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Sensus Fidelium

Una fe que no se piensa, es una fe muerta

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lunes, 13 de octubre de 2008

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Tráfico de Influencias

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¡Ya es el colmo! Vengo de leer el blog de Teosubversión y me encontré con un artículo sobre las opiniones simplistas que dan algunos cristianos, en son de las críticas categóricas, sin entrar en el ejercicio de la razón. En muchos casos hay otros cristianos que podrían entrar en otras categorías. El calificativo de cristiano se emplea como sinónimo de buena persona, confiable, trabajadora y responsable (en otros casos para marcar una cierta diferencia con el resto). En algunos coliegios católicos se hace la acepción de ingreso a los alumnos nuevos si su familia es católica -y esas familias a veces tapizan a los encargados de admisión con cartas de sacerdotes y amigos afiliados a la "Iglesia", como si fuera una membresía a algún club, en que más oraciones son las que marcan la diferencia.

Es increíble que hoy en día sigamos tendiendo al pecado del siglo III, cuando la Iglesia fue la encargada de establecer el orden político en la Europa posterior al Imperio Romano de Occidente, el poder en el orden moral. En nuestra mentalidad occidental de América Latina, todavía pensamos en que aquellas personas que tienen "idoneidad moral" son las que están afiliadas dentro de una institución religiosa; el caso más patente son las llamadas de atención que hacen las mismas personas cuando se ven casos que van en contra de las costumbres morales, y todos se sienten con el derecho de opinar y más fuerte todavía, de juzgar ¿acaso Jesús nos recuerda que no hay que juzgar para no ser juzgados?

¿Con qué nos encontramos entonces?

1. Personas que se dicen cristianas (sólo por las estadísticas)
Parece que da plusvalía pensar que diciendo que ser cristiana/cristiano (de cualquier denominación) hace marcar la diferencia, solamente el título, pero ningún compromiso dentro de su iglesia. Para qué hablar de los que somos católicos, si el porcentaje que aparece en las estadísticas de los países fuera cierta, los Templos no darían abasto, y no habría sacerdotes suficientes los domingos para las eucaristías.

2. Personas que siendo cristianas juzgan a los demás (como si no tuvieran una viga en su propio ojo)

Este caso es bien peculiar, pensamos que siendo cristianos no vivimos el riesgo de caer en pecado, simplemente por el hecho de que Cristo nos perdona, pero a los demás los condena. ¿Cuántas veces no vamos a seguir escuchando a algunos hombres y mujeres recordando la condena eterna, en el fuego eterno, con las penas del infierno. ¿Jesús alguna vez predicó así? Diría: "El Reino de Dios está cerca, conviértete o te irás al infierno". Las únicas veces que habla del infierno en el Nuevo Testamento hace referencia a las decisiones que las personas realizan rechazando su propuesta. Pues Dios quiere que todos los hombres se salven.

3. Cristianos de oportunidad (cuando las opciones se acaban)

Este tipo de religiosidad es donde quiero centrar el tráfico de influencias, son aquellos cristianos que vemos haciendo o pidendo favores, ya sea a los miembros de su misma Iglesia, o a Dios mismo, pero esto ocurre de forma esporádica, de fidelidad a sus costumbres y creencias bien poco. Esos mismos que van pidiendo favores son los mismos que también consultan el horóscopo, o se leen la suerte en las manos o las borrajas del café o del vino (según sea la ocasión). Cuántas han sido las promesas que he escuchado y cuántos actos inconclusos a tales promesas.

Estos tres tipos que acabo de enunciar son simplemente una muestra de que la fe también se comercializa, se critica o se evalua, como si Dios siguiera a las encuestas de las empresas encargadas. ¿Cuándo volveremos a entender a la fe cristiana (en la propuesta de Jesús) como gracia -regalo-, y no como una oferta que se compra.

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