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Sensus Fidelium

Una fe que no se piensa, es una fe muerta

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domingo, 30 de marzo de 2008

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El tiempo futuro...

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De todas las formas que se están viviendo en nuestra cultura, la inmediatez ha sido la más predominante. En estas semanas con el calendario litúrgico tan encima como se ha vivido aquí en el hemisferio sur (cuaresma y semana santa en la tercera semana de marzo), ha hecho que me haya visto en la vorágine de tener todo listo para ayer (especialidad de la sociedad de mercado que tiene su dominio en occidente). ¿Qué ha ocurrido con nuestra estructura para planificar nuestro futuro, el soñar y hacer proyectos para la vida?


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Hace un par de semanas a la fecha me he ido dado cuenta que planificamos hechos, actividades, meetings, y toda clase de cosas, que van de la mano con el trabajo y con los quehaceres de la vida, pero ¿proyectar la vida? Muy pocos lo están haciendo.

En una conversación con una señora en una fila de supermercado, me comentaba lo siguiente: "si los precios siguen así, prefiero estar plantando acelgas y lechugas en mi casa." Y le respondía: "Qué bueno sería, así sabría de dónde vienen sus alimentos y los comería con cariño", a lo que me respondió: "No me hagas caso, si total no vivirían mucho estas plantas, porque no tendría tiempo de cuidarlas". Gran problema y enemigo, el tiempo perdido.

¿Es que acaso el vivir todo el tiempo atareados nos ha hecho no mirar más allá del mismo día y aprovechar el futuro? Ya Benedicto XVI hace su diagnóstico con Spe Salvi:

"(...)el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino."

Es posible pensar en el futuro, somos criaturas capaces de soñar, y de realizar los sueños, de buscar más allá de nuestras limitaciones y de encontrar y darle sentido a las experiencias ya vividas y por vivir. Eso es lo que nos humaniza, y por lo visto en nuestra modernidad, no hemos levantado la cabeza para mirar hacia el futuro con esperanza, sino más bien, con un temor un tanto pesimista de lo que nos depara el tiempo venidero, como si fuera un verdadero yugo insoportable.

Quiero compartir un texto que es muy esperanzador, es de San Pablo a los Romanos (8,35-39), quizá sea necesario decir algo antes, todo sufrimiento y toda angustia pasa a segundo plano cuando se lleva con una esperanza amorosa, que alivia ese yugo tan esclavizante, y se cambia por el yugo amoroso de Cristo:

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Tal como está escrito:
POR CAUSA TUYA SOMOS PUESTOS A MUERTE TODO EL DIA;
SOMOS CONSIDERADOS COMO OVEJAS PARA EL MATADERO.

Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Que tengas una semana esperanzadora.



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