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sábado, 8 de agosto de 2009

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Caritas in Veritate (Primera Parte) - Introducción

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El Amor en la Verdad, vendría siendo un título adecuado en español para la nueva carta encíclica de Benedicto XVI, siendo la primera de carácter social en su pontificado.

Muchos habrán escuchado y leído en otras páginas que ésta iba a ser presentada en 2007, como un homenaje a los 40 años de la Carta Encíclica Popolorum Progressio de Pablo VI, actualizando el diagnóstico a nuestra contingencia, pero debido a la coyuntura vivida por esta crisis global fue necesario dar una nueva y fuerte reflexión en torno al actuar de la economía en un mundo cada vez global.

Tal como se ha hecho en los documentos magisteriales sobre la doctrina social de la Iglesia, la lectura de esta carta encíclica va de la mano con un reconocimiento histórico doctrinal, sobre la labor que han hecho los pontífices, desde León XIII hasta el día de hoy, de dar cuenta acerca de la realidad del trabajo y de la sociedad, junto con iluminar a partir del Evangelio el actuar del hombre conforme al plan salvífico de Dios, quien da cuenta que el trabajo es parte esencial de la vida del hombre, sustento de su dignidad y base para la sana convivencia. Pero ya desde la introducción Benedicto XVI introduce un giro en el pensamiento de la doctrina social.

El compendio de la doctrina social de la Iglesia, en su capítulo IV, aparecen los principios que mueven a la doctrina social, a saber, el Principio del Bien Común, el Destino Universal de los Bienes, El Principio de Subsidiariedad, La Participación, la Solidaridad, Los Valores de la Acción Social, y finalizando, El Principio de Caridad. Si aquí, la Caridad aparece en último término, Benedicto XVI quiere dar un giro, casi alejandrino, diciendo que el trabajo de la doctrina social parte del radical amor que Dios nos ha manifestado y que es el motor que mueve a la fraternidad, el amor, la solidaridad, participación en los bienes de todos nosotros.


La caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia. Todas las responsabilidades y compromisos trazados por esta doctrina provienen de la caridad que, según la enseñanza de Jesús, es la síntesis de toda la Ley (cf. Mt 22,36-40). Ella da verdadera sustancia a la relación personal con Dios y con el prójimo; no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas. Para la Iglesia —aleccionada por el Evangelio—, la caridad es todo porque, como enseña San Juan (cf. 1 Jn 4,8.16) y como he recordado en mi primera Carta encíclica « Dios es caridad » ( Deus caritas est ): todo proviene de la caridad de Dios, todo adquiere forma por ella, y a ella tiende todo . La caridad es el don más grande que Dios ha dado a los hombres, es su promesa y nuestra esperanza.

Soy consciente de las desviaciones y la pérdida de sentido que ha sufrido y sufre la caridad, con el consiguiente riesgo de ser mal entendida, o excluida de la ética vivida y, en cualquier caso, de impedir su correcta valoración. En el ámbito social, jurídico, cultural, político y económico, es decir, en los contextos más expuestos a dicho peligro, se afirma fácilmente su irrelevancia para interpretar y orientar las responsabilidades morales. De aquí la necesidad de unir no sólo la caridad con la verdad, en el sentido señalado por San Pablo de la « veritas in caritate » ( Ef 4,15), sino también en el sentido, inverso y complementario, de « caritas in veritate ». Se ha de buscar, encontrar y expresar la verdad en la « economía » de la caridad, pero, a su vez, se ha de entender, valorar y practicar la caridad a la luz de la verdad. De este modo, no sólo prestaremos un servicio a la caridad, iluminada por la verdad, sino que contribuiremos a dar fuerza a la verdad, mostrando su capacidad de autentificar y persuadir en la concreción de la vida social. Y esto no es algo de poca importancia hoy, en un contexto social y cultural, que con frecuencia relativiza la verdad, bien desentendiéndose de ella, bien rechazándola.
(CIV 2)

A partir del número dos de esta Encíclica vemos que será nuevamente importante reflexionar sobre nuestro actuar solidario no como una simple respuesta a las necesidades de nuestros hermanos, sino que esa respuesta está movida por el amor y misericordia de Dios que me amó y se entregó por mí.

2 han dado su opinión:

  1. Estimado Cristián:

    Espero que tengas una buena semana.

    Lo que plasmas en tus líneas, da para reflexionar sobre el tema que estamos analizando, sobre la baja que la Iglesia ha manifestado en las estadísticas de nuestro país. El Papa con su encíclica sale al paso de muchos de los puntos tan importantes de los cuales debemos reflexionar. Lo más lindo de este escrito, es que lo podemos hacer vida en todo ámbito de nuestras vidas: sacerdotes, religiosas, laicos, estudiantes, profesores, en fin.

    Saludos y un gran abrazo fraterno.

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  2. Anónimo7:40 p.m.

    este libro me parece super ya que estamos aprendiendo cosas que no sabemos y deben seguir sacando libros como este!!!!

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