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martes, 19 de septiembre de 2006

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Palabra y Religión

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Me acuerdo que en clases a mis alumnos de segundo medio les hacía ver que cada religión tiene un texto sagrado (para los judíos será la Torá, para los cristianos la Biblia y para los islámicos es el Corán), y además que todas ellas tienen una visión oriental sobre el mundo y la sociedad, y por tanto conceptos que no son los nuestros ante algunas nociones que nosotros manejamos; un ejemplo de ello es a la pregunta ¿qué entendemos por Palabra de Dios?


Dios da su palabra a los hombres


Para cualquier persona, podríamos decir que la Palabra de Dios es un mensaje que ha dejado la divinidad para nosotros, que nos instruye, edifica y corrige en nuestra vida. Mas para la visión oriental la Palabra de Dios tiene otro significado, más profundo, y a la vez, que llena de una mística presencia al hombre que la lee. El biblista Carlos Mesters nos recuerda la siguiente referencia a la palabra de Dios, en su concepto hebreo Dabar:



"Una palabra vale no sólo por la idea que transmite, sino también por la fuerza que comunica. No sólo dice, también hace; no es sólo un medio para concientizar, sino también para transmitir el calor y la fuerza de la amistad y el amor ¡Luz y Fuerza! Estos dos aspectos de la Palabra de Dios, deben se activados por la lectura de la Biblia. El término hebreo Dabar, significa al mismo tiempo Palabra y Cosa: Dice y hace, anuncia y señala, enseña y anima, ilumina y fortalece, luz y fuerza. Palabra y Espíritu. En la historia de la Iglesia este tipo de lectura recibió el nombre de Lectio Divina, muy recomendada por el Concilio (Ver Dei Verbum N° 25)." (Sacado de la página del Centro Bíblico Claretiano)



De aquí podemos entender que cada vez que se lee la palabra de Dios se vuelve a la fuente misma, quien lo dice me está hablando a mí, aquí y ahora, y por tanto he de respetar su palabra, porque su palabra también es manifestación de su persona. Por ello es que Dios crea a partir de su palabra y todo lo que el dice es bueno.


Ahora ubiquémonos en el contexto del mundo islámico, ellos también viven en una cosmovisión que es común a la del mundo hebreo, donde la palabra de Dios escrita por el profeta en el Corán es la encarnación del mismo Alá, y toda ofensa al Libro es tomada con malestar. De ahí que ante las palabras dichas en occidente por su Santidad fueran tomadas como una ofensa, pues aunque no se hace comentario (ya que es una cita), y no existe un juicio de valor a lo que se enuncia, es más bien que se haya usado su nombre, y malentendido su intención. Valoro mucho el ejercicio de humildad del Sumo Pontífice y contextualizar lo que ha ocurrido, ahora falta que los hermanos musulmanes también practiquen la humildad ante el hombre que se equivoca y busca el diálogo y el respeto entre estas dos religiones y culturas.



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