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Sensus Fidelium

Una fe que no se piensa, es una fe muerta

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sábado, 14 de enero de 2006

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Cuestión de Fe

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Ya durante estas semanas he visto una serie de elementos que me han llamado la atención sobre la vida de Iglesia, y la vivencia de la misma, elementos que me han llevado a reflexionar en torno a la fe del cristiano de hoy. En nuestro Chile, y en toda sociedad, se ha dado una marcada tendencia a "privatizar" la fe, de maquillarla o adecuarla según nuestros propios criterios, y con una bandera de lucha que me es preocupante: el amor. Doy aquí mis argumentos para explicar mi punto de vista:

1) La privatización de la fe
Dentro del siglo XIX se había dado, en forma casi religiosa, una fe ciega a la ciencia, la cual a lo largo del tiempo iba a dar a la humanidad las soluciones a los más grandes problemas de nuestra existencia, el hambre desaparecería, las enfermedades ya no tendrían cabida en nuestro mundo, y por último el problema de la muerte sería cosa del pasado; y que la religión ya no sería el opio del pueblo, no daría discursos alienantes que hacían buscar el bien en un "paraíso" inexistente, y la misma religión sería excluida del mundo moderno. Esto con el tiempo no ha sido así, y es más, parece que gracias a los avances de la ciencia el optimismo fue cambiando a un pesimismo: ¿para qué nos ha ayudado la ciencia? cuando se da una cura a una enfermedad, ésta muta, cambia y no existe cura para el mal que se había solucionado. Pareciera ser que la ciencia no es la respuesta ante el problema de las enfermedades en el mundo; tampoco lo ha sido para la superación del hambre en el mundo, si un campesino produce para cien personas alimento, ¿no ha habido mala distribución de esos alimentos?¿Si en un país desarrollado se bota a la basura la producción de una tonelada alimentos cada una hora, mientras que en un país del tercer mundo se lucha por un plato de arroz?

La fuerza de la humanidad ha llevado a una privatización de la fe, ya no existen los grandes discursos que hablan de comunidad, de compartir, de convivir. Un ejemplo de ello es que mientras estoy escribiendo este artículo ud, cómodamente sentado frente a la pantalla no socializa con una persona, sino que con un texto. Lo mismo ha pasado con la fe, el discurso común es decir: "yo me comunico con Dios, no soy mejor o peor cristiano si no voy a la Iglesia..., es que ya no les creo a los curas..., todo es obra de hombres y nada de Dios, ... creo en Dios, pero no creo en la Iglesia". Es algo común en los días de la Internet que nos encontremos con una fe atomizada, particularizada, en la cual nos damos cuenta que nuestro sistema de fe hay elementos que nos agradan y otros que no nos acomodan mucho en la fe de la Iglesia. Creemos que hay uniformidad en los contenidos y en la forma de ver la Iglesia. Propugnando que Dios es Amor y no reglamentos pensamos que la libertad es dada, la frase célebre de San Agustín: "ama y haz lo que quieras" ha sido mal entendida, y ocupada para hacer lo queramos, sin entender el verdadero y profundo sentido de amar.

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