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lunes, 9 de julio de 2007

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Discípulos Misioneros

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Creo que es una deuda pendiente que traigo el no haber escrito algo sobre la V Conferencia Episcopal que se realizó en La Aparecida.

Es cierto que se ha desarrollado en un ambiente muy especial, ya que la tónica era ser "discípulos misioneros de Cristo", ya esta frase marca una gran novedad, ya que no lleva la cópula "y". Parece raro que haga esta observación, pues es esencial en la novedad que trae la reflexión de la Iglesia Latinoamericana. El cristiano tiene la misión de anunciar a Jesucristo y su evangelio, y no es raro pensar cuál es la novedad entonces. Pues hay que tener en cuenta algunas cosas:

a) En primer lugar América es el continente con más católicos en el planeta.

b) También es el continente en que han aparecido nuevas formas de vivir el cristianismo, en especial con el floreciente crecimiento de las iglesias bautistas, y la disminución, por tanto de católicos.

c) Junto a ello cobra con más fuerza el comentario que realizó Pablo VI, haciendo referencia que en América se evangelizó muy rápidamente pero no se puso énfasis en la catequesis de los primeros cristianos, vale decir que los fundamentos que tenemos no son lo suficientemente profundos.

El llamado a ser discípulo misionero va por esta necesidad de volver a evangelizar no a los que están fuera de la Iglesia, sino que a los que están dentro de la misma, redescubrir que estamos llamados a, que en todo orden de cosas, somos sal de la tierra y luz del mundo. La vocación del cristiano a la santidad conlleva a manifestar con su vida la vida de Cristo en el Mundo de hoy, misión que no es pequeña, y que tampoco se hace solo, sino que en comunidad. No significa encerrarse el día domingo en la capilla o parroquia, sino que desde la capilla o parroquia salgamos al encuentro de otros católicos que se sienten fuera, y que ven a la Iglesia como una institución ajena, antigua y que no tiene relación con ellos. Es volver a reencantar a esas personas que por desilusión han dejado la casa. Para nosotros es reanimarnos con la fuerza y el ímpetu que tuvieron los primeros misioneros que llegaron a América a hacer de este continente para Cristo y su Iglesia.

Hay tantas cosas por hacer en América y la primera es seguir este llamado que nos hace la Iglesia de volcarnos, como Cristo lo hace, hacia los más despreciados de nuestra sociedad, quizá sientas que también te has ido marginando de la Iglesia, por distintos motivos, pero hay que recordar que la Iglesia es firme en sus principios, pero misericordiosa en su actuar; si no fuera así no estaría escribiendo esto.


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