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lunes, 30 de enero de 2006

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Comentario a la segunda parte "Deus Caritas Est", la exigencia social de la caridad.

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A partir de la Unidad del Amor, viene la exigencia de la Caridad


Si bien es cierto la primera parte de la encíclica de Benedicto XVI muestra con toda su fuerza y belleza lo que significa la palabra amor, no se podía quedar encerrada solo en conceptos; como dice el conocido refrán español: "Obras son amores, y no buenas razones". Y ese consejo parece ser tomado en la segunda parte de la Encíclica "Caritas El Ejercicio del Amor por parte de la Iglesia. La dinámica que encierra esta segunda parte va desde el corazón mismo de la Comunidad Cristiana y se dirige al corazón del Mundo, es como bien dice una entrevista de la agencia de noticias Zenit a Stefano Fontana, quien declara que la encíclica presentada, está dentro de la línea de la Doctrina Social de la Iglesia. Yo me atrevo a distinguir cuatro elementos que, a mi parecer son esenciales a la hora de entender la Encíclica:

  • Redescubrir la esencia del cristiano en el ejercicio de la caridad

  • La búsqueda del Bien Común, por medio de la Justicia y de la Caridad

  • La autonomía y colaboración entre Iglesia y Estado

  • La vivencia de la caridad al interior de la Iglesia, oración, celebración y mística


  • Redescubrir la esencia del cristiano en el ejercicio de la caridad

    Parece que en la actualidad podemos reducir todas las obras de acción humanitaria a simples ONGs, como simple asistencia y colaboración para mitigar, erradicar, salvar situaciones que son inhumanas en nuestro mundo, y estas ayudas humanitarias no se diferenciarían de las ayudas prestadas por los organismos de Iglesia, pero no es así. Llama la atención que en el ejercicio de la caridad, se emplee una palabra, que es clave a la hora de decir ¿qué es la Iglesia?, la Iglesia es diakonía, porque el amor necesita una organización(DCE, 20), ¡qué increíble que todos fueran uno en la caridad en la Iglesia primitiva! Si bien es cierto es un texto lucano quien nos habla del ideal de la comunidad que siendo pobre era rica, por tener todos lo mismo, no hay que descontar que ese ideal fue lo que los apóstoles hacían una exigencia comunitaria. Hoy con tanta "cercanía" por las comunicaciones, nos vamos sintiendo uno, pero apartados. Y es esa misma caridad la que nos va a llevar a sentirnos uno con el corazón de la Iglesia, "ves a la Trinidad si ves el amor". La universalidad del amor no es propia sólo de los cristianos, pero por ello los cristianos no debemos reducir la caridad (desde la fe) a un simple asistencialismo, la misma encíclica recuerda que ante el "éxito" de la caridad cristiana este obrar fue copiado, ¡para dar "humanidad" a la misma Humanidad!

    La búsqueda del Bien Común, por medio de la Justicia y de la Caridad

    Previo al comentario teológico, la frase tomada de San Agustín, nos debiera llamar la atención: "Un Estado que no se rigiera según la justicia se reduciría a una gran banda de ladrones", veamos a quiénes elegimos para que nos gobiernen, si ellos viven y aplican la justicia que a continuación desarrolla Benedicto XVI.

    Justicia y Caridad son dos palabras que están dentro de las características de Dios, que es "justo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad...", versan los salmos que rezamos los domingos. Pues bien el ejercicio de la justicia y de la caridad están de forma axial en el documento. Se pensaba que el ejercicio de la caridad era una forma en que se alienaba a la sociedad, sin que despertara su conciencia por la justicia, eso era una frase típica del discurso marxista, que decía que la religión era el "opio del pueblo"; pues bien, Benedicto XVI deja inmediatamente claro que el ejercicio de la caridad, no aliena, sino, todo lo contrario: denuncia a los hombre y mujeres de nuestro tiempo la existencia de sistemas, organizaciones, culturas que son injustas para el ser humano y que deshumanizan a la propia humanidad.

