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martes, 18 de septiembre de 2007

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Historia del dogma cristológico: II Concilio de Constantinopla (553) y III Concilio de Constantinopla (681)

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Si Jesús tiene dos naturalezas, una humana y otra divina, en que el Verbo asume nuestra condición humana, entonces debe tener dos voluntades, dos decisiones, o ¿nuestra condición humana tiene que ser subsumida ante la condición divina?


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En el año 553, aún habiendo solucionado el problema del monofisismo con el Concilio de Calcedonia (año 451), quedaban resabios del Nestorianismo y de la discusiones políticas que emanaban de estos temas. Una de las principales discusiones, a nivel teológico era la siguiente: si Jesús tiene dos naturalezas, también tiene dos decisiones (0peraciones), dos voluntades ¿cómo se compatibilizan éstas? Pues el error que se empezó a difundir en esta época era que en Cristo, sí habían dos naturalezas, pero sólo una voluntad: La divina, que hacía las veces de la voluntad humana.

Nuevamente se presenta un grave problema (o como diría San Ireneo: "lo que no es asumido no es salvado"), es gracias a la voluntad humana por la que el hombre decide apartarse de Dios (cayendo en el pecado), y también acercarse a Él. La primera parte del concilio condena los textos de Teodoro de Mopsuestia, que hablan de dos personas (voluntades y pensamientos propios) separadas, y que por tanto reciben una adoración y veneración distintos. Y que en la vida simulan ser uno solo, y en que la voluntad divina se complace de lo que hace la voluntad humana, esto es un anatema. Recuerda lo que se habló en el Nestorianismo, en que la persona que hace los milagros es el Verbo de Dios, pero la persona que sufre en la cruz es Jesús de Nazaret.


Esta idea quedaría condenada, volviendo a afirmar que en Cristo, existe plenamente la naturaleza divina, y plenamente la naturaleza humana, unidas por la hipóstasis del Verbo que hace de alma humana.

La otra idea (que es atribuida al Patriarca Sergio), es pensar que sí habían dos voluntades en un principio, pero que la voluntad humana, ante la voluntad divina, es subsumida por la segunda. Quedando solamente el deseo de Dios, con esta idea el patriarca de Constantinopla pensaba atraer a los monofisistas al alero de la Iglesia, salvando el problema de la unión de las naturalezas en la hipóstasis del Verbo. Pero se presenta la siguiente duda: si no está la voluntad humana en Jesús, teniendo como "sucedáneo" la voluntad divina, nuestra salvación no es completa. A esta herejía se le ha conocido con el nombre de monotelismo (la cual va a ser más desarrollada en el Concilio III de Constantinopla).

El Concilio afirmaría que están plenamente ambas voluntades, pero que la voluntad humana, conociendo el bien último de la voluntad divina, sigue a ésta:

Y predicamos igualmente en Él dos voluntades naturales o: quereres y dos operaciones naturales, sin división, sin conmutación, sin separación, sin confusión, según la enseñanza de los Santos Padres; y dos voluntades, no contrarias ¡Dios nos libre!, como dijeron los impíos herejes, sino que su voluntad humana sigue a su voluntad divina y omnipotente, sin oponérsele ni combatirla, antes bien, enteramente sometida a ella. Era, en efecto, menester que la voluntad de la carne se moviera, pero tenía que estar sujeta a la voluntad divina del mismo, según el sapientísimo Atanasio. Porque a la manera que su carne se dice g es carne de Dios Verbo, así la voluntad natural de su carne se dice y es propia de Dios Verbo, como Él mismo dice: Porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me ha enviado [Ioh, 6, 38], llamando suya la voluntad de la carne, puesto que la carne fue también suya. Porque a la manera que su carne animada santísima e inmaculada, no por estar divinizada quedó suprimida, sino que permaneció en su propio término y razón, así tampoco su voluntad quedó suprimida por estar divinizada, como dice Gregorio el Teólogo: "Porque el querer de Él, del Salvador decimos, no es contrario a Dios, como quiera que todo Él está divinizado".


Es la voluntad del hombre, que sin la corrupción del pecado original, la que sigue de forma cierta y libre la voluntad del creador.

El monotelismo es un serio peligro hoy en día, porque si Jesús no hubiese tenido voluntad humana, nosotros mismos podríamos negar algo que es esencial a nuestra naturaleza: La libertad, porque Jesús es un hombre libre, él nos viene a hacer libres. Que haga la voluntad de su Padre, es porque esa opción le hace más pleno y completo. Ser libre significa hacer lo bueno en mi vida, para llegar a la felicidad. Es lo mismo que el amor verdadero: las opciones no desaparecen, sólo es que hay una única fuente de felicidad frente a ti.

Para profundizar:

Documento del II Concilio Ecuménico de Constantinopla
Documento del III Concilio Ecuménico de Constantinopla

4 han dado su opinión:

  1. Anónimo6:41 p.m.

    Creo que es en este segundo Concilio de Constantinopla en el que se condena la creencia en la reencarnación. Me gustaría saber tu opinión acerca de si del nuevo testamento se puede concluir que no existe la reencarnación.

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  2. Para entender la reencarnación como un fenómeno que se está dando actualmente, quiero dejar claro que:

    1. La reencarnación va en contra de la fe en la resurrección, ya que la misma resurrección es volver a la vida (pero una vida plenificada por el Espíritu Santo), una vida pneumática, en que ya no habrá nuevamente corrupción.

    2. Jesucristo, en todo su discurso del nuevo testamento, no menciona volver a la vida por medio de otro cuerpo, más bien siempre habla de la resurrección. (Aunque hubo algunos rabinos cabalistas que propusieron esta posibilidad).

    3. A modo de conclusión, y empleando un poco la lógica de la teología: Si hubiese reencarnación, la historia del ser humano no tendría valor alguno, ya que los hechos y actos de vidas pasadas hacen que en el fondo pierdas tu verdadera identidad. ¿Quién se está salvando al final? ¿La última vida aquí presente, o todas las anteriores, o ninguna de ellas? En cambio la fe en la resurrección nos dice que es una y única la vida para salvarse.

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  3. Anónimo12:56 a.m.

    De la respuesta al anterior anonimo, aun no me queda claro. Podría aclarar si fue en el segundo Concilio de Constantinopla en el que se condena la creencia en la reencarnación. Y de donde surge este pensamiento, si pensamos en lasdiscusiones entre monofisistas, nestoristas, etc?
    Agradeciendole su respuesta..

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  4. Anónimo10:20 a.m.

    La reencarnación es un hecho porque no en una sola vida se va pagar pecados,y si se lee al comienzo del evangelio de Lucas ahí está más claro que el agua que Juan Bautista es Elías y el mismo Cristo lo dice en Mateo 9,14

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