viernes, 13 de marzo de 2009

Esclerocardia

Cuando escuché por primera vez de la palabra esclerocardia (cuando el corazón se vuelve duro), me llamó mucho la atención, porque el ser humano busca su paz interior y sentirse acogido, recibiendo el afecto de otros, pero cuando el dolor humano llega a los límites más insospechado cae en la búsqueda de armarse para no recibir más dolor; pero también llega de la mano a no recibir más cariño.

A nosotros nos cuesta más volver a confiar, y es que en las experiencias del afecto vamos aprendiendo, a fuerza del dolor mismo, a no confiar en el resto de las personas. No me puedo quitar de la mente, que en mi labor de docente, cómo los niños van evolucionando y dejando de lado su inocencia para pasar a vivir como "adultos". A veces el dolor de los mismos niños se expresa en el gran número de las desilusiones, para sacar como consecuencia que nunca más volverán a arriesgarse y cometer semejante error. Y es aquí dónde radica el gran error, porque al dejar que nuestro corazón se endurezca desencadenamos también el no querer amar en profundidad, perdonando siempre.

El corazón (en el sentido bíblico), busca el rostro de la persona amada, para ser cuidado y cuidarlo, no es raro que en Dios se encuentre este rostro, ya que el Amor de Dios procura sanar estas heridas, que han provocado que se vaya encerrando la persona en máscaras que no dejan ver la realidad en la cual Dios mismo quiere que el corazón del hombre viva. ¿Acaso los mismos niños cuando se pelean vuelven a ser amigos instantes más tarde?

En este proceso de reconciliación del corazón, se torna humanamente complicado volver a esta pureza del mismo, es simplemente porque la búsqueda de la verdadera felicidad se va nublando con tanta expectativas y desilusiones. Es necesario hacer una apuesta, de volver a confiar, de dar espacio a reencontrarse. La esclerocardia se torna en temor, vergüenza, y en el fondo paralizarse.

Para un hombre y una mujer de fe la esclerocardia del corazón significa cerrarse a la gracia de Dios, no reconocer esta acción en la vida de la gracia.

La única forma del reencuentro es simplemente una palabra: humildad y reconocerse como dependiente de Dios.

1 han dado su opinión:

  1. Anónimo6:41 p. m.

    Muchas veces el cometer un error nos hace cerrarnos a los demás, para no querer volver a equivocaros, lo que viene empeorando la situación.

    Al no reintentar actuar, aún equivocándonos, dejamos de aprender y de obtener nuevas experiencias y conocimientos necesarios para la vida diaria.

    Aunque también en muchas ocasiones el mundo nos provoca reprimirnos, pues siempre estamos juzgando todo lo que viene siendo diferente a nosotros, por lo que se produce ese miedo.

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