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Sensus Fidelium

Una fe que no se piensa, es una fe muerta

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domingo, 7 de marzo de 2010

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Dies Irae

Dies Irae (día de la ira) es una frase latina que leí alguna vez de un pasquín que entregaban en la Facultad de Teología, recordaba que la ira de Dios se iba a dejar caer sobre aquellos que blasfemaban contra el Señor y su Santo Nombre. ¿Por qué? Simplemente la existencia de un pequeño panfleto llamado Risus Paschalis (Alegría de la Pascua), que manifestaba que Dios también es alegre dentro de la severidad de la existencia.
Hoy me encuentro que ya han habido muchos hombres y mujeres de iglesias hermanas que están hablando del Castigo de Dios y de la Ira de Dios sobre aquellos que se han olvidado de Dios, y que por ello han (hemos) sido castigado por la caída de casas y seres queridos. ¿Acaso es parte del plan destructor de Dios sobre los seres humanos, sus hijos descarriados?

La ironía es la fuerza con que se levantan aquellos que son castigados. Lloraron por un momento sus lágrimas, pero se han levantado, ¿cuál es el motivo? ¡Ponen su confianza en Dios! Y algo que me conmovió yendo a visitar a mis tíos que sobrevivieron en la zona del terremoto fue ver que otros que lo habían perdido todo fueron a dar sus manos para trabajar y levantar a otros que estaban caídos, ¿no está ahí Dios mismo levantando?

Por favor, quienes están hablando del castigo de Dios están más cegados que no se dan cuenta de la gran misericordia de Dios que da por medio de su imagen y semejanza, los mismos hijos e hijas de Dios. Más que hablar de castigo pongan sus manos a las obras, más que discursos son los gestos que mueven los corazones y llenan de esperanza a aquellos que no tienen nada y lo esperan todo.

Hoy en las noticias mismas vi, que en la zona del Archipiélago de Juan Fernández, que llegó un payaso para dar alegría en medio del dolor. Un pensamiento anónimo dice:
Nadie es tan pobre para no regalar una sonrisa ni tan rico para no necesitarla.

Seamos solidarios y generosos, por lo menos dando una sonrisa al que está a nuestro lado.
Escrito por: Cristian Ahumada - 21:49

jueves, 4 de marzo de 2010

A levantarse

Esta es la imagen que refleja y manifiesta la esperanza de una nación. La bandera toda sucia y ajada, levantada por un rostro cansino nos da ánimo para levantar el alma de hombres y mujeres, que guardan sus esperanzas para levantarse, sacudirse el polvo y ponerse a caminar.


 
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(Captada por Roberto Candia / AP) 

Escrito por: Cristian Ahumada - 14:51

martes, 2 de marzo de 2010

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Precariedad

Hace ya cuatro días que ocurrieron los graves acontecimientos en Chile, un terremoto (megaterremoto como lo catalogan algunos) ha azotado al 80% de la población del país. Varios pueblos y sectores costeros fueron sacudidos posteriormente por olas que superaban los 15 metros de alturas, llevándose casas, lugares de comercio, pero más doloroso aún, vidas humanas. No se puede juzgar moralmente un evento de tal categoría, simplemente ocurren, tampoco se ha de juzgar a Dios por lo ocurrido, sino que más bien hay que darse cuenta de que el hecho es parte de la vida de esta casa que llamamos planeta Tierra.

Hace ya tres días los medios de comunicación social mostraban los graves hechos en las ciudades más afectadas (Concepción, Talca, Constitución, Pichilemu), pero no de la naturaleza, sino que de otros hombres que, justificando sus necesidades, le robaban a aquellos que también lo habían perdido todo, saqueos de supermercados, almacenes de personas que era su única forma de sustento. Varias poblaciones fueron atacadas para sustraerles sus alimentos, primando la ley del más fuerte. Se puede juzgar moralmente un hecho así sí, y también se pueden buscar responsables, porque ante la necesidad no se puede incurrir en violencia y robo innecesario. Los hombres somos muy rápidos en buscar las justificaciones que nos avalen, y que nos muestren como las verdaderas víctimas que victimizamos a otros aduciendo que "era por necesidad". ¿Se puede juzgar a Dios diciendo "¿Por qué no ha hecho nada?"? Sinceramente, no.

La pregunta es ¿qué he hecho yo? La vida de otros, sus rostros, son verdaderos gritos de desesperación, el tema es que Dios mismo desde ahí está gritando en nuestra cara que hay que hacer algo. "La sangre de tu hermano clama justicia" versa el libro del Génesis en la muerte de Abel de manos de Caín. No hay que recriminar a Dios, él está ya ahí, estuvo ahí, y estará ahí con el que sufre. Es nuestra misión que en la precariedad descubramos que somos capaces de levantar a otros, de limpiarle el rostro.

Lo único que no podemos hacer es justificar que mediante la necesidad que me apremia, deje de pensar que hay otros hombres y mujeres que, a pesar de su pobreza, son capaces de dar más de lo que nosotros mismos necesitamos.
Escrito por: Cristian Ahumada - 11:15