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domingo, 5 de febrero de 2006

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El Concepto de Milagro

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(Reflexión a partir del libro "La Opción Creyente" de Antonio Bentué)

Por milagro solemos entender un hecho maravilloso ocurrido en la naturaleza, que escapa a las leyes establecidas y cuya causa la atribuimos a un poder sobrenatural. Ello también va relacionado con la evolución de la ciencia y del conocimiento: cuanto más conocimiento de las causas de los fenómenos tiene el ser humano, menos cabida tienen los milagros en el mundo, cayendo en una desacreditación. También, por parte de la teología, hay un grado de escepticismo: Si Dios, es entendido como providencia, que habiendo establecido las normas y leyes del Universo, tenga que, debido a una causa injusta, intervenir. Como si una persona tomara "por sorpresa" a Dios, y éste tuviera que hacer un paréntesis en la estructura normal del mundo ya establecido. ¿Dónde quedaría Dios sabio y previsor? El otro planteamiento, que también es un grito teologal, es por qué Dios no hace nada por el bien del justo. El milagro debería darse cuando hay un reclamo en la justicia.

Hay que tener en cuenta que en los Evangelios, hay narraciones de milagros (denominados erga- obras, y dunámeis - poderes). Sólo hay 32 milagros en los cuatro evangelios. Una cantidad bastante moderada, pero todos relacionados con algo fundamental: Los milagros son signos preclaros de la llegada del reino de Dios, salvación para los hombres. Los evangelistas no quieren mostrar el poder de Jesús, sino que la salvación dada en los milagros es debido a la presencia del reino ya entre medio de nosotros. El Evangelios de Juan, en su elaborado trabajo de los seis milagros (utiliza el término griego semeion - signo) que ocupa en todo su evangelio (Las Bodas de Caná, El segundo milagro de caná, La curación del paralítico, La multiplicación de los panes y los peces, La curación del Ciego de Nacimiento, La Resurrección de Lázaro). Todos estos signos son para destacar la presencia amorosa del Padre presente por medio de Cristo. En este sentido, el milagro es testimonio, lo mismo debería ser la Iglesia: testimonio de la liberación de los oprimidos.

Volviendo al concepto que generalmente tenemos de milagro ¿en qué sentido podemos entenderlo? Dios es autónomo del mundo y el mundo autónomo de Dios, pero ello no implica una total independencia. Puede que el milagro sea descubierto a partir del sujeto creyente; no sólo por su apreciación subjetiva, más bien por un impacto objetivo, cargado de fuerza interpeladora. Es una ocasión en donde Dios se puede valer para iluminar mi espíritu llamándolo a una respuesta de fe. Puede que cuando ocurran situaciones límite, en que las causas producen una respuesta, que parece milagrosa, no hay milagro tal como lo pensamos, sino que es la apertura a descubrir a Dios presente en ese acontecimiento.

Hay un caso en que la presencia transcendente de Dios en el mundo tiene una envergadora particular: La encarnación del Verbo y consiguiente resurrección de Cristo. Dios irrumpe de una vez y para siempre, para que realmente el mundo pueda ser salvo de su contingencia mortal.

3 han dado su opinión:

  1. Cristian, vengo a responder tu comentario sobre los milagros en Desde mi Roble (es que ese post quedó ya un poco "congestionado"...)

    En cualquier cosa, no tengo demasiado que contestar, porque estoy básicamente de acuerdo: los milagros no se pueden usar como "demostración de la existencia de Dios", muy cierto; y "Dios se estaría "valiendo" de esta situación para que en la conciencia subjetiva de la persona, haya una apertura hacia la gracia salvífica": totalmente de acuerdo también.

    Pero, y quizás sea una cuestión de matiz, dices que "con el paso del tiempo nos vamos viendo que son un hecho que no se ha salido del orden natural del mundo. Si Dios se salta sus leyes ¿para qué las hizo?, sería entonces un Dios que no me daría mucha confianza seguirle". Bien, no se ha salido del orden natural del mundo... porque el orden natural del mundo es el que Dios desee imponerle. De manera que una ruptura de determinada regla física o médica no va contra "el orden natural", si la ha ordenado Dios. Dios no se salta "sus leyes": se salta las leyes del mundo, y lo hace, primero, porque tiene derecho, y segundo, porque es Su manera (o una de ellas) de transmitirnos un mensaje.

    En resumen, que Dios no es "impotente": actúa cuando quiere. Pero no quiere cuando nosotros creemos que debería querer.

    En cualquier caso, muchas gracias por tus aportaciones al Roble :)

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  2. Ciertamente, Dios tiene las atribuciones para intervenir en lo que el quiera, Cristo no enseño que no temamos y que le pidamos a Dios su intervención, "pidan y se les dará", "danos hoy nuestro pan de cada día",es Palabra del Señor. Nadie puede arrogarse el decir que Dios no puede manifestar su bondad en los hombres, y solo El sabe porque y para que, y sí así no fuera, entonces para que oramos?
    Creo que hay mucho Nicodemismo en la teologia moderna, oir al Señor, saber de su sabiduría, pero luego seguir con sus propias conclusiones como si ya lo supieran todo.
    Saludos
    Pedro

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  3. Querido Pedro,

    has hecho un comentario y al mismo tiempo has dado una respuesta: todo el que pide lo hace con la fe, y es esta misma fe la que hace ver en las acciones "cotidianas" la intervención gloriosa del Dios de Jesucristo. Pues, puede cualquiera pensar en un nicodemismo, cosa que no es cercana a la visión del Dios de Jesucristo, sino que más bien se acerca el comentario que hace a un Herodes Antipas, que por más que quiso que Jesús le hiciera un milagro, éste no hizo nada. ¿Qué es lo que queremos en el fondo? Pensar en que los incrédulos vean y reconozcan los milagros, y que los creyentes digan: "ven, si Dios existe porque me hizo tal o cual milagro"; lamentablemente el que no quiere reconocer la acción de Dios todo lo verá como casualidades, en cambio, el hombre y mujer de fe lo verá todo como causalidades.

    Una última observación, la teología no puede nunca dejar de lado la Gracia de Dios, pues de ahí viene todo el misterio del plan de salvación. Cuando un cristiano ve que las obras valen más que las palabras hablamos más bien de un pelagianismo.

    Un abrazo.

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