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viernes, 10 de octubre de 2008

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Había Una Vez

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¿Cuántas veces no hemos escuchado así iniciar los cuentos de nuestra infancia? Todas aquellas historias que marcaban hechos y fantasías que nos llevaban a otros mundos fantásticos y de los cuales quisiéramos haber estado ahí presentes. Estas historias que, en realidad, no existieron en la realidad, pero que sí fueron tomadas de la misma, o creadas con un fin moral (como es el caso de las fábulas). Hoy en día estamos viviendo una historia colectiva, una fábula que está tejiendo sus últimas letras para desenredar el nudo en que vivimos y que nos lleva a un descenlace, que todo el mundo, en algún grado, sabía que iba a pasar.

Hemos estado viviendo en estos últimos días el descalabro de las bolsas mundiales, y en algunos titulares de diarios de mi país se les ha llamado "Jesucrisis, te harán pagar todos tus pecados". Este título me llevó a pensar en todos los acontecimientos que se han ido generando ante todo el ejercicio de especulación, con que la economía juega ante los mercados. Hombres que dedican gran parte de las horas del día para predecir cómo irán las acciones de sus empresas; y, en un hecho que considero indescriptible, se creó una burbuja que se fue inflando con la rapidez con que se desmonta. Una historia que, al parecer, está llegando a su fin. El "homo lupus homini" (el hombre es un lobo para el hombre), con que la economía neoliberal daba rienda suelta a los negocios, no importando las personas, la creación de las grandes corporaciones, que tienen los mismos derechos que las personas naturales, pero que carecen de rostro, y por tanto (tomando la idea de Emmanuel Levinas), sin un corazón que compadezca a los otros rostros. La creación de estas grandes especulaciones, provoca el deseo y las ansias de una riqueza desmedida, y que se gana a costas de mentiras propias y mentiras ajenas. Es como si fuera un niño que, sin el control de sus padres, ha hecho lo que quiso, sin moderación ni consideración, consentidos por todos, y sin una reprimenda que lo encaminara. Ha llegado el momento en que los gobiernos se han dado cuenta, con una mirada más humilde, que la economía no puede seguir depredando a las personas.

Es una ocasión para ver el final de una historia, que más bien parece una fábula, que muchos conocíamos su final, y que vivimos sus consecuencias, ¿de qué nos sirve acumular riquezas en la tierra si al final se oxidan en el olvido? El afán de la riqueza por la riqueza provoca más pobrezas e infelicidad en el corazón. Es lo que en la sociedad globalizada nos hemos percatado, y ya es necesario que este "calentamiento global de la economía" nos lleve a tomar más conciencias de no seguir consumiendo por consumir, sino que consumir para compartir. Terminando con este cuento, y que pase por un zapato roto para contrar otro.

3 han dado su opinión:

  1. Toda disciplina que verse sobre la voluntad humana tenderá a confundir la esfera descriptiva con la prescriptiva. Lo mismo sucede con la moral o con la ética, a las que sólo con muchos reparos llamaríamos ciencias. En economía no es distinto, y se añade incluso el componente etéreo de la confianza, propio de toda praxis política.

    Aunque la cuantificación aritmética y el recurso a la terminología de la física ("leyes", "variables", etc.) hagan aparentar un mayor rigor, estamos ante una racionalización del comercio de los hombres. Paralelamente, el Derecho se ocupa en racionalizar lo que cae fuera de aquél o lo fundamenta. No hay, sin embargo, una "economía natural" del mismo modo que se predica un Derecho natural. En tanto que se desecha el valor objetivo de las cosas, resulta imposible jerarquizar principios o alcanzar un equilibrio perdurable, no ilusorio.

    Una norma de prudencia que afecte a la producción o al consumo de bienes es, en este sentido, tan económica como cualquier otra. Ahora bien, a diferencia de la moral o la ética antes referidas, la eficacia de la economía sí depende de su grado de cumplimiento: sin predicciones eficaces no es nada.

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  2. Me encantó el comentario que hiciste, porque, si te das cuenta, todo hecho que busque el bien, ya sea natural o elaborado, tiene que ver con la ética y moral (manteniendo el grado analógico de las realidades). De ahí que la ética entra también en la economía, y por lo mismo la ingerencia de la Iglesia dentro de la Economía (no comprando y vendiendo acciones) con sus llamadas, porque el destinatario final de todo hecho social es el hombre, produciéndose un círculo hermenéutico que no tiene principio ni fin, pues hombre y sociedad se dan en un mismo tiempo.

    Además toda ciencia tiene un componente subjetivista, es desde el observador en que se elaboran las variables que se deseen estudiar, analizar y trabajar, y es el hombre mismo quien toma las decisiones para corregir.

    Una última observación: la ética sí se le considera ciencia, ya que tiene, según la definición de ciencia, un objeto de estudio que es el hombre y su forma en que se construyen las relaciones con la naturaleza, los hombres y todo acto cultural.

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  3. ¿De qué nos sirve acumular riquezas en la tierra si al final se oxidan en el olvido?

    Pues para pasar el rato.

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