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jueves, 10 de febrero de 2011

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Sanidad Espiritual, Sanidad Interpersonal

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Imagen: DiarioExtra.com
Tanto revuelo ha causado en Internet la aparición de "Confession: A Roman Catholic App", una aplicación para Iphone e Ipad, que supuestamente, para cualquier católico/a le permitiría confesarse sin mediación de un sacerdote. A primera vista pareciera una utilidad para aquellos que, debido a su vida atareada no tienen tiempo para encontrarse con un sacerdote para limpiar de sí el corazón dividido por el pecado. Pero no puedo dejar de pensar en las razones que se han esgrimido de parte del Vaticano, siento que no son las correctas, yo también estoy en desacuerdo de esta utilidad, si es que está propiciando el no encuentro con el Sacerdote para poder recibir el perdón de los pecados.
Es muy clara la razón de que la aplicación no es un confesionario, y que lo importante es el encuentro personal "cara a cara", entre Dios y el hombre. Las preguntas que se vienen son ¿por qué me tengo que confesar con un hombre? El tema puede ser complicado, pero para la fe católica este es un mandato de Cristo "A quienes remiten los pecados les quedarán remitidos, y a quienes no, les quedarán retinidos" (Juan 20, 23). El hecho del sacramento de la reconciliación es un encuentro de la sanidad del corazón de la persona que ha estado dividido y que busca su unidad.

Juan Pablo II decía:
Por lo demás, algunas realidades que están ante los ojos de todos, vienen a ser como el rostro lamentable de la división de la que son fruto, a la vez que ponen de manifiesto su gravedad con irrefutable concreción. Entre tantos otros dolorosos fenómenos sociales de nuestro tiempo podemos traer a la memoria:


  • la conculcación de los derechos fundamentales de la persona humana; en primer lugar el derecho a la vida y a una calidad de vida digna; esto es tanto más escandaloso en cuanto coexiste con una retórica hasta ahora desconocida sobre los mismos derechos;


  • las asechanzas y presiones contra la libertad de los individuos y las colectividades, sin excluir la tantas veces ofendida y amenazada libertad de abrazar, profesar y practicar la propia fe;


  • las varias formas de discriminación: racial, cultural, religiosa, etc.;


  • la violencia y el terrorismo;


  • el uso de la tortura y de formas injustas e ilegítimas de represión; — la acumulación de armas convencionales o atómicas; la carrera de armamentos, que implica gastos bélicos que podrían servir para aliviar la pobreza inmerecida de pueblos social y económicamente deprimidos;


  • la distribución inicua de las riquezas del mundo y de los bienes de la civilización que llega a su punto culminante en un tipo de organización social en la que la distancia en las condiciones humanas entre ricos y pobres aumenta cada vez más. La potencia arrolladora de esta división hace del mundo en que vivimos un mundo desgarrado hasta en sus mismos cimientos.


  • Por otra parte, puesto que la Iglesia —aun sin identificarse con el mundo ni ser del mundo— está inserta en el mundo y se encuentra en diálogo con él, no ha de causar extrañeza si se detectan en el mismo conjunto eclesial repercusiones y signos de esa división que afecta a la sociedad humana.
    Pero también hay elementos que se desarrollan en la intimidad del sacramento, que no puede ser reemplazado por una aplicación, y esos elementos que lo conforman son:
    1. El deseo de pedir perdón.
    2. La confesión de los pecados al sacerdote.
    3. La absolución con la respectiva penitencia.
    4. La penitencia.
    Sería muy largo explicar cómo ha evolucionado el sacramento de la penitencia, desde la confesión únicamente al obispo, pasando porque era únicamente una vez en la vida en que se podía uno bautizado para reconciliarse, hasta la forma en que nosotros celebramos hoy el sacramento. Pero no se pueden excluir algunas cosas: 

    Una de ellas es el diálogo de amor que se produce y cultiva en el desarrollo del sacramento: Dios que sale al encuentro del pecador, y el pecador, que responde al llamado amoroso de Dios para reconciliarse. Esa vocación a la unidad es la experiencia de fondo de la fe en Cristo. Es fuerte comprender que la reconciliación produce la sanidad del alma, pero también anima a rejuvenecer el cuerpo que se oprime al peso del pecado.

    Otra es que el sacramento de la reconciliación tiene de por medio el secreto de la confesión y el sigilo del sacerdote, todo sacerdote está obligado a guardar la confesión de los pecados por fidelidad a Cristo y a la Iglesia. No está de por medio un papel o una grabación, que aunque puedan expresar la intimidad de la persona, no es expresión de una relación interpersonal de corazón a corazón.

    Por estos motivos se puede dar a entender que este tipo de aplicaciones no reemplazan al sacramento.

    2 han dado su opinión:

    1. Hola, me interesó este artículo sobre la Confesión, creo que es un error pensar que una confesión en el marco del Sacramento,con un sacerdote puede ser reemplazable. El sacerdote pienso es quien no puede ser reemplazado,por varias razones , existe el secreto confesional y el poder del sacerdote de perdonarnos en Nombre de Jesús y lograr con su palabra y consejo espiritual también que podamos perdonarnos a nosostros mismos. Alivia el alma y produce salud en ella. La penitencia nos limpia del pecado y nos reconduce a Dios. Irremplazable.

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