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Sensus Fidelium

Una fe que no se piensa, es una fe muerta

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lunes, 29 de septiembre de 2008

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Si vemos todas las dinámicas de las religiones es un movimiento de encuentro del ser humano hacia su creador, de hecho es la misma etimología de la palabra religión (volver a unir). Es algo casi obvio, pero es también una idea que sería importante retomar a la hora de estar hablando de la función que cumple la relgión en la sociedad moderna.

En la Teología de Santo Tomás se habla del movimiento del encuentro del hombre con Dios, el ser humano sale de Dios (su Creador), vive en el mundo fuera de Dios, y vuelve a su encuentro por medio de la nostalgia de la unidad que se desea y se anhela (tomando lo que dijo San Agustín: "nadie ama lo que no conoce, y nadie extraña lo que se ha perdido").

Hoy en día las religiones siguen mostrando esta "oferta" a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, es llamativa la cantidad de personas que dicen no creer en las iglesias, pero que sí siguen creyendo en su Dios; y para qué hablar de las deformaciones de las creencias, dejándolas simplemente en el ámbito de una referencia, pero que no involucra la ética que conlleva creer (un ejemplo de ello es la cantidad de católicos que son favorables al divorcio pero contrarios al aborto en Chile). Es increíble que la vuelta a la fe ha sido también un viaje a la privatización de lo que creemos y en quién creemos -creo en Dios, pero no e la Iglesia). Esta actitud provoca una seria esquizofrenia religiosa, porque la fe misma es un hecho social, pero hoy en día se disfrazan las actitudes y motivaciones de la fe: un ejemplo de ello es la gran cantidad de jóvenes que participan en acciones sociales y de ayudas solidarias, como es un trabajo organizado de las iglesias, ellos participan ahí, pero no se profundiza la fe vivenciada, de ahí que cuando llegan a los 25 años se alejan, y sus motivaciones se desvanecen tan pronto como éstas aparecieron. ¿Cuándo nuevamente se regresa a la vida de fe? simplemente cuando se ha tenido una experiencia que marca, vale decir, cuando venimos de vuelta de la vida, nos damos cuenta que somos precarios y que necesitamos tener un sentido para vivir, y un sentido para más allá de esta vida contingente. La imagen de Dios deja de ser un elemento contingente (un salvavidas de respaldo) y pasa a ser el dador de vida y sentido para vivirla.

Volver a la fe es un camino que conlleva madurez y humildad. Volver a la fe es también compartir en quién creo y en lo que creo. Sería interesante ver que los cristianos dieran verdaderamente razón de su esperanza, no cayando como si creer fuese de personas irracionales, sino que comunicando a partir de la razón y del co-razón, que es la base de la evangelización.

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