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Sensus Fidelium

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domingo, 28 de diciembre de 2008

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2009

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Si bien es cierto el año 2009 está pronosticado como un año difícil en materia económica y laboral, con las respectivas consecuencias de inseguridad y desánimo en gran parte de la sociedad, es también un momento para mirar nuestra forma de vida de una manera más austera y sobria. Muchos de los obispos en América Latina han recalcado estas dos palabras en todas sus homilías de Navidad. En Chile, de manera excepcional he escuchado a muchos Pastores haciendo referencia al "año particularmente difícil que se avecina".

Conversando con mi mamá, ella me decía: "¿Por qué tanto pesimismo?" Y no es menos cierto que el énfasis se ha dado en relación con la precariedad y desamparo de miles de personas que, a raíz de los recortes de producción, han perdido y/o perderán sus puestos de trabajo. Pero ella me contestaba: "Hemos vivido momentos más críticos y difíciles, que con optimismo hemos sabido llevar adelante".

Ella tiene razón, ¿acaso el mensaje cristiano no es optimista? ¡Claro que lo es! El punto es cómo hoy en América lo estamos anunciando. Las profecías y anuncios fatalistas no hacen otra cosa que llevar a las personas a la desesperanza y al desánimo; el gran pecado es omitir el mensaje de optimismo y cercenar la actitud solidaria de los cristianos que no tendremos que lidiar con el fantasma de la cesantía o del recorte presupuestario. De ahí que el llamado que se haga a una vida austera nos lleve a recordar que somos simples seres contingentes en medio de este mundo, y que el mundo en sí es pura contingencia.

Recordar al Justo Job en este tiempo nos haría volver a lo esencial del mensaje evangélico de Jesús: "El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. Bendito sea el Nombre del Señor." Nuestro Señor nos lo recuerda constantemente, el vivió la pobreza no porque la pobreza sea buena, sino porque la pobreza degrada al ser humano y su condición, se hace uno de nosotros para elevar nuestra dignidad.

Mas de alguno recordará que primero es mejor alimentar el estómago que el alma, y que de buenas intenciones no se llena la olla, y tiene toda la razón, por eso es que la motivación de escribir este post fue recordar que en estos momentos de crisis también es necesario ser solidarios, poder de alguna forma vivir esta austeridad que tantos hermanos y hermanas vivirán en este tiempo, y hacer un gesto (o varios gestos) solidarios que ayude a paliar, en cierta medida, el sufrimiento que ellos viven.

También, si es que vemos esto desde una mirada de fe, la crisis mundial ha revelado la soberbia de nuestra propia sociedad de consumo, de querer tener y poseer cosas (bienes) que por el crédito se hacían de fácil acceso y de cambio inmediato (estoy hablando de desecharnos de aquello que no nos gustaba). Eso, por el momento va a cambiar nuestras propias acciones, ver la verdad de fondo, e irnos a lo esencial, a cuidar más lo que tenemos, y por tanto a quererlo más. Quizá, es un espacio que no se había dado hace mucho tiempo, y que pueda fortalecer los lazos entre nosotros.

Mi deseo, es que en estas crisis se vayan purificando los deseos y los verdaderos sueños de las personas, que vayamos a lo esencial, y que las nuevas oportunidades que se den las tomemos con sincera sobriedad de vida.

Feliz 2009

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