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Sensus Fidelium

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miércoles, 20 de enero de 2010

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Salvifici Doloris

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Más de un mes que en este blog no había escrito, puesto que por responsabilidades contraídas, tuve que dedicar mis fuerzas a la labor educativa y formativa tanto de alumnos como profesores. Hoy, y en vista a tanta noticia que he visto de los desastres provocado por la naturaleza y el trabajo de los medios de comunicación que nos han dado con imágenes que nos conmueven, quisiera hacer una reflexión acerca del dolor humano, y del sentido salvífico que contiene, a la luz de la fe cristiana.
El dolor, recuerdo a un profesor de psicología, es el único aprendizaje que tenemos y que deja marcas. Recuerdo que mis padres me decían que no metiera los dedos en el enchufe, nunca escuché hasta que los introduje ahí, y desde entonces que le tuve respeto a la electricidad que dejó una marca en mi dedo. Por lo demás están las célebres frases de corte draconiano que dicen: "La letra con sangre entra". ¿Es que aquello que se presenta como doloroso cobra un mejor sentido para la vida del ser humano?

Hoy me sorprendo con las figuras de un cristianismo que busca expresar con el dolor en su sentido máximo el valor redentor de Jesucristo, me da náuseas pensar que el mundo del mercado juega con las figuras de un Cristo light por una parte y, por otro lado, con un Cristo ultra sufriente que escandaliza hasta tal punto que llega al morbo.

El dolor cristiano ha supuesto que va en vistas a la superación de la condición dolorosa de la vida.

Salvar, guardar, satisfacer, rescatar, redimir, restaurar, son verbos utilizados en la soteriología, pero son en vistas a un objetivo más profundo y que dota de sentido al dolor: "para que el hombre viva". El dolor humano, que se queda simplemente en el gesto sufriente es el acto de masoquismo y sinsentido más grande que puede realizar el ser humano. Una madre no llora la muerte de su hijo para ser vista por millones de personas gracias a la televisión, llora porque el sufrimiento que vive le hace reclamar, gemir con dolor y angustia por el ser que ha perdido. El dolor humano no es moralizante, sino que la misma experiencia humana moraliza el dolor. No me vengan a decir los catedráticos que el terremoto en Haití Dios lo quiso, esto no convence, más bien convengamos, que el acto de la naturaleza nos ha hecho ver que donde está la ausencia del sentido aparece la presencia de Dios.

El dolor cristiano, y el dolor de Cristo es un dolor solidario, ya varios se preguntaban qué ocurre si Jesús asume el dolor como una característica divina ¿acaso a Dios le gusta sufrir? La respuesta es sencilla, no, no es parte de la naturaleza de Dios, ni tampoco es deseada para el hombre. Dios quiere que todos los hombres se salven, por tanto quiere que el hombre viva y viva bien. Jesús sufre solidariamente, mostrándonos que conoce nuestro dolor; mas no por ello hemos de cargar de dolor a los que no se lo merecen.

Hoy más que nunca no dejemos que otros carguen con cargas que ni nosotros mismos podemos llevar, sería bueno que en estos días, mientras veamos tanta noticia y tanta desgracia, sintamos nuestro estómago, y si no se nos revuelve (entrañas de misericordia), es que el dolor que vemos ya es inocuo, no cobra sentido, por tanto, hemos dejado de ver el rostro solidario de Cristo que ahí está junto al que sufre.

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