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sábado, 13 de febrero de 2010

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Cenizas

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Estamos a días de celebrar Miércoles de Ceniza, comenzando nuevamente el tiempo litúrgico de cuaresma, momento de oración, reflexión, ayuno y penitencia; mas, en el hemisferio sur, justo en el tiempo de vacaciones, se vive de forma un tanto desfasada, pero no quiere decir que no se viva. La ceniza es uno de los símbolos más empleados en la teología del antiguo Testamento como signo de penitencia y de la precariedad del ser humano ante Dios, que se dispersa y se pierde en el viento, pero muy poco rescatado en un mundo que en medio de tanto cemento gris, no da frutos ni fertiliza nuestra vida.


De joven una vez vi a un campesino que una vez terminado de cocinar en un horno a leña tiraba las cenizas a la tierra del campo, en mi interior decía "¡para qué lo hace si nada se puede sacar de algo estéril y muerto!", quedándome con esta idea. Pasó el tiempo y vi que una señora ya mayor hizo el mismo gesto, no aguanté y le pregunté el porqué de esto, entonces escuché la explicación de que "la ceniza sirve para fertilizar y dar cuidado a lo que está abajo". Se puede ver mucha muerte y esterilidad sobre la ceniza, pero aún donde uno ve la muerte y la imposibilidad de que surja algo, ahí se da la vida.


Este tiempo de vacaciones para los del hemisferio sur quizá nos quite el ánimo de celebrar cenizas, pero quisiera rescatar que este momento es un recordatorio que nos indica que bajo la esterilidad y la muerte se da la vida. Ceniza es un tiempo que nos recuerda la precariedad de nuestra existencia, que no nos pertenece y que a veces la tapamos con tantas preocupaciones que no son esenciales y que, al final, nos deja más vacíos e intranquilos, con la sensación de no haber aprovechando nuestro tiempo en la tierra. Pero hay esperanza en medio de toda esta inconsistencia de nuestro ser contingente, puede surgir algo bello en medio de la inercia inerte de la vorágine de nuestra existencia. La vida está ahí, presente, aunque no es algo que avasalle a su alrededor: es silenciosa, constante y permanente; que a pesar de la destrucción y de los peligros que se aprecien, sigue adelante, a su ritmo. La tarea nuestra es darnos cuenta de que está ahí presente, latente y patente a la vez, nuestro trabajo es respetar esos procesos de cambio, y trabajar para que ellos ocurran.

La vida es un trabajo de doble voluntad, en ella está el creador que da la vida, y la criatura que desea vivir. El campesino respeta a la naturaleza y sus procesos para todo de su fruto a tiempo. Dios también respeta nuestros procesos vitales, ahora es cuestión de nosotros querer reconocer que vamos en un constante camino hacia el encuentro con el creador, y que en medio de esta infertilidad y muerte puede surgir la vida, tal como Cristo nos lo recordará con su resurrección en su Resurrección.

3 han dado su opinión:

  1. excelente! Gracias Cristián!

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  2. Es así, Cristian, y nuestro peregrinar no tiene ningún sentido si no está vinculado a esta trascendencia de esperanza en encontrar lo que realmente buscamos: la eterna dicha de ser amado y amar. Y eso sólo está en nuestro Creador.

    Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

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  3. Muchas gracias, la presencia de Dios es promesa, y el caminar del hombre es el cumplimiento humilde de sus palabras.

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