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jueves, 22 de mayo de 2008

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Pan que se parte, reparte y comparte

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Hoy, por tradición en el mundo, se celebra la fiesta de Corpus Christi, recordamos el milagro infinito de amor en que Jesús nos deja su propio cuerpo y sangre para que podamos vivir en el corazón de su persona en el milagro de la Eucaristía.


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La Eucaristía es un acto que nos recuerda el hecho más humano que existe: comer. El acontecimiento de comer con alguien nos remite al acto más egoísta(ninguno come lo que el otro se echa a la boca), pero a la vez que lo queremos hacer comunicando que no está solo, sino que comparte el mismo alimento en un lugar común (la mesa). El comer es un acto que nos hace humanos, ya que en la mesa nos mostramos tal cual somos, lo que vivimos, lo que pensamos del mundo, y lo mostramos en esa superficie que es todo un mundo.


El pan y el vino, que son la materia de nuestra celebración, son los elementos más comunes, que conectan a la naturaleza misma, con la cultura del hombre. Tanto el pan, como el vino, no tienen gran preparación, son de los alimentos más sencillos -ya que no tienen una gran y elaborada preparación para hacerlos-, pero que son esenciales en nuestra dieta. En nuestra cultura occidental, sobre la mesa, no puede faltar el pan, y cuando la comida es festiva, no puede faltar el vino. Cuando el pan está recién salido del horno, el aroma agrupa a los miembros de la familia, servirlo ya es motivo de alegría, especialmente cuando hay hambre, y lo más bello es cuando lo prepara la madre, que lo reparte según su cariño y el pago es la sencilla y feliz sonrisa de los hijos y del esposo. El vino, aunque algunos digan que es perjudicial, también es motivo de chispas de alegría, de estar con otros al decir una frase para brindar por el motivo que sea.

¡Qué increíble que Jesús haya querido dejar estas especies tan sencillas pero a la vez tan profundas de significado en nuestra vida! A ninguno de nosotros se nos hubiese ocurrido dejar en la simplicidad de estos alimentos el querer compartir la riqueza de su vida. Tanto el pan como el vino, cuando son tomados por Jesús y transuntados en su cuerpo y en su sangre por las palabras que los sacerdotes dicen en la consagración, nos recuerda que está en lo sencillo y cotidiano de la vida, y que en la sencillez de la vida nosotros vivimos y completamos la Pascua Cósmica del Universo entero, y por tanto la Pascua nuestra.

¿A qué nos invita el sacramento de la Eucaristía?, los mismos evangelios nos hacen referencia a un acontecimiento previo a la Pascua, pero que a los ojos del Resucitado nos marcan el sentido más profundo de la celebración de la Eucaristía: La multiplicación de los panes. Ahí Jesús nos muestra que el pan sobre el cual pronuncia una acción de gracias, lo parte, lo reparte y lo comparte, no se deja nada para sí o para sus discípulos, sino que es para que todos nos sintamos saciados por la acción de Dios.

La Eucaristía es un acontecimiento público, que no tiene nada de esotérico, ni de restricción particular, la celebración del Santísimo Sacramento es una invitación a estar todos como uno en Cristo. Los que celebramos este memorial nos sentimos uno, y re-vivimos y nos conectamos con el hecho fundante de la Iglesia, estamos presentes junto a los apóstoles en la misma mesa, en que Jesús mismo es el que se parte, reparte y comparte, para que tengamos vida, y vida en abundancia.

2 han dado su opinión:

  1. Me gusta lo que escribes.
    Un abrazo

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  2. Anónimo8:15 p.m.

    bella la ilustración que pones de la Eucaristía, tu comentario sencillo pero profundo

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