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miércoles, 25 de enero de 2006

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Mesías y Mesianismos, según los escritos de Jon Sobrino

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La crisis del mesianismo: ¿Un Cristo sin Reino?

Jon Sobrino parte haciendo un diagnóstico de la situación a la que se ha llegado a tener como horizonte la no-utopía mesiánica, ello dado por diversas causales, entre ellas la pos-modernidad, que ve a la utopía como algo que viene de las masas populares y que va en contra de la estabilidad, debido al temor de las dictaduras o movimientos populistas, fanáticos o paternalistas. Se ha ido ocultando el concepto de Mesías en nuestra cultura, por ello dice el teólogo vasco, citando a A. Salas: El mesianismo siempre ha sido y será el mejor revulsivo para afrontar los problemas del presente, abriéndose a un futuro cuajado de esperanza

Este vaciamiento de contenido Sobrino dice que no tiene sólo raíces sociopolíticas, sino que de alguna forma comienza ya después de la muerte de Jesús, por tanto el problema es también eclesial y teológico, porque se va centrando en el nombre del mediador (Cristo Resucitado) y se va relegando a un segundo plano la mediación (la realización de la voluntad, el reino de Dios en las Palabras de Jesús, las esperanzas mesiánicas).

El Mesianismo es central en la esperanza de los pobres, ya está visto en la formulación del Antiguo Testamento, en que se comienza a elaborar la noción de Reino de Dios, junto a ello aparece la figura salvadora del mediador, que en un principio era el rey, que a la vez era siervo de Dios, y que luego de la experiencia del destierro en Babilonia y de las experiencias de sometimiento y dominiopor parte de otras naciones se fue reformulando hasta concebir al Mesías como alguien que es liberador y que aplicará la justicia al pueblo de Israel. En el mundo del Nuevo Testamento las concepciones sobre el Mesías tenían distintas connotaciones, pero una cosa era cierta: la venida del Mesías no era en un ser abstracto, sino que histórico real, y que su reinado sería un reinado político. De ahí que las expectativas sobre Jesús no fueran menores, de ahí que se le llamase Mesías. Y que cuando se le preguntase sobre el tema no se aplique sobre sí este título para no causar una inadecuada concepción sobre él. Lo que provocará que en la primera comunidad la reflexión que se elabore lleve el concepto de Mesías un nivel salvífico trascendente. Según Sobrino el nombre de Mesías va adquiriendo mayor fuerza cuanto más se aleja del mundo judío, perdiendo su carácter de restaurador y salvador del pueblo. Y se fue convirtiendo en nombre propio. Según él quién Quien lo convirtió en título definitivo fue Pablo, excluyendo de él la connotación judía de rey terrestre y político, e introduciendo en él, el nuevo significado de salvación .

Se ve en Sobrino que el énfasis que se trató dar fue en la predicación apostólica, el énfasis del mediador por sobre la mediación provocada, quizá porque el anuncio se centró en la predicación de la experiencia de Jesús resucitado, quien era la primicia del Reino de Dios y la concentración de todas las esperanzas del Pueblo de Israel, pero al anunciar a personas que no eran de Israel, la comprensión se fue centrando en La experiencia del Hijo de Dios, ello porque el anuncio de la Parusía al finalizar el primer siglo se fue dilatando y la esperanza de restitución de los justos y perseguidos a causa del evangelio fue decayendo.Ello queda de manifiesto en la experiencia de los evangelios como testimonio de lo que Jesús estaba anunciando. Se pasa de un ámbito histórico (la vida digna de los que siguen a Dios) a uno amartológico (liberación del pecado), las esperanzas pasan del pueblo a comunidad, que se apropia de una historia, que cambia en cierto sentido la parcialidad de Dios y de Jesús en los pobres históricos, en la Iglesia existe esta predilección pero ya no es tan central como la preocupación por el pecador. El peligro que se corre con esta comprensión es dejar de lado el real compromiso que tiene Dios y Jesús con la historia y la creación llevándola a su plena realización histórica, el mesianismo no es una ruptura de expectativas y esperanzas entre el Nuevo y el Antiguo Testamento, sino su plena comprensión y esperanza.

