya que todas las palabras que podamos tener no van a definir en su totalidad la realidad misma. En este sentido Santo Tomás de Aquino dice que las palabras no contienen la realidad que se enuncia.

¿Qué garantía nos da esto para la fe? Hay dos caminos, el camino de la negación simplista, y el camino de la mística. La negación simplista lleva a las persona a no cuestionar la fe y el porqué de tales experiencias; si yo digo "Dios es inmortal" no me voy a cuestionar el tema de la inmortalidad, simplemente porque Dios no muere y yo, como ser mortal sí lo voy a hacer. La negatividad encierra desde este punto de vista un absoluto que no tiene razón de ser cuestionada, tal como un padre dice "no tires piedras", no cabe otra condición para poder lanzarlas. Es mucho más complicado el segundo camino, que es el camino de la mística, los hombres y mujeres que han vivido una experiencia beatífica y han visto "cara a cara" a Dios mismo, se dan cuenta que cada palabra dicha afirmativamente acerca del misterio de Dios es "paja que ha de ser quemada" (frase que dijo Santo Tomás después de una experiencia mística al cabo de finalizar de escribir su Summa Teológica), pues en esta experiencia todas nuestras palabras no contienen la profundidad de la realidad que se vive. De ahí que varios místicos han expresado que de Dios nada se puede decir. De aquí varios pueden tomarse para afirmar el agnosticismo moderno, pero no se han percatado que estas personas que afirman que de Dios no se puede decir nada es porque ya han tenido una vivencia de encuentro con el misterio de la divinidad.

Ahora bien, si las palabras no contienen en sí la realidad que se quiere mostrar, sí es posible manifestar la experiencia de Dios. Si nos fijamos en los relatos evangélicos Jesús no habla negativamente de su experiencia con su Padre; la forma en que relata su relación filial con el Dios de las promesas del Antiguo Testamento, es más bien con aquella paradójica cercanía que manifiesta a los hombres, y que mientras más cercano lo vivimos nos percatamos de la enorme distancia que existe entre el Creador y la criatura.

Jesús hace una propuesta positiva de la experiencia de su Padre, de forma sencilla usa las imágenes que tienen las personas de su tiempo y en el contexto en que ellos viven: Las Parábolas nos muestran la experiencia cercana de la presencia del Dios con nosotros; "El Reino de Dios se parece a..." el uso de la analogía es el puente que tiene el lenguaje para acercar dos realidades tan distantes pero que tiene el tenue lazo de la simpleza, porque Dios también es simple.

Los mismos místicos nos dan otro paso para poder reconocer en la sencillez de nuestro lenguaje la profundidad de la experiencia de Dios, para poder manifestar la grandeza del Creador ha sido necesario expresarla desde la poesía, en el lenguaje figurativo con imágenes de lo cotidiano nos podremos encontrar con esta experiencia que, a veces, suele ser tan incomunicable por la sencillez y profundidad que encierra o ¿acaso alguien me podría definir positivamente (en el sentido estricto de la palabra) qué es amar y el amor? Es sencillo y profundo a la vez.
Escrito por: Cristian Ahumada - 20:29

lunes, 1 de febrero de 2010

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Jesús: una palabra libre

Esta reflexión es parte de un texto corto, pero profundo del Teólogo francés Christian Ducoq, "Jesús, hombre libre". He querido compartirlo porque me parece que ante tantos comentarios que están encasillando la reflexión de Jesús en torno a tal o cual ideología, incluso en el mundo de la teología, es bueno dar un buen paso con estos pensamientos que a momentos más que iluminar perturban y confunden más el caminar en la fe.

