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miércoles, 24 de diciembre de 2008

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Natividad

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En mi condición de ser humano varón (y destaco esta diferencia específica), me es complicado pensar e imaginar todos los cambios que le lleva a la mujer desarrollar en su período de gestación de una nueva persona; ya desde los cambios de hábitos y las complicaciones que en algunas lleva ver que su cuerpo ya no es el mismo, que sufre de otras necesidades, y que incluso ya no lo controla en su totalidad. El cansancio sólo se supera gracias a la fuerza de voluntad, coraje y paciencia; si a esto se suma el nerviosismo y el cuidado del cuerpo es toda una odisea el milagro del período del embarazo.

Durante este tiempo me ha tocado ver de cerca el desarrollo de dos embarazos de dos mujeres muy queridas para mi, y los cambios han sido poco notorios durante este tiempo, pero con el paso de las semanas se darán esos pequeños "detalles" que hacen que la vida siga su paso en el cuerpo de una mujer. Ella es la privilegiada testigo del milagro más hermoso que la ciencia no ha podido explicar en su totalidad, ella sigue siendo cocreadora, y también sostenedora de la vida, tan indefensa, tan silenciosa, pero que con tanta fuerza sosiega dentro de su útero.

Estamos a pocas horas de recordar el milagro del nacimiento de Jesús, pero también recordemos que cuando nace un hijo también nace una madre, que ha tenido toda una preparación durante 36 semanas, y que ahora da paso a descubrir el fruto de sus entrañas que ilumina la vida de muchos.

En esta fiesta de la Natividad del Señor muchos de nosotros quizá hemos ido creciendo y desarrollando nuevos proyectos y sueños, quizá también se han madurado otros, y en todo sentido siempre en esta vida tan cíclica, vamos creciendo y caminando. Como decía Heráclito "todo cambia", nosotros hemos cambiado y vamos madurando. Que también a la luz de María, Madre de Jesús y Madre Nuestra, le presentemos al Señor todo aquello que ha nacido y ha sido fecundado en el amor, y que dé luz pronto para una vida mejor.

La esperanza cristiana consiste en dar luz a los pueblos, tal como lo ha hecho la Iglesia durante este tiempo, y que ese dar luz sea también para nosotros un motivo de natividad, de nueva vida y nueva esperanza en un mundo en que los nubarrones de desesperación e inquietud están apareciendo.

Feliz Navidad para todos.

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