    El correcto ejercicio de la justicia y de la caridad por parte del hombre lleva a la humanización, por ello que dedica una parte importante a recalcar la justa autonomía entre la Iglesia y el Estado, y las formas en que ambas de han de complementar. La política como técnica para ordenar las cuestiones públicas de una forma justa. La fe, aportando en su justa medida, iluminando la razón para la consecusión de la justicia. No atropella el ordenamiento temporal, sino que lo ilumina. Recordemos que la Iglesia es experta en humanidad, y si lo que aquí vemos es dar a cada uno lo que corresponde, ya es competencia de la Iglesia. Aquí es fundamental el papel de los fieles, son ellos los que iluminan con su testimonio la vida social, respetando su justa autonomía. Nunca, eso sí, confundiendo las manifestaciones de caridad eclesial con la actividad del Estado.

    La autonomía y colaboración entre Iglesia y Estado

    Bien breve, el compromiso eclesial es hacia el mundo, no tan sólo en su interior se vive la justicia y la caridad. Es precisamente la misión de una iglesia evangelizadora en la diakonía. Por eso es tan recurrente la imagen de la Parábola del Buen Samaritano, que no excluye a nadie, sino que entrega un servicio rápido a quién lo necesita. Es importante guardar, como lo dije anteriormente, la justa autonomía entre el poder del Estado y el de la Iglesia, son esferas distintas, pero que tienen muchos puentes de comunicación, y uno de los principales, el ejercicio solidario, pues la necesidad humana es universal. Pero nunca mezclando las actividades de ambas esferas, caeríamos entonces, en un "monofisismo" de la acción de la Iglesia, confundida con la del Estado, o a un "reduccionismo" de la esencia misma de la caridad cristiana.

    La vivencia de la caridad al interior de la Iglesia, oración, celebración y mística

    En la última parte, Benedicto XVI, apunta a la esencia de la caridad cristiana, es única y exclusivamente gracia, "el amor es gratuito; no se practica para obtener objetivos"(DCE, 20c). La dedicación, en busca del hombre necesitado, ese hombre al que apunta Cristo, que viene en busca de los enfermos, quienes más lo necesitan, y dónde él mismo también está presente, por ello es que el mismo Papa diga que tiene que ser independiente de partidos e ideologías, porque no ha surgido la caridad a partir de un concepto, surge del hombre mismo para el hombre, y eso muy bien lo sabe la Iglesia, porque el mismo Cristo "tomó la condición de esclavo pasando por uno de tantos" (como dice el himno a los Filipenses).

    Es la oración el ancla ante tanto activismo y secularismo cristiano. En el ejercicio de la solidaridad el cristiano que ora se encuentra con el Padre de "Jesucristo, pidiendo que esté presente, con el consuelo del Espíritu, en él y en su trabajo. La familiaridad con el Dios personal y el abandono a su voluntad impiden la degradación del hombre, lo salvan de la esclavitud de doctrinas fanáticas y terroristas" (DCE, 37).

    Vemos que en la conclusión, recurre a la Iglesia de los Santos y Santas de Dios, que han recorrido la experiencia de la caridad cristiana, ya sea en el ejercicio de la solidaridad y de la ayuda al más necesitado, como los santos que hicieron de la pobreza evangélica uno de los valores más altos, no porque la pobreza en sí sea buena, sino como el anuncio claro de que Dios va en busca del pobre y del desamparado, del despreciado de la sociedad misma, un ejercicio que mantiene viva a la Iglesia hasta nuestros días.

    1 han dado su opinión:

    1. Vengo de conoZe.com ¡y ya está ahí! es una buena selección de blogs de inspiración cristiana. Me alegro. Yo aún no le hago los arreglos al mío para enlazarte, pero que va ¡va!
      Saludos cordiales.

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