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Sensus Fidelium

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viernes, 3 de febrero de 2006

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El Nombre...

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(Principio de llamado...principio de relación... principio de salvación...)

Una de las cosas que más me ha llamado la atención es el valor del nombre, por ejemplo, en la pregunta que hace la Esfinge a Edipo, de qué animal era el que en la mañana caminaba en cuatro patas, a medio día en dos, y al atardecer en tres. Es sobre el marco, donde se construye toda la Tragedia, la respuesta que diera era el fundamento de la comprensión de su propia tragedia, de su existencia. Para los que piensan que la respuesta de la adivinanza era el hombre, están completamente equivocados, relean a Edipo rey, y se darán cuenta, después de esta lectura que la esfinge lo engañó y le dio el castigo más grande de todos.

El nombre es un espacio de relación que nos abre infinitas posibilidades, que van desde la misma redención por el nombre (desde la perspectiva cristiana, el nombre de Jesús; algo que los musulmanes también tienen en su confesión de fe: "Alá es Dios y Mohamed -Mahoma- su profeta"), o de condenación, que es negar la existencia de mí como persona, negando mi historia y el nombre dado.

Cuando pienso en el nombre tengo dos nociones que me han venido a la conciencia, por una parte que el nombre para Freud también fue un momento de su historia que tuvo que confrontar, especialmente cuando su padre le regala la Biblia en Hebreo y ve su nombre escrito en una lengua que no conoce, aún siendo él de origen judío (Salomón), y que siempre lo va a conectar con su propia historia y con sus recuerdos. Eso mismo lo aplico a mi persona, ya que mi nombre no tan sólo indica que mi identidad involucra la historia que he vivido, sino que lleva consigo las relaciones que he tenido, los deseos que he realizado, y los que no he podido alcanzar, también los proyectos y expectativas que poseo y que quiero alcanzar, el nombre es también principio vital de esperanza, cada vez que soy llamado encuentro una forma y una vía de encuentro con otros y que me lleva a entender que el nombre es una doble forma de entrar en la intimidad de mi conciencia y también para salir de sí y encontrarse con los demás (Va en el fondo la idea que cualquiera de nosotros se da vuelta cuando grita nuestro nombre en la calle, es algo casi espontáneo que ocurre, porque es una voz, que quizá sea conocida en otros casos, desconocida que nos hace salir de nuestros pensamientos o actividades realizadas en esos instantes).

Una segunda noción que tengo cuando hablamos del nombre es que el nombre manifiesta un ancla con la realidad, mi realidad está condicionada por mi nombre, ya que mi nombre es principio, antes que de identidad, de relación, yo no me llamo a mí mismo, me llaman. Es cierto que en la historia personal nos enfrentamos a ver que nuestro nombre no es tan propio, sino que es más común, pero qué es lo que hace que mi nombre siga siendo único y querido por mí. Todavía está presente la relación con mi historia y la forma de cómo yo he ido entendiendo esa historia en mi memoria y en mi imaginación, yo sé que mi nombre es principio de identidad, esa es teoría. Pero cuando se juega con la identidad de uno (yo), la sensación es la de perder algo importante, casi como el saber que estoy condenado, sin poder hacer nada porque lo tengo perdido todo. La conciencia de tener identidad sólo se da cuando vemos que está en juego.

El nombre aquí no pasa a ser una mediación, sino que expresión de la propia identidad, que involucra a la historia vivida y a los proyectos por realizar.

¿Qué importancia tiene para ti tu nombre?

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