Una palabra libre

Esta libertad es la que aparece también en su enseñanza y en su modo de existencia, del mismo modo que aparecía en sus relaciones sociales. Sus oyentes quedaron impresionados por su forma de enseñar: enseñaba con autoridad (Mc 1, 22), no como los escribas y fariseos. Estos no hacían más que comentar, Jesús parecía un creador. La idea que de la ley y de la religión judías se forjaban los escribas y fariseos no les permitía otra actitud. Por eso, el debate entre ellos y Jesús se concentra en la manera con que él se refiere a la ley. Hay múltiples episodios en los evangelios consagrados a las controversias que surgieron sobre temas de observación ritual. Juzgando superficialmente las cosas, nos podría fácilmente parecer exagerada la importancia que les conceden los evangelistas. En realidad, esos episodios nos describen debates concretos para manifestarnos hasta qué punto estaban ligadas en Jesús la enseñanza y la actitud. Su palabra es un comentario de su comportamiento. A las acusaciones de los fariseos contra sus discípulos de que no respetaban la tradición de los "antiguos" (Mc 7,2), Jesús responde poniendo en cuestión el origen divino de esas observancias; se trata de costumbres humanas y ha y que juzgarlas humanamente. Se les atribuye un valor desmesurado, hasta llegar a sacrificar por ellas el mandamiento de Dios de no hacer daño a nadie (Mc 7,9-14). La trasgresión del sábado ocasionó oposiciones violentas: Jesús muestra el sentido de su conducta y de la de sus discípulos. O bien apela a la libertad que se tomó una de las mayores figuras de la religión judía, David (Mt 12,1-8), o bien recuerda ciertos datos evidentes para todo el que no sea fanático: "El sábado está hecho para el hombre". Los maestros de Israel son culpables de invertir el orden, con el pretexto de honrar a Dios; se olvidan de que lo único que cuenta a sus ojos es la misericordia, y no el sacrificio (Mt 12,7). El sentido común de Jesús enuncia la estupidez de la tacañería legal cuando le reprochan que cura en día del sábado, en contra de las prescripciones de la ley: "¿Qué hombre hay entre vosotros que tenga una sola oveja, y, si se le cae en un hoyo en día festivo, no vaya a buscarla y sacarla?" (Mt 12, 11).

La libertad de Jesús ante la ley es la que le confiere sentido a esa ley. La ley debe juzgarse, en su práctica concreta, por la doble exigencia del amor de Dios y del prójimo (Mt 7,12; 22,37-40; Mc 12,28-34). Si Jesús no tiene miedo a traspasar la ley hasta llegar a escandalizar a los maestros de la religión, es porque su libertad es una forma de su amor al prójimo (Mt 7,12).

El "sermón de la montaña", esto es, los capítulos 5-7 de Mateo, que reúne en una sola exposición las palabras dispersas de Jesús, tiene su origen en esta actitud de libertad. Jesús no se apoya en ninguna tradición: "Habéis oído que se dijo... Pero yo os digo..." (Mt 5, 43-44). Jesús señala, en un estilo paradójico, dónde está la fuente de su propia conducta, cuya regla de oro es la de no basarse más que en su actitud filial ante Dios y en su amor efectivo al prójimo. Jesús no promulga una ley nueva, no hace una teoría de la ley, sino que adopta una actitud que critica radicalmente la función que se le hacía desempeñar a esa ley. Esa opción extraña escandaliza. Es tan nueva que el pueblo se siente impresionado por la autoridad con que la hace suya. El pueblo y los fariseos quedan conmovidos ante esta libertad e intentan descubrir su origen. No es la libertad del pecador, porque entonces la ley tendría razón en contra de él. La libertad de Jesús es de otro orden. Los fariseos, los escribas, los saduceos, sienten miedo: creen que es peligroso ese comportamiento de Jesús. Aprietan a Jesús con sus preguntas, le tienden asechanzas. Esperan llegar a definir su conducta dentro de las categorías ya conocidas. Jesús les desconcierta; se ha abierto una brecha en su sistema religioso. La libertad de Jesús se impone hasta el punto de que no pueden esquivar la cuestión que plantea. Les irrita, les obliga a tomar partido, les obliga a ser ellos mismos. Y llegan hasta los juicios más extremos, hasta acusar de magia a aquel que tiene autoridad sobre los posesos.
Escrito por: Cristian Ahumada - 18:39