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sábado, 6 de septiembre de 2008

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Cuando hablamos de modernizar a la Iglesia

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En estas últimas semanas, con motivo de los cuarenta años de la Encíclica Humanae Vitae, que nos hablaba de la regulación de la natalidad, he visto cómo han salido voces acerca de la "modernización de la Iglesia" en sus criterios y adecuarlos a los valores y criterios actuales. ¿Son acaso consecuencia de las masas que piden a los sacerdotes mayor aggiornamiento?

En este siglo hemos visto la aceleración de la información, los datos nos muestran un gran relativismo, lo que es importante para ti, quizá no lo sea para mí. E incluso se han dejado de lado valores como la verdad plena, y la justicia absoluta por lo que dice la mayoría. Ese es uno de los detalles a revisar cuando se habla de modernizar a la Iglesia.

En lo personal, cuando estamos hablando de Iglesia nos estamos refiriendo a la comunidad de cristianos, que convocados por nuestro maestro, seguimos el camino en esta vida hacia el encuentro con el Padre, iluminados por su Espíritu. Ahora bien, la Iglesia tiene "lugares teológicos", de donde se ilumina para poder seguir adelante en la historia (llas Sagradas Escrituras, en la Tradición de la Iglesia, en los Padres Apostólicos, en el Sentir del Pueblo Fiel, los Signos de los Tiempos), ninguno está por sobre otro, pero todos se complementan entre sí. No puende existir criterios antojadizos de unos pocos para decir qué es lo bueno o lo malo al interior de la Iglesia misma. No puede ser que otros vengan y critiquen los criterios empleados para la defensa de la vida misma y en todas sus dimensiones (pues nos encontramos con personas que defienden los derechos humanos de las personas torturadas a causa de su libertad, y a esas mismas personas las vemos defendiendo el derecho de las mujeres a tener un aborto).

La Iglesia siempre ha defendido y defenderá la dignidad de la persona, en todos sus ámbitos de desarrollo, nunca iría en contra del deseo del creador de cuidarlo y llevarlo a vivir mejor. Pero hoy los medios de comunicación muestran lo contrario, como si los cristianos fuésemos en contra de los derechos del hombre, restringiendo el primero de todos: la libertad. Si nos damos cuenta, lo que hoy los padres están atacando es el abuso del poder, y las consecuencias que conlleva.

Hoy, más que nunca, la fe ilustrada puede ser garante de las denuncias proféticas que hay que hacer frente a un mundo de tanta información que ciega la verdad.

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