Re-valorar el concepto de Mesías
Sobrino no se queda tan sólo con la crítica sino que quiere salvar los dos conceptos que están de por medio la mediación (reino) y al mediador (Jesús), articulando su propuesta en la inclusión del mediador en la mediación y su real compromiso con los pobres. Y que también ahora el tercer Mundo sigue clamando por un la mediación. De ahí que acuñe el término re-mesianizar a Cristo, un mesías con un reino para los pobres.

Se comprende a Jesús como liberador y libre de toda connotación política y social como lo han presentado los sinópticos y que en América Latina Puebla lo ha querido manifestar de igual forma, es el encuentro con el Misterio de Jesús. Siguiendo, por tanto la experiencia del discipulado, descubriendo a Jesús como el cumplimiento de las expectativas del Antiguo Testamento, de la cercanía de Dios con los pobres y del Dios de las promesas. Además, una de las intuiciones que tiene Sobrino es que el término de Mesías debe tener sentido para los pobres ¿cómo el pobre puede centrar sus esperanzas en alguien a quien no conoce? De ahí la importancia de ver al Mesías como Liberador, pero comprendida desde un ámbito integral, de forma plena, en un constante proceso de liberación, omitiendo aquí todo lo que tenga relación con soluciones casi mágicas de los problemas. Por ello Sobrino centra su mirada en la comprensión de Jesús desde su misterio mesiánico y su concentración en la cruz. Esta imagen escandalosa ante el mundo destroza la visión mágica del mesianismo, que destruye toda construcción egoísta, avasalladora y mecánica, yendo al reverso de la misma historia, y el mismo mundo, creación de Dios, ve al mesías desde la óptica de la donación y entrega, de la denuncia y del acompañar a los marginados. El verdadero Mesías acaba en la cruz. No se parte del poder, sino desde los perdedores.

Dentro de la postura de Sobrino, hay que destacar algo que ha venido haciendo en este último tiempo, el volver a la reflexión del anuncio de Jesús a partir del Evangelio. ¿Es Jesús una buena noticia?, si seguimos su planteamiento hay una ortodoxia (lo que se predica y reflexiona acerca de Jesús) y una ortopraxis (lo que hacemos y seguimos), se agrega un tercer paso, que esel del ortopathos, que se basa en la pregunta necesaria para todo creyente ¿cómo afecta en mi vida la realidad de Cristo?, y ¿si fuera otra persona que no fuera Jesús de Nazaret? El problema central aquí es i la persona del mismo Jesús se muestra como buena noticia. Nuevamente nos vemos enfrentados a la significación que tiene para cada uno de nosotros el título de Mesías. La novedad cristiana de Jesús como Mesías la encontramos a partir de nuestra propia experiencia del encuentro, como peregrinos reconocemos a una persona que con sus obras y palabras va mostrando la bondad de Dios, también para descubrirlo como un hombre que es libre y que libera, y que por encima de todas las cosas busca para los hombres la conquista de su libertad. Jesús, buscando cumplir la voluntad del Padre también busca el gozo y la esperanza de los marginados, por ello cada encuentro con Jesús es un encuentro de gozo y liberación, sus bienaventuranzas van dirigidas hacia los que están al margen de la historia de poder y prestigio. Celebrando la vida con los que lo buscan, celebran la misma bondad de Dios Padre. La cercanía de Dios es lo que hace que la buena noticia impacte a los pobres y los que son despreciados.

De ahí que para los pobres la esperanza del Mesías está centrada en ese descubrimiento del reino cercano que es anunciado por Jesús, ya que la misma experiencia de Dios, ellos la viven en cercanía y compañía, y es en el testimonio de la misma Iglesia en que se juega la comprensión de ver a Jesús como Mesías del anuncio del Padre, lo que lleva a decir con un corazón abierto y sincero: Mesías, ¡ése es Jesús!

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