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martes, 2 de marzo de 2010

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Precariedad

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Hace ya cuatro días que ocurrieron los graves acontecimientos en Chile, un terremoto (megaterremoto como lo catalogan algunos) ha azotado al 80% de la población del país. Varios pueblos y sectores costeros fueron sacudidos posteriormente por olas que superaban los 15 metros de alturas, llevándose casas, lugares de comercio, pero más doloroso aún, vidas humanas. No se puede juzgar moralmente un evento de tal categoría, simplemente ocurren, tampoco se ha de juzgar a Dios por lo ocurrido, sino que más bien hay que darse cuenta de que el hecho es parte de la vida de esta casa que llamamos planeta Tierra.

Hace ya tres días los medios de comunicación social mostraban los graves hechos en las ciudades más afectadas (Concepción, Talca, Constitución, Pichilemu), pero no de la naturaleza, sino que de otros hombres que, justificando sus necesidades, le robaban a aquellos que también lo habían perdido todo, saqueos de supermercados, almacenes de personas que era su única forma de sustento. Varias poblaciones fueron atacadas para sustraerles sus alimentos, primando la ley del más fuerte. Se puede juzgar moralmente un hecho así sí, y también se pueden buscar responsables, porque ante la necesidad no se puede incurrir en violencia y robo innecesario. Los hombres somos muy rápidos en buscar las justificaciones que nos avalen, y que nos muestren como las verdaderas víctimas que victimizamos a otros aduciendo que "era por necesidad". ¿Se puede juzgar a Dios diciendo "¿Por qué no ha hecho nada?"? Sinceramente, no.

La pregunta es ¿qué he hecho yo? La vida de otros, sus rostros, son verdaderos gritos de desesperación, el tema es que Dios mismo desde ahí está gritando en nuestra cara que hay que hacer algo. "La sangre de tu hermano clama justicia" versa el libro del Génesis en la muerte de Abel de manos de Caín. No hay que recriminar a Dios, él está ya ahí, estuvo ahí, y estará ahí con el que sufre. Es nuestra misión que en la precariedad descubramos que somos capaces de levantar a otros, de limpiarle el rostro.

Lo único que no podemos hacer es justificar que mediante la necesidad que me apremia, deje de pensar que hay otros hombres y mujeres que, a pesar de su pobreza, son capaces de dar más de lo que nosotros mismos necesitamos.

2 han dado su opinión:

  1. Me gustó el artículo pero no hay que ir al Génesis para ocuparnos de nuestro prójimo. Decía Nuestro Señor Jesucristo: "Ama a tu prójimo como a ti mismo", es global ama a tu prójimo, se solidario si está en una mala situación, etc.
    No veo la precariedad veo la necesidad, todos mis prójimos son iguales, en igualdad, todos debemos comprometernos a dar en la medida de lo que podemos, ni más ni menos.

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  2. Muchas gracias por tu comentario, y también por tu observación, espero contestar y dejar claro con la siguiente exposición:

    Es cierto que podría haber empezado por el imperativo que nos da Jesús: ama a tu prójimo como a ti mismo. Pero muchos no saben el porqué de este imperativo, y ahí hay que remontarse al Génesis, y además ¿por qué se hace así? Para destacar que desde el principio de la creación misma del hombre y de la mujer existe esta dignidad. No es algo adquirido con el paso del tiempo, sino que es constituyente de cada uno de nosotros.

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